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Tarqui, consecuente á las instrucciones de su Gobierno, fué el primero en ofrecerla al ejército vencido.

Muy honroso es para el Secretario que suscribe el protestar al Señor Ministro de Relaciones Exteriores y, al Gobierno del Perú, que la República de Colombia no quiere la guerra ; y que, para obtener la paz, está pronta á no ahorrar sacrificio compatible con su dignidad. No se cree el Gobierno del in. frascrito degradado al expresar estos generosos sentimientos; porque no teme la suerte de los combates, cuando la injusticia viene á probar el temple de las armas colombianas.

Tampoco el Gobierno de Colombia, ni ninguno de la tierra, puede fundar la dicha del pueblo sobre las victorias obtenidas à precio de sangre y de destruccion. Con tan cordiales y sinceros sentimientos, desea el Libertador Presidente de Colombia la paz con el Perú.

Y al cumplir el infrascrito con el honroso deber de trasmi. tirlos al Gobierno del señor Ministro de Relaciones Exteriores á quien se dirige, aprovecha la oportunidad de asegurarle el respeto y distinguida consideracion con la cual tiene el honor de ser de US., señor Ministro, muy humilde, muy obediente servidor.

JOSÉ DE ESPINAR.

República Peruana. Ministerio de Estado en el Departamento

de Gobierno y Relaciones Exteriores. - Casa del Gobierno en Lima, 13. de Junio de 1829.

Al Señor Secretario de Estado y del Despacho General del

Libertador Presidente de Colombia.

El infrascrito Ministro de Estado del Despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, ha recibido órden de S. E. el Jefe Supremo de la República para contestar a la nota que, fechada en Quito á 13 de Abril último, fué dirigida a su antecesor por el señor Secretario de Estado y del Despacho general, del Excmo. Señor Libertador Presidente de Colombia.

Al cumplir con este deber, le es muy sensible al infrascrito no poder limitarse á aplaudir los sentimientos humanos y pacíficos en que abunda dicho documento: pues, conteniendo además alguna proposicion infundada, y ciertas quejas y reçri. minaciones, en sentir del Gobierno del Perú, poco justas, se hace indispensable, por desgracia, alguna discusion, para poner las cuestiones bajo su verdadero punto de vista, y sincerar al

Perú de la tacha inmerecida con que se trata de empañar la buena fé que ha guiado sus procedimientos.

En asunto tan ingrato, cuidará el infrascrito de ser laconico; pasando rápidamente sobre incidentes que deseara ver sepultados en eterno olvido; y seguirá el mismo órden observado en su'nola por el señor Secretario de Estado á quien tiene la 'honra de dirigirse.

Se asienta con plena confianza, que el Convenio de Jiron ha sido religiosamente cumplido por parte de Colombia, para fundar el extraño principio de que, á consecuencia de aquellas estipulaciones, ni el uno ni el otro país se hallan en el caso de reclamar contra cualquiera abuso de poder, ó contra las injurias positivas de un órden subalterno que hubieran tenido lugar por una y otra parte. Mas el Gobierno Peruano no puede convenir en semejante doctrina que le parece opuesta a los preceptos del derecho público, y capaz de producir males de mucha trascendencia, si fuese alguna vez admitida. Está bien que el Convenio de Jiron, como cualquier otro de su clase, impušiese silencio a todos los resentimientos que existían antes y durante la campaña; pero jamás podrá pretenderse con justi. cia que los nuevos agravios inferidos despues de la campaña sean comprendidos en ese mismo silencio. Esto sería dar márgen

á que una de las partes contratantes incurriese en abusos que sabía habían de ser encubiertos por la santidad del pacto préviamente celebrado. Es claro, para la razon menos perspi. caz, que si la guerra había sido originada por insultos y violencias, el repetirlas despues de formado un tratado de paz, daba suficiente motivo para romperle; y para renovar, aún con mas ardor, las hostilidades que tan efímeramente se había pretendido hacer cesar.

En el oficio escrito con fecha 17 de Marzo último por el Sr. General La-Mar al Señor General Sucre, se hace una formal reclamacion contra infracciones clásicas del Derecho de Gen. tes cometidas por los jefes de Colombia, y contra bárbaras violaciones de cuanto hay de mas sagrado entre los hombres, perpetradas ante sus ojos, con escándalo de la América y horror de la humanidad estremecida. En lugar de practicarse las averiguaciones que eran tan fáciles, tratándose de actos ejecutados delante de muchos testigos, y de dar todas aquellas satisfacciones propias de un Gobierno recto y generoso, se contenta' el señor Secretario General con decir que su Gobierno las ignora. Es verdad que semejantes indignidades degradan mas a quien las comete que á quién las sufre: pero no era esta suficiente razon para desentenderse de hechos atroces, por sí solos capaces de encender ódios encarnizados entre las dos naciones, y de perpetuar la deplorable lucha. No existe punto de comparacion entre las violencias que se dice cometidas en

la retirada del ejército peruano por soldados dispersos, sin jefes que pudiesen contenerlos, y aquellas ejecutadas á presencia de los jefes colombianos que debían respetar y honrar el valor traicionado por la fortuna.

