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montaña al frente de su entrada, favorecen esta opinion. Aun se distingue una pirámide truncada con todas las apariencias de un Teocali, acaso consagrado al espirito que habitaba el interior de las montañas; y su construccion no parecerá estraña ála cuera, si se reflexiona que el culto de los lugares subterráneos era muy antiguo en los habitantes del pais, puesto que la historia delos Tultecas coloca su origen en un lugar llamado las siete cuevas.

Al Sur dela capital de México en el departamento de este nombre, se halla el distrito de Tasco, cuya municipalidad compuesta de diez y siete mii almas, comprende diez y siete poblaciones, una de las cuales es el pequeño pueblo de Cacahuamilpa, célebre ya á causa de su magnlfica gruta. En sus inmediaciones seeleva una cadena de montañas, cuya base á la altura de 2100 varas sobre el nivel del mar, dis~ fruta su temperatura media entre 20 y 21 grados del termómetro cent¡grado, y cuyas formaciones son de rocas con criaderos metálicos en algunas partes: la primera y mas antigua es de vicia gris, y la-segunda caliza de transicion sobrepuesta ála vacia. Su suelo es muy desigual, pedregoso y estéril; pero este triste cuadro se vivifica un poco por un arroyuelo, cuyas márgenes sombrean algunos árboles; aunque muy pronto, precipitándose de cascada en cascada, se despeña en un inmenso abismo, y sus aguas de blanca espuma toman poco á poco una corriente ménos bulliciosa é inquieta al pié de la montaña, introduciéndose por una pequeña llanura en medio dedos muros de rocas, cuyos respaldos presentan una vegetacion vigorosa, formando variedades que contrastan admirablemente con la aridez de las cumbres. El fresco vapor que se eleva del fondo de las aguas en un clima tan cálido, parece que fecunda hasta las piedras, del seno de las cuales se desprende un arbusto ó un nopal suavemente encorvado hácia la caja de agua, que forma el arroyo desde sus mas elevados diques naturales. La altura de estos va disminuyendo á proporcion que las márgenes son mas altas, permitiendo bien pronto el paso al lado opuesto, aunque no sin algun riesgo. Muy luego se percibe desde un punto elevado una grándeoquedadenla parte mas baja dela montaña, cuyas enormes dimensiones se aumentan estraordinariamente á medida de su cercania. La altura de la boca de la caverna no baja de 25 varas sobre 50 de ancho: enormes rocas forman el arco de esta soberbia portada, colocadas naturalmente del modo que la arquitectura mas adelantada dispone el ajuste de las pie

dras para formar un centro; es decir, quecam" bian respectivamente de posiciones desde la horizontal hasta la vertical. Al uno y otro lado de esta vasta abertura parece que la naturaleza dispuso con capas paralelas á aquella inmensa bóveda, las curvas mas regulares que podrian imaginarse para sostener la ponderosa masa dela montaña que gravita sobre ellas; pero la ansiosa curiosidad de penetrar á lo interior de este palacio de la naturaleza, no permite á la verdad detenerse mas tiempo en la portada.

Una pendiente rápida aunque suave, aleja de la montaña al viajero impaciente hasta una profundidad de mas de 30 varas, no obstante de estar sembrada de grandes trozos de roca, de estalacmitas informes y de otros impedimentos que deberian detener sus pasos; y casi instantáneamente se ve rodeado de las oscuras sombras de la noche, que en vano quiere desvanecer la débil luz de las hachas. Las bugias encendidas con anticipacion luchan inútilmente por remedar la claridad del dia que ha desaparecido de un golpe, y que involuntariamente se busca volviendo el rostro á la entrada de la gruta, la que apénas se percibe por un destello tal como el que aparece al través de una montaña á los primeros rayos de la aurora. Lastimada la vista con tan repentina mutacion, hace vacilar al mas atrevido y resuelto: sin embargo, avanza, cierra los ojos por un momento, como para olvidar las impresiones de la claridad del sol, y habituarse á la que débilmente esparcen las luces artificiales; y al abrirlos, como en prémio de su resolucion, disfruta el sorprendente placer de una espaciosa vista, que se alarga, como por encanto, en un grandioso salon, cuyas. proporciones no puede conocer de pronto; pero que medido despues, encuentra ser un óvalo casi regular de mas de 60 varas de largo, 54 de ancho, y cerca de otras tantas de altura.

La admiracion se aumenta por grados cuando fatigada la vista de la inmensidad en que se pierde, se fija á analizar multitud de objetos que á porfia parece la reclaman de preferencia. Si se elevan los ojos hácia la bóveda, quedan deslumhrados con una infinidad de brillantes cristalizaciones, estalactitas (1) que des

(1) La ostalsctitn es la concrecion producida por el agregado de las moléculas calcáreas, (carbonato de cal) que se forma en los subterráneos por medio de la filtracion de gotas de agua, y que no teniendo bastante peso para desprenderse, han quedado suspensas del techo ó de lae parodcF, en forma de conoB inversos, de cascada».

cienden en ondulosos cortinages, haciendo un bello contraste con la tinta sombria de las rocas. Al obser?af el pavimento, se presentan en un gracioso desurden blancas estalacmitas de diversas alturas y modificaciones que campean sobre un fondo oscuro: resultando de la prolongacion del subterráneo y de sus estrañas formas una fuente perenne de ilusiones que apénas se desvanecen al acercarse a las unas, cuando se forman otras y otras á cada paso por su semejanza con objetos que identifica la imaginacion, que varían las diversas sombras y que se modifican por la mayor ó menor inmediacion de las luces ambulantes.

