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blos. En Veracruz se manifiesta el vómito negro con todo el aspecto mortlfero que se le conoce; en Tampico abundan las fiebres amarillas con diversos caracteres que en otros puntos; el ilustrado y laborioso profesor D. Juan Manuel Gonzalez Urueña ha procurado apreciar las diferencias del diabetis que es endémico en muchos pueblos del departamento de Michoacan; en algunos lugares del Sur se padecen afecciones de la piel que consisten en manchas de diversos colores; en otros parages del mismo rumbo el bocio ataca á todos los naturales y aun suele invadirá losestrangerosque permanecen [mucho ¡tiempo alli; en una palabra, dificil me sería siquiera el indicar el catálogo de las muchas enfermedades endémicas de nuestros departamentos.

¿Y no está probando esto muy claramente la necesidad de formar la medicina mexicana? Sin duda que nos es no solo interesante, sino hasta cierto punto necesario, clasificar, diagnosticar, curar, y sobre todo, investigar las causas locales de semejantes padecimientos; no ménos que saber si ellas son hereditarias, si se comunican por contagio, y si por algunas circunstancias safen de sus linderos, y formar la historia completa de ellas.

Tambien las diversas clases de enfermedades que ocasionan las picaduras de animales ponzoñosos, reclaman de nosotros una historia completa. El escorpion, los alacranes, las tarántulas y muchas serpientes indigenas producen, segun tengo noticia de personas veraces y despreocupadas, alteracion de distinta especie en los distintos lugares que habitan.

¿Cómo sin el estudio de las localidades se podrian saber las virtudes de muchos vegetales, y las de muchas fuentes termales diseminadas en la estension de la república, de las cuales, algunas gozan de grande fama para curar ciertas enfermedades? Nadie duda de la poderosa virtud vermlfuga que posee la corteza de la raiz del granado en sus distintas preparaciones; y sin embargo, pocos facultativos dejarán de haber notado la ineficacia de la que se trae de ciertos lugares, y la seguridad con que se obra con la que nos llega de otros puntos: lo mismo acontece con la cicuta y con otras muchas plantas.

Uno de los poderosos recursos que emplea la medicina para restaurar la salud, es el cámbio de temperamento, como vulgarmente se llama la traslacion que se hace á un enfermo de un punto á otro; y ¿se podrá con seguridad fijar el lugar que conviene al que padece tal enfermedad, si se ignoran las condiciones higiénicas de aquel, y se desconocen los agentes que

pueden alterar la salud? Muy comun ha sido entre nosotros distinguir los temperamentos en frios y calientes, húmedos y secos; y sin cuidarnos de otra multitud de consideraciones importantes, aconsejamos á los que padecen del pecho, que vayan á Cuernavaca; á los de diarrea, á Tacubaya, etc. etc. ¿Pero al seguir esta conducta, hemos procedido con toda prudencia y razon? No temo el asegurar que no. Muchos lugares, aunque sean provechosos por su temperatura, suelen ser perjudicialisimos por mil circunstancias peculiares á cada uno: un punto que hace un año era sumamente sano, puede hacerse mortlfero por la mala policia, por la formacion de pantanos y otros focos de infeccion que insensiblemente se han ido formando, por la destruccion de algunos vegetales y la siembra de otros, y por otros mil motivos que á nadie se ocultan. Aun la accion de causas constantes se hace sentir de diverso modo en los enfermos á quienes se les aconseja tal temperatura;y sobreeste punto, puede decirse, que laesperiencia ha dado su fallo: pacientes que se creian en circunstancias análogas ban tenido distinta suerte, unos agravándose, y otros sanando en un mismo temperamento.

Consideraciones muy importantes para la medicina nos suministrarían los colegios, si estudiaramos su organizacion; lo mismo que los conventos de ambos sexos, casas de correccion, hospitales, cuarteles, fábricas, etc. etc. ¡Qué prodigiosa reunion de elementos diversos y aun contrarios se manifiesta en lodos! Si es cierto que el hábito de estar bajo su influencia, hace á algunos hombres indiferentes á su accion, tambien lo es que la ciencia necesita averiguar hasta qué punto se contrae este, cuáles son las cosas que se oponen á adquirirlo, qué temperamentos desarrolla, y mil otras nociones de primera importancia. ¿Cuántos medios no se inventarían para reformar los establecimientos públicos, si se estudiaran profundamente las causas de enfermedades que encierrau?

