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agravios; y entre sus temerarias proposiciones, designó unas contrarias á los tratados existentes entre ambas Repúblicas, y otra horriblemente injusta y apoyada en un convenio clandestino en que se halla implícitamente rechazada. Tales fueron los únicos medios con que manifestó el General Bolivar hasta qué punto llegaban sus deseos de la paz y la conciliacion,

No era llegado el caso de exigir la satisfaccion de la deuda del Perú á Colombia : estaba estipulado por el tratado de liga y confederacion de ambas Repúblicas, que se liquidasen en un convenio separado los cargos recíprocos que resultasen de subsidios prestados en la guerra, sin especial acuerdo de los dos Gobiernos. Que á esta clase pertenezcan los auxilios cuya satisfaccion se reclama, lo pone bien en claro haber estado ya navegando las tropas auxiliares antes de pedirlas el Gobierno del Perú. - Tampoco era justa y racional ia devolucion de las provincias de Jaen y parte de la de Maynas, sin haberse discutido y aprobado el tratado de límites que debiera arreglar los de ambas Repúblicas que habían estipulado fijarlos por una transaccion especial. Solo de este modo debieran esclarecerse los derechos de Colombia á estas provincias que eran parte del territorio peruano, y cuya posesion implícitamente se obligó á no reclamar Colombia, dejando pendiente la demarcacion de los confines. De consiguiente, el Ministro del Perú no debió llevar instrucciones ni poderes para estos dos objetos, que no podía exigir el General Bolivar sin faltar abiertamente a los anteriores compromisos de Colombia.

Quien así violaba la fé de los tratados, y osaba demandar con amenazas lo que no había obligacion de concederle, ha obrado consecuente á sus principios, reclamando cruelmente el cumplimiento de un convenio destituido de solemnidades que le den valor y subsistencia : tratado que él mismo se ha avergonzado de publicar, y cuya ratificacion jamás ha solicitado. Tal es el tratado que ha desconocido el Ministro del Perú, y por el que se reclama elireemplazo numérico de las bajas de los cuerpos colombianos. (1) Lo celebró el General Bolívar con un comisionado particular del llamado entonces Presidente del Perú, sin poderes para una negociacion inaudita é inhumana, cuyo objeto fué uno de los poderosos motivos que determinaron al Perú á despedir los primeros auxiliares venidos a su territorio despues de la famosa batalla de Pichincha. Si el Gobierno del Perú, con una barbarie que no horroriza al General Bolivar, y despreciando, como él, los derechos de la naturale. za, se hubiera avenido á tan inhumano cambio, lejos de hallarse

(1) Ese Convenio fué celebrado en Guayaquil, el 18 de Marzo de 1823. Se ipserta mas adelante.

obligado, con justicia reclamara un gran residuo de los millares de peruanos arrastrados á morir en Colombia, por el General Bolivar, que redujo á cuadros los cuerpos peruanos ; para que careciendo el Perú de ejército propio fuera incapaz de resistir á las fuerzas colombianas, con las que creyó establecer y consolidar su odiosa dominacion. Pero el tratado mismo en que se apoyara esta reclamacion, si fuera bueno y valedero, no la concede despues del regreso de los auxiliares á su patria. Ofrece los reemplazos peruanos, durante la guerra, con el fin de que tuviese el ejército de Colombia la fuerza necesaria para operar, y no por otra razon, que ser muy costoso y dificil á Colombia; llenar las bajas con reemplazos enviados de su territorio. La guerra ha terminado: no hay en el Perú cuerpos colombianos: ha desaparecido el objeto y el motivo único y expreso de esta obli. gacion : ¿ y por qué se había de exigir su cumplimiento ? Los auxiliares sostenían con grandes ventajas una contienda que les interesaba no menos que a los que habían venido á socorrer defendían la independencia de Colombia en el Perú. En fin, para hacer esta bárbara reclamacion es preciso ignorar hasta los rudimentos de esta clase de transacciones, que están al alcance aún de los militares menos estudiosos.

