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za de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso de que su delicadeza no le permi. tiría mandarme, y aun en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba usted seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separacion de la República, permítame usted, General, le diga, no me han parecido bien plausibles : la primera se refuta por sí misma, y la segunda, estoy muy persuadido que la menor insinuacion de usted al Congreso, sería acojida con unánime aprobacion, con tanto mas motivo, cuanto que se trata con la cooperacion de usted, y la del ejército de su mando, finalizar en la presente campaña la lucha en que nos hallamos empeñados; y el alto honor que tanto usted como la República que preside, reportarían en su terminacion.

No se haga usted ilusion General: las noticias que usted tiene de las fuerzas realistas son equivocadas : ellas montan en el alto y bajo Perú á mas de 19,000 veteranos, las que se pue. den reunir en el término de dos meses. - El ejército patriota, diezmado por las enfermedades, no podrá poner en línea á lo mas 8,500 hombres, y de estos una gran parte reclutas : la division del General Santa Cruz, (cuyas bajas segun me escribe este General, no han sido reemplazadas, a pesar de sus reclamaciones ) en su dilatada marcha por tierra debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña : la sola de 1,400 colombianos que usted envía, será necesaria para mantener la guarnicion del Callao, у el orden de Lima: por consiguiente, sin el apoyo del ejérci. to de su mando, la espedicion que se prepara para intermedios no podrá conseguir las grandes ventajas que debían esperarse, si no se llama la atencion del enemigo por esta parte con fuerzas imponentes, y por consiguiente la lucha continuará por un tiempo indefinido, porque estoy íntimamente convencido que sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América es irrevocable ; pero tambien lo estoy, de que su prolongacion causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres á quienes están confiados sus destinos, evitar la continuacion de tamaños inales. En fin, General, mi partido está irrevocablemente tomado: para el 20 del mes entrante he convocado el primer Congreso del Perú y al siguiente día de su instalacion me embarcaré para Chile, convencido de que solo mi presencia es el único obstáculo que le impide á usted venir al Perú con el ejército de su mando: para mỉ hubiera sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un General á quien la América del Sur debe su libertad : el destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.

No dudando que despues de mi salida del Perú, el gobierno

que se establezca reclamará la activa cooperacion de Colombia, y que usted no podrá negarse á tan justa peticion, ántes de partir remitiré á usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada, puede ser á usted de utilidad su conocimiento,

El General Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas arjentinas: su honradez, coraje y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor á que usted le dispense toda consideracion.

Nada diré á usted sobre la reunion de Guayaquil á la República de Colombia : permítame usted, General, le diga, que creo no era á nosotros á quien pertenecía decidir este importante asunto: concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar á los intereses de los nuevos estados de Sud América.

He hablado á usted con franqueza General ; pero los sentimientos que expresa esta carta quedarán sepultados en el mas profundo silencio; si se trasluciere, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalerse para perjudicarla, y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.

Con el Comandante Delgado, dador de esta, remito á usted una escopeta, un par de pistolas, y el caballo de paso que ofre. cí á usted en Guayaquil; admita usted, General, esta memoria del primero de sus admiradores: con estos sentimientos, y con los de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de la América del Sur, se repite Su afectísimo servidor

JOSÉ DE SAN MARTIN.

SIMON BOLIVAR,
PRESIDENTE DE COLOMBIA ETC., ETC., ETC.

LIBERTADOR

Guayaquileños! Mañana parto hacia los confines de la República, á visitar las provincias que las leyes de Colombia escudan con su proteccion, Yo os dejo un Jefe que el Cielo ha destinado para vuestra dicha; el General Salom es vuestro Intendente; y nada mas podeis desear. Será tan justa y prudente la administracion, como es sábia la Constitucion que nuestros Legis. ladores nos han dado.

Guayaquileños! Al separarme de vosotros, llevo un sentimiento de dolor. Os amo, porque sois buenos, patriotas, colombianos, en fin ; protesto que la ternura y gratitud hácia vosotros se mezclan en mi corazon; pero yo me lisonjeo con la esperanza de volveros á ver bien pronto, para haceros todo el bien que mereceis.

Cuartel General Libertador en Guayaquil, á 31 de Agosto de 1822.

SIMON BOLIVAR.

12.

Para complemento de todo lo relativo á Guayaquil, se inserta el siguiente documento que se cita en los oficios que se registran en las páginas 25, 26, 35, 41, 47 y 49.

