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en la siguiente endemoniada trova; de ripio tierte mas de media arroba y esto es que el zapatero se pulió.

Por procurar el sustento en un zarzal me he metido ¡Ay de ml! Un perdurable tormento á conseguir he venido

hasta aqul.

Y'a de los bailes reniego
y de los rotos calzados

que á fé mia,
es preferible el pasiego
A los ricos potentados.

¿Quién diria

que el ver mis votos cumplidos
me causaría dolor?

Sin embargo,
exhalo tristes gemidos
y es de luto y de terror

mi letargo.

IV.

LA INTERRUPCION DESAGRADABLE.

¿Se encuentra vd. con valor
para espetarnos entera
la elegia lastimera
del zapatero hablador?

Nos damos por satisfechos
con lo que lleva ya dicho,
y sepa vd., pobre bicho,
que nos deja muy mal trechos.

V.

LA CONDESCENDENCIA.

Pues señor, si vd. insiste,
aqul dará fin el canto,
que si no la risa, el llanto
ha de arrancar al mas triste.
Mas si alguien á esto resiste
porque de estremos no guste,
y llorar, reir le asuste,
mucho temo que algun cólico,
fiero presente diabólico,
las cuentas al vate ajuste.

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ih¡R cronista de un hombre que por su ingenio, por su saber ó sus virtudes, se ha hecho digno de ocupar una página en los anales.pollticos ó literarios de una nacion, es tarea, si bien un tanto penosa, útil tambien, y en estremo agradable; pero ¡cuánto sube de punio este contento, con qué facilidad corre la pluma, cuando al consignar en el papel los tltulos que tiene á la gloria aquel cuya vida se escribe, recuerda el biógrafo que ambos son hijos de una misma patria! entónces el entusiasmo se aumenta, el raciocinio como que se suspende, y habla tan solo el corazon.

El amor propio, el orgullo, el esplritu de nacionalidad, acallan cualquier otro sentimiento y se enseñorean del escritor. Muy sencilla es la esplicacion de este fenómeno: cuando se recuerdan los hechos de un grande hombre estrangero, el interés que excita en nosotros es comun á la humanidad entera, y por consiguiente, es mas débil; pero cuando á su talento ó sus virtudes se añade la circunstancia de ser un compatriota, entónces el interés se concentra y puede llegar á ser un verdadero entusiasmo: entusiasmo provenido de un noble orgullo, pues la gloria que resulta á la persona de quien se escribe, juzgamos que refleja sobre nosotros, que nacimos en el mismo suelo, y que en cierta manera es cosa nuestra.

He aquí precisamente lo que sucede al que esto escribe. Admirador entusiasta de los grandes hombres de su pais, ardiendo en deseos de popularizar la memoria de algunos de ellos, ha escogido al laborioso y sábio historiador D. Mariano Veytia, poseido de un engreimiento sin ejemplo al bosquejar las principales circunstancias de la vida de este ilustre escritor, que tomó ásu cargo la noble cuanto diftcil empresa de rasgar el velo que ocultaba, tanto á propios como á estraños, los primeros y gloriosos tiempos de la nacion azteca.

La historia que escribió en efecto, basta sola para hacer su elogio: por ella se conoce al escritor; pero es indispensable conocer tambien al viagero, al abogado, al anticuario, y al padre de familia.

Nació, pues, el Lie. D. Mariano Veytia, en la ciudad de Puebla, á 16 de julio de 1718, y fué bautizado en la parroquia del Sagrario el 19 del propio mes de julio, por el prebendado de aquella Catedral, D. Antonio Salas Navarro, habiendo sido su padrino el capitan D. Sebastian Echeverria y Orcolaga.

Manifestó desde muy niño gran talento y singular aplicacion, en términos, de que á los quince años, es decir, el de 1733, recibió en la Universidad el erado de Bachiller en filosofía, despues de haber sustentado un lucido acto de dicha facultad, á que asistió la real Audiencia, honor que á muy pocos se dispensaba entónces. A los tres años se le confirió el mismo grado en derecho civil, prévias diez lecciones sobre varias materias, por media hora, y un acto público de las doctrinas mas diftciles del derecho, que sustentó en el general de la Universidad, disfrutando en este el mismo honor que en el anterior.