El lenguaje duro y arrogante del Ministerio del General Bolivar, movió al Enviado del Perú á no mostrarse débil y sumiso, y á responder con firmeza y moderacion, cual cumplía al Representante de una Nacion independiente, pronta á transigir amigablemente, pero sin mengua de su honor, las diferencias verdaderas ó supuestas que existían entre el Perú y el Ge-. neral Bolivar. Mas éste se ha ofendido altamente de'que nuestro Ministro no se hubiese intimidado, y le acrimina de haber prodi. gado injurias é insultos al Gobierno, á los Generales de Colombia, å sus tropas y á todos los colombianos, como si aún tuviera avasallado al Perú con tropas extranjeras, y no amasen sobre todo los buenos colombianos, el puro acento de la verdad, y la valerosa oposicion de un pueblo libre á los descomedimientos de un ti. rano.- Injurias é insultos se prodigaron al Perú en la persona de su Ministro. No se le recibe en público; se le niega una audiencia con el General Bolivar, que se excusa en el día señalado por su Ministro para verificarla : no se le deja abierto otro camino para desempeñar su mision, que una correspondencia privada; y finalmente se pretestan dudas sobre la legalidad de sus poderes, cuando ya se proponían las bases de un avenimiento; y necesitado á retirarse se le expide pasaporte como á un particuiar, negándole lo que aún á éstos se concede, y seña. lándole la ruta que forzosamente debía seguir en su regreso. Así el General Bolivar, ha resistido reconocer la soberanía del Perú, la legitimidad de su Gobierno, y reduciendo á su Pleni

potenciario á un carácter privado, ha violado las leyes primordiales del derecho de las gentes : y puesto el colmo á los agra. vios que ha inferido al Perú, quitando de una vez' toda esperanza de acomodamiento.

Pendiente la mision, se hacían al Perú nuevos ultrajes por el jefe que mandaba en Bolivia las tropas colombianas, cuyo tránsito por el territorio peruano se había pedido por el Presidente colombiano de aquella República. El Gobierno del Perú concedió su permiso para que se embarcasen en Arica, sin embargo de que bien podía mirar como enemigas á las que su jefe había proclamado en un sentido que anunciaba el rompimien. to de hostilidades contra el Perú, y de envolver una sospecha muy fundada el hecho de querer embarcarlas en el Perú existiendo puerto en Bolivia, en que aseguraba su Gobierno hacer todo lo necesario para establecer un comercio actiyo con el interior.

Sublevase entre tanto un batallon colombiano acantonado en la Paz. El General Bolivar atribuye la sedicion á los Generales del Perú y á la demora del Congreso Peruano en permitir. les el paso por su territorio, como si ya no hubiese multitud de ejemplos anteriores de desobediencia en los cuerpos colombianos residentes en su patria, y en cualquier otro punto donde se les hacía servir para la opresion de los pueblos; y como si los Generales peruanos pudieran ejercer alguna influencia en jefes extranjeros colocados á una larga distancia. El movimiento del batallon colombiano estaba en la naturaleza misma de las cosas, y era una consecuencia necesaria de guarnecer pueblos que naturalmente se valían de todos los me. dios para romper los hierros de una dominacion extraña. El Gobierno del Perú se complació en este acontecimiento, que se le comunicó bajo el aspecto de ser la entera libertad de Bolivia; pero es tan falso que elogiase el procedimiento de los sublevados, en su periódico oficial, (cuya publicacion se hallaba entonces accidentalmente suspensa ) como distante de toda verdad, que se haya recibido con honor y prodigado las mayores consideraciones en Lima, al sarjento autor principal de aquel movimiento, siendo casi ignorada en esta capital su llegada, y permaneciendo él en la oscuridad, sin distincion ni recompen. sa de ninguna clase. Mas nada tienen de extraño calumnias semejantes en la pluma de un hombre, cuya política ha sido siempre imponer, alucinar con voces y palabras, dominar en el hecho, y que diestro en dar un aspecto odioso á las mas justas y sencillas acciones, finge atentados para cebar su ira en los que tienen virtud bastante para resistir su poder.

En tanto el Gobierno del Perú no pudo conseguir del Presidente de Bolivia explicaciones sobre la alocucion injuriosa é insultante, dirigida por el General colombiano á las tropas de TOMO III

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su mando. Este silencio reagravó las anteriores pruebas de la hostil disposicion del Gobierno de Bolivia, que tocó al último grado de certidumbre al saber el Gobierno del Perú que el General Bolivar previno á Sucre desde Ocaña que le comu. nicaría noticias y órdenes desde Bogotá á donde marchaba con celeridad. El Gobierno del Perú se penetró entonces de la dolorosa idea de una guerra indispensable con Bolivia para poner en salvo á la República de las asechanzas combinadas por estos dos jetes y de la agresion que preparaban para cuando sus fuerzas estuviesen en aptitud de obrar.

