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alto crea haber subido; pero no hay que admirarse, por que la ignorancia y la fatuidad son primas hermanas.

El pobrete desde entonces, trabaja con feroz ahinco en la grande obra de su celebridad futura; incesantemente busca en edificios agenos los materiales para el suyo; ya tiene llenas de pensamientos, que no sondeél, lascavidadesde su cráneo; en fin su memoria está en estado de mermelada á consecuencia de la aglomeracion de manjares literarios con que la tiene repleta. Devorando las literaturas de todos los siglos y de todas las edades, el infeliz se ha quedado sin vista y desgraciadamente la pérdida de ese sentido no está en razon directa con lo que ha ganado devanándose los sesos.

Por via de ensayo ha querido, una que otra vez, girar por sí solo la ancheta de ideas que ha lomado en comision del almacen de los sabios, pero su mala estrella ha querido que la negociacion se vea precisada á declararse en quiebra. Apenas ha querido abrir las alas, cuando, con dolor ha visto que no bastan á sostener el peso de su cuerpo, y entonces ha tomado el partido de ponerse triste, taciturno, dirigiendo su vista al cielo, como la zorra hácia las uvas que no podia alcanzar.

Esto hubiera bastado á cualquiera para abandonar el camino de la gloria; pero la vanidad, y la indulgencia de algunos amigos suyos, bien pronto le hiceron cobrar ánimo: Ahora casi diariamente enrristra la pluma; cree que sus escritos están llenos de chiste, de armonia, de profundidad, y con cada idea baboseada que trasiada al papel se le figura que ha dado un paso de gigante hácia el templo de la inmortalidad.

Entre el promontorio de papeles que adornan su escritorio, sobresale un cuaderno de cien hojas por lo menos: contiene un drama romántico, sentimental y furibundo que lleva por título: Gerundio ó las victimas del subterraneo. Cada acto lleva su título. La tempestad, la morada de la muerte, el incognito, el toro puntal y el terremoto. Fantasmas, venenos y puñales no escasean; pero en desquite el drama carece

de accion y de sentido comun, de suerte que aquí puede encajarse aquello de vaya el uno por el otro.

Compone anécdotas y novelas con una facilidad admirable, toma por modelos á los vecinos que tiene mas inmediatos, y los horrores de la jaqueca, los ataques de Morfeo, son nada para él. Cuando fabrica un soneto ó alimenta una epístola su pulso late setenta y cinco veces por minuto; se pone pálido, lívido y muchas veces un hermoso nada es el resultado de esa fiebre creadora. Su talento se mantiene constantemente en una temperatura de uno bajo de cero. Cualquiera diria que su musa tiene su asiento en la punta de un volcan de nieve, pero lo particular de sus escritos es que poseen la virtud de hacer sudar á los que tienen la desgracia de leerlos, cualidad muy recomendable en invierno, como desde luego se hecha ver.

En vano busca la sal del epigrama, el arrebato de la inspiracion; lo único que consigue es matizar las palabras á menera de arco-iris, y desteir sus ideasen frases chabacanas de treinta renglones cada una. Como lodo pedante, solo se complace en hablar de ciencias y artes jamas se digna tomar parte en las conversaciones familiares aunque siempre atento al modo de espresarse de los que lo rodean, para criticarlos despues. Primero moriria mil veces que aplaudir á sus superiores; una errata de imprenta, una coma mal puesta, son para él grandes motivos de vituperio.

Cuando se presenta en público, toma un aire magistral y grave; si cuenta una anécdota, tal parece que improvisa un discurso. Si asiste á la representacion de una comedia, los actores y la pieza le hacen bostezar, nada le parece digno de él, y en sus decisiones siempre domina un tono magistral: Cuando alguno de sus conocidos le habla, le escucha siempre con desden, con una especie de superioridad ó de proteccion pintada en su semblante, por lo que no dudo que si estos rengloues se presentan á su vista, diga con su aire habitual: el autor de este articulo es un necio!El Reptil.

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A va á espirar! Y de la cruz en torno
Donde su cuerpo al desgarrarse cruge,
Israel, como turba de leones,
De la sangre al olor se agita y ruge:
La sangre de Jesus sobre la roca
Lentamente gotea;

Baña el sudor su faz, donde aun negrea
El ósculo de Judas; y su boca
, Que la nueva virtud humilde y santa
En sublimes parábolas vertia,
Se cerrará, y su mística garganta
Al tacto helado de la muerte fria.

Yerta está ya la milagrosa mano
Que en los oscuros ojos luz ponia,

Y vida del sepulcro en el arcano;
Yerto el pié que con bálsamo de nardo
La pecadora ungio, y que á la cumbre
Del Gólgota despues ascendió lardo

De la cruz só la dura pesadumbre.

Yavaá espirar! Sus ojos tristemente
Se fijan en la madre adolorida,
Del amado discipulo en la frente;
Súbito su mirada pavorida
Vuelve en lomo de sí; del desamparo
Siente eu redor el lúgubre vacio,

Y su cerrado párpado humedece
Una lágrima sola, y temblor frio
Sus disiocados huesos estremece.

