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las tropas de que pueda disponer V. E. a fin de acelerar la campaña y no dejar el menor influjo á las vicisitudes de la fortuna: espero que Colombia tendrá la satisfaccion de que sus armas contribuyan poderosamente á poner término a la guerra del Perú, asi como la de éste han contribuido á plantar el pabellon de la República en el Sud de su vasto territorio.

Ansioso de cumplir mis deseos frustrados en el mes de Fe. brero por las circunstancias que ocurrieron entonces, pienso no diferirlos por mas tiempo: es preciso combinar en grande los intereses que nos han confiado los pueblos, para que una sólida y estable prosperidad, les haga conocer mejor el beneficio de su independencia. Antes del 18 saldré del puerto del Callao, y apenas desembarque en el de Guayaquil, marcharé á saludar á V. E. en Quito. Mi alma se llena de pensamientos y de gozo, cuando contemplo aquel momento: nos veremos, y presiento, que la América no olvidará el día en que nos abracemos.

Dignese V. E. aceptar los sentimientos de admiracion y aprecio con que soy de V. E. su atento y obediente servidor.

JOSÉ DE SAN MARTIN.

Excmo. Señor Libertador Presidente de la República de Co

lombia.

Departamento de Quito, á 22 de Jnnio de 1822.

Sr. Ministro. Tengo la honra de acusar á US. I. el recibo á su nota del 22 de Mayo, que ha llegado á mis manos ayer.

Me es altamente satisfactorio reiterar al Supremo Gobierno del Perú, mi

expr

esivo reconocimiento a la disposicion que US. I. me comunica, de que la Division auxiliar que manda el Sr. coronel Santa Cruz quede á mis órdenes, mientras lo juzgue necesario el Libertador &.

Como el Presidente de la República llegó a esta capital el 16, he podido someter á su consideracion este honroso y amigable despacho: y S. E., despues de dar las gracias, me ha protestado nuevamente que no solo el batallon Numancia, sino otros batallones de Colombia irán à partir los laureles que esperan en la próxima campaña los hijos del Sol, si así se lo significare el Supremo Gobierno del Perú. Nada será ciertamente mas lisonjero á Colombia, que los mismos soldados que

unidos dieron la libertad al primer pueblo de la República que proclamó su independencia, se vean otra vez como camaradas en la paz, que dió el mismo ejemplo en el Perú. Los estandartes que la fortuna y la gloria ligaron para siempre sobre el Pi. chincha, es justo se hallen alguna vez siempre unidos y triunfantes en la tierra de los Incas. ¡Dichoso yo, si puedo ser tes. tigo de este lazo, y de todos los lazos que hagan unos mismos los intereses del Perú y de Colombia, y que nos forme, si puede decirse, en los dos una sola Patria!

La Division del señor Santa Cruz, se dispone á regresar, y lo verificará en principios de la próxima semana: ha sido reemplazada de todas sus bajas con viejos soldados hijos de Colom. bia, y será aumentada con alguna recluta que se hace en Cuenca.

Dios guarde á US. I. muchos años.

ANTONIO JOSÉ DE SUCRE. Ilmo. Señor Ministro de Estado, en el Departamento de la

Guerra, H. General de Brigada Don Tomás Guido.

Ministerio de Guerra.

- Lima, Julio 24 de 1822.

Al Sr. General Don Antonio José de Sucre.

Señor General : S. E. el Supremo Delegado, á quien he hecho presente la co municacion de US. de 22 de Junio anterior, relativa á haberle continuado el Excmo. Señor Libertador de Colombia en el mando del Departamento de Quito, ha tenido particular complacencia de una resolucion con la que, premiándose el mérito adquirido por el vencedor de aquel territorio, se asegura su posesion y tranquilidad. Al mismo tiempo que S. E. el Delegado me ordenó manifestar á US. estos sentimientos que le animan, me ha prevenido le haga presente los de reconocimienle acompañan, por

la oferta

generosa que hace de em. plearse en obsequio del Perú en las ocasiones que se le presenten.

Con este motivo, reitero á US. los sentimientos de la mas alta consideracion.

to que

TOMAS GUIDO.

Lima, Agosto 8

Ministerio de Estado y Relaciones Exteriores. —

de 1822. Al Sr. Secretario General del Libertador.

Señor: Habiendo dado parte, con anticipacion, el General de Brigada de la República de Colombia, D. Andrés Santa Cruz, de aquella gracia que, entre otras, se le habían concedido por el decreto de 18 de Junio último, expedido por S. E. el Libertador Presidente, (I) se le contestó, con fecha 14 de Julio próximo pasado, por el Ministerio de Guerra, que tanto él como los de. mas oficiales y tropa de la Division de su cargo, quedaban habilitados por este Gobierno para gozar de las distinciones que les había dispensado la generosidad colombiana ; á excepcion del sobre-nombre que dă el artículo 6.o de la expresada ley al escuadron de Granaderos montados de los Andes, respecto á que no estaba en las facultades del Gobierno conceder este permiso que se recomendaría con interés a la consideracion de S. E. el Protector para su deliberacion.

