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Queda ratificado por mí y aprobado en todas sus partes cuanto se ha transado en la presente negociacion.

JOSE BOTERIN.

Como Comandante General que soy de la presente Escua. dra Contratante, ratifico y apruebo en todas sus partes los an, teriores tratados que se han celebrado por mi antecesor; y

á fin de que se dé el debido cumplimiento por esta Escuadra. (1)

A bordo de la fragata “Presidente,” Enero 20 de 1829.

HIPÓLITO BUCHAR,

República de Colombia.-Cuenca, Enero 28 de 1829. Excmo. Señor: En consecuencia de mis comunicaciones desde el Callao con el Gobierno Peruano, he sido autorizado por el de Colombia para entender en los negocios de esta República con la del Perú, y continuar la guerra ó restablecer la paz. Aceptando este encargo he llegado aquí ayer, y siguiendo el primer impulso de mi corazon de ahorrar la sangre americana próxima á derramarse en la presente campaña, invierto mis oficios por evitar que los soldados que á mis órdenes pelearon por la independencia, empleen sus armas para destruirse recíprocamente, y dar este triunfo al enemigo comun. Generoso por carácter, olvido mis agravios personales cuando media la causa pú. blica, y en lugar de venganzas y de los estragos de la guerra, ofrezco al Gobierno Peruano la concordia entre los dos pueblos.

Presento á V. E. estos sentimientos de conciliacion en el momento en que atraído V. E. por los ardides del General en Jefe del Ejército del Sur á nuestro territorio, se halla comprometido á una batalla cuyas probabilidades no están en su favor.

No es mi intento arredrar á V. E. con los peligros de que está rodeado. Sé que un valeroso, es excitado por los riesgos mismos á buscar mayor gloria; pero V. E. sabe tambien á cuánta costa la procurará inútilmente, porque conoce lo que vale un

(1) Se cumplieron.-El 1. de Febrero de 1829, ocuparon las tropas peruanas la ciudad de Guayaquil.

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Se sirve V, E. comunicarme con fecha 28 de Enero anterior, estar autorizado por el Gobierno de Colombia para continuar la guerra ó restablecer la paz con la República del Perú. Los deseos que V. E. manifiesta de evitar el derramamiento de sangre entre pueblos hermanos, no pueden ser mas ardientes que los mios. Yo haría cualquier sacrificio como no fuese el de los intereses y el honor del Perú, porque nos uniera perpétuamente un lazo fraternal: y estoy pronto á admitir, en cuanto alcancen mis facultades, toda propuesta que pueda conciliarse con las determinaciones del Congreso y del Gobierno de que dependo.

Desde que se tuvieron los primeros datos de que podría haber un rompimiento, el Perú envió a la capital de Colombia un Plenipotenciario, para que diese explicaciones sobre los agravios que se suponía haber inferido á aquella Nacion, y en vez de la acogida favorable que debía creerse tendría el Mi. nistro Peruano, tanto por las relaciones que existían entre los dos Estados, como por el objeto de su mision, se vió con asom.

bro que fué recibido con desaire y tratado con un tono de su. perioridad y desprecio que no podía dejar de manifestar de un modo indudable los proyectos que se formaban. Se desatendieron sus razones, y por último se desconoció su carácter público, agraviándolo aun en el pasaporte que se le dió para su vuelta. El mundo imparcial ha visto lo relativo á esta mision, y su juicio ha sancionado ya nuestra justicia. El señor Coronel O'Leary comunicó ciertamente haber recibido poderes de ese Gobierno para entablar negociaciones: se le contestó que manifestase las bases sobre las cuales debia negociar, y su réplica fué que ellas serían la estricta justicia. V. E. conocerá que esta proposicion incierta y vaga no ha podido satisfacer al Gobierno del Perú. En los asuntos internacionales cada uno pretende apoyarse en la justicia, y así, decir que ella será la base de una negociacion, es no decir otra cosa que sostener cada uno sus pretensiones. Presente V. E. o el señor O'Leary unas bases mas determinadas, y si ellas fuesen equitativas no habrá impe. dimento alguno para dar principio a las negociaciones.

Si no se versaran tan grandes intereses, yo habría devuelto á V: E. la comunicacion a que contesto. V. E. agravia en ella al Ejército Peruano, que si ha penetrado al territorio de Colombia, lo ha hecho confiado en la justicia de su causa, en su fuerza moral y física, y en la opinion de los pueblos cansados de sufrir un yugo insoportable de que ya Guayaquil está libre. Irritar los ánimos, no es el medio de buscar una conciliacion.

El Perú jamás ha tenido miras ambiciosas: él no ha abierto la campaña sino despues de haber sido insultado y provocado: una dura necesidad le ha puesto las armas en la mano, y no vacilará para deponerlas siempre que la paz pueda conciliarse con su seguridad y con su honor.

Pero si fuese necesario continuar la guerra, el campo de batalla y no las jactancias indignas de los valientes, será lo que acredite de qué parte está la superioridad. Soy de V. E. muy atento servidor.

JOSÉ DE LA Mar. Excmo. Señor General Antonio José de Sucre, Jefe Superior

del Sur de Colombia.