Como mi ánimo al formar este artlculo ha sido llamar la atencion sobre el estudio de la topografia médica de México, me abstengo de entrar en muchos pormenores, que trac consigo esta materia. Acaso con algunos datos po.dró volverla á tocar en otra ocasion, hablando sobre las bases en que debe apoyarse.

José Marla Reyes.

En muchos, conseguir riquezas no es fin de trabajos, sino mundanza de ellos. Contra dos, ni aun Hércules basta.

A MI AMIGO JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ,

Ayer en mi niñez pura y tranquila
libre de pena el corazon latia
y siempre entre placeres y alegria
gozaba sin cesar.
Mas hoy mi pecho oprimo con la mano
buscando sus latidos, su ardimiento;
y su frio me^hiela, no lo siento
cual antes palpitar.
Busco en vano un consuelo.... y estoy

triste
cuando la luna pálida contemplo,
triste invocando á Dios dentro del templo
y triste en el festin.
No me agitan inútiles deseos
de adquirir el poder ó la riqueza;
¿por qué siento abrumada mí cabeza
de tormentos sin fin.?
¿Qué importa que la rosa perfumada
cuando pasó la fresca primavera
marchita y sin color al cabo muera
cubierta de aridez.?
Mas yo que joven soy.... ¿porqué en
mi frente
se miran de dolor hondas señales?
¿por que ya mis mejillas sepulcrales
arruga la vejez?....
¿No hierve aun lasangrepor mis ve

dulce consuelo el alma recibia
y orando me adormí.

Volvió la aurora; y levanté los ojos á contemplar del mundo la hermosura, y el himno que entonaba la natura postrado repetí.

Torné á seguir la senda trabajosa que el cielo me tuviera prevenida y del mar proceloso de la vida volví á sentir el desigual vaiven.

£1 puerto allá á lo lejos se ofrecía, la mar estaba en plácida bonanza, y en el frágil batel de la esperanza á merced de tos vientos navegué.

Febrero de 1W4.

Fernando Orozco Y Berra.

EL ARTE DE NADAR. Se ha observado queloshombres se sumerjen por levantar los brazos y sacarlos del agua, hundiendo con su peso inflotante la cabeza; miéntras todos los demas animales, sin tener conocimiento de sus facultades y disposicion para sostenerse, nadan naturalmente y se salvan nadando. Si un hombre, pues, cae en el agua aunque haya mucha profundidad, subira á la superficie, y podrá continuar en ella, si no levanta los brazos. Con mover las manos debajo del agua del modo que quiera, podrá tener la cabeza elevada, en disposicion deTespi„,„,,». rar con libertad, y si mueve los piés, como para nas?.... andar, ó subir las escaleras, sus hombros le

no hierve, no; que crueles desengaños
ay! en la flor de mis primeros años

borraron mi ilusion.
Cuando pensaba hallar solo placeres
me abandonó el amigo, la querida,
y aborreci la insoportable vida

y á los hombres odié.

Y vi ponerse el sol de mi esperanza que consolaba al alma congojosa

y enmedio de una noche borrascosa

sepultado quedé. Pero volvi los empañados ojos y entre la rota nube que bramaba un lucero magnífico brillaba

con apacible luz.

Y sus inciertos, fugitivos rayos
que en las ramas del sauce se quebra-
ban

con pálido fulgor iluminaban
una rustica cruz.
La vi, y á ella llegué, doblé la frente,
y con el triste llanto que vertia

mantendrán sobre el agua, y no fatigará tanto sus brazos, que podrá aplicar á otros objetos. Se recomiendan estas advertencias tan claras y sencillas á la atencion de aquellos que no habiendo aprendido á nadar en su juventud, hallarán en ellas, si quieren aprovecharse de su utilidad, las ventajas mayores para preservar su existencia.