En medio del silencio y de la oscuridad de aquel lugar magestuoso, esta especie de ilusiones adquiere tal poder mágico, que necesita el viajero revestirse de toda su reflexion para no creer que tiene delante de sus ojos, aqul una fantasma envuelta en una sábana de alabastro; alll dos fúnebres cipreses, haciendo sombra á una elevada tumba que comienza á desmoronar el tiempo: acá el pilon de una fuente dejando correr blandamente sus cristalinas aguas; alll una esbelta columna que se lanza aislada, perdiéndose su capitel en la oscuridad de la bóveda: de untado, un alto palmero inclinando sus elevados ramos al peso de los copos de blanqulsima nieve; y por último, mil figuras de colosal magnitud, que hacen temblar á las gentes vulgares, trayendo á su memoria los cuentos de la niñez ó las supersticiones de su descuidada educacion. Los prestigios de estas valientes apariencias, no se desvanecen con el tiempo, y al volver á observar despues de algunas horas las mismas estalacmitas, sin equivocarse se repiten de nuevo casi las mismas semejanzas. Tres de estas concreciones llaman de preferencia la atencion por hallarse mas despejadas é iluminadas sus inmediaciones, cuando el sol está enfrente de la entrada de la gruta. Las primeras son dos columnas, una de mas de seis varas de altura, y otra de cerca de nueve, cuya estremidad superior se pierde en las paredes de la caverna: no obstante, estas grandes dimensiones, vistas desde ciertos puntos, solo parecen unos pequeños postes si se comparan con el todo que las rodea: y la tercera mas inmediata á la entrada,

o de despeñaderos. La estulacmila se distingue de la estalactita, en que cayendo hasta el suelo las gotas de agua, van elevándose bajo diversas formas, segun la di. reccion que tuvieron al caer, la disposicion del sucio en que descansan, y la clase de objetos a quienes cubren, pero frecuentemente á manera de coliflor.

de vara y tercia de alto, es la que porsu semejanza ha hecho que los indigenas de las cercanias la llamen el Chivo encantado que defiende la entrada de la cueva; circunstancia que ha contribuido bastante para que permaneciese ignorada por tanto tiempo esta grandiosa obra de la naturaleza, á cuya contemplacion y exámen se habian opuesto temores pánicos tan ridiculos como supersticiosos.

Otros masrealesy positivos arredran á los preocupados y animosos al advertir que se encuentran bajo una bóveda de tan grande elevacion, formada por masas de rocas inmensas que parece van á desprenderse, á causa de las enormes grietas que se divisan entre unas y otras. El pavoroso silencio, solo interrumpido por el incesante golpeo de las gotas de aguí, que continúan elaborando las estalacmitas, y que comienzan á formar otras nuevas, algunas veces se turba con la estrepitosa caida de algun peñasco que hace resonar todas las bóvedas, puesto que aun el mas pequeño ruido reproduce un eco prolongado, fuerte y lúgubre: el suelo húmedo y resbaladizo en unas partes al borde de enormes despeñaderos, y cubierto en otras de escombros amontonados, ya de gruesas rocas, ya de pequeños cascajos desprendidos de lo alto, y que no dejan de caer en algunas ocasiones, hacen contener los pasos del viajero, tal vez arrepentido de su temeraria curiosidad, al considerar que si el espectáculo maravilloso que tiene á la vista es digno de su entusiasmo y admiracion, nodeja de inspirar al mismo tiempo el recelo y el pavor mas bien fundados.

Sin embargo, la curiosidad se sobrepone, y ningun observador queda contento con solo la investigacion de esta sala, que no es sino el vestlbulo de las grandiosas galerias de la caverna, y desde luego se lanza en la direccion norte 71 grados, ó por un magestuoso pasadizo á un espacio que parece no tiene llmites, y cuya oscuridad apénas cede á la claridad dé las hachas. Tan pronto como la vista se familiariza, comienzan á disminuirse los objetos; á aumentarse la admiracion por una reunion de singularidades, en que la naturaleza pródiga ha-hecho ostentacion de sus mas raras bellezas. Casi desde la entrada á este salon se encuentra á la derecha una escarpa con gradas ó escalones, muy semejantes á los de una cascada artificial, en la que el espato calizo parece una agua congelada, de color amarillento, y brillante sobre una tierra cristalina: mas léjos se presentan erguidas estalacmitas en forma de troncos de árboles, entre las quedescu«lla una de cerca de ocho varas de altura cubierta al parecer de hojas de acanto.

