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ASTOft, LENOX ANO TILDEN FOUN0ATI0N9.

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iio>" pompa no usada y completamente espontánea, en medio (le una concurrencia inmensa y escogida, y de los gemidos de un dolor uni\ersal, ha sido sepultado el dial5 del corriente cila Iglesia de Nuestra Señora dela Merced, 1 cadáver de un ciudadano virtuoso y filantrópico, cirujano hábil y protector decidido de la juventud estudiosa, el Sr. D. Pedro Escobedo. Esie espectáculo tan triste y doloroso por sl, ha servido, sin embargo, para mostrar que el espi. ritu público, aunque muerto al parecer, está solo adormecido, que nuestra sociedad no ha caido cu el abismo de degradacion moral en que á primera vista parece sumergida, y que todavia sabe hacer justicia al verdadero mérito de sus hijos, honrar su ciencia y amar su virtud. No hay, pues, que desesperar de una nacion en que aun queda admiracion por el saber y la moralidad. Amantes de las glorias de nuestra patria, sinceros admiradores de los ciudadanos que la honran, los redactores del Liceo participamos del duelo universal quehacausado la sentida y temprana muerte del Sr. Escobedo,y vemos en ellaunacalamidadnacional. Para dar un alivio á nuestro dolor, y contribuir por nuestra parte álos homenages públicos de amor y respeto que ha recibido su memoria, quisimos al principio presentar eu unos rasgos biográficos el bello cuadro de esa vida, empleada toda en hacer el bien, en aliviar al enfermo, en socorrer al necesitado, en estimular con sus ejemplos y consejos á la juventud médica, en protegerla y encender en ella la misma llama de ciencia y virtud que ardia sin cesar en su alma umversalmente benévola. Pero supimos despues que el Sr. Otero se propine escribir la biografia del Sr. Escobedo, y "o hemos querido manchar con nuestros borrones el bello cuadro que tan bien sabrá pintar el maestro pincel de nuestro primer orador parlamentario. Nos limitamos, pues, á insertar á continuacion* el sentido y vigoroso discurso que en una academia privada de medicina, (l) formada en su mayor parte dedis

y) Esta sociedad, bajo el nombre modesto de filoia'«*, aman,t di la medicina, lleva trea años de existir

cipulos del Sr. Escobedo, pronunció uno de ellos, D. Joaquin Navarro é Ibarra, honor de nuestra juventud, y una de sus mas bellas esperanzas, y la contestacion del presidente de dicha reunion, D. Francisco Ortega, hijo. Creemos que nuestros snscritores leerán con placer y ternura estas dos piezas con que han favorecido nuestras columnas sus autores, y que les será grato, como á nosotros, \er que la juventud no olvida los favores que recibe, y sabe recompensar la proteccion que se le dispensa, con un agradecimiento ardiente y sin limites. Acompaña á estos discursos un retrato, copla de una hermosa litografia del Sr. Mata, quien animado por una sincera amistad, ha sabido reproducir con una fidelidad bien rara, aun en un retratista tan distinguidocomo él, los rasgos de un hombre presente por sus cualidades á la memoria de todos los que tuvieron el honor de conocerlo, y en cuyo corazon se abrigaba todo lo noble y generoso que puede elevar á los individuos de la especie humana. México febrero 19 de 1844.—RR.

Tom.

en la übdcuridud, cun notable provecho de los individuos que,la componen, y para lo futuro podrá llegar a ser muy útil al público. Se cursan en ella las mate. riits mas importantes de lns estudios médicos, y se ha dado un lugar muy preferente á los prácticos: se pre. sentan tambien periodicamente memorias y tésis do que van ya formados cerca de once tomos manuscritos. Estos trabajos son en su mayor parte recopilacion de lo mijor que se encuentra en los autores mas distinguidos sobre cada materia, de manera que hay poco original; pero no por oso es múnos útil encontrar sobre cada punto reunido un cuerpo de doctrina selecta, y que se hallaba antes esparcida. Sabemos ademas quo entre lo poco original que existe, hay algunas memorias de gran mérito, y entre ellas se nos ha hecho par. ticular mencion de una sobre el mal conocido vulgar, mente con el nombre de San Lázaro, fruto de algunos años de trabajos y observaciones constantes, f°ruiada por el facultativo D. Ladislao Pascua, disclpulo querido del Sr. Escobedo, y enlazado con una persona de su familia. Sabemos igualmente que los socios de esa academia se proponen elegir y dar i. la luz pública con el tiempo, sus mas importantes trabajos: nosotros los exci. tamos ¿"realizar cnanto antea un proyecto tan útil, y que cederá en honor de nuestra querida patria.—RR.

