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amante por algunosjardines de los suburbios de París. El infortunado marido, que los observaba ocultamente, deseando una prueba incontrastable del crimen para pedir el divorcio, se valió de la siguiente estratagema. Armado de un buen Daguerrotipo, se colocó entre unos árboles del jardin en que estaban los dos amantes; y cuando se hallaban sentados en un banco de piedra y abrazados, el paciente con mucha serenidad procedió a grabar la historia de su deshonra. El dia siguiente la adúltera fué acusada ante los jueces por su marido. Se le piden pruebas, y presenta su fatal lámina. Como las imágenes eran demasiado pequeñas, por haberse situado el marido á alguna distancia de los amantes, se recurrió al microscopio; y habiéndose reconocido los retratos de los reos, los jueces no titubearon un momento en fallar el divorcio solicitado por el marido.

Número de periódicos en la República mexicana.—Segun las noticias que hemos podido adquirir, los periódicos que se redactan en la República, son los siguientes.—Deparlamentos: En Veracruz, 2. En Tamaulipas, 3. En Oajaca, 2. Ed Chihuahua, Morelia, Guadalajara, Zacatécas, San Luis Potosl, Puebla, Querétaro, Sonora, Tabasco, Durango, Cohahuila y IS'uevo Leon, uno en cada departamento. Total 19.—En México, 13; que son: el Diario del Gobierno, el SigloXIX, el Organo del comercio, el Oriente, el Mosquito, el Observador judicial, el Correo francés (redactado en francés), la Hesperia, el Constitucional, el Museo, la Revista comercial, la España pintoresca y el Liceo. Suma total, 32.

Locuacidad jememl.—Guido Reni, en su magnlfico cuadro de la tentacion del primer hombre, pintó á la serpiente con cabeza de muger. Habiéndosele preguntado la causa, contestó que por haber leido en el Génesis que la serpiente habló mucho á Eva.—Un célebre escritor francés decia que los hombres babian edificado la torre de Babel, y las mugeres la de Babil, [en francés charla].

Feos.—Una señorita mexicana decia cierta vez, que en el mundo hay tres clases de feos; unos que causan risa, otros cólera, y otros lástima.

Ley de policla.—En Roma se dió antiguamente una ley desterrando á los médicos. ¡Cosa admirable! miéntras estuvo vigente se advirtió un aumento de poblacion estraordinario.

. Inagrama.—Se llama asl la transposicion de las Ictras de una palabra, de lo que resulla otra palabra distinta. Algunos en la formacion del anagrama sustituyen la u á la v, la c á la q, la i á la y, etc.; y otros no admiten estas sustituciones. Hay anagramas que tienen una relacion muy notable con la voz ó espresion de que han provenido. ¿Quid est véritas? [¿qué es la verdad?] pregunta de Pilálos á J. C. Est vir qui adest (es el varon que está presente), anagrama perfecto y admirable. El anagrama de logica es caligo (oscuridad.) El de Iturbide, Tu vir Dei; es decir: eres el varon de Dios, destinado para consumar la grande obra de dar la libertad á una nacion, que algun dia figurará entre las primeras del mundo. Se dice que un médico corso, en el tiempo de la revolucion francesa, formó el siguiente anagrama. De La Rtcolution francaise, esta espresion Et un corsé la finira (y la que concluirá un corso). Sobre el sepulcro del asesino de Enrique IV se halla grabada esta inscripcion. C'est l'en/er qui vía crée, (quien me creó fué el infierno) que es el anagrama perfecto del nombre del asesino, Frére Jacques Clément.

Quidprocuo.—Hace algunos años se presentó á Sinodo en el Arzobispado de México, para ordenarse de subdiácono, un jóven muy tonto é ignorante. Uno de los sinodales le mandó traducir del latin un trozo de una eplstola de San Pablo: cuando llegó á una espresion que decia: Fratres, sobrie estote, él tradujo: Fratres, oh frailes, sobrie estote, estais de sobra. Todos los circunstantes comenzaron á reirse; mas el arzobispo les dijo:,,Señores, poco á poco: él ha traducido mal; pero ha dicho bien." Mutua alabanza.—Una vez que Bourdaloue encontró á Massillon, le saludó diciéndole: „ Adios, predicador de los reyes;" y éste le contestó: „Adios, rey de los predicadores."

