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ror como al cólera-morbo. Ese personage que pasa ahl vestido con tanto lujo, con magnifico reloj, y adornado de cadena de oro y riqulsimo prendedor, se le ha conocido por furibundo escocés, á esto ha debido su colocacion en una aduana marltima, y por las intrigas con su partido ha ocupado distintos empleos y tan lucrativos, que en un mes ha logrado una ganancia de 80.000 duros; y no es lo mas esto, sino que está relacionado con el agiotista Garatuza y con los demas, en cuyo poder tiene sus fondos. Aquel viejo que lo acompaña y le habla al oido, debe V. conocerlo, es D. Atenógenes Estafa, contrabandista en la capital, hombre de muchas tretas aunque no de letras: el cielo le ha concedido una docena de hijos y á todos los ha colocado en un coup d'aúl de capitanes, de suerte que con su familia habria para cubrir un ministerio y la plana mayor: esta familia es una falange temible, pues cuando ésta cae á un café, villar, al portal, alameda y demas diversiones gratis, monopolizan los asientos, y los periódicos. ¿Ve V. ese caballero que habla y acciona á la vez con calor y con una cartera en la mano, á ese amigo del ministro de hacienda? Es un corredor muy conocido por los contratos en que ha intervenido y por los que se ha querido que la nacion recibiese 25.000 ps. en numerario ó moneda antigua de cobre, y 975.000 ps. en vales de alcance de viudas y retirados, y á pagar un millon de pesos con el moderado premio de un 6 por 100 mensual. Ese que está encendiendo un puro babano, ha sido diputado y del partido del gobierno, y para votar primero consulla al ministro: antes dizque era liberal, y lo que si nos consta es, que en el año de 33 era terrorista; pero ahora asegura que está por una libertad justa y moderada y que pertenece al órden: un sobrino suyo que pretende figurar, no falta á la asistencia en la junta patriótica del aniversario de Independencia, y aun ála compañia Lancasteriana, pues mucho le lisongea ver su nombre en letras de molde en algun periódico, cuando se insertan en él las actas de sus sesiones. Este hombrecillflde color moreno y medio vivaracho que ve V., anda de capa alll hablando de todo y nada en sustancia, es primo hermano de D. Claudio Ubique: como éste, se precia de tener relaciones con el gran tono; pero en lo que no cabe duda es, en que siempre está presente á los bautismos, bailes, pésames del conde P y del marqués Z, y á los conviles que á estos les dan: ha estudiado tanto el arte de introducirse en la alta sociedad, que por este medio se ha familiarizado con algunos del

cuerpo diplomático, en términos, que Madama Calderon de la Barca, cuando lo vió por la primera vez, que fué vestido de uniforme porque es empleado, creyó que era el enviado del Japon. Por último, ese caballerito tan peripuesto, de quien se desprenden los mas esquisitos aromas de las pomadas de Paris, y vestido á la derniere con Sac Vangool, pantalon y chaleco Cusac, sombrero Ancessy y bota Legorreta, no puede pasar por muchas sastrerias y demas talleres sin riesgo de quedar tan limpio como salió al mundo: es, pues, de esos á quienes se llaman ruchis y que como él nunca pagan el asiento en el teatro: pertenece en fin á una de esa familias en que todos los individuos de ellas subsisten del erario, hasta el que acaba de salir de la escuela.

Aunque no eran nuevas para mi varias de esas particularidades que oia de la boca de mi amigo, la vista de tanto actor y de su arrogancia y maneras, me obligaron á pensar en politica por mas que ella me ostigue, por lo que le dije:—Veo, ciertamente, que con semejantes hombres, que por desgracia abundan entre nosotros, se hace cada dia mas dificultoso un arreglo cualquiera y por diversas que sean las instituciones que rijan en la república. Uno que se unió á nosotros, y que despues nos dijo era labrador, agregó con cierto aire de pesar: —Es tal el abatimiento nacional, que nadie se ocuparia de los asuntos pollticos, si no viese un porvenir espantoso: yo protesto que nada me importaría ver á todos los mexicanos y los que no lo son con bordados y relumbrones, con tal que no se improvisasen contribuciones y empleados que todo se loabsorven, con perjuicio de la nacion que no puede reportarlos, y de las clases laboriosas que son las que hacen i Lázaro.

