Imágenes de páginas
PDF

prender la causa de los fenómenos que observamos en los animales.

Entre todos los seres irracionales que pertenecen al reino animal, acaso no hay uno que presente fenómenos mas curiosos que la hormiga, insecto despreciable á la vista, que vemos por el suelo y alguna vez hollamos con desden; pero que ha sitio admirado por muchos sabios desde la mas remota antigüedad, y elogiado en el libro sagrado de los proverbios por el rey Salomon, que lo presenta al perezoso como un modelo de sabiduría, por su laboriosidad y su prudencia. Este admirable insecto ha sido observado con una paciencia infatigable por muchos naturalistas, que nos han dado relaciones tan exactas de los trabajos, economia y modo de vivir de estos animalilos, como si hubiesen habitado con ellos las ciudades subterráneas en que moran.

La hormiga, segun el sistema entomológico dej ilustre compañero deCuvier, Mr. Latreille, pertenece á la órden de los hymenópteros, que es la novena de la tercera clase de diebo sistema. Se distinguen las hormigas, en machos, hembras y neutras, ó que no presentan caracteres que den á conocer su sexo. Los machos y las hembras lienen alas y las neutras no; éstas y las hembras tienen un aguijon oculto, con el cual al gunas especies de hormigas dan un piquete que causa irritacion en la parte herida, y en algunas personas hasta una fuerte calentura. La hormiga, esprimida, produce un jugo, del cual por un proceder qulmico se estrae un ácido, que se ha llamado fórmico, del nombre latino formica del insecto. Se numeran mas de ciento veinticinco especies diferentes de hormigas.

Lo único que de un hormigero se presenta á la vista, es una pequeña prominencia en el s uelo, formada de arena, y cubierta con pedrez uelas porosas. Desde aqul se comienza á observar la admirable industria de la hormiga: dándole una figura cónica á esta pequeña montaña, hace que el agua llovediza resbale perfectamente; y estando compuesta de arena y cubierta de pedrezuelas porosas, logra que la poca agua que debe resumirse, quede absorvida por la arena y pedrezuelas. Se dice que las hormigas tienen un conocimiento exacto de la proximidad de la llúvia, acaso por la humedad del aire, y se las vé en esta circunstancia afanosas acarrear multitud de pedrezuelas coa que tapan perfectamente el agujero que dá entrada á la ciudad.

El interior de un hormiguero, es un espectáculo que verdaderamente sorprende á cual

quiera. Se vé alll una ciudad perfectamente construida, con sus calles que conducen, ó á diversos almacenes abundantemente provistos de toda clase de vlveres, ó á los nidos, ó á depósitos en que se conserva lo necesario para reparar los deterioros de la ciudad. Para la construccion de ésta, y abastecimiento de los almacenes, estan distribuidos^ los trabajos entre las hormigas: unas se ocupan en edificar; lo que ejecutan formando las paredes con tierra húmeda y que dejan secar, y con pedacilos de palo que calafetean con una especie de baba que arrojan; otras introducen al hormiguero cuanto se necesita en él; unas veces se las vé arrastrando un palito, otras una mosca muerta, y no pocas se admira ver conducido un gusano de tres ó cuatro pulgadas por quince ó veinte hormigas, por espacio de treinta ó cuarenta varas hasla el nido. Entre estas) algunas tienen únicamente el oficio de esploradoras: se esparcen por todos los lugares ve_ cinos á solicitar una buena presa, y cuando encuentran una pera podrida, un trozo de carne corrompida, ú otra cosa semejante que puedan desmenuzar fácilmente y llevar á sus almacenes, al punto regresan á participarlo á sus compañeras, y una espedicion de cuarenta ó cincuenta parte al lugar señalado, y alll dividen la presa en partes pequeñas que puedan llevar, y lo que no pueden dividir en partes regulares lo comen alll mismo. lia sucedido en algunas haciendas desaparecer en ménos de un mes tres ó cuatro cargas de trigo que se han ido á encontrar en un hormiguero.

Un naturalista frances opina que las hormigas van arrojando por donde pasan una cantidad imperceptible de baba, que ellas reconocen perfectamente por el olfato, la cual les sirve de vereda para regresar á su morada; y en confirmacion de ello dice haber observado que pasando fuertemente el dedo por una pared por donde habian transitado unas hormigas, cuando volvieron se hallaron muy perplejas de pasar por alll. Sea de esto lo que fuere, es muy creible que se valen de algun medio para reconocer el camino que las debe guiar á sus nidos, pues algunas veces se apartan de ellos 400 ó 500 varas, que son como para un hombre 30 ó mas leguas.

Los entomólogos modernos, contra la opinion de los de mas de veinte siglos acá, dicen que es falso que las hormigas abastecen sus almacenes de vlveres para el invierno; porque en esta estacion permanecen en un estado de sueño ó letargo continuo.

La reproduccion de las hormigas es una co

TIIE NEW YORK

PU13LIC LI3RARY.

ASTCm. LLNGX AND TILDEN FOUNDATION8.