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EL DÍA 17 DE FEBRERO DE 1844, EN LA SOCIEDAD FILOIÁTRICA.

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fi \ el horizonte do lasciencias como en el del cielo, nacen y mueren sin cesar astros brillantes y benéficos;y es dulce yconsoladorenlos momentos de dicha, fijar el pensamiento en esta idea; pero hay otros de abatimiento y amargura en que la pérdida de un grande hombre nosarrastra ácreer que alhajar al sepulcro, ha cerrado tras de sl, la puerta que conducia álos adelantamientos y á la gloria. Este triste pensamiento os domina en este instante: lo adivino porque lo siento á la par vuestra, y porque sé que hay dolores que como el espacio, parecen mas profundos, miéntras mas fijamente se les contempla. No temais que con lo que voy á deciros, distraiga vuestra atencion del deplorable objeto que la ocupa: no olvidaré que al preparar esta solemnidad fúnebre, quisisteis á un tiempo hacer caer sobre una tumba recientemente abierta, un rayo de la inmortalidad que la inundará para siempre, y proporcionar una hora de tregua y de solaz á nuestro corazon despedazado. Me sentiría sin valor y sin fuerzas para corresponder á vuestra honrosa confianza, si este débil esfuerzo de mi voz balbuciente no fuese tambien un tributo de mi gratitud y una efusion de mi corazon; si no supiese que para conmoveros, para arrancar de vuestros párpados la lágrima que ya asoma á ellos, solo necesito pronunciar un nombre puro y querido, emblema ayer de nuestras mas venturosas esperanzas, slmbolo hoy de la amargura y el dolor: el de D. Pedro Escobedo.

No os hablaré de cómo en esta vez se vieron de nuevo sentarse el infortunio al lado de la cuna y la gloria sobre la tumba de un hombre; del desvalimiento de su infancia, de su precoz orfandad; ni de las penas y obstáculos de sus primeros estudios, para que veais que no estaba reservado á Pinel y á Velpeau, á Béclard y á Dunpuytre abrirse en medio de la indigencia el camino que habia de conducirles al respeto y admiracion de sus semejantes; nada os

diré tampoco de los últimos años de su vida, porque sabeis lo mismo que yo, que en ellos esa vida fué como el arroyo manso y tranquilo que corriendo sin estrépito, fertiliza y embellece todos los sitios que riega con sus aguas purísimas; y finalmente, por piedad á vuestro corazon, por piedad al mio propio, correré un velo de luto sobre esos últimos instantes en que una enfermedad destructora devoraba sus entrañas, miéntras el pesar devoraba su alma, y entrambos conjurados cruelmente en contra nuestra, le arrastraban con rapidez á un lugar que no debiera abrirse nunca para ciertos hombres. Grato seria para ml, honroso á su memoria y útil para vosotros, trazaros linea á llnea el grandioso y bello modelo de virtud que ofrecia D. Pedro Escobedo; pero la naturaleza de este discurso y el carácter de la sociedad á cuyo nombre lo pronuncio, me obligan igualmente á omitir los rasgos biográficos y el elogio de todas las virtudes del maestro que rido á cuya memoria tributamos este sencillo horoenage: su alma, por otra parle, semejante al encantado prisma que do cualquier lado que se vuelva al sol, reproduce los hermosos colores del iris, es bella bajo cualquier aspecto que se la considere.