—Vaya! eso es mucho egoismo, le dijo mi malicioso amigo, por darle, como él decia, una calentura. ,

—Egoismo! replicó con cierta indignación: hombre, mas vale que dejemos esta materia, porque bastaría para hacer perder el juicio al mas impasible estoico.

A la vez que dimos por terminada la conversacion, llegaron á la mesa de los coleadores Pedro y Macario, dos de esos arrogantes jóvenes, recientemente condecorados con las charreteras de capitan ad honorem, y ademas agraciados con un buen empleo en una de las mejores oficinas, en las que fuman, hablan y disputan de modas, coleaderos, caballos y muchachas, con suma ventaja para las labores de ella. El uno venia vestido á la última moda, y aun que ambos pasan por dandys, su compañero estaba envuelto en su capa, vestia calzoneras y traia sombrero poblano con su correspondiente toquilla, chapelas y barbiquejo medio salido, porque todo esto es propio de veteranos y pasa tambien por buen tono. Los dos se acercaron con cierto aire de proteccion y con el mismo saludaron al corrillo. Uno de los de éste tomó la palabra.

—Hombre, Perico, qué atufado estás, alguna aventura te ha acontecido; vamos, dinos si la hermosa Rita te ha dado tu patente ó retiro absoluto?

—No me hables de eso, que es lo que ménos me habia de apurar.

—Pues que desgracia te aflije?

—Cómo que, mañana tenemos un coleadero, y de mis cuatro caballos ni uno tengo útil. E1 Hayo se me desortijó coleando esla mañana: al Relámpago lo asolié hace ocho dias por haber ido y vuelto á Cuernavaca en el dia: el Hércules tiene una aguadura; y al Napoleon se lo hirieron esta tarde en los toros á Roque que se lo di para que lo metiera á la plaza. Considera que desgracias, no sé como no me he dado un balazo.... y....

—Amigo, le interrumpió uno de los del corrillo que parecia literato: ¿y por qué le puso V. á uno de sus caballos Napoleon?

—Porque segun creo acordarme, he leido que este era un general de los ingleses que hace dos años sitió á caballo á España y la rindió por hambre.

—Bravo, bravo, tiene V. razon para haberle puesto un nombre histórico á su caballo. V. es muy ingenioso.

—Muchas gracias: no, sino que soy aficionado á los caballos.

—Sl, se conoce que V. lo es tambien á la historia segun se ve.

—Me gusta mucho, y no hay dia en que no lea una obra que trate de ella.

—Luego se advierte, dijeron los mas de los concurrentes; qué Perico este tan guapo; pero qué haces por fin de caballo para mañana?

—No tiene que apurarse, dijo Macario, ya le he dicho que le mandaré cualquiera de los mios, el Torrente, el Vapor¿ ó el Bergantln. Supongo que vds. nos acompañarán mañana.

—Si á alguno de vds., dijo Tiburcio, le faltan reatas, chaparreras, espuelas, ó cualquiera otra cosa, yo se la facilitaré: ayer me mandó regaladas veinte docenas de realas de la Florida un amigo del Mezquital: yo tengo una preparada que sola laza, ¡qué pila! donde la aviento es segura la abrochada, y si no que lo

digan Nazario, Juarez y Morado cuando estuvimos en el potrero manganeando.

—Ciertamente que sl, dijo Pedro, pues dá gusto ver como lo hace Macario.—Vaya! si es un dije.

Despues de haber hablado mucho los dos amigos, haciéndose elogios reciprocos de que eran hombres de á caballo, dando que reir á los del corrillo y á los demas que los escuchaban, se convino en que les acompañarian al coleadero. Convidaron, pues, á mi amigo, y todos quedaron en concurrir temprano.