Remedio contra la embriaguez.—El mas eficaz que se conoce, es tomar un pozuelo de agua, en que se hayan echado ocho gotas de amoniaco, (vulgarménte álcali.)

Poligamia sucesiva.—En una de sus obras refiere S. Gerónimo lo siguiente. Habia en Roma una muger que acababa de perder su vigésimo segundo marido, y se casó con un hombre que habia sido casado veinte veces. Sucedió que murió la muger, y se obligó al marido á asistir al entierro de su consorte, llevando una palma en señal de su triunfo.—F. D. Ronilla. Palpé la realidad y odié la vida.

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Llm A deidad, dulcisima Tristeza;
Unica compañera de mi vida,
Ven y consuela el ánima afligida;
Dulce Tristeza, ven.

Al ver en tu semblante la sonrisa
Amarga del dolor, cesa mi duelo;
Ven á mis brazos, diosa de consuelo,
Ven á mis brazos, ven.

Al reclinar mi sien contra tu pecho,
Mi agitacion continua desparece,
Tu sosegado aliento me adormece,

Y late con quietud mi corazon.

El lúgubre compas de tus canciones
Esparce sobre mi, dulce beleño,

Y entre tus brazos entregado al sueño
Olvido mi afliccion.

¿En dónde hallar placeres ni reposo,
Si ya del mundo conoci el engaño;
Si he visto por mi daño
Que todo es falsedad, todo ilusion?....

Bajo las flores que en el prado lucen Se arrastra la culebra ponzoñosa; Dentro el mórbido seno de la hermosa Se ocultala perfidia, la traicion.

Predica la virtud el sacerdote,
E hipócrita sus leyes él quebranta,

Y amistad invocando sacrosanta
Vende un hombre el secreto que arrancó.

Proclama libertad el poderoso
Para cargar al pueblo de cadenas,

Y el rico vé con frialdad las penas
Del mendigo que implora su favor.

¿A dónde, á dónde hallar por todo el mundo
Esa felicidad que el hombre sueña,
Cuando ciego desdeña
La virtud, el amor y la amistad?....

¿Cómo poder vivir entre esa turba,
Que buscando la dicha la desprecia;
Entre esa turba criminal y necia
Que ha llenado mi vida de pesar?

Dulce Tristeza, si en tus yertos brazos
Se pasara mi vida,
Y el alma con tu sueño adormecida
Otro mundo encontrara al despertar;

Pasara mas dichoso mi existencia
Que buscando afanoso la ventura,
Para gozar momentos de dulzura
Que se pagan con siglos de penar!

¡Ah! no te apartes, ven; contra tu seno
Estrecha el seno mio,
Con tus caricias calma el desvario
Que sin cesar agita mi razon.

Dulce sueño me dá, y en tu regazo,
Seré una vez feliz, que adormecido,
Del pensamiento borrará el olvido
Las huellas del placer y del dolor.

Arrulla con tu canto meláncolico
Al alma triste, de sufrir cansada;
Apague el frío de tu mano helada
El fuego en que arde mi abrasada sien.

Ven, y en tu seno verteré en silencio
Mi inagotable llanto:
Ven á calmar piadosa mi quebranto;
Dulce Tristeza, ven.

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I.

lor los años de 177.... un oidor llamadoD. Pedro de Castro estaba un dia recargado en el balcon de su casa y con la mano en la mejilla, recreándose con el animado espectáculo que presentaba con sus innumerables transeuntes, sus carra ages y sus caballos, sus buhoneros y sus negociantes, la populosa metrópoli de la Nueva-España. Era la fisonomia de D. Pedro, severa, sus ojos azules dirigian miradas penetrantes; su frente calva, sus mejillas marchitas y su continente pensativo, daban claras señales de una vejez anticipada por las penas ó por los desórdenes quizá de una vida licenciosa. Hacia ya algun tiempo que estaba en la postura dicha, cuando se enderezó derepente, y poniéndose encima de los ojos la mano estendida, para que no le molestasen los rayos del sol, estuvo mirando un buen espacio hácia la esquina dela calle de su casa. Hizo señas luego á uno de sus lacayos para que llamase á la persona que le señalo con el dedo, y cuando se cercioró de que su criado volvia con ella, entróse cerrando la vidriera de su ventana. El que habia excitado la curiosidad del oidor, era un ciego de capa y ancho sombrero, á quien servia de lazarillo una niña de catorce á quince años, linda y risueña, vestida de blanco, suelta su larga y rizada cabellera, y sujeta solo á sus sienes con una cinta negra, que contrastaba con la blancura de su frente. Venian acompañados de mucha gente que contemplaba ansiosa la hermosura de la niña y la fisonomia noble del ciego, y todos encarecian las gracias de los dos con las palabras mas espresivas; mientras ella jugando suavemente con la mano del ciego entre las suyas, y murmurando una cancion, proseguia su camino, sin reparar siquiera en las alabanzas que por todas partes le prodigaban. Una sola vez miró hácia un balcon, se detuvo un momento, exbaló involuntariamente un suspiro, y advirtiendo que lo habian notado, bajó los ojos y el rubor encendió sus mejillas.

