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SOBRE

M DA Y OBRAS DI DANTE AlIGURI.

Quetn genuit parvi Florentia mater amor!» Epitafio de DANTE escrito por él mismo.

DANTE.

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L génio, este divino don del cielo, parece que jamas ha sido el fruto de una época tranquila y de una vida sosegada. „La desgracia," ha dicho un poeta, „es el mejor númen." En medio de la turbulenta tempestad de las pasiones, en medio del choque de los partidos, los destellos sublimes del génio vienen á disipar con su luz las tinieblas de un siglo de ignorancia y de terror.

Era el año del Señor de 1265, y hacia poco tiempo que los güelfos, desterrados despues de la derrota deMonteaperto, habian vuelto á Florencia. Alighiero degli Elisei, jurisconsulto distinguido y de una antigua familia, celebraba el nacimiento de un hijo á quien puso por nombre Durante, y que se llamó despues Dante, por una abreviatura muy comun entre los italianos. Lejos estaba Alighiero de pensar que aquel niño seria uno de los mas ilustres poetas de la Italia, y que el cielo le negaría á él, padre tierno y amante, el placer de presenciar su futura gloria.

Dante, de edad de tres años, perdió á Alighiero; y la esposa de éste, Donna Bella, no tardó en seguirle al sepulcro. El pequeño huérfano se vió protegido por sus parientes, y recibió las instrucciones del sabio Brunetto Latini, quien le inspiró el entusiasmo por el estudio, que despues formó una de las facciones mas prominentes de su carácter. Mas el jóven Alighieri no se contentó con sumergirse entre los polvorosos pergaminos de una biblioteca; su alma ardiente no podia presenciar con frialdad las revueltas de su patria, y, Güelfo desde sus primeros años, los guibelinos le vieron en la famosa batalla de Campaldino, luchar como bueno en la primera fila, y contribuir á su derrota con su fogoso valor.

La juventud del poeta floren tin se vió agitada por tres afectos diversos: el amor, el paTomo i.

triotismo y la sed del saber. El año de 1290, perdió á la muger que le inspiró la pasion que le ha inmortalizado, mas no hablaremos ahora, ni de ella, ni de ese amor, porque debemos hacerlo en la segunda parte de este ensayo.

Al año siguiente de la muerte de su querida Beatrice, Dante se desposó con Gatuna, de la ilustre familia de los Donati, güelfos poderosos de Florencia. Esta union fué desgraciada, y el poeta, queriendo sofocar el agudo dolor que le habia causado la pérdida de su amada, se dejó llevar del torbellino de la polltica.

Dos partidos se combatian entónces en Florencia. Uno defendia al emperador de Alemania: el otro, so pretesto de sostener los derechos del Papa, trataba en realidad de conseguir la libertad de la Italia. Eses dos partidos representaban los personages del segundo acto del gran drama de la edad media: en el primero, la religion combatia bajo el sol abrasador de la Siría contra los sectarios del profeta; en el segundo, la religion, siempre la religion, dirigia sus tiros en el seno de la Europa, bajo la suave influencia del clima de Italia, en contra del poder civil.

Dante se vió bien pronto honrado por sus compatriotas, y en el año de 1300 fué nombrado uno de los seis priores ó primeros magistrados de la República. No nos parece fuera del caso advertir con Serassi, que este nombramiento fué hecho por eleccion, y no por suerte, como se acostumbró en Florencia en una época posterior. Semejante hecho prueba la altura á que Dante se habia ya sabido elevar; pero si consideramos atentamente las circunstancias, nos convenceremos de que ese honor debia de ser, como lo fué en realidad, funesto para su dueño.

A la irritacion y desórden de las facciones florentinas, vino á dar nuevo pábulo, segun 1

dice Maquiavelo, la llegada de los gcfes de los güelfos de Pistoya, quienes á ejemplo de los Cerchi y Donad de Florencia se habian dividido en dos bandos, ían ambiciosos como encarnizados. Su objeto al salir de Pistoya, fué tal vez dar fin á sus disensiones; pero mas bien podemos suponer que trataron de adquirir fuerza, buscando simpatias en ánimos igualmente inquietos y exaltados. Si esta última fué su intencion, sus esperanzas no salieran fallidas, y recibieron de los Cerchi y los Donati, la acogida que era de esperarse.