Su conversacion de caballos, cola y manganas, terminó con no poco placer de los literatos que luego entraron en su turno hablando de Vlctor Hugo, Dumas, Soulie, hasta ocuparse de la Cañete, Hermosilla, la Cordero y Salgado, cuya conversacion la provocó un Sr. general que se acercó muy elegante y cortés y que en sus ademanes y espresion arañando los 50 pretende pasar por jóven y semi-literato, porque á otro Sr. general su amigo le oye disertaciones sobre la correccion del idioma etc. etc., y nuestro hombre, que á mas de querer ser un Adonis, tiene pretensiones de estar en el buen tono y de poseer el castellano segun el deseo que lo devora de marcar la pronunciacion de la c, //, syz: asl es que su señoria, como dije antes, provocó la enunciada cuestion diciendo, que el dracma último de Belchite tenia mil defectos, y entre ellos que la muraya no estaba bien presentada en el castigo, que la opocision de la concurrencia de aquel teatro á los actores de Santa Paula era cistemritica y infundada; pero que sus intenciones serian fustradas.

Los literatos y los que no lo eran al oir semejantes palabras se veian unos á los otros las caras, y despues de una sonrisa general que procuraron reprimir, se despidieron, retirándose cada uno para su destino por no oir mayores lindezas de tan estravagante personage.

Mi amigo y yo nos despedimos y cuando estabamos solos me dijo:—Supongo que se habrá V. divertido con ver ásemejantes hombres, y mañana me acompañará V. para que vayamos al coleadero y se divierta mas.

—Ya sabe V. que no me gustan es..s diversiones, que nada sé de campo y sobre todo que no tengo caballo.

—Esto último no importa, alquilarémos uno pues todos los mas de esos insignes charros asl lo hacen. Ya V. los vee con reatas en los tientos y espuelas grandes y chaparreras, hacen tanto como V., yo ó mi cocinera. No hay remedio, vaya V. á casa á las ocho y alll todo lo tendré preparado. •

Por fin cedi y quedamos en que iria á la hora convenida.

Iba á otro dia á casa de mi amigo cuando pasaba muy galan y medio ladeado en el caballo, uno de los convidados, él que luego se paró á conversar con uno que encontró: en este instante transitaba un coche y como la calle estaba llena de estorbos segun están las mas de la capital gracias á la buena policia, el carruaje tocó un poco al pasar el anca del caballo de aquel, que dando un repentino brinco, vino á tierra el ginete, con',todo y chaparreras y espuelas lo que exitó la risa general, que en conciencia no decia bien con el susto y sopapo que habia recibido. Tomároule el caballo y demasiado avergonzado se resistia á montarlo otra vez, diciendo: la culpa la tengo yo por que sabia que este caballo es muy sentido; pero ese cochero me la ha de pagar: le he de echar un lazo á caballo, ya lo conozco. En esto vino al galope un amigo del caido é impuesto bre. vemente de lo ocurrido fué á alcanzar al cochero: desaló su reata y fui yo tambien á ver en lo que paraba la escena.

El nuevo campeon que no conocia el coche arremetió lleno de zeloy fogosidad al primero que encontró: tan luego como iba cerca le dijo al cochero.—Parate ahi bribon, yo te enseñaré á ser hombre.

El cochero seguia su camino pues nada comprendia y menos sabia que á el se dirijian aquellas palabras: asl es que cuando menos lo esperaba, recibió un fuerte reatazo-. el cochero que estaba inocente y que se veia agredido injustamente le devolvió con usura el azote con su tosca cuarta: esto puso mas mohino y furioso al caballerito que decia en alta voz.

—Déjemelo, déjemelo.

—Échénmelo d lienzo y lo arrastro hasta donde no pese.

Con todo y esta amenaza, el cochero seguia su camino, poniéndose en guardia con su senda cuarta para defenderse: el ginete hacia una grande honda capaz de comprender en ella la catedral, y remolineaba la reata; el caballo de él brincaba ó se alborotaba: en esto solia perder los estrivos y abandonaba la reata por ocurrir á la cabeza de la silla: por fin, despues de varias fatigas, se enredó con la reata, y el cochero aprovechándose de esta oportunidad, se le acercó y le dió dos ó tres chicotazos no muy suaves en la cara al ginele y uno al caballo, con lo que se desembarazó de semejante importuno, que cayó al suelo, por haberse

asorado mas con el azote y la reata que se le metió por la cola al corcel, y mas prudente que su amo, tomó las de Villadiego.

