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Hoy se me pasó una copia certificada de dicha ratificacion con una carta particular del señor Ministro de Guerra, á pretexto de reserva. La devolví confidencialmente, y me la han remitido ahora con la solemnidad debida.

Por el correo la dirigiré á US. originalmente. Entretanto, tengo el honor de anticipar á US. la noticia de este resultado para satisfaccion de S. E, el Libertador.

Dios guarde á U$. muchos años.

A. J. DE SUCRE.

Lima, á 8 de Junio de 1823.

Al señor Secretario General de S. E. el Libertador Presidente.

Señor Secretario:

Por las comunicaciones de U$. de 8 y 25 de Mayo, que tuve la honra de recibir ayer, se sirve US. prevenirme, de orden de S. E, el Libertador, reitere cerca de este Gobierno el reclamo de la ratificacion del tratado celebrado entre los señores Gene. rales Portocarrero y Castillo. Y como dicha ratificacion ya existe en mi poder, en los términos en que S. E. el Libertador desea, la dirigiré á US. por el próximo buque, que saldrá den. tro de tres días, permitiéndome, entretanto, anticipar á US. este aviso.

Queda igualmente en mi poder copia de la nota pasada por US. al señor Ministro de Chile D. J. Campino, que se sirvió US, acompañarme en su citado oficio.

Dios guarde á US. muchos años.

A. J. DE SUCRE.

Babahoyo, Junio 13 de 1823.

Al Señor General A. J. de Sucre,

Muy satisfactoria ha sido para S. E. la disposicion del Go. bierno del Perú á ratificar lisa y llanamente el Convenio celebrado entre los Generales Portocarrero y Castillo. S. E. espe

ra por el primer correo que US. lo envíe formalmente aprobado por ese Gobierno. Este tratado, sin ser exigente es muy justo.

Dios guarde á US. muchos años.

J. GABRIEL PEREZ.

Lima, Junio 3 de 1823.

Al Señor General Antonio José de Sucre.

Muy señor mio y estimado amigo: Se ha servido S. E. el Presidente de esta República aprobar sin restriccion alguna los tratados que, en 18 de Marzo del presente año, celebraron en Guayaquil los señores Juan Paz del Castillo y Don Mariano Portocarrero, que fueron ratificados á 6 de Abril en todo lo que no se opusiesen al tratado de 29 de Marzo. (1) La copia certificada que tengo el honor de incluir á US. lo expresa claramente.

Quiera US. conservarla con tanta reserva, que sea absoluta. mente impenetrable su contenido. Así lo desea S. E. que, aun en el caso de ser preciso hacer uso de él, aspira á que sea de un modo particular y privado.

Esta ocurrencia me proporciona renovar á US. los mas justos sentimientos con que le soy verdadero amigo y atento ser. vidor.

Ramon Herrera.

Lima, Junio 3 de 1823.

Señor General Antonio José de Sucre.

Justamente me devuelve US. el tratado, que un cambio casual hizo que fuese la copia. Remito ahora el original que exis. te aquí ; pues el firmado por S. E. el Libertador tué á Guayaquil.

A mí es al que dispensará US. este trastorno.
Soy de US. su amigo y atento servidor,

Ramon Herrera.

2, Véase la página 392.

Batalla de Junin.

PROCLAMA DE BOLIVAR ANTES DE LA BATALLA. Soldados! - Vais á coinpletar la obra mas grande que el Cielo ha encargado á los hombres : la de salvar un mundo ente. ro de la esclavitud.

Soldados! — Los enemigos que debeis destruir, se jactan de catorce años de triunfos ; ellos, pues, serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates.

Soldados! -- El Perú y la América toda aguarda de vosotros la paz hija de la victoria : y aun la Europa liberal os contempla con encanto, porque la libertad del Nuevo Mundo es la espe. ranza del Universo. La burlareis? No! Noll No!!! Vosotros sois invencibles.

BOLIVAR

Secretaria General. - Cuartel General en Reyes, Sábado 7 de Agos.

to de 1824.

Al Señor Ministro General de Negocios del Perú.

De suprema órden de S. E. el Libertador, tengo la satisfac. cion de anunciar á US., que ayer a las cinco de la tarde ha su. frido el Ejército Español una terrible humillacion en las llanu. ras de Junin, dos y media leguas de este lugar. La caballería, con cuya fuerza contaban principalmente los enemigos, para someter al Perú á la dominacion española, ha sido batida de tal modo, que no volverá á presentarse en el campo de batalla. Informado S. E. de que los enemigos habian venido á buscarnos con toda su fuerza reunida, se puso en marcha con el ejército libertador desde Conocancha, con el fin de comprometer una batalla decisiva. Entre tanto los enemigos que habían avanzado hasta Pasco, volvieron sobre sus pasos á marchas forzadas, en consecuencia de las noticias que iuvieron de la direccion que seguía el ejército. S. E. contaba con forzarlos á una ac. cion formal, situándose á su retaguardia por el camino que ellos debian llevar á Jauja ; pero la precipitacion con que marchaban, les proporcionó la dichosa casualidad de llegar y aún pa: sar del punto en que debiamos encontrarnos, algunas horas antes que nuestro ejército, que tuvo que hacer una jornada larga y por terreno escabroso y difícil.

