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lorias de Ciro, las conquistas y desastres de los persas, de los griegos, de los romanos, la abominacion y la pérdida de los moabitas, de los tiros, de los filisteos y de los egipcios. Los hechos han venido á justificar las palabras y la duda ha desaparecido. Pero los judios no pueden admitir el cumplimiento de sus profecias eu nuestra religion, sino abdicando la suya, y los protestantes no pueden entenderlas como nosotros, sino dejando de serlo. De mapera que discutir con ellos sobre los Profetas, no solo es cosa de ciencia de erudicion, de exámen y de controversia, es el fondo mismo de su religion lo que se debate, y ellos no podrian convenir en que cometian un error histórico sin confesar al mismo tiempo la falsedad de su creencia. En nuestra pobre escolástica los comentadores hau estado poco de acuerdo; muchos han abandonado el sentido literal por el mlstico, y otros han variado aun acerca de la alegoria que imaginaban. Pero aqui todo es de una santa legalidad; nadie puede ser sorprendido en estas interpretaciones cuya sutileza no ofende la piedad natural. S. Gerónimo no vacila al decir con toda la pureza de su corazon: "Lo que sé lo comunico con sencillez á mis hermanos, pero ellos son ciertamente libres para adoptar la interpretacion que quieran seguir." Efectivamente el testo hebreo algunas veces mal trasmitido, y otras mal comprendido, y la version griega algunas veces compendiada, y otras infiel, abren la lisa á diversas interpretaciones, para todos esos esplritus sublimes y sencillos al mismo tiempo, para todas esas almas á la vez austeras y francas que apagando su sed en el rio de los Profetas, se dejan arrastrar por la

corriente.

Pero cómo osar en nuestros dias abandonar á la risa del incrédulo, ó al desden del indiferente, el esplritu de los videntes tal como aparecia en otro tiempo al esplritu de los creyentes? Hoy no puede hacerse mas que tratar cientlficamente de los Profetas, es decir, repetir lo que los demas han dicho de ellos, aglomerando los mismos hechos en un sistema diferente, porque esto es lo que se llama ciencia en nuestros dias; ella no nos enseña lo que ignoramos, únicamente nos enseña de diferente modo lo que sabemos; y hé aqui todo. Los paganos tenian templos especiales donde los Profetas y las Sibilas daban sus oráculos, y en ellos se nota la obra del esplritu sacerdotal. El sacerdocio hebreo fué siempre estraño y algunas veces enemigo del esplritu profético; pero el esplritu de Dios descansaba sobre un hombre y el hombre profetizaba. Se ha divi

dido á los Profetas en mayores y menores: todos son iguales entre si, pero lo que los distingue es, que aquellos han dejado mayor número de profecias. Isaias, Jeremias, Escchiel y Daniel son los cuatro profetas mayores. Oseas, Joel, Amós, Abdias, Jonás, Miéhcas, Nahum, Abacuc, Sophonias, Aggeo, Zacharias y Malacbias son los menores. Pero los hombres á quienes el esplritu de Dios ha querido aparecer, forman de Adan á Moisés una série sin interrupcion de verdaderos profetas. Hasta despues de Moisés es cuando los profetas suscitados escribieron sus predicciones; y desde Samuel hasta Malachias la palabra de Dios sobre el pueblo y sobre el mundo se nos ha conservado. La escritura cita Profetas, profetisas y asociaciones de videntes. San Epifánio cuenta una série de setenta y tres de ellos desde Adan hasta Maria, y los judios cuentan cuarenta y ocho. Los comentadores de los Profetas son innumerables, y sus discordancias han escitado la cólera de los filosófos: fácil hubiera sido evitar esta controversia, pues Bossuet habia dicho antes que ellos: "El concilio de Trento no establece la tradicion constante, ni la inviolable autoridad de los Santos Padres para la inteligencia de la Escritura, sino en lo que están unánimes y en las materias de fé. Las esplicaciones literales é históricas no son en su mayor parte ni de dogma ni de autoridad." El campo es libre, y vasto, segun se vé, para las congeturas; pero lo que siempre so ha creido en todas partes y por todos, está á los ojos del cristiano fuera de toda discusion. Esto es, lo que la comunion de los fieles, es decir la Igiesia, ha creido hasta hoy, y á esla creencia es á la que será preciso volver, porque en ella y solo en ella se encuentra la verdad. La anarquia de las opiniones aisladas, la licencia del derecho de exámen, que pliega el sentido de la Escritura á merced de las pasiones y al gusto de los sentimientos, la insurreccion del crimen que niega eLpoder que lo condena, la locura del hombre que busca á Dios fuera de Dios, ó que quiere hacerse un Dios á su placer y todas estas saturnales filosóficas, tendrán su fin; la verdadera naturaleza de la humanidad volverá á su camino, del cual la han arrojado el orgullo de la inteligencia y las emociones de la carne; pero llegará el dia del profeta. "Dios creará un nuevo cielo y una tierra nueva. El sol no resplandecerá ya de dia, la luna no lucirá por la noche y solo Dios será eternamente nuestra luz y nuestra gloria."

