Imágenes de páginas
PDF
EPUB

la primera division que de esa República vino en 1822 á tener parte en la guerra de la independencia del Perú. La conducta, empero, de los jefes que la mandaban : su denegacion á unirse á las fuerzas peruanas: su pretension de obrar aisladamente y ocupar una provincia de que estaban remotos los peligros: y sobre todo las onerosas é inauditas condicioues que propusieron tenazmente al Gobierno del Perú, le obligaron a despedirla como inútil y gravosa. Se trastornaron enteramente los planes de campaña, y su éxito, que con la fiel cooperacion de los auxiliares hubiera sido favorable y derribado completamente el poder español, aumentó las desgracias del país, incapaz de reponer prontamente con fuerzas propias, el vacío que dejaban los auxiliares, que habían entrado en cálculos para dar principio a las operaciones militares. Con tan desleal conduce ta retornaron los jefes de la division mandada por Bolivar, los costosos y heróicos sacrificios del Perú, para socorrer á Colombia en las terribles angustias de ser derrotados sus ejércitos y de haber perdido el General Bolivar una fuerte division que le era imposible rehacer.

Los españoles, entre tanto obtuvieron una victoria, que debió haber sido su total derrota, si el Gobierno del Perú hubiese podido disponer de las fuerzas auxiliares, para ocupar las provincias que el enemigo dejaba sin guarnicion y sin defensa. Terribles consecuencias de este contraste fueron no solo las pérdidas de nuestro ejército, sino tambien las convulsiones políticas que se dejaron sentir en la República y la necesidad altamente dolorosa de volver á recibir en su seno auxiliares en quienes no podia ya confiar, recelando justamente que viniesen á mandar, no á contribuir como amigos á la libertad de la Nacion. Sucesos posteriores confirmaron que tal habia sido su funesta mision. Al tocar esta época desastrosa, podría el Gobierno del Perú desenvolver los torcidos medios que puso en obra el jefe de las fuerzas colombianas para reagravar la azarosa situacion de la República y llevarla á término de tal flaqueza y disolucion, que se viese obligada á arrojarse en los brazos de un extranjero, que se allanaba de este modo los caminos, para apoderarse en paz y en guerra del supremo man. do sobre pueblos oprimidos por sus satélites armados. Mas si la prodigiosa victoria, que las tropas de Colombia nos ayudaron á conseguir en Ayacucho, borró enteramente de la memoria de los peruanos tan justos motivos de resentimiento, aún cuando se les denegaba la gran porcion de gloria que adqui. rieron en accion tan memorable, consecuente el Gobierno del Perú á este acto inimitable de generosidad nacional, debe pasarlos en silencio, y solo á traer á cuenta la crecida lista de insultos y de ultrajes que se infirieron a la Nacion, desde el mo.

mento en que, vencidos los antiguos enemigos de su independencia, no le permitió el General Bolivar gozar de su libertad, ni regirse por otras leyes, que por las que él dictase, para samirla en la abyeccion y en la nada, á que jamás se vió reducida ántes, á pesar

de sus varios reveses en la guerra. Concluida, con la victoria de Ayacucho, la monstruosa dictadura del General Bolivar, reunió éste el Congreso que se la había conferido, y que habiendo dado al país una Constitucion provisoria, no podía ser convocado nuevamente, por haber llenado el objeto fundamental de los poderes precarios y presun. tos de que estaba investida la mayoría de sus miembros, mien. tras todos los pueblos pudieran elegir por sí mismos sus legí. timos representantes. A esta representacion devolvió el poder dictatorial, seguro de que lo continuaría en su persona, á pretesto de no estar aún consolidada la República, como si la organizacion social, la paz y el reposo de los pueblos pudiesen nacer de iin poder que no reconoce ley alguna. Tuvieron lu. gar entonces escenas vergonzosas, en que el Dictador, afectando horrorizarse de este nombre, se convenía con ejercer el ab. solutismo, bajo una denominacion que disfrazase sus excesivas é ilegales facultades, y el título dulce y afectuoso de Libertador que designó por medio de sus agentes, encubrió la odiosa y excecrable dictadura, solo tolerada y soportable en los peligros de una situacion desesperada.