Vacila en tanto su gentil cabeza,
Pálida como un asttro muribundo;
Por sus venas discurre con prezteza
Un desmayo profundo;
Crugen sus dientes; árdese su pecho;

"La sed! la sed!" suspira,

Lanza un gemido aterrador, y espira!

Aquel gemido en la harpa y en la tumba Del bardo rey fatidico retumba; Turba el Cedron, por el Jordan desierto Va á apagarse en el fondo del Mar Muerto. Sin velo está et altar, sin luz el cielo; Se alzan los mares; chócanse las rocas;' Rumores mil que espantan

Retruenan por los huecos subterraneos;

Y asoman por las losas que levantan,

Los flacos muertos sus blanquizcos cráneos.

Flota al viento en desórden, la melena

Y la túnica pobre desgarrada

De una triste muger, de faz morena

Por torrentes de lágrimas surcada:

Su silencio, su pálida figura,

Su mirada sombria

Revelan de una madre la amargura,

Y atestiguan tan bárbara agonia.
Aun al pié de la cruz á esa postrera
Flaca esperanza, en desengaños rica,
Con amor acaricia en sus entrañas;
Pero el grito del Hijo en sus pestañas
Su lágrima postrera petrifica!

II.

Neceue tst tnim ut teniant scandala: verumtameu, tos homini illi per quem tcandalum rtnitMath. c. 18. t>. 7.

"No por mi derrameis amargo llanto;
"Mas por vosotras, hijas de Salem:
"Porque se acerca el dia de quebranto
"En que holgarán las vírgenes de serlo,
"Y las madres estériles tambien."

El polvo á lo lejos, cual grupo de nubes,
Los límites borra del ancho sendero;
De carros y de armas estruendo guerrero
Retumba, se acerca con áspero son.

Las máquinas crujen moviéndose tardas;
La bélica trompa la esfera ensordece;
Cual muro doblado de bronce, aparece
En faz de batalla, romana legion.

Con ímpetu ciego las huestes arrolla,
Los muros arrasa que opone Solima;
Combate, destroza, al templo se arrima,

Y arroja el incendio, que cébase en él.
Las ruinas, las llamas disputa el hebreo,

Que el hombre estenúa y el odio sustenta;'
Ni peste, ni hambre, ni sed le amedrenta,

Y lidia y sucumbe con rabia cruel.

Por mano traidora la interna discordia
Hermanos divide, los arma y azuza,
La envidia su oculto puñal les aguza,
Lanzándolos torva á bárbara lid:

Y aquel que la pesie ó el hambre perdonan, O cae á los golpes de estraño ó de hermano, 0 dobla ante el fiero soldado romano La fuerte rodilla, la libre cerviz.

Cual lobos hambrientos las calles recorren;
La carne sus ojos, sus lábios irrita;
Ante ella el mas fuerte de gozo palpita;
Por ella combalen con ansia y furor.

Las vtrgenes yacen en polvo insepultas;
Los flacos ancianos se tuercen y espiran;
Las madres ahogan sus hijos, deliran,
O mueren sobre ellos con ronco estertor.

Más vtctimas busca demente el sicario;
El can que le sigue sus cráneos quebranta:
Crujiente el incendio voraz se adelanta;
Milano y palomas sucumben al par.

Despues en las ruinas humeantes, tranquilo
Se sienta, limpiando la sangre, el soldado;
Sobre ellas en triunfo pasea el arado,
Y arrasa el impio, maldito lugar.

Jerusalen cayó! de su caida
Aun el eco lejano nos arredra:
Predicho fué que en la ciudad deicida
No quedaria piedra sobre piedra!

Así serán destruidos Pueblos y hombres, cuya frente La sangre del inocente Marque con sello fatal. Jamas vivirán unidos A otros pueblos ni á otros hombres; Mas irá unida á sus nombres Execracion eternal.

Y como el pueblo deicida Por el Cordero, maldito; Errante siempre, proscrito, Sin hogar y sin nacion,

Agobiados por la vida Irán bajo el propio crimen, Solo escitando, si gimen, Insultante compasion.

4 de abril de 1844.—C. Collano.

¡ADIÓS! A CAMPECHE.

Adios, risueño paerto, De Campeche querido, En que tanto he sufrido, En que tanto gocé. Adios altas murallas,

Adios playas ardientes,
Mis goces inocentes
¡Adios por siempre, adiosl

¡Adios y para siempre
Oh morada apacible!
¡Cuanto el pecho sensible
Sufre al dejarte ¡adios!

De los fugaces dias
De mi pasada gloria,
Te dejo la memoria
¡Mi tranquila mansion.'

Allí en hermosas noches
¡Cuan gratas emociones!
¡Que dulces sensaciones
Supo el alma probar!

Allá, la faz rosada
De la risueña aurora
Que blanco aljofar llora,
Mil veces contemplé.

Mas allá ¡que de veces
Bañado el rostro en llanto,
Alivio á mi quebranto
Buscaba con afán!....

Agradables sorpresas
Por do quier mas de un dia,

Y mas de una alegria
Mi pecho sintió allí.