Mas se articipó la Nacion Alto-peruana, pronunciándose abiertamente contra sus opresores, y pidiendo con instancia el socorro del Perú, para evitar las calamidades que acompañan á los cambiamientos políticos cuando puede oponérseles la fuerza de las armas. Por las continuas invitaciones y encarecidos ruegos de los pueblos, el General peruano interno su ejército en el territorio de esa República, proclamando sus intenciones de paz, su ninguna intervencion en el Gobierno que se diera; y haciendo entender á las tropas colombianas, que no debían ser parte en la contienda, fieles á su deber y á los principios reco. nocidos y jurados en Colombia. Felizmente la terminacion de estos sucesos desmiente las calumnias del General Bolivar; y convence de que el Perú no llevó allí la guerra, sino la inde. pendencia; no la conquista y la opresion, sino la libertad y el reposo. El pueblo se constituye por sí mismo, no vé a su frente extranjero alguno que impida su marcha: del mas vergonzoso pupilaje, de la abyeccion mas ignominiosa se levanta á figurar entre las Repúblicas del Mundo Nuevo. El ejército peruano se retira, no cargado de la execracion que siempre sigue á los que han derramado la sangre de los pueblos sino en medio de las bendiciones de una Nacion que con su auxilio, ha restau. rado sus derechos y derrocado el despotismo extranjero.

Si el Perú amase la guerra, si su Gobierno no dirigiese todos sus conatos á conservar la paz, los ejércitos peruanos habrían ya penetrado en el territorio de Colombia para vengar los ultrajes é impedir la agresion con que le amenazaba el subalterno Dictador de los Departamentos del Sur de aquella República. Mas él ha llevado el sufrimiento hasta el extremo de tolerar nuevos insultos, sin emprender, como debiera, sobre las costas, ó traspasando las fronteras de Colombia. La escuadra del Perú se ha mantenido en sus posiciones, respetando, hasta que fué alevosamente acometida, los buques que tenian en la.mar el pabellon colombiano: el ejército se ha mantenido en actitud respetable, sin tomar la ofensiva, y sus jefes no le han proclamado hasta que á ello los precisaron las insolentes proclamas de los Generales enemigos.

El Perú no ha roto las hostilidades, ni ha completado sus aprestos navales y terrestres hasta que el General Bolivar ha dicho que se acercaba la hora de la venganza y que su presencia iba á ser la señal del combate. ¿Cuáles son, pues, las expediciones de guerra por parte del Perú? ¿Cuáles las hostilidades que ha roto con Bolivia, ni cuáles las que ha abierto con Colombia antes de ser provocado por el General Bolivar y sus tenientes? Pero conviene á los intereses de este General, que se fomente la enemistad al Perú, y valerse de las tropas de su patria para conquistarlo, y que a su vez las de éste sirvan para subyugar aquella. De otro modo no añadiera á los calumniosos pretestos que hacen el fondo de su manifiesto de guerra, el ridículo y miserable.de haberse enarbolado la bandera peruana en un baile del carnaval que tuvieron los soldados peruanos, reunidos amigablemente con los de Colombia en el pequeño caserío de Zapotillo.

El Gobierno del Perú podría oponer una série de verdaderos agravios á los supuestos en que el General Bolivar funda su declaracion de guerra. Pero ya que esta se ha hecho inevita. ble, ya que él todo lo sacrifica á sus aspiraciones de restablecer en el Penú su ominosa dictadura, y la paz se ha hecho inaccequible, el Gobierno del Perú sostendrá con honor una guerra, en la que el triunfo de su justicia ha de comprarse al doloroso precio de la sangre de sus hermanos de Colombia, y de la de sus propios hijos. Pero la suerte de estos.mismos hijos no deja en su mano otro medio que el de defenderse para no servir, y para impedir que sus vidas y fortunas sean despojo de la avidez de un extranjero, que solo vende la paz por injentes sumas de dinero que nos exige, y por el destierro de la juventud peruana á los mortíferos cliinas de Colombia. A tan extra. vagantes é inhumanas condiciones quedará sujeta la Repúbli. ca, si traicionando el Gobierno del Perú la confianza de los pueblos, si faltando cobardemente á sus deberes, dejara cebar en ellos la crueldad del hipócrita, que afectando no hacer la guerra á la Nacion, propone para no verificarla, empobrecer y despoblar sus provincias. De manera que sea por la paz, sea por la guerra, nos amenaza la devastacion y la servidumbre. Caigan, pues, todos los males de tan justa resistencia y toda la execracion americana sobre quien nos arrastra á tan dura extremidad.

Aunque existiese la Confederacion Americana, á que la República del Perú no ha debido concurrir, desde que ha estado agitado de la guerra civil, el pais á que fue trasladada ¿qué respeto prestaría á sus decisiones un guerrero audaz, ministro del génio del mal, para establecer en el Nuevo Mundo el reino de la discordia, y para cubrir de ignominia á la América presentándola incapaz de darse por sí misma leyes, órden y paz?

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