Las facciones tomaron respectivamente los nombres de Mancos y Negros, y los paseos, las calles y las plazas de Florencia, se convirtieron en otros tantos campos de batalla, cubiertos mil y mil veces de las vlctimas del desenfreno y del esplritu de partido.

Dante era afecto á los Blancos; mas fiel á su mision de magistrado, hizo desterrar á los Negros á Castello della Pieve, y á los Blancos á Serazzana. Desde esto punto comenzaron sus desgracias. Fué públicamente acusado de parcialidad respecto de los Blancos, y de que no queria consentir en que Cárlos de Valois fuese llamado á Florencia con el objeto de pacificarla. La inesperada vuelta de los Blancos, vino á irritar mas los ánimos, y en medio del tumulto que succedió á esta ocurrencia, Cárlos de Valois se presentó en la ciudad, y habiendo sido recibido de una manera honrosa, por respeto al Papa y á la casa real de Francia, hizo volver á los desterrados de Castello della Pieve, sin que le faltase motivo para lanzar de nuevo á los de Serazzana.

El conde de Gabrielli, podestá de Florencia en aquella época, emplazó á Dante, quien habia sido enviado á Roma en calidad de embajador, paja que se presentase ante su tribunal. Dante no compareció, y fué condenado á ser quemado vivo, sus bienes confiscados y arrasada su casa. Esta sentencia existe todavia, escrita en latin bárbaro.

Penetrado el poeta de que su patria habia rotolos lazos que á élla unian, se retiró á Verona, pero hizo todavia una tentativa, y escribio á sus conciudadanos la famjsa carta que comienza: Popule mi, quidfecl tibi? El pueblo florentiu, tan implacable como todos los pueblos, desoyó los clamores de su vlctima, y ésta, animada de un noble despecho, se unió á las Olas del ejército que levantaron los desterrados á las órdenes del conde Alejandro da Romena. Aquella'empresa tuvo un éxito desgraciado, y Dante, despues de una vida vagabunda y congojosa, vino á morir á Ravena el

dia i i de setiembre de 1321. „rie vagado y mendigado," dice en una de sus obras, „por lodos los palses donde se habla la lengua toscana. He comido el pan ageno, y saboreado toda su amargura. Cual nave sin velas ni limon, me he visto impelido de playa en playa por el soplo helado de la miseria ". . . .

¡Triste, pero sublime mision la del génio! Homero, ciego, desvalido, al buscar el sustento de puerta en puerta, repelia los armoniosos versos de su poema inmortal: el calabozo del Tasso resonaba con las octavas de la Gierusalemme: la Divina Commedia acompañaba á Dante en Sh peregrinacion de duelo y de pobreza. Cervantes escribia el Quijote en el fondo de una prision!

II.
BEATRICE.

Fair as thc first who 'll of womankind,

Puré, as thc prayer, which childhoori waftsabove

Was slie.—ninoN.

Era hermosa como la primera muger,

Pura como la plegaria del niño.

Las mugeres generalmente adquieren una grande fama á mucha costa. Ninguna envidiará el renombre inmortal de las Helenas y Cleopatras de la antigüedad. La fama de las heroinas mas modernas, como Catalina de Rusia ó Maria Estuardo, siempre ha sido el resultado del crimen ó del infortunio. Aun aquella muger (1) que ha merecido un lugar entre los escritores de mayor nombradla, no obtuvo esa peligrosa preeminencia, sin perder muchas de las mas delicadas gracias de su sexo, y sin verse espuesta á los tiros de la maledicencia. Pero si hay memoria digna de envidia, debe ser la de la hermosa Beatrice Portinari. Su carrera mortal fué corta, y sus incidentes solo conocidos del mundo, en pequeñas y deslumbrantes vislumbres.

Ningun biógrafo, por investigador que haya sido, ha podido empañar su fama, ni por medio de una narracion lisa y llana, reducirla á la comun esfera.' No ha tenido Beatrice, como Madonna Laura, un Abate de Sade que tache con su prosáica pluma los brillantes colores del romance, y tenga la satisfaccion de anunciarnos con toda gravedad que el idolo del poeta era una matrona reposada, madre de once chiquillos, y para decirlo de una vez, su propia abuela!

La envidia y la arqueologia, no han perdo

(I) Madama Stacl.

nado medio alguno; pero la amada del Dante
aun se nos presenta pura, intacta, mezclada
con las mas sublimes concepciones, y nuestra
imaginacion todavia nos la retrala:

Dentro una nube de jazm¡n y roas,
de manos de los ángeles salida [i].

