Imágenes de páginas
PDF
EPUB
[ocr errors]

encierra condiciones muy duras y sobre algunas de las cuales pronunciado

ya el 'fallo de su justa reprobacion. El Gobierno del Perú, sin dar una prueba rcprensible de flaqueza, y sin acarrear sobre sí una inmensa y vergonzosa responsabilidad, no podría obligarse á prestar su consentimiento å un Tratado lleno de insoportables condiciones, que reducen á la Nacion á recibir la ley mas dura que pudiera dictar un vencedor irresistible al pueblo mas débil y humillado... Y á, qué Nacion se ha jamás exigido la cesion de una parte de su terri. torio, rompiendo cruelmente los lazos que unen á sus habitantes con el resto de sus conciudadanos, con quienes han vivido bajo una misma fé política y en mancomunidad de derechos é intereses? Necesario fuera volver á divinizar el execrable derecho de conquista, y que abjurando la América los sanos y luminosos principios que desde su emancipacion ha profesado, se repitiesen en ella las escandalosas escenas, en que sin tener en nada la dignidad del hombre, cedían los soberanos sus vasallos, cual si fuesen su patrimonio, y ejerciesen sobre ellos el derecho de permutarlos y venderlos.

Es igualmente injusto y peregrino el exigir no solamente el monto de los auxilios enviados por Colonbia al Perú en la guerra de la independencia de América, sino tambien obligarle á pagar intereses que no se han estipulado; y que exclusiva. mente recaiga sobre el Perú todo el gravámen de una contienda igualmente útil á las dos Repúblicas, que habrían vuelto á la servidumbre si el poder español prevaleciera en el Perú. Conducta es esta tanto mas repugnante, cuanta fué la generosidad con que, sin atender á peligros interiores, y á: los grandes sacrificios á que estaba sujeta la República, volaron las tropas peruanas en socorro de Colombia, sin que por su cooperacion en la victoria de Pichincha hubiesen tomado un grano de arena, ni jamás se haya reclamado cantidad alguna por los gastos y mucho menos por los intereses que rindieran. La vez prime. ra es esta en que una Nacion, desatendiendo la justicia y equidad, convierte en productivas las deudas que de otra recla. ma, sin un Convenio precedente que regle sus recíprocas obligaciones y derechos.

Pero en qué principio de razon ni de justicia ha de apoyar sus pretensiones un enemigo, que, para imponer al Perú ia du. ra é insoportable obligacion de reponer con hijos suyos los de Colombia, muertos en la guerra de Independencia, hace valer como tratado solemne un documento particular, cuya existencia aseguran los comisionados de Colombia ? Cuando estas mis. mas condiciones se intimaron como el único medio de evitar la guerra, se nos decía obligados á los reemplazos por convenio que celebró un enviado del Perú suficientemente autoriza

[ocr errors]

do, y que no necesitaba de ratificacion alguna para obtener toda la fuerza de una estipulacion nacional. Ahora que se ha desvanecido la existencia de convenio semejante, se ocurre por último arbitrio á humillar á la Nacion, haciéndola pasar por

la promesa de un particular; y atacando su soberanía se le tuer. za á entregar sus hijos sin que por sí misma y de un modo legítimo hubiese en ello convenido. ¿Ni de qué otro modo que con documentos de ningun valor, podrá probarse nunca que exista una Nacion tan abatida, tan degradada y aún tan bárbara, que condescendiese á prestacion tan inhumana é inaudita ? ¿Ni cómo se dijera independiente, ni en el goce de la libertad sus ciudadanos, cuando la sola promesa de uno de ellos bastara á sujetarla á tan horrendos sacrificios? Esta sola condicion envuelve en sí la nulidad de todo el convenio, y ella sola mani. fiesta el espíritu que las ha dictado: admitirla sería envilecerse el Perú, hacerse digno del desprecio de las demás naciones, y que sus mismos hijos se avergonzasen de pertenecerle. Pero examinense las demás condiciones.