Al año siguiente, es decir, en el de 1737, le fué dado caso para el exámen de abogado que sufrió en efecto, tan temprano, por habérsele dispensado el tiempo que la ley exigia, por favor del virey. ])e suerte, que abogado á los diez y nueve años, se encontró entónces en aptitud de emprender otros estudios á que su inclinacion le llamaba, y libre absolutamente para hacer nuevas investigaciones y examinar nuevos objetos.

Contribuyó á esto muy eficazmente el encargo que su padre el Lie. D. José de Veytia, oidor decano de la Audiencia y primer superintendente de la casa de Moneda, le hizo luego que hubo concluido su carrera. Fué el de pa

sar á Madrid á desempeñar muchos y co mplicados asuntos que tenia en la corte, con cuyo objeto le confirió un poder amplísimo. Para obsequiar la voluntad paterna, salió de México el 11 de abril de 1737, y el 10 de mayo del mismo año, de Veracniz, como consta de un diario de viage que llevó con la mayor exactitud, y del que conserva en su poder el primer tomo el Sr. D. Francisco Ortega, nuestro digno colaborador, á quien debemos los datos para esta biografia, pues casi nada se sabia de Veytia, hasta que dicho señor logró despues de laboriosas investigaciones, formarla noticia biográfica que coloco al frente dela edicion de la historia antigua de Veytia, que con notable aumento publicó el año de 36 (l).

El diario á que aludo, aunque manifiesta segun el Sr. Ortega, la poca edad del autor y baber sido hecho sin ninguna pretension literaria, con sold el fin de la particular instruccion, descubre sin embargo, un espíritu investigador y laborioso, seguro indicio de lo que Veytia fué mas adelante.

Un periodo de dos años es el que comprende el tomo de viages de que acabo de hacer mencion.—Desde abril de 1737 hasta marzo de 1739, en cuyo espacio recomo España, Francia y Holanda, habiendo permanecido la mayor parte de este tiempo en la primera, por desempeñar los negocios que lo sacaron de su patria. Ni fueron estas las únicas partes que visito, pues que concluidos los asuntos que le llevaron á la corte, tambien fueron objeto de sus investigaciones, Italia, Portugal, Inglaterra y Palestina, viajando siempre, no como el que lo hace por pura diversion y pasatiempo, sino como viaja el filósofo y el observador, estudiando la historia, las costumbres, los monumentos, cuanto habia de notable en cada pais, y formando de todo ello curiosos y abundantes apuntes, en términos, que llegó á formar veinticuatro ó veinticinco tomos deá cuarto,cuyo paradero desgraciadamente se ignora.

Residió por algun tiempo en la isia de Malta, bajo la direccion del gran maestre de la órden por haber sido novicio en ella; 'y si hemos de dar entera fe á una carta biográfica de un hijo suyo, combatió á los infieles en los tercios de los caballeros de San Juan. Dejó algun tiempo despues la cruz de dicha órden, para tomar la de Santiago, y se cruzó en efecto en el cole

[1] Dicha edicion que consta de tres tomos en 4. °, de buena impresion y ].apel, con un retrato del autor y algunas estampas, se encuentra en la calle de las Escalerillas nuin. 3.

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.„no de niñas de Leganes de Madrid, el 29 de junio de 1742, habiendo profesado en el convenio de San Agustin de la ciudad de Puebla, basta eH9 de febrero de 68, por exigir la primera el celibato, ley poco conforme á sus miras futuras.

No se olvidó en este intervalo de su patria, pues que en todo él la visitó tres veces, hasta que muerto aqul su padre, y en España su primera esposa, vino á cuidar sus propios intereses. Se fijó en Puebla, donde casó por segunda vez con Doña Josefa de Aróstegui Sanchez de la Peña, dedicando desde entónces cuanto tiempo le dejaban libre la multitud de consullas que se le hacian como abogado, á poner en orden las numerosas apuntaciones y documentos que habia reunido, para poner por obra la grande empresa que tiempo habia meditaba— la historia antigua de México.