El dia 1.° de mayo del año de 1274, Folco di Ricovero Portinari, opulento y distinguido ciudadano de Florencia, dió un espléndido banquete en su casa, siguiendo en esto el uso de los nobles florentinos de aquella época, quienes solian saludar la vuelta de la primavera con fiestas y cánticos de alegria. Todos los amigos y parientes de los Portinari fueron convidados al festin.

Dante, de edad entónces de nueve años, asistió á la casa de Portinari, y alll se encontró con la hija de éste llamada Beatrice, notable por su estraordinaria belleza y un aire de cir- amenazaba?

templar su beldad. ¡Cuán grande era mi ventura al observarlos admirando á mi señora! Y ella, coronada y revestida de su humildad, proseguia su camino sin dar oido á los elogios que de todas las bocas se desprendian." La muerte del padre de Beatrice sumergió á ésta en un profundo dolor. Su amante participó de él, y poco tiempo despues se vió atacado de una enfermedad que afectó sus facultades mentales. En este estado tuvo una vision en que se le presentó su amada en medio de un coro de ángeles, y con espfesivo ademan le dijo: „que iba á ver el origen de toda paz y ventura." Su delirio tomó un aspecto tan alarmante, que los que le velaban huyeron despavoridos. Cuando se restableció, escribió una descripcion poética de esta vision; ¿mas quién podrá decidir si acaso fué efectivamente un anuncio del terrible golpe que lo

cunspeccion y dignidad muy superior á sus pocos años, que no llegaban á ocho. La emocion causada por esta niña en la fogosa imaginacion del futuro poeta fué inesplicable. Desde aquel punto la amó con el ardor que despues inmortalizó á uno y otro; desde entónces (como dijo mas tarde) admiró:

Esa virtud que en mis primeros años
indeleble impresion hizo en mi pecho [a].

Dificil nos parece que se encuentre igual al fuego que devoró á Dante; esa terrible pasion que tantas veces ha causado grandes calamidades en la tierra, esa pasion que á tantos ha conducido por la senda del crimen, no produjo en el alma del poeta florentino mas que una elevacion y sublimidad que solamente un objeto tan puro y angelical como Beatrice podia inspirar.

¡Qué interesantes son siempre los pormenores relativos á esos caracteres en quienes se encuentran mezcladas las encantadoras tintas de la poesia, con el sólido y grave colorido de la virtud! Nuestro corazon palpita al ver la sinceridad con que Dante nos refiere que nueve años despues de su primera entrevista encontró á Beatrice en una de las calles de Florencia. Alzó ella modestamente los ojos y le dirigió un gracioso saludo. El poeta embriagado de placer olvidó sus ocupaciones, y se retiró á su habitacion á regocijarse en su dicha.

„Cuando pasaba Beatrice por alguna parte," flice él mismo, „todos corrian á verla y á corail) Del purgatorio, canto XXX. (2) Del purgatorio, canto citado.

Beatrice murió. Antes de que el tiempo empañase sus gracias, ántes de que (para valernos de la espresion de un tierno y sensible escritor de nuestros dias) „la tierra hubiese profanado lo que tan solamente habia nacido para el cielo," Beatrice murió. Florencia deploró la pérdida de su mas hermosa y delicada hija. Su amante, anonadado por la fuerza del dolor, cayó en un entorpecimiento que hizo desesperar por largo tiempo de su vida. Cuando la primera impresion se hubo pasado, despertó su noble génio, y erigió á la memoria do su amada un monumento inmortal.

„¿Quereis," dice Ginguené, „lener una prueba de la inmensidad del amor que Dante profesaba á Beatrice? Leed una una y mil veces el episodio de Francesca [l]. Ni el filósofo profundo, ni el teólogo imperturbable, ni aun el poeta sublime eran capaces de imaginar pasage tan encantador. Esta empresa estaba reservada al amante de Beatrice."

En la mitologia antigua vemos que cuando el padre de los dioses y de los hombres queria distinguir á algun mortal por sus grandes virtudes ó heróicos hechos, le colocaba entre las constelaciones para que iluminase el firmamento con un brillo inestinguible. Dante, al celebrar á su Beatrice, le ha dado una inmortalidad mas verdadera, y que descansa en base mas segura que los ficticios sueños del paganismo.

(I) Dellinferno, canto V.

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