De esta suerte llegaron á la casa del oidor que los estaba aguardando impaciente, entraron á su habitacion, la saludaron cortesmente, pero sin bajeza, y tomaron asiento, que les lle

vó el mismo D. Pedro.—¿Cómo te llamas? le preguntó el oidor al ciego.

—Pascual, para serviros.

—Esta niña, ¿es hija tuya?

—Si señor, y el único ser que me ama en la • tierra.

—Qué edad tendrá?

—Quince años no cabales.

—¿Y hace mucho tiempo que enviudaste?

—El mismo tiempo hace que perdi álamuger que mas amaba; y pobre de ml si no hubiera sido por mi Ines, por esta niña que ha sido mi ángel de consuelo. Ella me guia por todas partes, y juntos ganamos nuestro sustento; yo tocando mi vihuela, y ella cantando los romances que yo mismo compongo.

—Siendo asl, holgaria mucho de oiros; porque si tu destreza en el tocar iguala ála gallardia de tu presencia, y si la voz de tu Ines es tan hechicera como su rostro, pocos habrá que os lleguen y ninguno que os haga ventaja.

—Juzgareis por vos mismo.

Y sacó la vihuela que llevaba debajo de la capa, recorrió sus cuerdas una por una afinándolas perfectamente, y despues de varios preludios en que hizo gala de su destreza, comenzó á sacar de su instrumento sonidos dulcisimos y llenos de melancolia. Sus facciones se animaban mas y mas cada vez, vagaba en sus lábios entreabiertos una sonrisa apacible, y con oidos atentos á la nota mas ligera, al sonido mas imperceptible, apuraba sediento aquellos raudales de armonia. ¡Felices los que son capaces de comprender ese lenguage apasionado, esa poesia inimitable y divina que es el encanto de las almas sensibles!

Ines con la vista fija en su padre permaneció callada algun tiempo; mas su garganta de alabastro palpitó derepente como la de una ave que gorgea, y con voz encantadora y melodiosa cantó el siguiente romance:

Yuela avecilla inocente,
Rápida el espacio cruza
En tanto que el viento manso
Riza tus cándidas plumas.
Vuela á tu nido, avecilla,

De madre adorada en busca;
De la que con dulces trinos
Tu sueño amorosa arrulla.
Vas á desplegar tus alas....
Volaste ya.... cual ninguna
Rauda atraviesas los aires....
¡Amor de madre te impulsa!
¡Amor de madre! esa llama
Que avivan y hacen mas pura,
De la dicha el soplo blando

Y el huracán de la angustia.
Llegaste al nido.... mas dime
¿Por qué al mirarlo te asustas

Y arrastrar dejas tus alas
Desesperada y convulsa?
Ah! „mnrio mi madre tierna,"
Con tristes aves anuncias:
Yo tambien perdi una madre,
Ven, pues, lloraremos juntas.

Calló Ines y dejó caer su cabeza sobre el hombro de Pascual, quien la dió un beso en la frente y comenzó á acariciar con la mano su negra cabellera. D. Pedro que habia escuchado el romance, sin apartar sus ojos de Ines, sacó de su faltriquera una bolsa llena de oro y poniéndosela en la mano, le dijo:—Toma, Pascual, un corto premio de tu habilidad y la de tu hija; y alégrate de haber encontrado en ml un protector generoso que aliviará en cuanto sea dable tu infeliz situacion.

—Ah! señor, ¿quién sois vos que alargais una mano caritativa á este ciego desgraciado?

