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Se vió vibrar la lágrima que empaña
La pupila ardorosa, cual diamante
Que embutido en el ébano de Etiopia
Lanza en regio salon, su luz brillante.

Grande fué la afliccion, mudo fué el duelo,
Entre las reinas del baren felice;
Las contempla el sultan, y el sultan dice:
„Venga á mi baren la virgen del Carmelo."

Con los placeres del amor primero,
Egira se embriagaba,

Y al lado ya de indómito guerrero
Su corazon sencillo palpitaba;

Su lábio contra el labio del amanta
Lánguido se embebia,
Cuando aquel en su seno, delirante
De ventura y de amor, sueños dormia...

Mas al acento del sultan potente
Ella bajó su velo,

Y suspirando contempló doliente
Por vez postrera al colosal Carmelo:

Dijo ¡adios! á los valles que abrigaron
Su infancia lisongera,
A las selvas que mudas escucharon
La dulce voz de su pasion primera;

Y al serrallo del Cairo conducida
La virgen del desierto,
Del santuario do el deleite anida
Penetró en el umbral con paso incierto.

Las sultanas la vieron y lanzaron
Tristlsimo gemido;

Y del sultan los ojos se embriagaron
Siguiendo á la paloma al áureo nido.

Alll Egira lloró, por su megilla

Corrió lágrima hermosa, Como la gota de agua sin mancilla Por el pétalo suave de la rosa.

Hurl del paraiso, entre las nubes Del incienso que ardia, Ella durmió, cual duermen los querubes En los celages al morir el dia....

Blando es el lecho en que roposa Egira,

La Virgen del Carmelo;

Dulce el aroma que en su sueño aspira,

Que es el perfume que embalsama el ciclo.

11.

En el oriental salon
Penetra el sultan amante
Con febril agitacion,

Y con tierno corazon
Dentro el pecho palpitante.

De sus ojos la pupila
Lánguida de amor cintila,

Y en su labio tembloroso
Lúbrico placer destila
El deleite silencioso.

Entre tul de Cachemira

Y entre nubes de violeta,
De la virginal Egira,
Ebrio los encantos mira
Que extasiaran al Profeta;

E inclinándose hasta el suelo,
Dobla incierto la rodilla,
Respetando el frágil velo
De la timida avecilla
Que volara del Carmelo.

La virgen duerme, y el amor risueño
Guarda á su lado su apacible sueño,
Como en su cuna el maternal cariño
El sueño de oro del gracioso niño;
Y en el marmóreo lecho
Desnudos se descubren de la hermosa
El blanco rostro y el turgente pecho
De la cera ála luz voluptuosa.

Como inmóvil nevado que en la tarde
El moribundo sol que en su ocaso arde,
Baña con su mirada misteriosa,

Y tiñe de color de ópalo y rosa,

De la dormida maga
Mira el sultan los mórbidos hechizos,
De su cabello que ondulante vaga
Un tanto ocultos por los blondos rizos.

Contempla inmóvil su cerulea ceja
Inmóvil su pestaña que semeja,
Dando su sombra al párpado suave,
A las alas tendidas de algun ave
Sobre el tranquilo rio
Que ála luz de la luna que fulgura
En noche calurosa del estio
Manso entre el loto y el sauz murmura.

Embebecido, delirante, ciego,

Y consumido por oculto fuego,
Va á imprimir en su seno delicado,
Un beso de deleites empapado,

l n beso mas ardiente Que el que diera Abelardo á su Eloisa, Cuando apurara del amor la fuente l)e su amada en la lúbrica sonrisa....

Mas á turbar su sueño no se atreve,.

Y se detiene al movimiento leve
De la casta doncella que suspira,

Y sus megillas encenderse mira,

Su cabello agitarse,
Agitarse su mórbida garganta,
Bajar rápido el seno y elevarse,
Como el pecho del cisne, cuando canta.

Ve que mueve su lábio, oye que dice
Con apagada voz: »Yo.... era.... felice,
Cuando.... á.... tu lado.... mi doncel.... estaba,
Porque.... yo.... áli,coraoa...miDios amaba-
Mas hora mis caricias....
Otro.... recibirá.... Ven.... mi.... que....rido
Dulces....me....son conti. ..golas....de...licias.
Volemos... del... Carmelo...á....nuestro nido."