Si una persona cae en el agua, ó se arroja por¡ su gusto á [ella y no "puede nadar, 6 si quiere ahogarse, que mueva los piés con toda la violencia posible y lo mismo las manos, y se zambullirá al momento. Por el contrario, si poseido de la idea de que es ménos pesado que el agua, no hace accion alguna violenta, y con calma, aunque con destreza, se esforzare á contener la respiracion, miéntras estuviere debajo del agua, manteniendo lacabeza levantada todo lo posible; y si con una direccion propia mueve constantemente sus manos y piés probablemente flotará sobre el agua, y, ó nadará, ó dará tiempo á que llegue algun socorro.

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„las historias de los hombres ilustres engañan á la juventud. Siempre se les presenta en ellas al mérito, como respetable, y se lamentan las desgracias que lo acompañan, se habla en ellas con menosprecio de la injusticia del mundo para con la virtud y los talentos. Asl es que, aunque presentan a los hombres de ingenio casi siempre desgraciados, pintan, no obstante, su ingenio y su condicion con tan seductores coloridos, que los muestran dignos de envidia aun en sus propias desgracias. Esto procede de que los historiadores confunden sus intereses con los de los hombres ilustres de que hablan. Caminando por los mismos senderos, y aspirando poco mas ó menos á la misma gloria, realzan cuanto les es posible el brillo de sus talentos; y como no percibimos que defienden su propia causa, y no oimos mas que su voz, fácilmente nos dejamos seducir con la justicia de su causa, y nos persuadimos fácilmente de que el mejor partido es tambien el mas apoyado por los hombres de bien. La esperiencia desengaña de lo dicho; bien pronto se descubre la natural injusticia del mundo para con el mérito; la envidia de los hombres mediocres, que persiguen hasta la muerte á los. hombres eminentes; y en fin, el orgullo de los hombres elevados por la fortuna, que no ceden nunca en favor de los que no tienen mas que mérito. Si esto se supiera mas temprano, se trabajaria con ménos ardor en la virtud, y aunque la presuncion de la juventud sobrepuja á todo, dudo que tantos jóvenes entrasen en la carrera." Asl se espresa uno delos escritores mas eminentes qne produjo la Francia en el siglo XVIII, el elocuente Vauvenargues, cuyas obras me deleitan, y mas de una vez han aliviado un tanto mis penas, mas en parte de la opinion que emite acerca de la historia de los hombres ilustres, tengo el sentimiento de apartarme de sus ideas: no se me oculta que no soy mas que un pigmeo, y que tengo la audacia de medir mis fuerzas con las de un gigante; pero me anima la consideracion de que escritores tan eminentes como Vauvenargues, y á quienes acaso él misino respetó, vienen en mi apoyo. Tosl. i.

Descorrer tan bruscamente, por decirlo asi, el velo mágico de la historia, que hace que no lleguen á nosotros sino únicamente las grandes acciones de los hombres, comprehendiendode un modo tan general á todo; los que han escrito las vidas de los hombres ilustres, no diré que es un crimen, pero si un error de incalculable trascendencia, pues que basta cierto punto se desconoce el fin moral de la historia; una de las cosas que muestra la gran capacidad del hombre, lo que prueba que este ser pasagero en este mundo ha sido creado para un destino eterno, es el constante esfuerzo del entendimiento humano, para fijar lo pasado, sacar lecciones para lo presente y esperanzas para lo futuro; y asl, segun la bella espresion de un escritor, la historia no solo es una ocupacion grave, sino una religion con sus misterios, sus dogmas, sus deberes y su fin: el santuario de esta religion es la conciencia: la historia debe tener tambien su fé (sin escluir la cr¡tica) para conservar su tendencia moral.

Fijadas estas consideraciones generales, pueden aplicarse a las biografias ó vidas de los hombres ilustres; estas no son mas que un proceso, cuya sentencia debe pronunciar la posteridad; y si el que toma á su cargo la forma cion de este proceso, abusa ó se engaña, hasta el punto de creer que él es quien se retrata, entónces la misma posteridad, el dia que el escritor aparezca en su terrible tribunal, esclamará: ¡fué un impostor!