El General Bolivar, ya en pacífica posesion de un mando ili. mitado, dirigió todos sus conatos á sacrificar á su interés personal la existencia y libertad del Perú. Convocó un Congreso cuya instalacion impidió despues, por no convenir á sus pro. yectos, intimidando a la capital con el retiro de sus tropas, y con golpes atroces de terror y sangre y asustándola con el fan. tasma de la anarquía, al paso mismo que sus agentes prefiriendo sus medras personales á sus deberes, infundían el desaliento con la horrible idea de la venganza que Bolivar tomaría de la injuria que juzgaban inferírsele, dejando en sus manos sola. mente un poder legal en vez del absoluto que ejercía. Entón. ces el Consejo de Gobierno, agente subalterno, y forzado á obrar en la direccion que el Dictador le daba, instigó á las corporaciones y á sus mas insignificantes funcionarios, para que humildemente pidiesen su permanencia en el Perú, aunque en nada le era necesaria, y de cuya ambicion mal disimulada'ya todo era de temerse. Así se logró, al cabo, dar una falsa popularidad a las medidas que suscribió la mayoría de esa famosa representacion, que de uno en uno y separadamente se les presentaba por hombres vendidos al Dictador, que agotaban todos los recursos de la astucia, para doblegar el patriotismo de los unos, para halagar el egoismo de los otros, y para deci

dir la incertidumbre de los que vacilaban entre la constancia con que debieran sostenerse, y las calamidades que les presagiaban si no se acomodaban á la ley del conquistador.

Con la suspension del Congreso removió Bolivar el único poderoso obstáculo que se le presentaba, sin preverlo en su carrera de ambicion; y nada pudo ya impedirle que desplegase enteramente los últimos resortes de su maléfica política, y revelase sin embozo el objeto á que tendían uniformemente sus hechos anteriores. Dió la Constitucion Boliviana, hollando todas las formas; despreciando la soberanía de los pueblos ; despojando a la Nacion de la facultad de darse leyes, en cuya esencial prerogativa consiste su independencia; y se estableció monarca del Perú, logrando por la coaccion que reuniones de hombres sin poderes ni mision, le entregasen de por vida y sin responsabilidad alguna la administracion de la República.

Necesario ha sido dar esta rápida ojeada sobre los procedimientos políticos del general Bolivar, para que las naciones todas se convenzan de la injusticia con que acusa de ingrata á la Nacion Peruana, y le ha declarado la guerra á nombre de Colombia, con quien el Perú ha mantenido y mantiene intacta una amistad pura y sincera, cimentada en uniformidad de inte. réses, y fomentada, además, por los recíprocos servicios que generosamente se prestaron para obtener su independencia. Con vanos y ridículos pretestos procura el General Bolivar encender la enemistad y el odio, para restablecer, con daño de ambas Repúblicas, el poder absoluto de que se sustrajo el Perú, á quien no podrá imputarse infraccion alguna del derecho de las naciones, ni haber faltado, respecto de Colombia, al menor de sus compromisos.

Con heróica paciencia había sufrido la permanencia de fuerzas extranjeras inútilmente graves, que sin el consentimiento de la Nacion conservaba en su seno el General Bolivar, con el exclusivo objeto de mantenernos sometidos á su caprichosa voluntad. El Congreso Provisorio del año de 25 no solicitó de Colombia una division auxiliar: solicitó la permanencia de Bolivar, esperando del prestigio que entonces le rodeaba, y

de la buena fé de que le suponía animado, el establecimiento gradual de un régimen beneficioso y libre, y que terminara en la cumplida observancia de la Constitucion de la República. Las tropas colombianas no se hallaban, pues, en el país, para mantener el orden y asegurar la tranquilidad, ni estaban en relacion con otros intereses, que los personales de Bolivar.

Cuando el poder de las facciones y el furor de la anarquía demandaban la presencia de Bolivar en Colombia, se apartó éste del Perú, sin llevar consigo, cual debiera, las tropas auxiliares. Determinadas estas á no ser indiferentes á las disensio

nes de su patria, intentaron un movimiento, que si la disciplina militar lo condena, lo absuelve el amor patrio. Militares que habían derramado su sangre por la libertad de su país, que habian jurado sostener sus instituciones y las veían en riesgo de ser destruidas, se dejaron arrastrar del impulso patriótico que los había hecho resistir tantos peligros; cedieron al ejemplo de sus compañeros de armas, que en Colombia tomaban parte en tan noble contienda y efectuaron una revolucion que sus jefes no constitucionales no pudieron ni prever ni contener. ¿Qué seduccion ni qué aliciente pudieran ofrecer los mandatarios del Perú á militares á quienes no eran indiferentes el honor y la gloria, y que obrando de otro modo juzgaran faltar á su deber, y marchitar sus laureles y perder su reputacion? La insurreccion de las tropas colombianas no tuvo en el Perú otra causa que la misma que producía la universal combustion de Colombia. El Gobierno del Perú está satisfecho de que basta observar el curso de las revoluciones y los resortes del corazon humano, para convencer al mundo de que en el movimiento de las tropas no ha tenido la parte que, por calumniarle, le atribuye el General Bolivar. Esta sencilla exposicion será suficiente para todo hombre imparcial; pero la respuesta peren. toria. á esta insidiosa acriminacion es que el General Bolivar confunde estudiosamente las épocas y los hechos. El actual Gobierno no mandaba entonces ; era el General Bolivar quien mandaba el Perú por sí, ó por los Consejos Gubernativos puestos á su arbitrio, y que ciegamente le obedecían. Pues impútese á sí mismo si los resultados en este acontecimiento no correspondieron á sus proyectos: impútese á sí mismo el no cono. cer todavía bien el espíritu y temple de opinion del pueblo colombiano.