Tal es el artlculo de Mr. Pagés: el nos parece bien escrito, y aunque sea mal traducido, le hemos dado un lugar en las columnas del Liceo, pues en nuestro humilde concepto demuestra la importancia de nuestras creencias, en una época en que como dijimos antes, se miran con desprecio, y en que la religion encuentra pocos ecos en los corazones,

sin considerar que esa religion santa debe ser la única esperanza del hombre; pero el hombre es altivo, ha querido penetrar mas allá de lo que le es dado y se ha estraviado; ha apagado la antorcha de la fé y se ha quedado en tinieblas: pobre humanidad!

P. M. DE T0REESCA3O.

INSTRUCCIÓN PUBLICA.

i'i hay algunos datos para conocer la marcha y adelantamientos de un pueblo, no se loman ciertamente de la vista de esos magn,ficos y sorprendentes edificios, destinados para el recreo de los magnates, ni de la generalizacion de un lujo, que las mas ocasiones no se puede sostener sino por la corrupcion de costumbres: tiranos que agobian á sus pueblos con toda clase de vejaciones, levantaron arcos triunfales para perpetuar su memoria: pueblos sumergidos en una abyecta estupidez, construyeron y adornaron templos, para quemar incienso a sus idolos y A sus preocupaciones; y los primeros solo han eternizado en sus monumentos la memoria de su orgullo, y los segundos han legado á la posteridad el tltulo de su ignorancia. Los mas bellos ornamentos de una nacion civilizada, son sin duda alguna el fomento de la instruccion pública y de la moral, y la creacion y mejora de los establecimientos de beneficencia. Sin estos elementos, la sociedad no exisliria ó seria un yugo insoportable, y los hombres seminan bajo la dura mano del despotismo del mas fuerte.

Sábia la naturaleza, concedió al hombre el atributo sublime de la inteligencia, por el cual ha podido bastarse á s¡ misino, remitir la accion brusca de los elementos, cubrir sus necesidades de una manera cómoda, y aun proporcionarse goces en la vida: grabó en su corazon el amor de sus semejantes, fuente purlsima de las acciones generosas, origen de muchas virtudes y el freno mas saludable contra el vicio: de estos atributos derivan los principios de las conveniencias sociales. ¿Qué seria el hombre sin estos dones con que le enriqueció el Criador?.... Desnudo y sin abrigo, seria el mas desgraciado en medio de la abundancia, y feroz para con sus semejantes, no veria en ellos sino

unos rivales á quienes disputar la presa: ni el principio de la propia conservacion hubiera bastado para perpetuar la especie humana: obligada por su misma organizacion y por sus necesidades á proporcionarse recursos, que no hubiera encontrado fácilmente en el momento de su nacimiento, ni en el largo periodo que transcurre para que sus miembros se robustezcan, su ruina seria inevitable. Pero el Autor de la naturaleza le dió privilegios especiales, que debian formar con el tiempo al hombre civilizado que hoy nos sorprende; le dió todos los recursos necesarios para formar las sociedades, todo el poder para resistir y aun dominar á lodos los seres dela creacion: la inteligencia y la moral constituyen este poder.