Todas ellas forman un Tratado en que se echa menos la igualdad, sin la que no hay contrato alguno racional y equitativo; y son demasiado gravosas al Perú, reuniendo en su conjunto todo lo que es capaz de alejarnos de la paz. El Gobierno Pe. ruano había de dar al de Colombia por la pretendida expulsion de su Agente la satisfaccion que se acostumbra entre las naciones, cuando con desaire de ellas se expulsa á su legítimo representante; mientras el de Colombia solo queda obligado á dar explicaciones satisfactorias por la inadmision de nuestro Plenipotenciario. Además, el Perú habría de restituir la corbeta “ Pichincha" y la plaza de Guayaquil, y entregar 150,000 pesos para cubrir la deuda que el Ejército y Escuadra del Perú hayan contraído en aquel Departamento y el del Asuay, y en retribucion de algunos perjuicios hechos á propiedades par. ticulares. ¿Qué compensacion encuentra el Perú en éstas y demás estipulaciones, en que el enemigo consultando sus ventajas, no ha tenido presente otro objeto que satisfacer sus deseos de venganza, prescribiendo condiciones en que el Perú solo es el obligado, y Colombia la que reporta el honor y el prove. cho? ¿Por qué no se consideran los perjuicios inferidos al Pe. rú, forzándole por la agresion mas injusta á sostener una cam. paña de que debieran ponerle á cubierto su buena fé, su paciencia, su generosidad y sus heroicos sacrificios, por evitar una guerra á que el General Bolivar y sus satélites le provocaron, cubriéndole de oprobio? ¿Hay justicia alguna para que el agresor reciba satisfacciones y reparos, y el ofendido cargue toda la responsabilidad que debiera recaer sobre el que ha da. do origen a las calamidades que afligen á los pueblos cuando sus diferencias se dirimen por las armas?

Se insulta atrozmente al Perú, forzándole a una alianza defensiva por medio de una guerra. Alianza que no puede con: traerse sino por buenos oficios, recíprocas ventajas, y por el mútuo respeto a las leyes fundamentales de las naciones contratantes. ¿Y cuál consideracion se ha guardado a las gen en el Perú, cuando se ataca tan abiertamente la independencia, la libertad y la soberanía nacional, sujetándole forzosa. mente á tratados y alianzas que no ha prometido, por medio de

personeros plenamente autorizados? Felizmente el mismo General Sucre ha roto este Convenio, presentando un nuevo motivo para que el Gobierno del Perú lo deseche como nulo bajo todos aspectos é insoportable en las condiciones que reglan los oficios de ambas partes contratantes. El ha observado una conducta contraria a la naturaleza misma de la paz, cebándose en nuestros prisioneros, y en los cadáveres de los bravos que rindieron gloriosamente sus últimos alientos por la defensa de su patria. Ha procedido de un modo incompatible con la esencia de las estipulaciones celebradas en Jiron, y quebrantado esa alianza prometida, levantando un monumento perenne de intamia al Perú, y decretando por premio distinciones que en sí inismas llevan la semilla de discordia y odio inextinguible entre los hijos de ambas Repúblicas.

Así los medios mismos con que el General Sucre solicitaba paz, han llegado a ser para el Perú nuevos y poderosos motivos de guerra y de venganza, y cuando simulaba querer ahor. rar la sangre de los hijos de dos naciones que nada tienen de enemigas, atizaba cruelmente los ódios y creaba rencores que fuesen perdurables. Tal es la línea de conducta que el General Bolivar ha trazado desde que proponiendo las mismas humillantes condiciones que ahora repite su teniente Sucre, declaró á la faz del mundo no haber para el Perú otro medio de evitar su ruina y su deshonra que sostenener dignamente con las ar. mas, la independencia y el honor de que se procura despojarle.

Pueblos del Perú! : el comportamiento de vuestros enemigos os fuerza a la prosecucion de una guerra que se hace inevita. ble, y que el Gobierno quisiera ver terminada por transaccio. nes amistosas y legales, y sin mengua de la Nacion que preside. Mas ya que es visto sernos esto negado, él prepara los elementos necesarios para que eontinuando la guerra, se conquiste una paz sólida y saludable á los dos pueblos que una suerte aciaga hace mirar como enemigos.-Vuestros representantes van á reunirse; á ellos solos toca fallar definitivainente sobre las transacciones celebradas en el campo de Jiron. Entre tanto el Gobierno os exigirá algunos sacrificios. ¿Y quién podrá ne. garlos al nombre de la patria?

República de Colombia -- Secretaria General de S. E. el Libertador

Presidente - Cuartel General en Quito, á 13 de Abril de

1829 -19.0 Al Honorable Señor Ministro de Estado y del Despacho de

Relaciones Exteriores del Perú.

Señor: El infrascrito, Secretario de Estado y del Despacho General del Libertador Presidente de Colombia, ha tenido la honra de dar parte a S. E. de la nota oficial en que el Excmo. Señor Presidente de la República del Perú comunica á S. E. el Gran Mariscal de Ayacucho, con fecha 17 de Marzo próximo anterior, haber mandado retener la plaza de Guayaquil á pretesto de diferentes agravios que se dicen inferidos al Perú antes de concluir el Convenio de Jirón.

