Antología de Poetas Hispano-americanos Publicada Por la Real Academia Española: Colombia. Ecuador. Peru. Bolivia

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Marcelino Menéndez y Pelayo, Real Academia Española
Est. tip. "Sucesores de Rivadeneyra", 1894
 

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Página cxv - Fuenfría, allí volaré yo, y allí cantando con voz que atruene en derredor la sierra, lanzaré por los campos castellanos los ecos de la gloria y de la guerra.
Página 276 - ... patria; bravos Colombianos en cien crudas batallas vencedores, mirad allí los enemigos fieros que buscando venís desde Orinoco: suya es la fuerza y el valor es vuestro, vuestra será la gloria; pues lidiar con valor y por la patria es el mejor presagio de victoria. Acometed, que siempre de quien se atreve más el triunfo ha sido; quien no espera vencer, ya está vencido".
Página 277 - Ya el formidable estruendo del alambor en uno y otro bando ; y el son de las trompetas clamoroso, y el relinchar del alazán fogoso que, erguida la cerviz y el ojo ardiendo, en bélico furor salta impaciente do más se encruelece la pelea; y el silbo de las balas...
Página 276 - ¡Perderse! no, jamás; que en la pelea los arrastra y anima e importuna de Bolívar el genio y la fortuna. Llama improviso al bravo Necochea, y mostrándole el campo, partir, acometer, vencer le manda, y el guerrero esforzado, otra vez vencedor, y otra cantado...
Página 275 - ¿Quién el que ya desciende pronto y apercibido a la pelea? Preñada en tempestades le rodea nube tremenda; el brillo de su espada es el vivo reflejo de la gloria; su voz un trueno, su mirada un rayo.
Página cxvii - EL trueno horrendo que en fragor revienta Y sordo retumbando se dilata Por la inflamada esfera, Al Dios anuncia que en el cielo impera. Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta La hispana muchedumbre Que más feroz que nunca amenazaba A sangre y fuego eterna servidumbre: Y el canto de victoria Que en ecos mil discurre ensordeciendo El hondo valle y enriscada cumbre, Proclaman a Bolívar en la tierra Arbitro de la paz y de la guerra.
Página 6 - Que duda el corazón Si es el corazón mismo. Tan eficaz persuade, Que cual fuego encendido Derrite como cera Los montes y los riscos. Tan fuerte y tan sonoro Es su aliento divino, Que resucita muertos Y despierta dormidos. Tan dulce y tan suave Se percibe al oído, Que alegra de los huesos Aun lo más escondido.
Página 278 - En tanto el argentino valeroso recuerda que vencer se le ha mandado; y no ya cual caudillo, cual soldado, los formidables ímpetus contiene y uno en contra de ciento se sostiene: como tigre furiosa de rabiosos mastines acosada, que guardan el redil, mata, destroza, ahuyenta sus contrarios, y aunque herida, sale con la victoria y con la vida, ¡ Oh, capitán valiente, blasón ilustre de tu ilustre patria, no morirás ! Tu nombre eternamente en nuestros fastos sonará glorioso, y bellas ninfas de tu...
Página clxxx - una señora principal de este Reino, muy versada en la lengua Toscana y Portuguesa, por cuyo mandamiento y por justos respetos no se escribe su nombre, con el qual discurso (por ser de una heroica dama) fue justo dar principio á nuestras heroicas epístolas».
Página cxvi - Traces, bien animando las terribles haces, bien los fieros caballos, que la lumbre de la égida de Palas espantaba. Tal el héroe brillaba por las primeras filas discurriendo. Se oye su voz, su acero resplandece, do más la pugna y el peligro crece. Nada le puede resistir.

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