Mas ¿qué ventaja sacaria la especie humana, si cada hombre se viera forzado á no usar de sus atributos, sino en su propio provecho y sin comunicar sus observaciones? Cada generacion tropezaria con los mismos obstáculos que la anterior, y cuando el hombre llegara á una edad, en la que hubiera adquirido un mediano caudal de conocimientos, la muerte lo arrebataria con él, sepultándolos en el olvido.

Seguramente de esta conviccion ha nacido el empeño con que en todos tiempos, desde la mas remota antigüedad, se ha procurado dar estabilidad á los descubrimientos de todos los siglos, á los raciocinios de todos los sábios y á las verdades confirmadas por la esperiencia; se ha creido conveniente grabar la serie de los pensamientos que se han juzgado de interés, y legar á la posteridad una piedra, para ayudarla á construir el edificio social. La presente generacion debe perfeccionar la obra de sus antepasados, y si conquista algunas verdades interesantes, dar su contingente, para aumentar la suma de los conocimientos, ó para con

solidar los que ya habia adquirido. La cien- conneimieutos que los de su instinto, y sin

cia no reconoce tiempo, ni patria: los conocir- .-otras necesidades que las puramente anima

mientos antiguos y los modernos, deben estar entazados de tal manera, que los unos sirvan para perfeccionar ó para desechar los erróneos. ¿Conoceriamos ni aun los mas groseros tejidos con que cubrirnos nuestras carnes, si no hubieramos aprovechado la herencia de los siglos anteriores? ¿Tendriamos habitaciones en donde guarecernos do la intemperie y los artlculos necesarios para la vida? Una larga serie de operaciones intelectuales se han necesitado para sacar de las producciones de la naturaleza, todo el partido que demandan nuestra comodidad y nuestros deseos: en las

les; no se contentan roo Ver lo presente, desdeñando el porvenir; la voz mágica de libertad suena en todo el orbe y la civilizacion se propaga hasta los mas remotos confines de la tierra. ¿Cómo será posible, que atrincherados en nuestras preocupaciones, nos avergoncemos de salir del circulo estrecho que nos trazaron nuestros mayores? Si consideramos en las mejoras sociales que hemos conquistado en el poco tiempo que tenemos de independencia; en la infinita variedad de objetos, diseminados en la vasta eslension de la república, que debiendo formar nuestra riqueza, no sabe

investigaciones de nuestros antecesores hemos mos hacer productivos; en que la Europa tiene

encontrado á veces un apoyo para nuestros trabajos, y á veces la conviccion de los precipicios, deque debemos huir; nociones importante$, cuya generalizacion forma el cimiento de felicidad pública.

En el interés de la sociedad está que los gobiernos dediquen toda su vigilancia á la mejora y progresos de la instruccion, y en México muy particularmente. La larga existencia que cuentan ya las naciones del antiguo continente, la fácil comunicacion en que han estado todas sus poblaciones, y la multitud de génios, que en su larga vida, han aparecido sobre la escena del mundo, han sido suficientes para despertar á aquellas de ese profundo letargo, en que por tanto tiempo estuvo sumergida la Europa; miéntras que México con los hábitos de una colonia, á la que se procuró conservar por una servil obediencia, hoy comienza á lanzarse en la carrera del mundo y de la libertad, y tiene por rivales á esas nacio

miras sobre nosotros, y cuenta para realizarlas con nuestra debilidad y nuestra ignorancia; en que nuestras continuas guerras civiles dependenen parte, de nuestros atrasos, y en que es preciso combinar los elementos de dicha con que contamos, para hacernos respetar, México tiene mas necesidad que otros pueblos, del fomento de la instruccion pública.