El que suscribe, tiene orden del Libertador para manifestar al Gobierno del Perú que por el de Colombia se ha cumplido religiosamente aquel Convenio; y que ha visto con sorpresa que despues de tantas ventajas como ha logrado el ejército pe. ruano, en virtud de las estipulaciones de Jirón, se viole escandalosamente la fé de las naciones.

El Gobierno de Colombia no entrará á examinar por qué parte se alegan mayores agravios; y, respetando el inviolable sello de las ratificaciones, desconoce el derecho indefinido de exigir con amenazas la satisfaccion de ofensas que, sobre no te. ner la menor conexion con los tratados, harían interminable la guerra. Conviene solamente en que los preliminares de Jiron han debido imponer silencio a todos los resentimientos que existían antes y durante la campaña. A consecuencia de este principio, ni el Perú ni Colombia se hallan en el caso de recla. mar contra cualquier abuso de poder, ó contra las injurias positivas de un órden subalterno, que hubiesen tenido lugar por una ú otra parte. Limitarse extrictamente á cumplir con los artículos del Convenio, sería el modo mas eficaz de poner término á una guerra fratricida; y, concluyendo en el próximo mes de Mayo el Tratado definitivo que debe celebrarse en Gua. yaquil, se evitará (como dice S. E. el Presidente del Perú) que “la infeliz América se convierta, por injustos caprichos, en un teatro de sangre, desolacion y muerte.

Le es sensible al Gobierno del infrascrito que el del Perú funde, por su parte, la continuacion de hostilidades en una falta de generosidad para con los vencidos. Si tal conducta ha tenido lugar, el Gobierno lo ignora: y una indignidad semejante degrada mas á quien la comete que al que la sufre. Pero si hu

biera de investigarse de qué lado se encuentra mas cúmulo de injusticias durante la guerra, y antes de ella, no sería fácil que un parcial pudiera decidirlo. Además algunas son de tal naturaleza, que no podría exigirse una satisfaccion de ellas, ni aún darla, sin incidir en recriminaciones dolorosas que destruyesen hasta la buena inteligencia.

Por estas consideraciones el Gobierno de Colombia se limi. ta á preguntar categóricamente al del Perú: si se cumple 6 nó el Convenio de Jiron? ¿Si se falta a la capitulacion de Guayaquil?; y ¿si, en fin, ha de continuar la guerra entre ambas Repúblicas? Siendo estas cuestiones de importancia vital para el Perú

у
Colombia, parece que

debieran

ocupar

exclusivamente á los Gobiernos respectivos; y no perder un tiempo precioso en querellas que, ó no son justas, ó han de olvidarse, Sea, pues, permitido al infrascrito llamar la atencion del Gobierno del Perú, por el digno órgano del señor Ministro á quien se dirige, á la solucion de las cuestiones predichas, por una contestacion terminante.

Rehusar la devolucion de Guayaquil á las armas colombianas, es cometer en un mismo acto dos infracciones del Derecho de Gentes. Y si el Gobierno de Colombia ha mandado reocupar la mencionada plaza, si fuera menester por la fuerza, es, entre otras razones de estricta justicia, para librar á aquellos ciudadanos del incendio de las poblaciones, de los asesinatos que perpetran diariamente los malvados que alternan con las tropas de aquella plaza ; del saqueo, del robo y vandalage en que se ejercitan. Desde mediados de Febrero comenzaron los invasores sus ensayos feroces en la muy benemérita persona del señor General de Division José Mires, asesinado en union de otros prisioneros: y despues han continuado este ejercicio de crueldad y de muerte hasta en las personas mas sagradas, como en los sacerdotes, las mujeres y los niños. El que suscribe no se ha permitido añadir estas últimas cláusulas, sino para responder a diferentes cargos que hace el Gobierno del Perú á los súbditos de Colombia por actos casi irremedia. bles, cuando para repeler una invasion extranjera, se ocurre al empleo de las armas, y llega á hacerse la guerra con encarnizamiento. Pero terminada ésta, ajustados los preliminares de paz, al retirarse las tropas peruanas por la provincia de Loja, asesinan ciudadanos inermes; persiguen á las señoras por los montes; cometen torpezas inauditas; roban las casas; las in. cendian; destruyen las haciendas; talan los campos; perpetran, en fin, todo género de crímenes. Tan incivil como execrable conducta autoriza a la República para reclamar satisfaccion é indemnizaciones. Sin embargo, el Gobierno de Colombia y la Nacion misma solo piden la paz. El ilustre jefe, vencedor en TOMO III.

27

« AnteriorContinuar »