Y la escucha el sultan, llanto copioso
Ve que inunda su rostro candoroso
Al recordar en el feliz ensueño

La imágen cara del perdido dueño:

En zelos se convierte,
El tierno amor, y en su furor esclama,
„Antes irás en brazos de la muerte,
Que en los odiados del rival que te ama."

Y sacando el acero reluciente

Un beso imprime en su ardorosa frente;

Separando frenético el cabello,

Le hunde el puñal en el ebúrneo cuello;

Y presuroso sale
De aquel salon do entrara embebecido,
Antes que Egira moribunda exhale
Bañada en sangre su postrer gemido.

La virgen espiró, y una paloma
A la horadulce en que la aurora asoma,
Se vió subir en alas de las hadas
Que del lecho de tlmidas doncellas
Cuyo sueño velaron con su manto,
Se elevan á habitar en las estrellas
Embelesando al mundo con su canto.
México enero 31 de 1844.

RAMÓN 1. ALCARAZ.

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Pura y brillante cual la excelsa estrella Que á los reyes de Oriente conducia, Ante el trono de Dios, amada mia, Postrado de rodillas te miré.

A mis ojos entónces pareciste
Virgen del paraiso, casta y pura,

Y al mirar tu modestia y tu hermosura
Trasportado al Emplreo me juzgué.

En el templo de Dios, en donde solo
La paz del alma y la inocencia brilla,
Tu corazon sin crimen, sin mancilla,
Al Señor de los hombres adoró.

Y ese Señor que el criminal insulta, De gracias siempre y de bondades lleno, A tu sencillo y candoroso seno

De gloria circundado descendió.

Y mi vista aparté, mi amor, sacrilego En tan solemne instante lo juzgaba, Solo digna de Dios te contemplaba, Digna de las delicias del Eden.

En éxtasis de amor embebecido
De gozo celestial mi mente ardia

Y la aureola de los justos via
Coronando tu pura y blanca sien.

De tl en torno volando mil querubes
Aspiraban tu aliento sacrosanto,

Y el ángel de las v¡rgenes su manto
Sobre tu espalda mórbida tendió.

Te vi, te amé; pero mi amor entónces Era el amor con que se adora al justo Que en ese instante religioso, augusto, En ti mi corazon á Dios amó.

Que en tl moraba el Hacedor eterno,

Y era tu pecho el trono misterioso
Do se asentó clemente y bondadoso,
Para regir dealli tu corazon.

Tal vez alll te ordena que no me ames,
Cúmplase, pues, su voluntad sagrada;
Mas rúegale, muger idolatrada,
Que mi pena consuele y mi afliccion.—F. G.

LA MUGER.

Preguntaba madama Stael á Napoleon, ¿cual le parecia la primera muger en la sociedad? y el Emperador contestó: "la que dé mas hijos á la patria."—Se consultaba á un filósofo, ¿qne muger se debia escoger para esposa? y resolvió: "la que sepa hacer mejor una camisa."

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«£jE dá el nombre de calor animal, A este fluido que se produce dentro del hombre y de los demas animales, sin aire á su produccion contribuya ninguna causa estertor capaz de producirlo. Al tocar este punto de fisiologia, que es la ciencia que trata de las funciones de la vida en el estado de salud, se debe entrar en varias consideraciones, y una de ellas es la invesligacion de la fuente que lo produce en el animal, atendida la cual, deberá pasarse á otras de no ménos importancia.

Los antiguos colocaban la fuente del calor animal en el corazon, y a mt ver previeron, si no acertaron á darle, como despues veremos, el lugar que le han asignado los fisiólogos modernos. Descartes, para esplicar su opinion, decia que en este órgano (el corazon) la sangre entraba en ebullicion, de cuya ebullicion resollaba el calor que era comunicado por la circulacion á las demas partes del cuerpo. VanHelmontVieussens, Borelli y otros, creian tambicn en una efervescencia ó fermentacion de la sangre, y aun en un espíritu tgneo que se desprendia á causa de los movimientos del corazon: he aquí las opiniones de los antiguos, que nocurandose, ó curándose muy poco de la esperiencia, seentregaban confiados á las hipótesis que la agudeza mayor ó menor de su ¡ugenioles sugería, como tenemos otra prueba á mas de esta, en las mil hipótesis que sobre la digestion formaron, y que solo las inmortales esperiencias de Spallanzani, bastaron á derribar.