Cuando no se habian establecido con exactitud los principios de cada uno de los ramos, eran tolerables algunos métodos embrollados de enseñanza, que una funesta rutina ha conservado hasta nosotros; pero ya que el tiempo ha puesto en claro, que es imposible abarcarlo todo, sin esponerse á no saber nada, es preciso dar de mano á nuestras preocupaciones. Los conocimientos humanos conspiran á un mismo fin, aunque por distintos caminos, son como las ruedas de una gran máquina, que obrando en un espacio corto, todas contribuyen al movimiento general. Asi, pues, debe buscarse en

nes, que si le aventajan un poco en conoci- cada ramo todo lo que tienda á adelantarlo, y

mlentos, le exceden con mucho en suspicacia no por una vana é insustancial erudicion, lle

y mala fé: si queremos andar con paso lento, nar nuestras cabezas de términos pomposos,

muy pronto perderemos de vista á los que cor- que alucinan al vulgo, pero que nos sirven de

ren. Felizmente han pasado, para no volver, poco. En diversos artlculos iré esponiendo mi

esos tiempos de horror y de tinieblas, en que opinion acerca de las diversas clases de ins

el saber era un crimen, la duda una impiedad, truccion pública.

y la ensangrentada cuchilla del verdugo la úni- Si un principio de soberbia en los grandes,

ca ley: ya no veremos sojuzgada la conciencia, dió en otro tiempolugar, y aun favoreció la ig

y podemos libremente sujetar al análisis todas norancia del pueblo y su consiguiente envile

las verdades, las dudas y los derechos. cimiento, un principio de conveniencia públi

El esplritu de investigacion es el esplritu del Ca, reclama hoy la ilustracion de las masas,

siglo. No son hoy las sociedades unas reunio- José Marla Reyes. nes de hombres que vagan al acaso, sin otros

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Has de diez y ocho siglos ha que un discipulo de Jesucristo, llamado Júdas Iscariote, dominado de la avaricia, se presentó en Jerusalen á la Sinagoga, ofreciéndola entregar á su maestro, por el precio de treinta dineros. La Sinagoga admitió; el infame apóstol consumó su obra. A pocas horas se arrepintió; mas avergonzado, no quiso pedir perdon al Salvador, y se suicidó, colgándose de un árbol.

Fileno me encuentra, me abraza, me aprieta la mano, con la sonrisa en los lábios me llama hermano; mas apenas se separa de mi, cuando dice al que va á su lado: „este mentecato me da lástima, cree merecer mi aprecio; es un pobre diablo que debia estar proscrito en la sociedad; no tiene moral, educacion".... y asl prosigue ajando mi reputacion. ¿Será posible concebir virtud alguna en un hombre tan pérfido? No; este hombre es capaz de los mayores crlmenes. Es peor que Júdas.

Simon se pasea en magn¡ficos carruages, obsequia á sus amigos con espléndidos banquetes, sacia sus pasiones pagando á cualquier precio los placeres; mas recorred la ciudad, y oireis las maldiciones que le prodiga la viuda que apenas tuvo para sustentarse dós ó tres dias con la cantidad que le dió por su pension, queya recibió él integra; oireis las lágrimas del huérfano y las murmuraciones del empleado, que se hallen en el mismo caso que la viuda. Ofreced á este rapaz agiotista una regular suma de dinero, porque consiga la ruina de la industria, y trabajará por lograrlo; propóngale una nacion estrangera un millon de pesos por

„Hty hombres que parece que han nu-
cido para el infierno."

San Agust,n.

la libertad de su patria, y aunque conozca que él ha de ser el primer esclavo, apurará lodos los medios por ver si puede conseguirlo; porque su patria, su Dios y su existencia son el dinero. A su lado, Júdas es un ángel.

Tadeo conoce que una transaccion evitaria á Manuel su cliente grandes costas judiciales y fuertes desazones; pero como esto le baria concluir un negocio que le puede producir buenas cantidades de pesos, atiza la discordia y obliga |á su parte á continuar hasta lograr la completa victoria. Júdas no abusó basta este estremo de la confianza del Salvador.

Julio, Simplicio, Fabian, dependientes de D. Anacleto Vilches, á quienes ama como á hijos, se presentan con un lujo tal como si fuesen hijos de algun millonario, siendo asl que su caudal no es mas que una moderada pension que el honrado viejo les tiene asignada. D. Anacleto está para quebrar, y su desgracia ha sido causada únicamente por los despilfarros de los tres jóvenes, quienes para satisfacer su lujo y sus vicios robaban al cándido anciano. Dignos imitadores de Judas, sacrificaron vilmente á su bienhechor.