Empero si el escritor al pintarlas grandes acciones de un hombre, al presentar al mérito siempre como respetable, lamentando las desgracias que lo acompañan, menospreciando la injusticia del mundo para con la virtud y los talentos, ha conseguido dar graves lecciones de moral, aunque no hubiese cumplido con su mision histórica, yo no me atreveria á condenarlo, antes por el contrario, repetiria con el mismo Vauvenargues: ,,Me complazco en creer que quien escribió cosas tan grandes, no habria sido incapaz de practicarlas, y me parece injusta la fortuna que lo limitó á solo escribirlas."

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Por otra parte: ¿con qué esplritu, ó mas bien, con qué conciencia se le dice ála juventud, no espereis el desengaño que viene con la esperiencia, desconfiad de todo desde un principio y asi tal vez no abrazareis con ardor el camino de la virtud? No concibo cuál haya sido la intencion de Vauvenargues, acaso no fué siniestra; pero la máxima en esta parte me parece contraría á los principios de sana moral, altamente anárquica y capaz de conmover el gran edificio social. No fué sin duda la misma la intencion de Montaigne, cuando dijo: „Los que escriben las vidas de otros, son para mi mas dignos de aprecio, si se detienen mas en los consejos que en los sucesos...." En fin, para concluir, no puedo dejar de copiar un trozo del

elocuente filósofo Ginebrino, „nosolros no sa~ liemos sacar ningun verdadero partido de la historia; la crltica de la erudicion lo absorve todo; como si importara mucho que un hecho fuese verdadero para poder sacar de él una instruccion útil. Los hombres sensatos han de mirar la historia como un tegido de fábulas cuya moral es muy propia para el corazon humano."

Entre ambos estremos me decidiria yo mas bien por la opinion de Juan Jacobo, pues al fin salva el gran principio que mantiene á los hombres en el circulo de sus deberes y el único que conserva á las sociedades: la moral.

P. M. DE T.

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Asomrrosos son los adelantamientos que las ciencias, y sobre todo, las ciencias naturales, están esperimentando en estos tiempos de progreso; y no cangregil, (dispénseseme la palabra, pues me acude el mismo derecho que á Cervantes,) que andamos para adelante, por mas que se empeñen en probarnos lo contrario ciertos energúmenos que andan por esos mundos vociferando que el género humano camina para atrás. Los asnos, se medirá, andan tambien para adelante: tanto mas en mi ahono, pues estoy para mi, que esos manslsimos animales, que agachando la cabeza y tendiendo

Quien fuere el que debe, que muera por ello:
Quien no me creyere, que (al sea del:
Al menos me deben la tinta y papel.

BARTOLOMÉ TORRKP NIHARKO.

las orejas, caminan para adelante, son el mejor emblema de los pueblos pacificos, á los que las mas veces tocan en suerte algunos dueños blandos que á latigazos saben entenderse con ellos: ¡Oh! y cómo que algunas naciones deberian poner en sus enseñas un asno para que hubiese verdad en ellas; pero olvidábase me que la verdad amarga, por eso ponen eu cambio leones, águilas.... ja, ja, ja, ja, sin saberlo se hacen ellas mismas agudos epigramas que arrancan la risa.

Decia, pues, que asombran hoy los adelantamientos de las ciencias naturales: en efecto, eslu pafaclo se quedaria el mesmo Aristóteles si viera á la altura en que se halla hoy la ciencia, cuyos fundamentos, podemos decir, que él puso. ¿Cuándo el Estagirila se imaginó, en medio de tanto como él se imaginaba, un mono diplomático? ¿Un toro polltico? ¿Cuándoen esos géneros han llegado á sospechar tales especies, no digo ya los vetustlsimos Aristóteles y Plinio, sino los mas encumbrados naturalistas modernos? Queso levante de la huesa Cuvier, y que declare ala faz del mundo, si entrelas descripciones de animales que se le perdieron, porque es preciso que se le hayan perdido algunas, se encontraba la de un toro polltico por ejemplo. Mentira! le diria yo, si él asegurara que sl; y ¡cuidado! que para habérselas con Cuvier se necesitaria tener todo el cacúmen de ciertos individuos que yo conozco, que lamentan la poca capacidad de Newton, y el gran descaro para me ntir de Galileo. Indudable, es pues, que á nosotros debe la zoologia un adelantamiento, un descubrimiento mas; y para descargo de mi conciencia declaro aqul que yo lo debo á un amigo mio, zoólogo consumado, qu<* aunque por modestia no da sus orejas al público, entiende él mas de achaques de animales, que los mas huecos catedráticos á quienes me temo encontrar un dia, ocupando un honroso lugar en sus grandes clasificaciones zoológicas.