Excmo. Señor: Anoche he' recibido la comunicacion con que V. E. contesto ayer á mi nota del 28 desde Cuenca. Deseo no entrar en explicaciones sobre los motivos que tuvo mi Gobierno

para la

inadmision del Plenipotenciario Peruano que pasó á Bogotá ; porque ellos fueron suficientemente expresados entonces, y ahora solo servirían á extraviarnos de nuestro designio – La falsa posicion en que llegaron a colocarse Colombia y el Perú, parecía que naturalmente las condujo a romper esas ambiguas relaciones, para establecer otras sobre bases fijas, bien fuera para la victoria, 6 por estipulaciones.

Lo confirma que al acto‘mismo de la declaratoria de la guerra, se siguió una mision de paz. Esto prueba que jamás existieron los proyectos de conquista que se suponen, y lo justifi. ca tambien nuestros procederes en no enviar jamás al Perú agentes que dislocaran la administracion, ni aún para retribuir los conatos con que se pretendió sublevar nuestros pueblos.

Es cierto que se pidieron al señor coronel O'Leary las bases sobre que el Gobierno de Colombia ofrecía la paz; pero además de que esto es una fórmula inusitada, él contestó que no tenía condiciones 'extrictas, porque eran amplios sus poderes para tratar. Esto mismo podría yo responder ahora a la indicacion de V. E.; pero habiéndose supuesto que no procedemos con franqueza, y que el Gobierno de Colombia, aprovechando el espíritu emprendedor y militar de sus soldados, solo piensa en conquistas, no tengo embarazo en remitir á V. E. en la minuta adjunta, las principales bases de una negociacion de paz, y en las cuales hallará V. E. que no pretendemos sino lo justo. Tampoco hay embarazo de que el mismo coronel Oleary pase á explicarlas para evitar dilaciones en una transaccion, porque cualquiera que sea el horror que nos cause esta guerra, es mucho mayor el que nos produce ver sobre nuestro territorio un ejército enemigo, que humilla á una porcion de nuestros compatriotas. Preferimos en este caso la sangre, la muerte y todos Ios males, ántes que sufrir este ultraje a la tierra de los libertadores. Consideramos que el mundo culto verá con sorpresa, y aún con escándalo a dos ejércitos que pelearon ayer juntos por emancipar su patria, armarse hoy para destruirse, cuando á nuestras puertas mismas se hallan las armas españolas asechando el momento en que nos debilitemos por nuestras disensiones para renovar su dominacion; pero el mundo culto encon. trará sancionada nuestra justicia, observando que el primer paso de un Gobierno que tantos motivos de reconocimiento tiene hácia Colombia, sea invadir nuestros hogares y arruinar nuestros pueblos. Cualquiera que sea el resultado de la lucha, los hombres todos fallarán en nuestro favor. V. E. llega hasta hablar en su nota del yugo insoportable en que gimen nues. tros pueblos, y esto es ciertamente robustecer nuestra justicia. En todos los Estados hay descontentos y mucho mas en los nacientes donde las pasiones están desenfrenadas; tal vez algu

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ΤΟΧΟ πι.

aos pueden haber alucinado á nuestros agresores; pero el oirlos y protegerlos, es indigno de nn Gobierno limítrofe, regido por la decencia y la buena fé. Todos los dias se reciben en Colombia quejas contra la administracion peruana: se le supuso el Gobierno de una faccion de los liberticidas y se implora nuestra proteccion como de sus libertadores. El Gobierno de Colombia, desoye estas súplicas; porque nuestra misión al Pe. rú fué solo arrancarlo del poder español; y nuestra mision quedó gloriosamente concluida. Aún cuando fuera cierta la acusacion de V. E., ¿quién le ha autorizado para intervenir en nuestros negocios domésticos ?

-No es el escándalo mas espantoso que el Perú que necesitó de nuestros esfuerzos para de jar de ser colonia, pretenda ahora darnos preceptos y mezclarse en nuestras instituciones ?-¿y no es provocar á sus vecinos á un insigne acto de justicia para contener en sus límites a un Gobierno que marca su nacimiento por abrogarse el funesto derecho de intervencion y llevar la discordia a las naciones fronterizas? Cítenos V. E. cuál acto del Gobierno de Colombia ha manifestado una conducta igual hacia el Perú, no obs: tante los muy repetidos que hizo el pueblo peruano poniéndose bajo la proteccion del Libertador: Siento que V. E. me ha. ya impelido á extender en esta nota con reflexiones agenas de mi intento que es solo la paz; pero he debido hacerlo por el penúltimo párrafo de la suya. Deseamos sinceramente la paz; y si el Gobierno peruano la busca, del mismo modo vería con placer que ni en la negociacion, ni en las contestaciones, se recordarán sucesos pasados que nos alejan de la reconciliacion. En cuanto al último párrafo, ruego á V. E. que me excuse de responderlo; porque ventilándose aquí intereses de magnitud, sería innoble en mí el contestarlo. Soy de V. E. atento, obediente servidor

ANTONIO JOSÉ DE SUCRE.
Cuartel General en Oña, á 3 de Febrero de 1829.
Excmo. Señor General Presidente del Perú.

Minuta de bases para una negociacion de paz entre las Repúblicas

de Colombia y el Perú.

1.*

Las fuerzas militares del Perú y del Sur de Colombia se reducirán al pie de guarniciones y se determinará las que deban quedar en los dos países.

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