—Soy D. Pedro de Castro, oidor de la audiencia de esta nobillsima ciudad, y su actual presidente. Pero....tu hija es muy hermosa, y andando continuamente por las calles contigo que eres ciego....

—Ah! no; soy ciego, pero mi oido, sensible aun al ruido que forma al volar el insecto mas pequeño, vela incesantemente por la honra de mi hija. Ademas, ¿no es verdad que me amas mucho, Ines mia?

Ines contestó estrechando entre sus brazos a Pascual, y besando luego amorosa y sumisamente su mano.

—Muy zeloso te muestras de la honra de tu hija; pero a fe mia que el amor al oro mas que el paternal, es la virtud favorita de los vagamundos, que cantando y tañendo limpian las bolsas de los curiosos caritativos.

—Señor....

—Escucha: tu hija es muy hermosa sin duda; pero mi proteccion tambien vale mucho para que la desprecies. No puedo negar que me agrada la Inesilla, y como al fin y al cabo

estando á tu lado no vive en ningun monasterio.... y por otra parte, de que vaya á dar á poder de algun mozalvete oscuro que nada le dé, á que sea mia, vale mas ciertamente....

—¿Qué decis? No entiendo.

—Parece que pretendes sacar mucho partido de ml, como si no fuera bastante fortuna para tl ver á tu hija de dama de un oidor.

—¡De dama! dijo Pascual poniéndose en pié y con el rostro encendido en ira: ¡de flama! ¡\ecio de ml! Os tenia por un hombre generoso, y sois un villano miserable. Tomad vuestro oro, (y arrojó al suelo la bolsa) y reciba esta leccion de un vagamundo un magistrado como vos.

—Calla, ciego insensato, le contestó D. Pedro con enojo mal reprimido; calla y acuérdate de la repulsa de tus agravios.

Salieron de all¡ inmediatamente Pascual é Ines, y D. Pedro despues de haber llamado á un críado le dijo dos palabras al oido, y quedóse luego entregado á profundas cavilaciones.

II.

Tres dias habian pasado, y una noche despues de la cena, sentados al amor de la lumbre Pascual y su hija, para aliviarse del frio del invierno, departian sabrosamente, y gustaban, aunque desgraciados, los inocentes placeres domésticos. Ines sobre las rodillas de su padre le colmaba de caricias, y este reia afable con ella y respondia amoroso á sus preguntas. El ciego, gallardo y de frente despejada, y con un rostro en que se retrataba la inteligencia, y la niña cándida y hermosa como un ángel, formaban un cuadro tan sencillo, tan tierno, tan admirable, que apenas hubiera podido espresarlo Rafael con sus pinceles.

—Vamos, padre mio, dijo Ines: ¿no sabeis alguna historia entretenida que contarme, como haceis otras veces?

—Sl, repuso Pascual; te contaré una, de la cual nada sabes, pero que debe interesarte, pues es nada ménos la historia de mi vida. Antes nadate habia dicho, porque eras muy niña y no podias comprenderme; mas pronto cumplirás quince años, edad suficiente para que escuches con gusto mi narracion.

—Hablad, padre mio, hablad; que estoy ya impaciente por oiros. .

—Mi madre, hija mia, me dio al mundo en fruadalajara, y mi nacimiento fué para ella la consumacion de su deshonra; pues la habia seducido un caballero noble y rico que la abandonó, dejándola sumida en la miseria. Se aumentó su amargura, cuando vió que yo estaba privado de la vista, y cuando le aseguraron que me seria imposible recobrarla; y mi infeliz situacion acrecentó su amor maternal, si es que puede acrecentarse el amor de una madre. Sin recursos de ninguna clase para vivir, fuéle forzoso entregarse á los trabajos mas duros para ganar la subsistencia, hasta que un hombre benéfico y cristiano, compadecido de nosotros, nos tomó bajo su proteccion y disminuyó bondadoso lo angustiado de nuestra suerte. Ajusté cinco años, y me dedicaron á lo único que me juzgaban capaz de aprender, á la música, á la cual profesaba yo ademas una inclinacion decidida. Adelanté mucho en poco Üempo hasta el grado de llamar la atencion de todos y de ser aplaudido de cuantos me escuchaban; aplausos que causaban á mi pobre madre la mas cumplida satisfaccion. Gustábale verme cercado de personas que absortas me escuchaban, y si se alzaba alguna voz sobre las otras en mi alabanza, si alguno me celebraba con entusiasmo, entónces su placer era inesplicable, corria á estrecharme entre sus brazos y á empapar mis mejillas con sus lágrimas. ¡Qué deleitoso es sentir las caricias de una madre, y respirar su aliento, y beber las lágrimas de gozo que la hacemos derramar!

