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y en la isla de Gaspar Grande, situada á la entrada del puerto de Chaguaramas, tres leguas distante de aquí, solo habia ciento treinta y dos con tres oficiales del citado batallon. El contraste que visiblemente formaba la fuerza enemiga con nuestra debilidad esparció de tal modo el terror en la milicia y paisamaje, que doscientos hombres nombrados para ir á Chaguaramas, á reforzar los navís, desaparecieron internándose en el bosque, y á su ejemplo empezaron á hacer lo mismo las compañias de milicias, cuyos oficiales se presentaron solos sin poder reunir la tropa. El enemigo consiguió apoderarse de las bocas del puerto de Chaguaramas, mas fondeando al anochecer los navíos á la inmediacion de ellas, dejando así cortada la comunicacion por mar, quedando las fragatas y mas buques cruzando sobre la costa y manteniendose así, sin que por nuestra parte hubiese otras fuerzas que dos lanchones armados y el pequeño corsario frances Patriote, capitan Feret, que espiaban los enemigos en la inmediacion de la playa de este Puerto de España. A la una y média de la madrugada descubrimos las llamas del incendio, que por las esplosiones creimos ser de los navios sin saber el modo ni las circunstancias, hasta las nueve de la mañana que el general de la escuadra entró en este pueblo y me informó de que atacada por los enemigos la Isla de Gaspar Grande, donde no habia agua, é indefensas las alturas que dominan á Chaguaramas, le habia sido imposible dar la vela sin una casi certeza de que los enemigos apresaran los navíos y habia tomado la resolucion de quemarlos, de acuerdo con los comandantes, en junta que celebró al efecto, avisando al comandante de la citada isla Gaspar Grande, dejando clavada la artilleria al retirarse su comandante el capitan de ingenieros don Andres Gonzales. Lo largo y fragoso del camino, su angostura en varios parajes, el bosque inmediato y el estado de los enfermos ó convalecientes en que se hallaba el mayor número, dieron ocasion á los equipages de los buques de detener su marcha y dispersarse á pesar de haberlos formado en órden su general, de modo que solo llegaron unidos algunas tropas de marina y artilleros de brigada. Todos los navíos enemigos se pusieron á la vela para aterrarse, amenazando el desembarco por tres puntos, media legua distantes entre sí y el mas cerca una legua de este pueblo, en todos los que lo efectuaron á las doce y media del dia, sostenidos por los fuegos de los buques chicos apostados sobre la costa, consiguiendo así cortar el camino á la gente de la escuadra, que como dejo dicho se habia dispersado. Al mismo tempo se acercaron á este pueblo Puerto de España, varias fragatas y buques chicos; rompieron el fuego, pero como nuestra bateria del muelle estaba avanzada y tenia cañones de grueso calibre, pudimos contenerlos y se mantuvieron á una distancia tal que sus tiros no llegaban á la poblacion, mientras los nuestros pasaban mas allá de sus embarcaciones. No teniamos igual resistancia por la parte de tierra, pues solo contaba con el corto numero de veteranos que dejo citados, algunos que llegaron de los que estaban destacados en Chaguaramas, doscientos de marina pertenecientes á la escuadra del mando del capitan de navío don Bernardo Escalante y treinta y cuatro del batallon veterano salidos del hospital aquella misma tarde, que á peticion suya, sin embargo de estar realmente enfermos, tomaron las armas y con algunos que saqué de los puntos menos precisos, pudieron reunirse seiscientos hombres los mas de ellos convalecientos. De estos envié un destacamento de 50 al mando del teniente de fragata don Juan Tormos, para explorar los movimientos del ememigo, con órden de retirarse en caso de serle superior, y á las seis de la tarde, habiendo encontrado la vanguardia inglesa mucho mas fuerte, avisó este oficial al teniente coronel comandante del batallon don Francisco Carabaño; el que dandome parte marchó á sostener á Tornos que habia roto el fuego y no podia resistirá la considerable fuerza enemiga, que por momentos aumentaba; en cuyas circunstancias hizo retirar la tropa, lo que verificó en el mayor orden, hasta ponerse bajo el fuego del reducto número 1 á las cinco y media (1) de la tarde. Mientras la columna memiga obligó á retirarse á la nuestra, con cazadores, infanteria y artilleria se dijirieron por caminos mas al Norte y se apoderaron de las alturas que dominan por la espalda el mencionado reducto y el apostadero número 2, cuyo puesto se cubrió con parte de la tropa de marina que se acababa

