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Lo que tengo el honor de comunicar á US. y al mismo tiempo anunciarle, que el señor coronel Santa Cruz trabaja con celo en servicio de la República, y se manifiesta muy adicto á ella, Por tanto, pido que el Gobierno haga un recuerdo honorífico de este Jefe.

Dios guarde US. muchos años.

Señor Ministro.
ANTONIO JOSÉ DE SUCRE.

Señor Ministro de la Guerra y Marina Benemérito Coronel

Pedro Briceño Mendez.

Secretaria de Guerra y Marina. Mayo 21. Que se le exprese al coronel Santa Cruz el aprecio que merece al Gobierno esta oferta, y su celo y buenos servicios á Co. lombia.

Por S. E.-El Vice-Presidente. BRICEÑO MENDEZ.

Batalla de Pichincha.

República de Colombia.-Departamento de Quito, d 25 de Mayo

de 1822.-12.°

Señor Ministro:

La victoria esperó ayer a la Division Libertadora con los laureles del triunfo sobre las faldas del Pichincha.

El ejército español que oprimía estas provincias ha sido completamente destruído en un combate encarnizado, sostenido por tres horas. En consecuencia, esta capital y sus fuertes están en nuestras manos despues de una capitulacion, que tuvi. mos la generosidad de conceder á los vencidos. Por ella debe sernos entregada como prisionera la guarnicion de Pasto y cuantas tropas españolas existen en el territorio de la República que conservan aun en el Departamento.

A la vista del primer pueblo de Colombia, que proclamó su libertad, ha terminado la guerra de Colombia por una batalla célebre, que ha dado a la República el tercer dia de Boyacá.

Esta gloriosa jornada, marcada con la sangre de quinientos cadáveres enemigos, y con trecientos de nuestros ilustres sol

dados, ha producido sobre el campo mil cien prisioneros de tropa, ciento sesenta oficiales y jefes, catorce piezas de artille. ría, mil setecientos fusiles, fornituras, cornetas, cajas de guerra, banderas, y cuantos elementos poseía el ejército español.

Luego tendré el honor de participar á US. I. los pormenores del combate, y entre tanto me apresuro á comunicarle tan fausto suceso que ha decidido la suerte de estos países, incorporándolos a la gran familia colombiana.

Dios guarde á US. I. muchos años.

Señor Ministro.

ANTONIO JOSE DE SUCRE. Señor Ministro de Estado y Relaciones Exteriores del Perú

H. Coronel D. Bernardo Monteagudo.

Ministerio de Estado y Relaciones Exteriores del Perú. Lima,

Junio 23 de 1822.

Senior General:

Venciendo US. al ejército en las faldas del monte Pichin. cha, ha escrito en ellas las últimas palabras que faltaban al decreto de la emancipacion de Colombia, y tal vez á la de los pueblos que quedan clamando por ser libres. El Gobierno, el pueblo y el ejército han saludado desde aquí con entusiasmo al Libertador de Quito y á sus bravos compañeros de armas. En la historia de los guerreros hay sucesos que el destino hace misteriosos, para que sean mas memorables. Quito debía ser libre; pero su libertad estaba reservada al esfuerzo unido de los colombianos, peruanos y argentinos que desde las inmensas distancias que los separan, han ido á buscar la victoria en el Ecuador. Yo felicito á US., á nombre de mi Gobierno; felicito á la República y á toda la América por la sangre que ahorrará á la humanidad, la que se derramó con gloria el 24 de Mayo, mes que ha sido tantas veces célebre en la revolucion del Nuevo Mundo.

Tengo la honra de reiterar á US. los distinguidos sentimientos de consideracion con que soy su servidor.

Sr. G.

B. MONTEAGUDO. Señor General de Brigada Antonio José de Sucre, Coman

dantc General del Sud de Colombia.

Parte Oficial.

Guayaquil, Junio 5 de 1822.
Illmo.

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M. H. Señor: La copia adjunta de los dos partes que acaba de dirigirme el señor coronel D. Andrés Santa Cruz, instruirán á esa benemérita capital de los Libres del Perú, de que ya Quito respira.

Loor y gloria inmensa á cuantos valientes han contribuido á una obra tan grandiosa, con execracion, odio eterno y muerte declarada a todos los tiranos, que aún persisten en el abominable empeño de esclavizarnos. Que se confundan, pasó su imperio, y no volverá jamás.

Dios guarde á US. I. muchos años.

lllmo. Señor JOSÉ DE LA MAR.

Illmo. y Honorable Señor Ministro de Guerra

Tomás Guido.

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Ejército del Perú.-Cuartel General en Quito, á 28 de Mayo de 1822.

Ilmo.

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H. Señor: La ocupacion de la capital de Quito es debida á la victoria en Pichincha, conseguida el 24 por el ejército unido, cuyas circunstancias detallaré á US. I., expresándole que es decidida la campaña en que ha cooperado el Perú, con mucho honor de sus armas, y terminada la guerra en esta parte.

Ocupando el enemigo á Machache como instruí á US, I. en mi última comunicacion desde Tacunga, fué conveniente hacer un movimiento general por su derecha, para cambiarle las fuertes posiciones del Jalupana que pretendía sostener: con este objeto marchó el ejército unido el 13, por el camino de Limpio-ponga, en las faldas del Cotopaxi, y logrando ocultar sus movimientos á la sombra de una mañana nebulosa, y á la de que el 2.' escuadron de cazadores adelantado, cubría un punto visible, pudo llegar el 15 al valle de Chillo á tres leguas de la capital sobre su flanco izquierdo : obligado el enemigo á retirarse sobre ella, luego que insistió el movimiento, eligió de nuevo otras posiciones en el Calzado y Lomas de que separan aquel de éste, con el conocido objeto de conservarse a la de.