Ajusté diez años de este modo; mas la salud de mi madre debilitada por los sufrimientos, le falló por fin, y cayó postrada en una cama, donde se mostró mas y mas la tierna solicitud de nuestro protector por aliviar sus males. Sin apartarme un punto de su cabecera, le dispensaba yo las atenciones que podia, y cantando al son de mi vihuela las canciones que mas le gustaban, hacia por calmar la violencia de sus dolores. Su enfermedad se agravó en estremo, y una noche, que no puedo recordar sin sentir que se despedaza mi corazon, me dijo con voz apagada: ,,Hijo, mi última hora se acerca, y al pasará la eternidad, no tengo mas consuelo sino que Dios es un padre amoroso, que no te dejará perecer. Ademas, el hombre bondadoso que nos ha favorecido, no dudo que le seguirá protegiendo, y solo te encargo que nunca te muestres ingrato á sus beneficios. Ruega á Dios por tu padre, y ámale con todo tu amor, pues que quizá tú vendrás á ser con el tiempo la causa de su arrepentimiento. Al morir sabes que no puedo dejarte nada, porque nada poseo; mas loma este retrato que es el de tu padre, (y medió este que traigo siempre pendiente de mi cuello) y sirva para que te acuerdes de él y de ml. Teme á Dios, y vivirás tranquilo en la adversidád; ámale y te serán suaTom. i.

ves los trabajos. Muero en paz, y aguardo la eterna recompensa." Espiró, y yo, abrazado" de su cadáver, le di mis últimos adioses.

Volvl al lado de mi protector, quien por varias ocurrencias domésticas tuvo necesidad de salir de Guadalajara y venir á establecerse en esta ciudad con su hija, que formaba toda su familia, trájome tambien á ml, y Clara y yo, éramos los únicos objetos de su ternura. El continuo l,alo con aquella niña que habia pasado conmigo su infancia, hizo que yo la amase y ella tambien á ml, y mi nuevo padre tan luego como conoció nuestra inclinacion, entazónos con el matrimonio, apenas se hubo cerciorado de la sinceridad de nuestro amor. Empeñado nuestro padre en un pleito, vino á quedar arruinado por la mala fé de los abogados y la venalidad de los jueces, y este suceso desgraciado le causó la muerte en poco tiempo. Solos Clara y yo en el mundo, sobrellevábamos nuestra suerte con resignacion; yo la amaba con toda mi alma y ella era conmigo la mas tierna y fiel de las esposas. Naciste por fin, hija mia, y murió tu madre al darte á luz: de esta suerte perdi en poco tiempo á mi madre, á mi procletor y á mi esposa. A costa de mil sacrificios logré criarte, y ahora, ya lo ves, tú formas toda mi felicidad."—Calló Pascual, é Ines, con los ojos llenos de lágrimas, preguntábale las circunstancias mas ligeras de su vida, besábale amorosa la frente, y repetiale cada momento: „Padre mio, cuanto os amo."

III.

Eran las doce dela noche; hacia ya media hora que D.Luis de L.... se paseaba frente ála reja de una casa pobre mirándola sin cesar, y deteniéndose algunas veces, como para escuchar atentamente. Abrióse por fin la ventana sin el mas leve ruido, y dejóse ver á la opaca claridad de la luna una niña de incomparable hermosura, y vestida de blanco, que con voz apacible y armoniosa dijo:—¿tú eres, D. Luis?

—Sl, Ines; amor mio, yo soy.

—Ingrato! en dos dias no habias venido! Quizá algun nuevo amor....

—Ah! Ines; sabes que te amo con todo mi corazon, y que nadie puede reemplazarte en mi alma; pero me habia sido imposible venir.

—Don Luis, harlo te he dicho que mires quién soy, y que la hija desvalida de un pobre ciego, no es capaz de llenar dignamente el corazon de un jóven gallardo y principal como tú. Piénsalo bien, no sea que un arrepentl' miento tardio....

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