Veamos ahora cuales son las opiniones que los fisiólogos modernos han formado, sin separarse un punto de la esperiencia, mas filósofos en esto ciertamente, que los antiguos que llevaban este nombre, pues han logrado encontrar la verdadera fuente de donde deben sacarselos conocimientos f¡sicos. Al ver estos» comolosantiguos, que solo los cuerpos organizados son los únicos que se resisten á equilibrar su temperatura con la de los cuerpos que los rodean, propiedad indispensable en todo cuerpo inerte, imaginaron luego que los primeros debtan de tener dentro de si mismos una fuente de donde emanase aquel calor, que distribuyéndose por lodo el cuerpo, les comunicaba «a propiedad que antes mencionamos. ¿Cuál Tom. i.

es esa fuente? se preguntaron; y estudiando á los antiguos, convinieron con ellos en que la sangre era sin duda el cuerpo que recibiendo inmediatamente el calor, estaba destinado á comunicarlo á los otros órganos, por ser el único fluido que en su circulacion pasa por todos ellos; mas poco conformes con los mismos antiguos en las hipólesis, y poco amantes de las ebulliciones, efervescencias y espíritus tgneos, imaginaron que en la respiracion, en ese acto importantísimo dela vida, por tantos respectos debia de residir esa fuente que los antiguos colocaban en el corazon, é infatigables en la esperiencia, lograron confirmar hasta la evidencia su teoria.

En la respiracion, que no es otra cosa que la transformacion de la sangre venosa en sangre arterial (1), se verifican varios fenómenos: hay precisamente absorcion del oxígeno del aire, combinacion de este con el carbono de la sangre, desprendimiento de ácido carbonico y de azueto. Ahora bien, sea como unos quieren que el oxígeno esté destinado para la combustion del carbono de la sangre, sea como otros opinan que el oxígeno pase á las venas pulmonares, y se combine directamente con la sangre, siempre hay un resultado que en ambas cosas viene á ser el mismo, y es la produccion de nuevo calor, y aumento por consiguiente de la temperatura que antes de su transformacion tenia la sangre; pues si consideramos el primer caso, debe haber esta produccion de calor, por ser una combinacion química, y estar probado que en toda combinacion química la hay; y si el segundo, habrá esta misma produccion, porque entónces el oxigeno está en contacto con el carbono de la sangre, y siempre que el oxígeno está en contacto con un cuerpo combus

(1J La sangre es conducida de la circunferencia del cuerpo al corazon por las venas, y en esto trónsito con. serva ciertos caracteres que son los que constituyen la sangre venosa: al llegar al corazon, pasa por una vena al pulmon en donde se verifica el acto de la respiracion, y transform ida ya en sangre arterial con distintos carac. t( rea de Ijs de la venosa, como son la diferencia de temperatura, calor, &.c, vuelve al corazon, de aquíd las arterias, v de estas al resto del cuerpo.

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tibie, como lo es el carbono, hay aumento de temperatura. Asi lo prueban las numerosas esperiencias que sobre la sangre arterial se han hecho, y en la que, entre las diversas transformaciones fisicas que se han observado, una de ellas ha sido el aumento de temperatura, pues es en esta un grado mas elevada que en la sangre venosa. Con estos datos ¿se vacilará todavia en creer que la respiracion es la fuente principal de donde proviene el calor animal?

Otras muchas esperiencias se hait hecho para confirmar mas y mas esta opinion; y las de Lavoiser y de Laplace, como refiere Mr. de Magendie, hacen creer que la produccion del calor es debida, no al contacto del oxigeno con el carbono de la sangre despues de que ya aquel ha pasado á las venas pulmonares, sino á la combinacion del oxigeno con el carbono, de la cual resulta el desprendimiento del ácido carbónico, pues habiendo colocado algunos animales en calorímetros (l), comparado la cantidad de ácido formado por la respiracion, con la cantidad de calor producido en un tiempo dado, resultó, que con poca diferencia, el calor producido era precisamente el que, habia resultado de la cantidad de ácido carbónico formado.