El agua nitrada por los intersticios de las piedras calcáreas, y llegando á las aberturas de las rocas, deja asomar alguna gota, cuya humedad, prontamente evaporada por el aire, forma como una cuenta de vidrio: á una gota sucede otra, la que congelada del mismo modo, añade una capa á la anterior, y creciendo progresivamente, presenta las figuras mas caprichosas. En los lados forma los conos mas ó ménos regulares; bajando por el techo perpendicularmente, imita con la mejor perfeccion las golas de agua destiladas que se ven caer de las canales en una nevada, con la única diferencia de que no teniendo aquellas mas consistencia que la del hielo, las estalactitas por la solucion delas partes calcáreas aparecen petrificadas: cuando la solución de cal es muy débil por la mucha cantidad de agua, no pudiéndose congelar de pronto, cae al suelo de la gruta, donde endurecida, forma las estalacmitas bastante parecidas á las coliflores sin mayor brillo, y formadas de muchos perones, que conservando basta cierto punto la figura de la gota, están redondeadas esteriormente, algunas veces desiguales, pero siempre compuestas en su interior de agujas cristalizadas. En las unas se nota un grano mas ó ménos fino, mas ó ménos compacto: las otras imitan lucientes grupos de cristales informes; ya son algo transparentes, ya demasiado opacas; el color en aquellas es mas blanco que la nieve, miéntras que en estas toma el amarillo de ocre. A veces, siguiendo este admirable procedimiento la constante naturaleza en la elaboracion de las estalactitas que cuelgan de la bóveda, las estalacmitas que se elevan del suelo llegan á juntarse con aquellas, formando columnas naturales que, al parecer, sostienen el techo de la caverna. En fin, una masa piramidal de 30 varas de base se avanza magestuosamente hácia la altura, disminuyendo paulatinamente sus enormes dimensiones, hasta perderse de vista en el inmenso espacio déla bóveda, solo comparable con la del mismo cielo. Gran cantidad de muchas otras tan diversas en formas como en tamaño, se eslienden gradualmente hícia la derecha hasta el punto en que termina este salon, cuyalongitud es de cerca de 120 raras.

Un arco magestuoso, aunque muy irregular, convida á la entrada de otra galerla, en la que llaman desde luego la atencion dos robustas estalactitas desprendidas de lo alto, y que recuerdan con terror el riesgo que amenaza á los que caminan bajo de aquella bóveda, desde cuya

inmensa altura se han precipitado esos enormes conos de cuatro varas de altura y de mas de dos tercias de diámetro. Por lo demas, las estalacmitas en este lugar conservan casi toda la forma de pirámide con cortas irregularidades. Al un estremo, la apariencia mas completa presenta á los ojos la congelacion de un torrente de agua, en el que se divisan algunos trozos helados flotantes en el llquido, como se observa en las fuentes de los paises del Norte á la salida del sol en el invierno. Si por acaso se ocultan las luces entre el espectador y alguna de las estalacmitas transparentes, la vista de un alabastro, diáfano en unas partes y que centellea en otras, produce una semejanza prodigiosa con la luz descompuesta por el prisma ó con la reverberacion del diamante. Las ilusiones fantásticas no solo continúan, sino que so multiplican al examinar con cuidado los muros laterales. Una mómia, cubierta de un sudario blanco, y cuyos perfiles y contornos marcan exactamente sus descarnadas formas, se halla colocada no léjos de la figura de un anciano con larga y blanqulsima barba, que sostiene en sus brazos un niño muy pequeño, y cuyo trapeo remeda á la perfeccion al de nuestros antiguos patriarcas tatlados en piedra. Esta sala tendrá de 28 á 30 varas de largo, y termina por una especie de anfiteatro sostenido sobre una pirámide truncada de 13 varas de base sobre 32 de altura. Esta es seguramente una de las mas vastas creaciones que podrán encontrarse en su género en el seno de la tierra, y su descripcion sola podria ser el objeto de un largo periodo.

Al entrar en otra galería, excitan vivamente la admiracion las luces que reflectan en las brillantes fáses de las estalacmitas mas elevadas, figurando aquellos fuegos fatuos que á veces deslumhran á los viageros en medio de una oscuridad tempestuosa. La altura, en efecto, de este salon es tal, que es necesario á veces reflexionar, para no creerse bajo el celeste espacio en una noche sombria, y solo por medio de los cohetes de Bengala puede llegar á conocerse. A la estremidad de la sala se observa una larga serie de sobervios obeliscos, cuyas proporciones siempre en aumento, varían casi á lo infinito. Aunque á primera vista esta galeria aparenta mayor estension que la de la anterior, un minucioso exámen hace despues que las proporciones ideales se encuentren mucho menores. En efecto, una longitud de 103 varas sobre una anchura de 55, son las dimensiones á que verdaderamente se estiende, y la ilusion que la hace aparecer mas grande es un

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