Es este un buen amigo que la suerte me ha deparado, amante de comunicar sus conocimientos á los demas, porque dice él que tan perjudicial es el egoismo en ciencias, como en pol¡tica, como en moral, muy al reves de multitud de bipedos parlantes, que con saber ellos, con guarecerse de una tormenta revolucionaria, con libertarse de un contagio, poco ó nada les importa que se arda el mundo. A este amigo que amo con todo mi corazon, debo el saber la existencia de un toro polltico. Sorprenderáte, lector amabillsimo lo que digo; y no vayas á creer que pol¡tico aplicado á toro, es aqu¡ sinónimo de cortés; ¡nada de eso! que animales como estos, lo que ménos conocen as la buena crianza, que no ven estados, ni condiciones, y cargan sobre el mas pintado, y darian en tierra con el lucero del alba, si el lucero del alba se les pusiese delante. Es el toro polltico el mas terrible de los animales de su género.... Mas para no tener por mas tiempo tu curiosidad suspensa, esa curiosidad, que si eres lectora, la tendrás en quintales, voy á referirte punto por punto, como vino á mi conocimiento la existencia de esc animal, y á darte de él una descripcion exacta, que aunque no tiene el mérito de ser mia, porque en eso de

ciencias soy tan nulo, como el mismo toro, sí tiene el de ser de mi buen amigo el zoólogo, cuyo nombre no pongo en tu conocimiento, por ignorarlo yo mismo.

Cierto dia, mohino, y mas que todo, inconsolable, por tener precision de escribir algo, y no encontrar asunto para hacerlo, y porque soy enemigo de escribir apóstrofes que nada dicen, y de extasiarme pseudo poéticamente á la vista de cuanto se me presenta para regalar luego á mis lectores con el produelo descabellado de mi éxtasis, me sall de mi cuarto de escritor, que por ser de lo que es, ya te puedes figurar cuán mezquino será. Estaba ya en la calle, cuando vi de léjos á mi amigo el zoólogo; iba cabizbajo y pensativo, lo que me reveló que algun nuevo descubrimiento habria hecho. Corrl luego hácia él con la intencion de obligarlo á que me lo comunicara, para pasarlo yo al papel, y darlo al público, cosa que siempre hago, porque aunque es él el descubridor, tiene la desgracia de no saber completar ni una cláusula, por lo que nadie le conoce en el mundo literario. Despues de haberle saludado, preguntéle por qué iba tan pensativo, y sin hacer caso de cuanto le rodeaba,

—¡Oh! amigo, me contestó, una idea, una idea que viene bullendo aqul en mi cerebro, es la que me distrae hasta el punto de hacerme andar, como loco por las calles.

—¿Pero que idea puede ser esa, amigo mio? repuso yo.

—¡Oh! es una idea nueva: muy nueva, que no hace mucho tiempo concebi.

—Precisamenteá caza de ideasnuevasando: las novedades me aguijonean, ó por mejor decir, el público amante de novedades, me endiabla ya porque quiere algo nuevo. Tenga compasion de ml, comuniquémela á ml, pobre tinterillo, que ando loco, no por sobra de ideas como V. sino precisamente por falla de ellas. —Pues, señor, esta es una idea que va á hacer dar un gran paso á la Zoologla, mi ciencia predilecta; es el descubrimiento de una nueva especie en el género bos (l) ¡Ay! amigo mio, y cómo que sl me trae loco el tal descubrimiento; será la novena especie en las ocho que los zoólogos han descubierto, y despues del bos taurus de Lineo, muy bien vendrá mi bos taurus politicus, por que ha de saberse V., que lo que he descubierto ha sido un toro polltico, el

(I) Bos, en latin buey: as! llamó Lineo el género á que pertenecen estos animales, y en el que los zoologos cuentan ocho especies. Nuostro amigo el zoólogo ha doseubierto una nueva, es decir, la novena.

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