[ocr errors][graphic][ocr errors][merged small][graphic]

sa muy curiosa y digna de saberse. Desde que la hormiga pone el primer huevo, su vida queda enteramente consagrada á sus hijos: es imponderable el esmero que tienen con ellos, y el amor que les profesan. Cuando un enemigo invade la ciudad se las vé defenderlos heróicamente hasta morir ántes que entregarlos; ha sucedido ya que una hormiga que corria a esconder su cria para librarla del peligro, fué dividida por la mitad, y la parle que tenia afianzada la cria ha continuado moviéndose hácia el lugar de la ocultacion.

La hormiga en su reproduccion sufre los cuatro grados de transformaciones de todos los insectos: huevo, hrva, crisálida é imago. En el primero el cuidado de la madre se reduce á procurar al huevo el calor necesario; para esto las hormigas suben los huevecitos á las habitaciones superiores, muy cerca de la boca del hormiguero, para tomar lodo el calor de los rayos del sol, y despues van gradualmente bajándolos á los diversos nidos inferiores, segun la temperatura que se requiera. El Dr. Herold ha observado que estos huevos van aumentando diariamente de volúmen, lo que segun él es debido al desarrollo del embrion. Pasando al estado dete-reo el insecto, todo el cuidado delanmadre se reduce á prepararle el alimento; y para eslo sale de1 nido á buscar un llquido propio para la cria en este estado; este liquido lo deposita en el estómago, y lo arroja despues paradaro á la larva. Esta pasa al tercer estado, que

s el de crisalida ó pupa; el único objeto de a madre entónces es .quitarle la túnica que J cubre, la que por fin separa y se muestra la imago, esto es, el insecto como ha de permanecer toda su vida.

No falla autor que asiente que este cuidado de la crianza lo practican únicamente las hormigas neutras, y que las madres desde el momento que ponen los huevecilos abandonan enteramente la cria; pero no es creible que un animal tan laborioso, sóbrio y adornado de tantas virtudes cuales posee la hormiga, fuese tan desnaturalizado con sus hijos.

Las hormigas poseen un arte militar admirable. Cuando un enemigo invade la ciudad, se las vé salir y colocarse con el mayor orden y simetria en escuadrones, algunas veces irresistibles, aun cuando el enemigo sea algo mas poderoso qua ellas, y se le vé huir vergonzosamente. Hay una especie de hormigas que se han llamado amazonas, dedicadasescluslvamente al arte de laguerra. Cuan4o asaltan una ciudad de hormigas de otra

especie, su único fines robar todos los huevos que alll se encuentren; los que conducen á su república en donde tienen otras hormigas esclavas, que cuidan de la crianza de los huevos, miéntras las amazonas disfrutan del re_ poso que la ciega fortuna concede á los tiranos.—Francisco Diez de Bonilla.

(solo al mirar el encabezamiento de este articulo conocerá cualquiera, por poco versado que esté en la materia, cuan pesada y fatigosa sea la carga que pretendo llevar en mis débiles hombros. Porque á la verdad, no es cosa de juego meterse un hombre, sin mas que porque se le da la gana, á hablar de terciopelos y de sedas, de cintas y de blondas, de flores y listones; y un error en materia como esta, puede acarrearle á uno graves disgustos con las bellas, cosa á mi entender de tanta ó mayor trascendencia que un error en una correspon" dencia diplomática. Por fin á pesar de los inconvenientes que le encuentro á esto de escribir sobre modas, heme determinado á hacerlo por que tiene tambien sus ventajas, y porque siendo las pretensiones del Liceo agradar á lodos, justo es que de cuando en cuando consagre unos parrafillos á sus elegantes y amables suscritoras (si hay algunas.)

Asi pues, queridas mias, principio dando á vds. cuenta de haberme engolfado, por obsequiarlas, en el piélago insondable de la moda, habiendo establecido mis relaciones con sastres y modistas, comerciantes y joyeros; y aunque por el pronto confieso á vds. haberme atarantado y tener la cabeza como un bombo, llena de manteletas, y sombreros, y golas, y ahuevados, y guantes, y que sé yo que mas; sin embargo, espero tener arregladas mis ideas la primera vez que tenga que charlar un poquito con vds. y psdré entonces hablar con mas órden, dándoles una circunstanciadisima relacion de cuanto haya de nuevo en Parls, adaptable en México, no solo en linea de tragos, sino tambien en muebles, adornos de casa, coches etc., todo acompañado siempre de alguna estampita que dé á conocer materialmente los usos. Suscrlbanse vds. al Liceo, bellas lectoras, y verán cuanto me esmero por complacerlas, y aun

(*) nespues de concluido este articulo se recibieron nuevos figurines y periodicos. No siendo posible comunicar abora á nuestras lectoras tan recientes noticias, nos apresuramos i prometerles hacerlo tan pronto como se pueda.=ili{.

podrá introducirse luego la mejora de presentar iluminados los figurines.