En el día con motivo de la comunicacion de US. de 19 de Junio último, que he recibido con copia del referido decreto, S. E. el Supremo Delegado me ha prevenido, que por conducto de US. se reiteren las mas expresivas gracias al Excmo. Presidente Libertador de Colombia, por la aceptacion que le han merecido los servicios de la Division del Perú; creyendo que para unos soldados ansiosos de gloria, no puede haber mayor recompensa que el concepto de un héroe que ha fijado para siempre la suerte de Colombia, en medio de los contrastes, de los peligros y de la muerte.

Tengo la honra de suscribirme de US., con la mayor consi deracion y aprecio, su atento servidor.

FRANCISCO VALDIVIESO.

Auxilios de Colombia al Perú.

Excmo. Señor Protector del Perú D. José de San Martin.

Trujillo, Agosto 23 de 1821. Excmo. Señor: Mi primer pensamiento en el campo de Carabobo, cuando ví mi patria libre, fué V. E., el Perú y su ejército libertador. Al contemplar que ya ningun obstáculo se oponía á que yo vo

(1) Inserto en la página 350.

lara á extender mis brazos al Libertador de la América del sur, el gozo colmó mis sentimientos. V. E. debe. creerme: despues del bien de Colombia, nada me ocupa tanto como el éxito de las armas de V. E., tan dignas de llevar sus estandartes gloriosos, donde quiera que haya esclavos que se abriguen á su sombra.

Quiera el Cielo que los servicios del ejército colombiano no sean necesarios á los pueblos del Perú!; pero él marcha penetrado de la confianza de que unido con San Martin, todos los tiranos de la América no se atreverán ni aun á mirarlo.

Suplico á V. E. que se digne acoger con indulgencia los testimonios sinceros de mi admiracion, que mi primer edecan el coronel Ibarra tendrá la honra de tributar á V. E. El será ademas el órgano de comunicaciones altamente interesantes á la libertad del Nuevo Mundo.

Acepte V. E. el homenaje de la consideracion -y respeto con que tengo el honor de ser de V. E. su mas atento obediente servidor. (1)

BOLIVAR

Lima, Marzo 2 de 1822.

Excmo. Señor Libertador de Colombia.

Excmo. Señor: Si el primer pensamiento de V. E. en el campo de Carabobo, fué la suerte del Perú y la del ejército de mi mando, yo no he perdido de vista un momento el destino de Colombia, desde la primera vez que pasé los Andes, porque vi que consumadas las empresas de V. E., aun antes de moverme á realizar las mías, podía contar con la garantía del aumento que daba al poder moral de los independientes, la fama sola del Libertador de Colombia.

Yo he llegado a la capital del Perú: ningun poder humano podía frustrar este suceso; á menos que el espíritu de libertad hubiese desaparecido de las grandes secciones, en medio de las cuales solo quedaba oprimida la tierra de los Incas. Rara vez es injusta la fortuna cuando los bravos defienden con constancia lo que antes han contemplado con interes. Una de las principales ventajas que ella me ha proporcionado ha sido poder admirar mas de cerca á V. E. y presentir los últimos acontecimientos que el mundo espera de sus altas miras.

(1) Véase los oficios que se registran en las páginas 353 á 356.

Aun no he tenido el honor de ver al primer edecan de S. E. el coronel Ibarra; y la casualidad de haber arribado á Huanchaco cuando salí del Callao, con destino á Guayaquil, para tener con V. E. una entrevista, hizo que me informase de la venida de V. E. para Juamambuc, con cuyo motivo regresé á ésta, sintiendo tener que diferir la esperanza de aquella entrevista, y privándome tambien de ofrecer al coronel Ibarra los sentimientos que me merece. El actual bloqueo en que se halla el puerto de Guayaquil, entre otros males por el momento irreparables, uno de ellos es el oponer nuevos obstáculos al mas ardiente de todos mis deseos que es ver al General Bolivar. Sin embargo, pienso que no tardará el día en que lo realice, y en que acabemos de asegurar la libertad del Nuevo Mundo, como V. E. se sirve insinuarme en la nota á que contesto, acreditando los pueblos que nos honran con su confianza, que nosotros no somos mas que dos soldados ciudadanos.

Quiera V. E. permitirme le ofrezca los sentimientos de admiracion y aprecio, con que me honro de ser de V. E. su atento servidor.

JOSÉ DE SAN MARTIN.

Al Señor General D. Antonio José de Sucre.

Lima, Junio 23 de 1822. Señor General : Despues de la victoria que ha alcanzado US. contra los españoles, solo resta exterminar á los que existen en el Perú.

S. E. el Protector defirió llevar a cabo algunas combinaciones mientras no tuviese noticia de aquel glorioso suceso; mas habiendo correspondido á sus esperanzas, y siendo necesario dar un impulso decisivo á la campaña, aguarda S. E. que no solo venga al Perú la Division del coronel Santa Cruz, que se halla allí sin objeto, sino que tambien la acompañen á lo menos mil quinientos ó dos mil quinientos colombianos que participen en este territorio de los laureles del ejército libertador, así como nuestras tropas disfrutaron de los adquiridos en las faldas del Pichincha. Con este objeto se han dado ya las órdenes convenientes para que vaya a Guayaquil competente número de trasportes; esperando S. E. el Protector que US. se servirá dar inmediatamente las disposiciones correspondientes, para que las tropas marchen á aquel puerto, y tenga fin de una vez la desastrosa guerra de América. Reitero á US, los sentimientos de la

mayor consideracion. BERNARDO MONTEAGUDO.

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