La luna en aquel sitio
Triste me contemplaba,
Mis penas le confiaba,
Le hablaba de mi amor;

Y cuantas, cuantas veces
Volvió su luz á mi alma,
La deliciosa calma,

El consuelo y la paz.

Y un porvenir dorado
Mi ilusion fabricaba,

Y risueña soñaba
Glorias.... tal vez de amor!

Mas mi mentida dicha
Poco tiempo duraba,
E ¡infelice! lloraba
Un instante despues....

Pero.... ¡levan el ancla!
Mi corazon fallece....
La ciudad desparece,
La eminencia tambien.
¡Adios. lugares todos
Que formásteis mi encinto!
Mis suspiros, mi llanto
Quedaos por siempre ¡Adios!!
17 de enero de 1842.—La Triste.

Galería De Los VIREYES DE MÉXICO.

D. AL7AR0 E1TCIQ7E DE MltU,

MARQUES DE VILLA MANRIQUE

SÉPTIMO VIREY DE LA NUEVA-ESPAÑA.

1585.—A la administracion justiciera de D. Pedro Moya deContieras, sucedió la de D. Alvaro Enrique y Zúniga, marqués de Villa-Manrique. El 18 de octubre de ese año entró en México á ocupar la silla que por órden real abandonó el arzobispo de México, quien como ya se dijo, prosiguió en su empleo de visitador del reino, hasta arreglar cuantos negocios habian quedado sin concluir. Al comenzar su adminstracion, el marqués de Villa-Manrique se encontró en una posicion ventajosísima, pues tanto los afectos al gobierno del pasado arzobispo-virey por su justicia é integridad, como los desafectos á él por la imposibilidad que tenian de medrar á la sombra de gobernante tan recto, es de creer que se constituyeran sus partidarios, cuando no se vieron en México disturbios, «ino hasta mucho tiempo despues, es decir, á la época en que desengañado sin duda uno de los partidos, vió que el único medio de llegar á la realizacion de sus miras, era mantener levantado el estandarte de la rebelion, contra todos aquellos que le opusiesen una tenaz resistencia. En efecto, inalterable fué la tranquilidad en el primer año del gobierno de Villa-Manrique: los negocios siguieron un curso regular, y se trató de llevar á efecto las órdenes dictadas en las administraciones de los pasados vireyes.

1586.—En tiempo de D. Martin Enriquez, como ya se dijo, se les notificó á los frailes franciscanos, agustinos y dominicos, una cédula real de patronazgo, para cuya revocacion hicieron ellos fuertes representaciones al rey, (1)

(1) Como documento curioso, porque descubre el espíritu de las ordeueB monásticas, insertamos la siguiente carta, escrita a Felipe II, por la órden de los franciscanos, á consecuencia de la notificacion que el virey D. Martin Enriquez los hizo de la cédula real de patronazgo, y que Torquemada inserta en el Cap. XXIII

de lo cual dependió que las disposiciones contenidas en dicha cédula no se llevasen a efecto

del Lib. V. de su Monarquia indiana. S. C. R. M. ,.D. Martin Enriquez vuestro virey, de esta NuevaEspaña, nos leyo y mando dar por escrito ciertos capí. tuloB o artículos, que dijo ser de una cédula de Vuestra Magostad, que vino en esta flota, por los cuales se nos impone á los frailes, oficio y obligacion de curas, y de dar cuenta, como tales curas, de las ánimas de los indios, que tubieremos cargo de doctrina: cosa repugnan, te á la regla de San Francisco que profesamos; y as¡ mismo se da mano á los ordinarios, y á los vireyes, y gobernadores de estas partes, para que puedan entremeterse, en quitar o poner los Provinciales y Guardianes, que por la orden canonicamente, segun los estalatos de ella, fueren electos, y en que los otros frailes, sin su sabiduría y consentimiento, no puedan ser mudados de unos monasterios á otros, cuando á sus prelados les pareciere que conviene, lo cual deroga el voto de la obediencia, y toda la estabilidad de la religion, como parecerá mas largamente por un memorial de inconvenientes, que á nuestro comisario general, que reside en esa real corte, enviamos, para que de ellos informe á Vuestra Magestad; á cuya causa respondimos al dicho visorrey, la imposibilidad que habia de cumplirse los dichos artículos. Y pues Vuestra Magestad, como catolico y cristianísimo rey, siempre ha pugnado porque las religiones, en esos reinos de España se redujesen, como se han reducido á Bu observancia y pureza, quitada toda ocasion de relajacion, y en estas partes no hay ménos, sino mucha mayor necesidad de proseguir este celo, por ser en ellas nuevamente plantada la cris. tiandad: á Vuestra Magestad suplicamos y pedimos humildemente, que si nuestro servicio le es acepto, y fue. re su real voluntad servirse de nosotros en el ministerio de la doctrina de los indios, sea sin detrimento de nuestra profesion, como hasta aquí lo hemos hecho; pues es cierto que serviremos mejor á Vuestra Magestad, y vuestra real conciencia Será mejor descargada en esta obra evangélica, perseverando nosotros en la observancia de nuestra frailia, que si nos apartásemos d* ella.

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