Pestes y rayos decia aquel jóven mas desgraciado que el ilustre manchego cuando atacó á los molinos de viento, protestando que haria y tornaria. Pasado un rato, le trajeron el caballo, y despues de varios registros en su bolsillo, dió á los que lo tomaron cuatro tlacos voluminosos de los del dia; pero á mas de ellos, inmensas gracias, y ofreciéndoles gratificar en otra ocasion, lo que no satisfizo á los que habian usado de tanta oficiosidad.

Despues de una disputa en que no quedó bien puesto el honor del caballerito, á la vista de un público curioso é imprudente, montó y fué á reunirse con su amigo, quien ápié, cojeando y con su caballo de la mano, llegó al lugar de la reunion.

Estos sucesos me habian hecho reir demasiado, y con la sonrisa en los labios llegué á casa de mi amigo, á quien impuse de lo ocurrido, y ambos tuvimos que reir bastante. Píos dirigimos en seguida al punto donde habiamos de reunimos, y alll los héroes con los cocheros, ya decian á cual mas sus proezas, callando por supuesto la verdad, hasta el grado de que uno de ellos aseguraba haber arrastrado al cochero, carruaje y muias, bien que las señales de los cuartazos] que tenia en la cara, decian lo contrario.

Mi amigo que era el mismo diablo, y que cuando estaba de humor, se convertia en un cócora de primer órden, y mas habiéndole instruido de lo ocurrido, refirió todo como habia pasado, y ambos jóvenes sufrieron una de esas cargas generales que pueden llamarse á la bayoneta y sin cuartel, agregando:

—Pero hombres, para qué llevan vds. espada y realas si les ha de suceder el chasco de hoy: vaya, que son vds. muy candorosos, y lo peor es que el lance pasó en las calles mas concurridas.

—Vaya! basta de cargarles tanto á nuestros amigos despues de lo que han sufrido, dispongámonos para partir que es loque importa, dijo Cata rino.

—Sl, sl, esclamaron los mas á un tiempo.

—Sus, muchachos, prevengan los caballos y vamos, dijo uno á los mozos.

Allons, allons, compañeros, sur le champ.

Sur le champ, dijo otro: y bajaron todos, metiendo una bulla sin igual.

—Jacinto, ¿porqué no me has puesto en el caballo el jorongo y las pistolas? (hablándole Pedro á su criado y dirigiéndose á sus amigos.) -—Si vieran vds. qué pistolas: son de patente y de pelo, de modo que al descubrir puedo llevarme d cualquiera, ¡ah! mi espada es de lo mejor, ahora la verán, parece una navaja de barba.

—Hombre, otro dia veremos todo, y por ahora vámonos, ¿por qué la llevas? al fin no se ha de ofrecer, le replicó Remigio.

—Eso no, que yo nunca dejo de salir sin armas ni jorongo.

Provistos, pues, los mas de todos sus atavios campestres y militares, se marcharon como si fuesen aun combate. AI pasar por las calles no dejaban de hacer mil monadas á las de los balcones, y al mismo tiempo hacian brincar sus caballos. Habiendo salido de la garita, comenzó cada uno á alabar sus corceles. Serapio arremetia con las espuelas al suyo, é iba á dar un encontronazo á mi amigo, que le paro el que montaba, y en su empresa aquel no quedó muy satisfecho. Yo pobre diablo, y sin conocimiento alguno de equitacion, temblaba á cada paso deque viniera á ser objeto delos ensayos de aquellos señoritos; mas afortunadamente mi amigo que era de armas tomar, moderaba los deseos de sus camaradas, que eran bien vehementes, y a fé que tenian razon, por que entre ellos era yo un verdadero apéndice, el mas conciso y original, pues montado á caballo hacia la figura de una etcetera.

Caminábamos por la calzada, y los campeones cada cual se esforzaba en elogiar de nuevo á su caballo, y me constituian por juez en sus disputas,

—Tiburcio decia: qué caballo este, no es mas que prenda.