Era por los años de 18 y 19 cuando euun oscuro rincon del Hospital de San Andres, un estudiante sin proteccion ni recursos se preparaba á sus solas a ser uno de los mas ilustres cirujanos de nuestra patria. Los principios fisiológicos de Bichat y el sistema, hijo suyo, de Val-de-Gráce, domipaban entónces esclusivamente el mundo médico; hoy, veinticinco años de esperiencia han hecho justicia á Broussaisy á sus obras; se ven, si no con risa, (porque jamas la despiertan los estravios de los grandes hombres,) al ménos en su verdadero valor sus exageraciones sobre la localizacion y el tratamÍ3nto de las enfermedades; pero entónces era otra cosa: habia restaurado la escuela anatorao-patológica, habia echado por tierra la teoria de las fiebres esenciales, habia formado la historia mas completa de las flegmasias, y todos estos eran otros tantos títulos justos á la consideracion y al respeto de sus contemporáneos; admiracion y respeto que él i on su lógica seductora y su estilo mágico, llevó hasta la mas deplorable fascinacion, haciendo admitirá toda una generacion, como dogmas sagrados, basta sus mas profundos errores. Basta considerar todo esto, los efectos que lo nuevo produce en un ánimo inesperto, y lo profundo y duradero de nuestras primeras impresiones, para esplicar cómo y por qué D. Pedro Escobedo conservó hasta lo último, apego á la doctrina fisiológica. Pero seria una injusticia llamarle médico sistemático en el sentido odioso de la palabra: no, profesar ciertas doctrinas, ó mejor dicho, tener ciertas tendencias, no es negar lo que puede haber de cierto en las contrarias, y vosotros sabeis bien que los interesantes trabajos de Andral y Chomel, Cruveilhier, Louis, Rostan y Piorry, no leeran desconocidos. No era él de esos médicos que son un arcaismo de su época, para quienes son perdidas las lecciones de la esperiencia, inútiles las investigaciones de los sabios, ignorados los adelantamientos de la ciencia: lo que él no hizo jamas, fué renunciar del todo ásus principios primitivos para arrojarse ile un golpe en los contrarios, convertir el desengaño en injusticia, olvidar todo lo que habia aprendido para quedarse sin saber qué creer; desertar de una escuela para alistarse en la contraria, y desde ella calumniar y pagar con la ingratitud al maestro ilustre que presidia la primera. Eso es lo que no hizo, io que no podta hacer tampoco, porque tenia un talento demasiado profundo, un discernimiento felicisimo, y una instruccion muy sólida, para aceptar indistinta y ciegamente todas las innovaciones: esta versatilidad que suele ser el defecto de los médicos inespertos ó de los amigos de las especulaciones, habria sido raro que fuese el de un hombre tan eminentemente práctico y positivo como D. Pedro Escobedo.

Mas principalmente quiero hablaros de él como cirujano. Cierto, como lo estoy, de no decir mas que la verdad, sin exageraciones »i suposiciones propias, lo estoy aun mas, de que no podreis ménos de llamar estraordinario y singular al que reunia á la vez tantas prendas raras y eminentes. Sus sentidos esquisitos, su percepcion clara, su juicio recio, su talento de induccion, su tacto quirúrgico, en fin, le hacian fijar con una exactitud y facilidad asombrosas el diagnóstico mas os

curo y embrollado: vosotros sabeis, y no tengo necesidad de recordárostos, los triunfos espléndidos que repetidas veces adquirió en este género: donde médicos instruidos, despues de un exámen prolijo y de acaloradas discusiones, nada podian aventurar mas que hipótesis imaginarias, él con una mirada penetrante como la de la águila que ve desde el cielo su presa, fijaba. irrevocablemente el diagnóstico, y lo confirmaba á menudo con una operacion audaz é inteligente. Ese talento de la indicacion, tan raro y tan estimable, era tal vez lo que distinguia al Sr. Escobedo mas especialmente, y lo que le colocó en ese apogeo de reputacion y de gloriaá que le hemos visto elevado. A una práctica larga é ilustrada, al estudio reflexivo de los autores clásicos de cirujia, en especial de Hunter, Dupuytren, Begin y Sanson, y sobre todo, á su genio, (porque no se puede poner en duda que nada puede suplir esa aptitud natural é innata que se llama el genio), debia ese conocimiento exacto y preciso de los medios curativos mas apropiados, del momento oportuno de emplearlos, de sus ventajas y de sus inconvenientes, de sus consecuencias etc.

Señores, es necesario decirlo, y yo lo hago con orgullo, D. Pedro Escobedo no tenia nada que envidiar al mejor operador del mundo: su pulso era firme y su mano rápida, pero sobre todo, nadie de vosotros habrá dejado de admirar aquella sangre fria imperturbable, aquella impasibilidad indescriptible que le hacia permanecer en medio delos horrores del dolor y la sangre, sin que se agitara su pulso, sin que una sola arruga en su fisonomia revelara la conmocion de su alma verdaderamente grande. ¡Cuán distante, sin embargo, estaba esa alma de ser insensible á los sufrimientos de sus scmejantesl ¿Olvidareis aquellos momentos solemnes en que su voz tranquila mezclaha á los ayes de la desesperacion, los dulces acentos del consuelo y la benevolencia, en que aun armado del instrumento de los dolores, ofrecia mas bien que la imágen del ángel csterminador, la de un ángel de paz y de ventura?.... El valor quirúrgico de D. Pedro Escobedo tan distinto de la audacia ciega que todo lo intenta, era esa fuerza de alma que inspira una operacion arriesgada, pero despues de haberla calificado posible, indispensable y útil, despues de calcular todas sus dificultades para vencerlas, todos sus peligros para arrostrarlos. La naturaleza que ha puesto en todas las cosas el abuso ilegitimo de ellas, junto á sus mas útiles empleos,no hizo, sin embargo, que D. Pedro Escobedo abusase de sus grandes calidades como cirujano: el cuchillo fué

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