Consumada la revolucion de los auxiliares, faltó la fuerza que encadenaba la voluntad nacional, que se pronunció con energia irresistible contra la carta dada por Bolivar, y con entusiasmo entró el Perú en el pleno goce de sus derechos. Testimonio es este irrefragable de la opresion en que yacía y de su detestacion á la autoridad exótica de un jefe vitalicio. El Gobierno del Perú pidió entonces al de Colombia un jefe, que viniese á ponerse al frente de la division colombiana, y estaba resuelto a sostenerla en tanto que lo permitiese el reposo y seguridad de la República; mas los jefes pidieron trasportes para regresar a su patria, y no siendo prudente exponer el país á los efectos de una guerra, y á las reacciones que se preparaban, condescendió á cuanto pidieron, y la division salió de nuestro territorio. Supone gratuitamente el General Bolivar, que el Perú formó el proyecto de apoderarse con estas fuerzas de los tres departamentos meridionales de Colombia, en. cargándoles el atentado sacrilego de despadaxar á su patria.

Que en esto hubiese convenido el Perú con la division auxiliar; que para lograrlo llevase facultades é instrucciones ; que hubiese obrado conforme á ellas ; que en los pueblos de su patria haya proclamado la incorporacion al Perú, ó su total independencia de Colombia ; son hechos que debieran probarse con documentos auténticos, para poder asegurar, que el Perú obraba hostilmente contra Colombia al mismo tiempo que le hacía protestas de amistad: pero cuando tales acusaciones carecen de todo racional fundamento, y están públicamente desmentidas por los hechos, toca en lo sublime de la injusticia y de la falsedad, y manifiesta un ciego deseo de inventar agravios en que apoyar la declaracion escandalosa de guerra. Esas mismas tropas, que ahora se consideran encargadas del sacrílego atentado de despedazar á su patria, fueron presentadas entonces á sus compañeros de armas, como modelos de imitacion en su obediencia á las leyes, y en su fidelidad a la Constitucion que ha. bían jurado. Recomendacion es esta muy reciente, hecha por autoridades de aquel país, y de todos muy sabida, para que pueda haberla echado en olvido el General Bolivar; y muy clara, legal y terminante, para que pueda revocarse en duda la falta de sinceridad y la mala fé con que hace al Gobierno del Perú la mas grave ofensa y el ultraje mas doloroso.

Haber hecho salir la division auxiliar debió ser la primera atencion del Perú, desde que esas fuerzas no eran necesarias, y desde que sin un jefe nombrado por su Gobierno para mantener la disciplina, estaban expuestas á perder su moral, y á envolver al país en los horrores de las sediciones militares. Sin embargo, el Gobierno del Perú, exponiéndose á graves males, las mantuvo, dando tiempo á la llegada del General que había pedido. Mas cuando los jefes de la division pidieron su regre. so, ya no fué el Gobierno poderoso á detenerlos, y menos á impedir que ellos y sus tropas se creyeran agraviados, y que sospechando que el Gobierno favorecía el partido enemigo de la Constitucion de su patria embarazándoles que fuesen á defenderla ; rompiesen contra el hostilidades, y el Perú inocente se anegase en la sangre de sus hijos, convirtiendo imprudente. mente en enemigos á los que podían recordar el terrible poder que ejercieron cuando combatían, bajo un ambicioso feliz, en nombre de la patria. De aquí la presteza en equiparlos completamente, á pesar de las angustias del Erario, y el haberse sometido el Gobierno á cuantas condiciones se exigieron, á mantener cerrado el puerto del Callao, y á tolerar que impi. diesen la salida del buque en que el Agente de Colombia comunicaba a su Gobierno la marcha de la division auxiliar. Si el General Bolivar, para hacer jurar su Constitucion y hacerse recon ocer por Presidente vitalicio, no hubiese concentrado en la TOMO III

22

« AnteriorContinuar »