Perico.—A que cuaco tan sobrado!

Macario.—Aqul lo traigo, y se metia la rienda en el dedo pequeño de la mano, que levantaba bastante; tiene un gobierno, que se maneja con una seda.

Serapio.—Mlreme nómas, no lo azoto recio por que lo estrello, qué tiempos tiene!

Catarino.—Qué cuaco! al arranque hasta la cintura truena.

Remigio.—El mio tiene un trote amargo, es una pólvora al pasar.

Tiburcio.—Este penco parece que se duerme; pero tiene el brio oculto, no lo busco por no calentarlo.

Quirino.—Este no duerme; pero ronca, si se lo emparejo lo ladeo.

Macario.—Cincuenta caidas y la mitad de otra.

Pedro.—Las mias son redondas y no de echada.

Tom. I.

Serapio.—Yo jalo arriba. Catarino.—Yo kp¡dso. Remigio.—Yo echo bolera. Tiburcio.—Este penco llega por los dos lados, yo mejor jalo por el izquierdo. —Yo por donde quiera y á rodilla. —Mi caballo es un tronco para lazar. —Yo amarro á muerte. —Yo vuelta. —Eso novale. —Yo no remolineo,

Yo no hago atole (l) y lazo á la callada. Semejante conversacion los acaloró hasta el estremo de desatar unos sus reatas y quererse lazar entre sl: los demas sin desatarlas, pretendieron colearse unos á los otros. La sangre se me bajó á los piés al verme en medio de una guerra civil, de las mas temibles para mi: procuré quedarme atrás, y resuelto á desertar del campo; pero mi amigo, el mas terco del mundo, me obligó á seguirlo, y á la verdad contra toda mi voluntad, pues mi caballo, aunque alquilado, no dejaba de alentarsedevez en cuando, y mas con las carreras y azotes. En esto, unos que otros estiraban sus reatas de la cabeza de la silla, y vi que rosaban esta, y tambien sus manos, lo que despues pasa en la alameda por heroicidad, trayendo el brazo ó mano envueltos, á veces pendientes del cuello, y diciendo que fué en tal ó cual coleadero, ó en el aportadero ó encierro para la plaza de toros. Los que se coleaban, balonéandose á su vez, solian lomar la cola al caballo de otro, pero agarrandose del santo madero, como dicen los charros, esto es, de la cabeza de la silla, y cuando querian alzar la pierna para trabar la arcion, soltaban la cola.

Por finllegamos ala puerta del potrero. Los vaqueros nos rehusabanla entrada; pero despues de una honrosa capitulacion, siendo uno de sus artlculos el exhibir en el acto tres pesos que se dieron á prorata, pudimos penetrar al potrero. Frio me quedé al oir la contribucion á que se me sujetó, pues no llevaba mas que un real en la bolsa, y me horripilaba ver el pésimo gusto tan estendido de contribuciones, hasta en donde menos deberia esperarse, no obstante que las rifas, loterias, almuerzos, meriendas y bailes de compadres, y de las tertulias, me hubiesen dado á conocer lo recibido que está ese malhadado sistema.

Inferl pues, que no habia tal coleadero preparado; pero para el caso era lo mismo. Los campeones, incluso mi amigo, echaron pié á

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ber dicho ser creible que en una época mas remola hubiese servido esta caverna al culto de los antiguos mexicanos, fundado en la eesistencia de las ruinas de un altar que se conserva en una montaña cercana y de una pirámide truncada con todas las apariencias de un Teocali, tal vez consagrado al esplritu de la caverna; me he creido obligado por lo mismo á desvanecer la idea que de esta indicacion pudiera formarse en cuanto á la construccion de dicha gruta, pues entre que pudiera haber servido á su culto, y que hubiera sido construida con este objeto ó con el de servir de catacumba para sus cádaveres, hay una dif encia enorme.