Las esperiencias de M. M. Ui odie, Thillage y Legallois, son un apoyo mas de cuanto hemos espuesto, pues de ellas resulta, que á medida de que la respiracion es mas fatigosa, baja mas la temperatura; y á mas de esto, puede sacarse otra deduccion de ellas, y es, que la cantidad de calor producida, está en razon directa de la cantidad de ácido carbónico desprendida, pues los mismos esperimentadores observaron que bajando la temperatura, disminuia la cantidad de ácido.

Para probar esto no tenemos esperiencias directas; mas sl tenemos suposiciones demasiado fundadas para que dejen de admitirse: se ha supuesto que el resto es debido á la accion de los nervios, á la circulacion de la sangre y á la nutricion de los órganos: la primera obra estimulando los órganos por el agente inervador; mas como hasta ahora es casi desconocido el modo de obrar del sistema nervioso, no nos será fácil presentar alguna prueba en confirmacion de lo que hemos dicho; no obstante esto, la frialdad de los miembros en las parálisis, nos parece que alega algo en favor de loque hemos asegurado. Menos dilicil nos parece demostrar la parte que la circulacion y

(1) Instrumento destinado para determinar la cantidad de calor especial de todos los cuerpos.

la iiutriuiou loman en la produccion del calor animal. La primera de estas es indudable que obra repartiendo en todos los órganos y en todos los tejidos el fluido, cuya temperatura aumentó un grado en el acto de la respiracion, y contribuyendo á desarrollar un poco mas de calor, en virtud de los roces que esperimenta contra las paredes delos vasos, por donde pasa. Si se pregunta ahora, por qué sucede esto, nos parece que será fácil esputarlo llamando la atencion á lo que diariamente observamos; y es la produccion del calor, á consecuencia del roce que se hace esperimentar á dos cuerpos, como sucede cuando frotando cualquiera parte del cuerpo con un lienzo, y aun con la misma mano hay aumento de temperatura; y como sucede tambien cuando tomando dos trozos de madera y frotándolos uno contra otro, no solo hay aumento de calor, sino aun produccion de luz cuando se frotan vivamente y por largo tiempo, como hacen los salvages para procurarse el fuego que necesitan. La mayor ó menor rapidez con que la sangre circula en los vasos, nos parece que es otra de las causas que contribuyen á la mayor ó menor produccion de calor, agregado al que la respiracion produce; y nos parece que probar esto es demasiado sencillo. Todos puedenhacer en sl mismos las siguientes observaciones: cuando á consecuencia de haber andado mucho ó de haber corrido, se esperimenta un sentimiento de calor árdentlsimo, el corazon late con mucha rapidez; ¿qué resulta de aqul? Resulta que las contracciones y las dilataciones de las cavidades del corazon, son muy vivas y de corta duracion; y que el impulso que recibe la sangre es demasiado violento y su roce contra las paredes de los vasos demasiado rápido y fuerte; de donde en consecuencia resulta el aumento de calor considerable en todas aquellas partes en que bay multitud de vasos sanguineos. La segunda observacion es la siguiente. En las pasiones vivas, en el amor, por ejemplo, cuando se está cerca del bien amado, y se le estrecha con transporte y se le contempla erabebido, y goces indefinibles absorven todos los sentidos, los ojos despiden un brillo singular, el corazon late tambien con mucha rapidez y se esperimenta una sensacion deliciosa de calor, tanto moral como fisica que entra en el número de los goces indefinibles que hemos mencionado ántes, y que son el carácter especial de esas pasiones nobles que sirven para conservar á la especie humana. Ahora bien, al palpar el aumento sensible de calor que ha habido y los latidos del corazon, ¿no se podrá esplicar este renómeno del mismo modo que el anterior? Convengamos, pues, en que el resto del calor animal que no es debido á la respiracion, es producido si no todo, al ménos en parte por la circulacion. Xo negamos que la accion muscular y el fluido nervioso excitado por la presencia de la sangre, tengan parte en esos fenómenos; mas como nos parece muy dificil el espücar su accion en estos casos, no hemos querido aventurarnos á hacerlo.