A Félix, diputado á cierto congreso, ofreció el gobierno un destino porque diera su voto por un proyecto desatinado: ¿qué le importaba que fuera de por medio la patria, si él habia ya ganado su subsistencia para lo futuro? Júdas se arrepintió al ménos de su crimen; pero Félix cada dia se complace mas en el suyo.

Fósforos Cerillos.

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D. PEDRO MOYA DE CONTRERAS,

ARZOBISPO DE MÉXICO, PRIMER INQUISIDOR Y VISITADOR

DE LA IfrTJEVA-ESFüNA.

1583.—oí por razon natural debieron sentir los habitantes de la Nueva-España la muerte del anciano conde de la Coruña, la idea sola de que miéntras se sabia en la corte y se le nombraba sucesor quedaba gobernando la audiencia, era bastante para aterrorizarlos. En efecto, apénas dejó de existir Xuarez de Mendoza, se encargó la audiencia del gobierno á mediados de 82, siendo su presidente el decano Dr. Villanueva.

Gobernaban, pues, tranquilos los oidores ignorando que Mendoza habia pedido para ellos un visitador, cuando Felipe II nombró para este cargo al arzobispo, hombre severo y recto, y que conocia, sobre todo, la perversidad de los oidores, con lo que bastó para ponerles miedo. Y así fué, que luego que le llegaron los despachos, el arzobispo los presentó, obsequiando la costumbre, á la audiencia cuyos miembros temblaron al oirlos leer y admitir por el acuerdo. Se abrió, pues, la visita, y en pocos dias oyó Moya multitud de quejas, pero no se atrevió á proceder contra los culpados inmediatamente, sino que determinó antes dar cuenta al rey y esperar su resolucion, recomendándole entretanto á los que cumplian bien su deber, y miéntras fué cortando con prudencia los abusos todos de que tenia noticia.

1584.—Se empleaba aun en la visita D. Pedro Moya, continuaba recibiendo quejas é impidiendo abusos y esperaba los despachos del rey para corregir á los malvados, á tiempo que sabedor Felipe II de la muerte de Mendoza, le nombró por sucesor á Moya. Con el nombramiento de virey, de cuyo cargo tomó posesion á 21 de setiembre, recibió D. Pedro facultades que no se habian dado á sus predecesores, de poder remover á su arbitrio de sus empleos Tom. 1.

hasta á los ministros y oidores, y de castigar con penas graves á los que incurriesen en delitos que las merecieran. Con tales facultades, el virey privó de su oficio á unos oidores, suspendió á otros y mandó ahorcar algunos oficiales reales, y quedaron los tribunales tan arreglados, que no dejó ni puso en ellos por ministros sino á hombres, cuya conducta le habian merecido confianza á él ó á personas de integridad á quienes consultaba. No por desempeñar el cargo de visitador abandonaba Moya de Contreras el gobierno político como virey, ó el eclesiástico como arzobispo, porque & la vez daba cumplimiento á sus tres cargos sin desentenderse de ninguno de ellos. Así es que, teniendo órden del rey para estrechar á los indios que se hallaban dispersos, á que se reuniesen en los lugares vecinos para habitarlos, ó bien que formasen nuevas poblaciones, quiso ejecutar tal disposicion, pero para proceder con acierto y cordura consultó á los religiosos que dirigian á los indios, y ellos espusieron que la medida era perjudicial, como estaba acreditado repelidas veces. El virey suspendió, dando cuenta á Felipe II para que resolviera lo que tuviese por conveniente. Acuerdo muy prudente y muy propio del celo pastoral de Contreras, prelado á la verdad dignísimo de la

grey que regia.

1585.—El padre Juan de la Plaza hizo mocion para que se fundara, como se verificó, un seminario de indios, donde se les enseñaba á leer, á escribir, los rudimentos de la fé y canto llano. De este seminario se hicieron cargo, siguiendo los loables fines de su instituto, los religiosos de la Compañia de Jesus, corporacion de que mucho se ha hablado, sin considerar lo mucho que le debe la humanidad. El colegio, puss, es el de San Gregorio, de donde salieron

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