(1) Évidemment, il y aici erreur de temps; il faut lire: las seis y de retirar y algunos indios de flecha, quedandome con solos trescientos cuarenta hombres en el campo de la Ventilla, á espaldas de la línea de defensa formada por el citado reducto y el apostadero; mas los enemigos dueños de las alturas con una superioridad incomparable nos tenia cercados con artilleria y tan decidida ventaja que no dejaba la menor esperanza de salir del empeño. Nuestra comunicacion estaba cortada con la bateria del muelle, que sin embargo de esta circunstancia y de no tener agua que beber su comandante el capitan de artilleria don Josef Meller, continuaban haciendo fuego á los buques que se acercaban. El interior de la isla no me prestaba el menor recurso para retirarme, me vi pues falto de viveres, de municiones y de gente, y el pueblo pidiendo que libertase, capitulando, del estrago que lo amenazaba con un momento de dilacion. A pesar de tan apuradas circunstancias mantenia mi resolucion, aunque remota la esperanza de poder reunir alguna gente de armas y marineria para llamar la atencion del enemigo por los cerros de su espalda, aspirando á varior de situacion; pero por mas diligentes y emisarios que despaché nada pude conseguir, aunque fué á buscarlos al mismo punto citado para cuartel general, me hallé allí solo con el general de marina sin que se me presentase persoma alguna. Tal era la situacion nuestra, á las ocho de la noche, cuando el general Albercomby dió orden para suspender las hostilidades por su parte y me envió un oficial pidiendome que hiciese yo lo mismo por la mia, convidandome á una conferiencia. Este recado hace tanto honor á la generosidad de aquel jefe que creo mi deber copiarlo: Diga V. al Gobernador que veo con dolor sus tropass in la menor esperanza de conseguir sus deseos; que la superioridad incontestable de mi fuerza me ha hecho dueño del pueblo y las tengo cercadas por mar y tierra y las alturas con toda comunicacion de recurso cortadas como ve. Que di unas fuerzas tan desiguales no hai resistencia y que antes de dar lugar á una considerable efusion de sangre sin la menor probabilidad de poder resistir, le pido cite un lugar donde hablemos y que le ofresco una capitulacion la mas honrosa que se debe á esos buenos y fieles soldados que de otro modo seran sacrificados inútilmente. Este mensaje me puso en la necisidad de consultar los oficiales principales á saber: segundo jefe de la isla y los comandantes de los cuerpos. Mi resistencia á pedir capitulacion, me pareció que seria temeraria si propuesta en tales terminos la rehusaba y siendo todos de opinion de admitirla por necesidad y por imposibilidad de sacar partido, ordené la suspencion de armas y pasé á hablar con el general Albercomby y convenidos á tratar de la capitulacion, avisó al comandante Harwey para que á las ocho de la mañana del 18 inmediato mos reuniéramos en una casa, como se verificó, y ha acordado la entrega.

En medio del dolor que me causa esta desgracia tengo la satisfaccion de que los oficiales han cumplido con su deber, que la tropa se prestó con la mejor disposicion y deliberada voluntad, sin embargo de la desigualdad considerable y notoria, en el estado débil de salud, y el espiritu sustituia en muchos de estado débil la falta de fuerzas para llevar las armas; y el general enemigo no se gloría de haber reducido un puñado de hombres, aunque debo de justicia el título de generoso á un jefe que en lugar de proseguir haciendo uso de la decidida fuerza, abraza de preferencia el partido de atender al hombre respetandolo en la desgracia y de los inevitables infortunios de la suerte de la guerra.

No puedo asegurar el námero de muertos y heridos por nuestra parte, pero debe ser número corto, y solo he sabido de seis de balas de fusil y el artillero de brigada Mateo Martinez, por haber reventado un cañon: hai dos heridos y varios extraviados: ignoro tambien cual sea el de los enemigos, pero tengo noticia de que perdieron el mayor del regimiento aleman.

El general de marina sale de aquí en el navío ingles Alfredo, y los oficiales, tropa y marineria de la escuadra en diferentes trasportes á Martinica, de donde pasarán à Cadiz en buques neutrales ó parlamentarios. Varios oficiales de la guarnicion van á dejar sus familias á Costa-Firme, y entregando la caja militar al capitan general de Caracas seguirán de allí á España. Yo quedo haciendo diligencias de buque que me conduzca á Cadiz con el resto de los oficiales, algunos empleados y los enfermos que estén en estado de seguirme.

Dios guarde, etc.
Isla de Trinidad, á 27 de febrero de 1797.
Joseph María CHAcoN.

Excmo señor don Miguel Joseph de AZANZA.

CONIDENACION DE CIA CON Y APOl) ACA.

Direccion general.

Excmo Señor, por la via reservada de Marina, en papel de ayer, se me comunicó la real órden que por el Ministerio de la Guerra le fué trasladada en 20 del corriente. Dice asi:

Excmo Señor: al comandante general del ejército de An

dalucía, comunico con esta fecha la real órden siguiente:

La entrega de la isla de Trinidad de Barlovento, que hizo á las fuerzas británicas el brigadier de la armada don José María Chacon, gobernador de ella, y el incendio que dispuso el jefe de escuadra don Sebastian Ruiz de Apodaca, de los cuatro navíos y una fragata que se hallaban en el puerto de Chaguaramas, son sucesos en que las armas del reino han quedado en el lugar correspondiente, por culpa de unos jefes que olvidados de su honor no cumplieron con sus deberes y notacion tan interesante al real servicio. Los repetidos acaecimientos de esta naturaleza han convencido á S. M. ser necesario, aunque se violente su bien innata piedad, no permitir el menor disimulo de unas faltas tan punibles y vergonzosas para el verdadero militar que no sabe otro camino de llegar á la cumbre de la gloria, que la exactitud y puntualidad en el servicio, y el valor firme é intrépido que haga respetar los derechos del rei y sus reales armas. Aunque S. M. dispuso fuese juzgada esta causa por los términos de ordenanza, se vió obligado á mandarla formar de nuevo á vista de las muchas nulidades que, salva la defensa de los reos, contenia contra la justicia y vindicta pública, de sus escesos, y de lo que se prescindió en la sentencia absolutoria que se ha publicado: pero habiendo oido el dictámen de Ministros de su confianza, ha hallado sobrados motivos en lo que de sí arroja el proceso, para proceder, sin necesidad de que tenga efecto su expresada providencia, á un castigo que, sin embargo de no ser todo el que corresponde á sus delitos, sirva de ejemplo á los que se hallen en iguales casos, para cumplir con lo que exige el honor y la obligacion del servicio. En su consecuencia se ha servido S. M. declarar, que el Don José María Chacon mo defendió como pudo la Isla de Trinidad y que Don Sebastian Ruiz

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