En invierno (aunque no es absolutamente comparable el de México con el de Parls) es indispensable aqul como allá, tratar del abrigo combinado con la mayor elegancia posible. Se consigue tal objeto de varios modos, segun el lugar que ocupe la persona de quien se trate. Para calle, aunque va muy bien un vestido sencillo, como el que manifiesta la eslampa, acompañado de un buen tápalo, es preferible sin embargo usar del capotillo que es mucho mas garboso y elegante, dejando para deutro de casa el otro trage.

La materia de que este debe formarse, segun los periódicos parisienses que tengo á la vista, es la tela llamada cachemira. Esto en Paris es de rigor; pero como el tal género no sea de fácil consecucion entre nosotros, puede muy bien suplirse, segun me ha dicho una persona inteligente en la materia, Mme. Gourguét, (l) con merinos ó alguna otra tela semejante, quedando el color á discrecion de la que lo ha de llevar, y hecho primero el cómputo de matices, segun que la dueña sea blanca ó morena, que si fuere de un color trigueño exagerado nada bien le ha de estar el trage sea como fuere.

Elegida la tela del color conveniente, no tenemos ya que hablar sino de la forma. Un corpiño formado de alforcitas que se cruzan en la parte inferior del pecho, y que dan por esto su nombre al corpiño, que se llama esencialmente, cruzado, es muy bonito y da una , forma esbelta y elegantlsima á la persona que lo lleva. Generalmente se acompaña con unas mangas angostas {de chaqueta) con ligeras alforzas en su parte superior, y completamente ceñidas junto al puño. Una ancha falda y desmesurados holanes completan el vestido. Si se añade una golita pequeña y tal vez alguna joya sencilla en el cuello, se tendrá el conjunto mas gracioso y pulido de la época.

Aunque las mangas de que acabo de hablar son muy bonitas y han gustado generalmente á nuestras elegantes, debo, á fuer de cumplido y religioso periodista, manifestar á vds. que no es lo último que tenemos en ese género. Lo que si está fresquecito, y en las últimas soirées de Paris contribuyó á mas de una conquista, son las mangas que llaman de campana, nombre admirablemente aplicado, pues las tales mangas, angostas por la parte superior, van gradualmente anchando hasta cerca del puño, de manera que tienen

(I) Calle2.TM de Plateros número 2.

una perfecta analogia con el instrumento que les dió nombre. Una blondita ú otra guarnicion lijera en la orilla, es lo que ordinariamente se acostumbra ponerles, advirtiéndose que no se llevan mangas de campana, sino sobre otra manguita angosta que llega hasta el puño y que se forma de ahuevados.

Otr, trage que se lleva en invierno, y que ha hecho furor en Paris, es el capotillo que originalmente se Pama camail. Puede ser este de gr.is ó terciopelo, el primero es muy ligero y grandemente recomendado, especialmente el que se llama gros d'' Afrique; pero el terciopelo, aunque no indispensable en México, donde el frio no es gran cosa, es sin embargo del mejor gusto. El adorno que comunmente se les pone es una gran blonda en su estremidad, aunque algunas Señoras los prefieren con fleco, eso va en gustos. Un cuello no muy grande, generalmente de terciopelo, y unos cordones de seda por delante para atarse, es loque constituye la elegancia peculiar de este trage. Su longitud no debe pasar de media pierna, á semejanza de una maceta (*) y aunque puede llevarse indistintamente con cualquier trage, se entiende de invierno, los mas convenientes son los de seda y esta listada. De manera que una de nuestras jóvenes, que algunas conozco yo como unas perlas, con un vestido de seda listado, verde por ejemplo, un camail de terciopelo morado obscuro con algunos bordados obscuros tambien, y una ancha y magnifica blonda negra en la orilla, una goíita blanca y graciosa como laque la lleva, que caiga sobre el cuello del camail, un sombrerito de terciopelo negro, con guarniciones tambien negras; (porque el sombrero de terciopelo en invierno, es absolutamente indispensable; es mueble sin el que no puede pasar una elegante estará de esta suerte encantadora, ravusante como diria un frances.

Fastidiadas estarán "vds., lectora* mias, de tanta charla; pero no he querido dejar de decir algo sobre cosas tan bonitas y que me gustan tanto, y advierto que por no parecer prolijo, mucho me he dejado en el tintero, reservándolo para decirlo á vds. la primera ver que nos veamos, junto con lo que supiere de nuevo. Asi pues me despido, aunque no quiero hacerlo muy de prisa, porparecerme á vds. en algo, y les recomiendo ántes la tienda de la Sra. Virginia Gourgues, (de quien he hablado ya, y á quien me confieso deudor de las instrucciones que puedo tener en la materia) como la mas abundante en esquisitas telas y adornos, y en una palabra como el templo del buen gusto.

Ahora si concluyo ofreciéndome á las órdenes de vds., y poniéndome ásus piés como su atento articulista y servidor.—Querur¡n.

(*) Nombre que entre nosotros se toma siempre en acepcion religiosa, pero m,e es el que precisamente corresponde .\ 1a voz frenfesa camail.

« AnteriorContinuar »