Grande fué el aprecio que se hizo en España y aun en Italia, de nuestro insigne compatriota. Prueba irrecusable de lo primero son las concesiones que le hizo el rey, asl como la confianza que en varias ocasiones le manifestó (l), y de lo segundo una carta escrita desde Bolonia, en marzo de 778, por el célebre historíador mexicano, el famoso ex-jesuila D. Francisco Javier Clavijero, y que conserva autógrafa el lllmo. Sr. Dr. D. Francisco Pablo Vazquez, obispo de la Puebla. En ella, que no copio por ser demasiado larga, da cuenta Clavijero á Veytia de tener concluida su historía, y de haber sabido por el marqués de Moneada, que se ocupaba en un trabajo semejante, aunque no

(1) Consta del t¡tulo de caballero espedido por el rey en Buen Retiro, á 23 de junio de 1742, que ya estabanombrado en cea fecha corregidor de México, cargo que no llegó á desempeñar sin duda, como dice el Sr. Ortega, por la repugnancia que manifestaba á cuanto tendia 4 distraerle de sus ocupaciones literarias.—Otra manifestacion del aprecio y estima en que le tenia el rey, es el nombramiento que de él hizo para el examen y entrega de las librerlas de los Jesu¡tas que se adjudicaron al Seminario de San Juan, comision ardua y que desempeño de la manera mas satisfactoria. Y por último, des. pues de haberle ofrecido repetidas veces los empleos mas honoríficos, y conced¡dole los mas raros privilegios, se cuenta que le regaló doce firmas en blanco para que ¡i su satisfaccion las llenase. Este último rasgo por su misma magnitud debe dudarse, pues aunque, como juiciosamente nota el Sr. Ortega, estimaba en mucho Car. los III á los literatos, no es cosa frecuente que los reyes dispensen tamaños favores, tanto mas, cuanto que para ello se necesita la autorizacion del ministro. Mas si fue. re cierto el hecho, C8 único en su especie y manifiesta por parte del rey una munificencia sin ejemplo.

se manifiesta en esto bien instruido, pues entendia que Veytia trabajaba en la historia general de Nueva-España, cuando romo él, solo escribia la antigua de México. Le excita tambien á que le comunique sus descubrimientos; mas segun se conjetura, no llegó la caria á su destino por suponerse haber muerto ya Veytia, ó si llegó, no tuvo de ella Clavijero contestacion alguna, porque á haberla tenido, hubiera sin duda colocado á Veytia en la lista de historiadores de México que colocó al principio de su obra.

Pero lo que mas confirma á' mi juicio el alto concepto que se tenia en Madrid de Veytia, es la órden que se dió al virey D. Martin de Mayorga, para que recogiese de sus herederos cuantos manuscritos hubiese dejado relativos á la historia antigua de México, y aunque esto haya sido, como sospecha el Sr. Ortega, porque estuviese escribiendo por órden superior, esto mismo sirve de apoyo á lo que pienso, pues que no es creible se diera una comision tan árdua, sino á un sugeto que reuniera todas las dotes necesarías para tamaña empresa.

Sea cerao fuere, lo cierto es que la órden para la entrega de los papeles se espidió, y la viuda puso en manos del gobernador de Puebla, a presencia de un escribano, el 25 de agosto de 1780, varios manuscritos concernientes á la historia de México, entre los que se hacian notables—un tomo que llevaba por titulo: baluartes de México é historia de las cuatro sagradas imágenes de Ntra. Señora, la historia de la fundacion de Puebla, y un mapa pintado de la antigua ciudad de México.

Ademas de la historia antigua, que es su principal obra, trabajó en otras varias, de no menor interés algunas. Tal es una historia eclesiástica, de la que conserva el Sr. Vazquez dos tomos (l) en borrador con llamadas, enmiendas, y entrerenglonaduras tan frecuentes y de letra tan mala, que, segun el mismo señor dice, no es fácil con tal confusion formar idea exacta de la obra, sino despues de un exámen muy minucioso y prolijo. Mas lo que puede suponerse por lo que de ella se entiende es, que varió el autor su plan reduciéndolo considerablemente, pues de historia eclesiástica pasó á escribir historia evangélica, que como lue

(1) La carátula del primero dice asl:—„Discursos académicos sobre la historia eclesiástica. Proferidos en la academia de lo» Curiosos, por D. Mariano Fernandez de Echeverr¡a y Veytia, señor de la casa infanzuna y solariega de Veytia, y caballero del órden de Santiago. Tom. 1. ° en Madrid año de 1749.

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