Ademas, el esqueleto encontrado en su interior no podia ser de una época tan remota, como la de los antiguos mexicanos, porqueta vasija ó cántaro que estaba á su lado era ciertamente de barro y de construccion moderna, habiendo tenido oportunidad de compararlo es union de Mr. de Pedreanville, con los que se conservan en el Museo, sacados de escavaciones de sepulcros anteriores á la conquista. La clase del barro aun puede examinarse, pues uno de fius restos se encuentra en el Museo del Sr. D. Mariano Sanchez Mora ex-conde del Peñasco. De paso debo advertir que la cristalizacion que se advertía en el craneo, asl como las otras de que habló en la descripcion, no son verdaderas cristalizaciones, sino incrustaciones formadas por la congelacion de las aguas, pero que en la atmosfera de la cueva y al resplandor de las luces, apenas se distinguen de una verdadera cristalizacion. Por otra parte, como mi objeto no era dar una descripcion formal y cient¡fica de Cacabuamilpa, sino hacer un estracto ligero de la que tenia hecha, y cuya impresion no podia sufragar por el excesivo costo de las impresiones en México, especialmente cuando exijen, como esta, planos y vistas en abundancia: un Calendario para las señoritas exigia mas poesia descriptiva que investigaciones geológicas.

¡Ojala que los buenos deseos del Sr. M. C. para que Cacahuamilpa sea conocida con mas popularidad se vean cumplidos y ojalá que lo fuesen tambien los del Sr. D. Andrés del Rio el primer geólogo de México, que asegura con la prevision desus grandes conocimientos que algunas escavaciones hechas en esa admirable Gruta, proporcionarian á la ciencia á muy corta profundidad descubrimientos de fósiles interesantes y curiosos (l).

(1) Tal Tcz lo» Sres. Várela y Rio de la Loxa que

Entre tanto Srcs. EE., tengan Vdes.la bondad de insertar estas reflexiones en su ameno Liceo y publicar tambien si gustan la descripcion de Cacahuamilpa que les adjunto, publicada en 1838, ya que mis nuevas tareas no me permiten el tiempo necesario para contribuir de otro modo á la instruccion y utilidad pública, objeto siempre de mi mas constante anhelo.

Isidro R. Gosdra.

DESCRIPCION,

£i es dificil pintar las obras maestras del arte, y describir las varias impresiones que causan en nuestra alma, lo es mucho mas sin duda, hacer partlcipes á otros de las que producen en ella las sorprendentes obras de la naturaleza El arte tiene sus reglas y sus llmites; se encuentran siempre términos de comparacion para valuar el mérito de los artefactos, aunque sea mas dificil, á medida que las proporciones se aumentan; pero no sucede asi en las bellezas naturales; y desde el mas elevado sabino de Chapultepec hasta la orgullosa cima del Popocatepetl, hay una diferencia en altura y una desproporcion tanestraña, que la imaginacion mas viva apénas puede valorizarla. De aqul procede la dificultad que hay de pintar lo sublime en las producciones dela naturaleza. Tlmida la pluma, no se atreve á espresar todo lo grandioso del pensamiento, y el recelo de no incurrir en exageracion, debilita las espresiones, anonada las ideas, y solo por medio de la poesia puede facilitar alguna vez ciertos rasgos para un mal trazado bosquejo, aunque sin usar de la licencia permitida en un poema. He aqul la marcha que hemos adoptado en la sencilla relacion de la prodigiosa caverna de Cacahuamilpa, que no debe tener otro interés que el de las narraciones en que compiten la mas severa fidelidad con la mas rigurosa exactitud.

Olvidada, si no desconocida, hasta abril de 1835 esta cueva estraordinaria, habia sido inaccesible á otras personas que á los indigenas de sus cercanias, á quienes retiraba de ella la supersticiosa persuasion de ser la morada de un esplritu maligno bajo la figura de un chivo. Es de creer que en una época mas remota haya servido esta caverna al culto de los antiguos mexicanos; y las ruinas de un edificio á manera de altar que se conservan en la cima de una

actualmente la visitan, podrán darnos ideas mas exactas y grandiosas: otra vez remitiré 4 Vdes. la traduccion delo que ha escrito últimamente sobro Cacahuamilpa Mr. Dyport,

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