En cuanto ála nutricion, ella contribuye al desarrollo del calor por los movimientos alternativos de solidificacion y fluidilicacion de los tegidos y de los humores, y por la accion de las combinaciones qulmicas que por su medio se efectúan para repararlos; y como ya hemos dicho que en todo movimiento y combinacion qulmica hay produccion de calor, inútil nos parece insistir mas en ello.

Hasta aqul solo hemos considerado el calor animal en sus relaciones con el estado de salud; fuerza es que ahora hagamos algunas consideraciones respecto de las relaciones que tiene ron el estado de enfermedad del animal.

Es opinion admitida y confirmada ya portodos los autores, que el calor que unido á las pulsaciones rápidas del corazon, precede y acompaña á casi todas las inflamaciones agudas, no es mas que un fenómeno fisico, consecuencia de la rapidez de las palpitaciones del corazon. ¿No es claro, segun esto, que la fuente del calor morboso general está en la circulacion, puesto que nunca el corazon palpita con mas rapidez que de ordinario, sin que aquel aumente considerablemente? No negamos que la respiracion tenga tambien parte en la produccion de este calor; y aun creemos que tiene una grande, pues cualquiera habrá observado que en este caso la respiracion es mucho mas violenta que en el estado de salud, y si asl es, nos parelo que entónces el ácido carbónico debe desprenderse en mas cantidad, y por consiguiente ser mayor el calor producido, pues segun observamos antes, resulta de las esperiencias de Brodie y Legallois, que el calor producido está en razon directa del ácido desprendido. De suerte que creemos que si se examinase la sangre arterial en este estado, su diferencia de temperatura respecto de la sangre venosa, no seria de un grado, sino un poco mas elevado.

Por lo que respecta al calor local de los puntos inflamados, nos parece que se puede atribuir á las fuentes secundarias que hemos asignado, es decir, á los roces vivos que los glóbulos de la sangre sufren contra las paredes de los vasos, al llegar en mayor abundancia á aquel

punto que á cualquiera otro; y lo que parece que mas confirma esto, es que en ciertas irritaciones que no son inflamaciones (las sub-inflamaciones) en que este acopio es de fluidos blancos, si hay calor morboso, es tan sordo,v que apenas so distingue del de las otras partes, y que las irritaciones nerviosas en que no habiendo ningun acopio de fluidos, no solo no existe el calor morboso, sino que la temperatura de la parle es menor que la de las otras.

Dirijamos ahora una rápida ojeada sobre el grado de calor que en las diferentes clases de animales se desarrolla:

Todos los autores que han tratado de esta materia, hacen de los animales dos grandes divisiones, llamando á unos animales de sangre fria y á otros animales de sangre caliente: los primeros son aquellos cuya temperatura es casi la misma que la del elemento en que viven, y que varia con ella; y los segundos aquellos cuya temperatura es distinta de la del elemento en que viven, y que es invariable. De esta diferencia resulta, que el grado de calor mantenido por la respiracion debe variar mucho en las diferentes especies de animales, como mil esperiencias lo han probado; mas tambien estas han probado que si es diferente en las diversas especies de animales, es casi la misma en los animales de una misma especie. Jhon Davy, célebre qulmico inglés, trató de determinar exactamente las temperaturas de varios animales, por observaciones hechas en Inglaterra, en Colombo, capital de Ceylan y en el mar; y de sus esperiencias, que me abstengo de poner aqul por 110 alargarme demasiado, resultó:

1." Que en los hombres de diferentes razas, es exactamente la misma la temperatura, ya se alimenten esclusivamente con carne, como los Vaidas, ya no coman mas que legumbres, como los sacerdotes de Boudha, ya acostumbren en fin, tomar alimentos de estas dos especies como los Europeos, con tal que se encuentren colocados en circunstancias semejantes:

2.° Que la temperatura aumenta un poco en el hombre, cuando este pasa de un pais frío ó templado, á un pais cálido:

3.° Que la temperatura mas elevada, es la de las aves; que los mamlferos ocupan el se- . gundo lugar, que á estos siguen los anfibios, á estos los peces y ciertos insectos, y que los maluscos, los crustáceos y los gusanos están comprendidos en la última clase.

Algunos autores habian creido que la temperatura de los habitan tes de. los trópicos, era infe

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