ARMISTICIO Concluido entre el Presidente de Colombia y el General

en Jefe del ejército español. Deseando los Gobiernos de España y de Colombia transigir las discordias que existen entre ambos pueblos; y considerando que el primero y mas importante paso para llegar á tan feliz término es suspender recíprocamente las armas, para poderse entender y explicar, han convenido nombrar comisionados que estipulen y fijen un armisticio, y en efecto han nombrado, -- su Excelencia el General en Jefe del ejército expedicionario de Costa-firme, Don Pablo Morillo, Conde de . Cartajena, de parte del Gobierno español, á los señores Jefe Superior Político de Venezuela, Brigadier Don Ramon Correa, Alcalde Primero Constitucional de Caracas, Don Juan Rodriguez Toro y Don Francisco Gonzalez de Linares; y su Excelencia el Presidente de Colombia, Simon Bolivar, como Jefe de la República, de parte de ella, á los señores General de Brigada Antonio José de Sucre, Coronel Pedro Briceño Mendez y Teniente Coronel José Gabriel Perez, los cuales habiendo cangeado sus respectivos poderes el veintidos del presente mes y año, y hecho las proposiciones y explicaciones que de una parte y otra se han deseado, han convenido y convienen en el tratado de armisticio, bajo los pactos que constan de los artículos siguientes:

ARTICULO I.

CHE BILO V 3511) 774 Tanto el ejército español como el de Colombia suspenden sus hostilidades de todas clases, desde el momento que se comunique la ratificacion del presente tratado, sin que pueda continuarse la guerra, ni ejecutarse ningun acto hostil entre las dos partes en toda la estension del territorio que posean durante este armisticio.

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ARTICULO II. La duracion de este armisticio será de seis meses, contados desde el día en que sea ratificado: pero siendo el principio y base fundamental de él la buena fé y los deseos sinceros que animan á ambas partes de terminar la guerra; podrá prorrogarse aquel término por todo el tiempo que sea necesario, siempre que, espirado el que se señala, no se hayan concluido las negociaciones que deben entablarse y haya esperanza de que se concluyan.

Las tropas de ambos ejércitos permanecerán en las posiciones que ocupen al acto de intimárseles la suspension de hostilidades: mas siendo conveniente señalar límites claros y bien conocidos en la parte que es el teatro principal de la guerra, para evitar los embarazos que presenta la confusion de posiciones, se fijan los siguientes:

1.° El río de Unare, remontándolo desde su embocadura al mar hasta donde recibe al Guanape: las corrientes de éste subiendo hasta su origen : de aquí una línea hasta el nacimiento del Manapire: las corrientes de éste hasta el Orinoco: la ribera izquierda de éste hasta la confluencia del Apure: éste hasta donde recibe á Santodomingo: las aguas de éste hasta la ciudad de Barinas, de donde se tirará una línea recta á Boco. nó de Trujillo ; y de aquí la línea natural de demarcacion que divide la provincia de Caracas del Departamento de Trujillo,

2.° Las tropas de Colombia que obren sobre Maracaibo al acto de intimárseles el armisticio, podrán atravesar el territorio que corresponde al ejército español para venir á buscar su reunion con los otros cuerpos de la República, con tal que mientras que atraviesen por aquel territorio las conduzca un oficial español. Tambien se les facilitarán con este mismo objeto las subsistencias y trasportes que necesiten, pagándolos.

3.° Las demas tropas de ambas partes, que no estén comprendidas en los límites señalados, permanecerán como se ha TOMO III.

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dicho, en las posiciones que ocupen hasta que los oficiales que por una y otra parte se comisionarán, arreglen amigablemente los límites que deben separar el territorio en que se está obran. do, procurando transar las dificultades que ocurran para la demarcacion, de un modo satisfactorio á ambas partes.

ARTICULO IV.

Como puede suceder que al tiempo de comunicar este tratado se hallen dentro de la línea de demarcacion, que se han señalado en el artículo III, algunas tropas ó guerrillas que no deben permanecr en el territorio que estén ocupando, se convienen:

1.° Que las tropas organizadas, que se hallen en este caso, se retiren fuera de la línea de la demarcacion, y como tal vez se hallen algunas de estas pertenecientes al ejército de Colombia en las riberas izquierdas del Guanape y del Unare, podrán éstas retirarse y situarse en Píritu ó Clarines, ó algun otro pueblo inmediato; y

2.° Que las guerrillas que estén en igual caso se desarmen y disuelvan, quedando reducidos á la clase de simples ciudadanos los que las componían, ó se retiren tambien como las tropas regladas.

En el primero de estos dos últimos casos, se ofrece y concede la mas absoluta y perfecta garantía á los que comprenda, y se comprometen ambos Gobiernos á no enrolarlos en sus res. pectivas banderas durante el armisticio, antes por el contrario permitirles que dejen el país en que se hallan y vayan á reunirse al ejército de que dependan al tiempo de concluirse este tratado.

ARTICULO V. Aunque el pueblo de Carache está situado dentro de la línea que corresponde al ejército de Colombia, se conviene en que quede allí un Comandante militar del ejército español con una observacion de paisanos armados que no excedan de veinticinco hombres. Tambien se quedarán las justicias civiles que existen actualmente.

ARTICULO VI.

Como una prueba de la sinceridad y buena fé que dictan este tratado, se establece que en la ciudad de Barinas no po. drá permanecer sino un Comandante militar por la República con un piquete de veinticinco hombres de paisanos armados

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