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TOMO IH

fensiva, mientras le llegaban nuevas tropas de Pasto, cuyo correo interceptado nos confirmó la verdad, y por lo mismo pareció conveniente apurar la batalla, pasando el 20 al Egido de Turubamba: la proporcion que tenía el enemigo de defender las Lomas del paso, exigía un movimiento rápido para tomarlas, y encargado de hacerlo con la Division peruana, logré facilitar la subida al resto del ejército que bajó el 21 sobre el llano de Turubamba al frente del campo del enemigo. Este rehusó el combate que le presentamos bajo sus fuegos de cañon: algun tiroteo de esta arma y de las guerrillas distrajeron el día, y visto que él solo quería sostener sus posiciones, pasamos a la tarde å situarnos à 20 cuadras del campo, en el pue. blo de Chillogallo, desde donde el 23 por la noche emprendió el ejército un movimiento general por la izquierda, tomando un camino muy difícil, pero único para salir al Egido de Inaquito por el N. con el doble interés de sus llanuras para nues. tra caballería, y de interponernos á los refuerzos de Pasto.

La noche lluviosa y el mal camino, apenas me permitieron llegar á las lomas de Pichincha, que dominan Quito, á las 8 de la mañana del 24 con la vanguardia compuesta de los dos batallones del Perú y el Magdalena, y me fué preciso permanecer en ellas mientras salían de la quebrada los demas cuerpos: á las dos horas de mi detencion que ya había llegado el General Sucre con otro batallon, fuimos avisados por un espía, que de la parte de Quito subía una partida que creimos sorprender con las compañías de cazadores de Paya y 2.°, y como éstas dilatasen la operacion por lo montuoso y algo largo de su direccion, propuse seguirlas cautelosamente con el batallon 2. del Perú: no fué inútil esta medida de precaucion; porque sobre la marcha advertí que no solo subía una partida sino toda la fuerza enemiga: consiguientemente rompieron el fuego las dos compañías de cazadores adelantadas, con cuyo reconocimiento redoblé el paso á reforzarlas, avisando al señor General Sucre que era la hora de empeñar con ventaja el combate con los demas cuerpos si lo creía conveniente: el afan del ene. migo por tomar la altura era grande, y no era menos la necesidad de contenerle á toda costa.

El batallon 2 que empeñé, con este objeto, á las inmediatas órdenes de su bizarro comandante D. Felix Olazabal, les opuso una barrera impenetrable con sus fuegos y bayonetas, y sostuvo solo por mas de media hora todo el ataque, mientras llegó el señor General Sucre con los batallones Yaguachi y Piura; entonces dispuso dicho señor General apurar el ataque reforzándolo con el primero, y sucesivamente con el batallon Paya que llegó: el combate duró obstinadísimo y vivo por mas de dos horas, y ya se sentía la falta de municiones que habían quedado atrasadas: en tales circunstancias, pretendió el ene

migo tomarnos la retaguardia por la izquierda, destacando bajo el bosque espeso dos compañías de infantería que felizmente chocaron con las del batallon Albion que subía escoltando el parque : la bizarría con que las recibió Albion al mismo tiempo que un impulso general que se dió a la lucha con el batailon Magdalena de refresco, obligaron al enemigo á ceder el campo despues de tres horas de empeño, perdiendo la esperanza de sostenerlo mas tiempo contra los cuerpos del ejército unido que aumentaban su coraje á proporcion de los peligros y se disputaban los laureles que han partido bizarramente.

El terreno del combate era tan montuoso y quebrado, que no pudimos aprovechar mucho de su dispersion sostenida á la vez por los fuegos del fuerte de Panecillo.

La caballería nuestra, que por la mala localidad se hallaba fuera de combate, emprendió su bajada al Egido por la izquierda, y su presencia precipitó la retirada de los escuadrones enemigos que abandonaron la reunion de la infantería que habían proyectado para hacerla general_hácia Pasto; no dejándole otro asilo que el del fuerte del Panecillo, donde se cerraron todos los restos: el campo de batalla quedó cubierto de cadáveres: no es fácil calcular las pérdidas del enemigo, porque el bosque oculta su número que probablemente excede á 500; Ja nuestra llega á 300, incluyéndose 91 muertos que ha perdido la Division del Perú, con el capitan D. José Duran de Castro, y el alferez D. Domingo Mendoza, y 67 heridos, comprendiéndose el capitan D. Juan Eligio Alzuru, y los que constan de la lista adjunta.

Entre el empeño y bizarría con que pelearon todos los indi. viduos del ejército, se distinguieron, muy particularmente en la Division del Perú, el bravo comandante del 2 D. Félix Ola. zabal, los capitanes D. Pedro Izquierdo de Cazadores, D. Mariano Gomez de la Torre, D. Pedro Alcina, D. Juan Eligio Alzuru, herido; tenientes D. Narciso Bonifaz, D. Francisco Machuca, D. Juan Espinosa, D. Francisco Galvez Paz, D. Domingo Pozo, D. José Concha, y subteniente D. Sebastian Fernandez, y los individuos de clases inferiores que constan de la razon adjunta, todos correspondientes al N. 2. El batallon de Piura que se conservó en reserva hizo su deber, y su comandante D. Francisco Villa, y sargento mayor D. José Jaramillo, conservaron el orden que era necesario. Mis ayudantes de campo tenientes D. Calixto Giraldez y D. José María Frias, desempeñaron exactamente las comisiones y órdenes que les encargué. Todos estos son muy dignos de la consideracion de V. E. y de las gracias que quiera dispensarles, como a las demas clases subalternas indicadas en las razones de distingui. dos y heridos.

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