No se detendrá el infrascrito en materia que presenta recuerdos tan amargos. Si la ha tocado, ha sido con el único objeto de indicar que, en semejantes circunstancias, nada era mas natural que la suspension de la entrega de Guayaquil, por la que se reconviene al Gobierno del Perú, en su concepto, con poca equidad. Injusto, degradante hubiera sido para el Perú haber callado sumisamente al recibir nuevos agravios, y cumplir exactamente las estipulaciones de un convenio tan desigual, en que todas las cláusulas onerosas son para él, todas las ventajosas para Colombia. Humillante hubiera sido soportar en silencio que se insulte al denuedo de los soldados

perua. nos, proclamando infundadamente que su ejército había sido vencido, cuando aguardó por algunas horas, en el llano, á que el de Colombia bajase á renovar el combate. Vergonzoso, en fin, hubiera sido consentir en que se inmortalizase una solemne impostura, levantando un monumento de baldon para guerreros á quienes, para ser los vencedores, no les faltó mas que la suerte. Si Colombia tiene honor y orgullo nacional, debe per: mitir que le tengan tambien los demás pueblos; y, si de veras quiere la paz, no debe tratar con ligereza esos actos subalternos que hieren la delicadeza de una Nacion en la parte mas sensible, ni exigir, al mismo tiempo, que vulneran é irritan, que por parte del Perú no se haga uso mas que de una paciencia sobrehumana, para cumplir con un convenio duro y bochornoso.

El Perú desea la paz con la mayor sinceridad. Nada será mas fácil que entenderse en caso que Colombia se halle animada de los mismos sentimientos. Destiérrese para siempre el lenguaje del insulto, y de una afectada superioridad; y podrán cumplirse los votos de los hombres justos é imparciales que lamentan con tanta razon la barbárie de una contienda tan insen. sata. Contestando el infrascrito á las preguntas contenidas en la nota del señor Secretario General á quien se dirige, tiene brden de su Gobierno de manifestar:

1.° Que no puede cumplirse por parte del Perú el Convenio de Jiron mientras no lo apruebe el Congreso á quien, segun nuestras leyes fundamentales, corresponde exclusivamente la sancion de toda especie de tratados internacionales. Y, procediendo con la franqueza que le caracteriza, el Gobierno del infrascrito debe anticipar desde ahora que su opinion es que el Congreso no podrá aprobar el mencionado Convenio en su actual forma, puesto que encierra condiciones excesivamente gravosas y aún indecorosas para el Perú.

2.* Que el Gran Mariscal, General en Jefe del ejército del Norte, ha recibido ya órden del Gobierno para proponer al Jefe del ejérciro colombiano una suspension de armas cuya duracion sea hasta tanto que las Cámaras resuelvan sobre la cuestion de la paz ó de la guerra; y que una de las estipulaciones de dicho Convenio podrá ser la restitucion de la plaza de Guayaquil.

3.° Que la continuacion de la guerra dependerá de las disposiciones del Gobierno de Colombia. Si quisiese exigir deferen. cias humillantes y sacrificios incompatibles con la dignidad ó la independencia del Perú, sería forzoso recurrir de nuevo al funesto partido de las armas. Mas, si guiado por los nobles sentimientos que se expresan en la nota del Señor Secretario de Estado, á quien contesta el infrascrito, tendiese al del Perú una mano amiga, será estrechada cordialmente ; pues el pueblo peruano decidido, cualesquiera que sean los acontecimientos, à limitarse á defender a todo trance sus hogares, presentando un valladar de fierro, detesta los tristes laureles teñidos con sangre de hermanos, y solo anhela por cultivar, bajo la sombra de la oliya, los dulces frutos de la industria y de la libertad.

El infrascrito Ministro aprovecha esta primera ocasion, para tener la honra de ofrecer al Señor Secretario de Estado y del Despacho general del Libertador Presidente de Colombia, las sinceras expresiones de su alta consideracion con que es de US., Señor Ministro, atento servidor.

MARIANO ALVAREZ.

ARMISTICIO.

En el cuartel general de Piura, á los diez dias del mes de Julio de mil ochocientos veintinueve, reunidos el señor coronel Antonio de la Guerra, comisionado por S. E. el Libertador Presidente de la República de Colombia, y el teniente coronel D. Juan Agustin Lira por parte del Illmo. señor Gran Mariscal general en jefe del ejército de la República peruana D. Agustin Gamarra, con el objeto de celebrar un armisticio, durante el cual puedan entenderse francamente los Supremos Gobiernos de ambas Repúblicas, para arribar a un tratado definitivo de paz, dieron principio al desempeño de su comision por manifestar y cangear sus credenciales; y, en consecuencia, procedieron á acordar los artículos siguientes:

ARTICULO 1. Queda acordado y convenido un formal armisticio por el término de sesenta días, y suspendidas de hecho las hostilidades de mar y tierra desde el día de su ratificacion.

ARTICULO II,

El departamento de Guayaquil y su plaza se entregarán á disposicion del Gobierno de Colombia en el término de seis días que deben correr y contarse desde el instante que llegue este documento á poder del señor General Comandante General de la Division peruana que la guarnece, ratificado que sea por S. E. el Libertador Presidente de aquella República.

ARTICULO III.

El bloqueo de la costa meridional de Colombia queda suspenso desde el propio día de la ratificacion y por el mismo tiempo' del armisticio durante el cual no podrán aumentarse las fuerzas de ambos ejércitos ni por mar ni por tierra; pero los buques de guerra de Colombia que están al llegar del Atlántico, podrán entrar en cualesquiera de los puertos de su República en el Pacífico, con tal que no sea' en el de la ciudad de Guayaquil. (1)

ARTICULO IV.

Continuarán en depósito para entregar religiosamente á la nacion colombiana, todos sus buques, lanchas, enseres y demás artículos de guerra, constantes de su respectivo inventario, tan luego como se haya ratificado el próximo tratado de finitivo de paz, y por ningun caso se podrá hacer uso hostil de ellos.

ARTICULO V.

Una comision diplomática nombrada por ambos Gobiernos, se ocupará, á la brevedad posible, de concluir las negociació. nes de paz dentro del término prefijado en el artículo 1.o, el que podrá prorrogarse, á indicacion de ésta, por el mas tiempo que le sea indispensable para la conclusion de sus trabajos.

(1) Véase la página 159.

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