En este estado, observando S. E. que los enemigos continuaban sin cesar su retirada, y considerando por otra parte que se

escapaba de entre las manos la ocasion de terminar de un gol. pe la penosa campaña en que nos hallamos y decidir la suerte del país, resolvió adelantarse con la caballeria al trote mandada inmediantamente por el “intrépido General Necochea", y situarla en la misma llanura que ocupaban los enemigos, esperando que aquellos que nos habían buscado tan resueltamente, aprovecharían la ocasion que se les presentaba de lograr sus deseos, o que viendo nuestra fuerza de caballería sobre ellos, comprometerían una accion para salvar el todo de su ejército. Sea correspondiendo á estos cálculos, ó por una ciega confianza en su caballería, los enemigos cargaron la nuestra en una situacion bien desventajosa para nosotros ; el choque de estos dos cuerpos fué tremendo, y al fin despues de diferentes con. flictos en que ambas partes lograban la ventaja, la caballería enemiga, aunque superior en número y mejor montada que la nuestra, fué completamente desordenada, batida y acuchillada hasta las mismas filas de su infanteria, que durante la accion continuaba su marcha hácia Jauja y se hallaba muy lejos del campo cuando aquella se decidio. Nuestra caballería ha mos. trado un arrojo que mi pluma no alcanza a expresar, y que solo puede concebirse recordando los siglos heróicos.

El resultado de esta brillante jornada ha sido la de doscientos treinta y cinco muertos en el campo de batalla, entre ellos diez Jefes y oficiales, mas de ochenta prisioneros, muchos he. ridos, y una infinidad de dispersos. Se han tomado mas de trescientos caballos aperados, y el campo de batalla está cu. bierto de toda clase de despojos.

Por nuestra parte hemos tenido fuera de filas, sesenta hom. bres muertos y heridos: entre los primeros, al capitan Urbina de Granaderos á caballo de Colombia, y al teniente Cortés del primer Rejimiento de Caballería del Perú. Entre los segundos, al bizarro General Necochea con siete heridas, aunque ninguna de cuidado, al señor coronel Carvajal de Granaderos á caballo de Colombia, al comandante Soberví del segundo Escuadron del primer Regimiento del Perú, al sargento mayor Felipe Brawn y al capitan Peraza, ambos de la caballería de Colombia; el primero y los dos últimos levemente heridos y el segundo de alguna gravedad: entre la tropa hay poco de riesgo.

Ayer se habría concluido la guerra del Perú, si la infantería enemiga no hubiera continuado incesantemente su marcha al trote, y si la nuestra hubiese podido velar como era necesario para alcanzarla, porque todos ardían en deseos de destruir a los enemigos. Estos han quedado enteramente escarmentados, y su terror llega al extremo de que desde la madrugada de ayer no han dejado de marchar ni aun en la noche.

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Mañana continúa el ejército sus operaciones, y me lisonjeo de

que muy pronto felicitará á US. y á todo el Perú por el Suceso de ayer, que por ser el primero de la campaña, presajia los mas felices resultados. La tierra de los Incas regada con la sangre de sus opresores y oprimidos, ofrecerá bien pronto bellos campos en que se extienda el árbol precioso de la Libertad; y muy pronto los vencedores de catorce años, no dejarán á estos desgraciados habitantes sino los recuerdos de los horrores que aquellos han cometido mientras la fortuna los ha lisonjeado.

Quiere S. E. que estas noticias las haga US. circular á todos los pueblos y autoridades del país.

Dios guarde á US.

TOMAS DE HERES.

Secretario General interino.

PROCLAMA.

Peruanos! - La campaña que debe completar vuestra libertad, ha empezado bajo los auspicios mas favorables. El ejérci. to del General Canterác ha recibido en Junin un golpe mortal; habiendo perdido por consecuencia de este suceso, un tercio de su fuerza y toda su moral. Los españoles huyen despavoridos, abandonando las mas fértiles provincias, mientras el General Olañeta ocupa el Alto Perú con un ejército verdaderarnente patriota y protector de la libertad.

Peruanos! - Dos grandes enemigos acosan hoy á los españoles del Perú: el ejército unido y el ejército del bravo Olaneta que desesperado de la tiranía española, ha sacudido el yugo, y combate con el mayor denuedo a los enemigos de la América y á los propios suyos. El General Olaneta y sus ilustres com. pañeros son dignos de la gratitud americana; y yo los considero eminentemente beneméritos y acreedores a las mayores recompensas. Así, el Perú y la América toda, deben reconocer en el General Ulañeta á uno de sus libertadores (1).

Peruanos! -- Muy pronto visitaremos la cuna del Imperio Pe. ruano y el Templo del Sol. El Cuzco tendrá en el primer día

(1, Olañeta no se decidió por la Independencia del Perú, sino contra los principios de la Constitucion Española;, por cuyo motivo, siguiendo los del Gobierno absoluto, negó la obediencia al Virey, combatió en el Alto Perú á los caudillos peninsulares, y pereció en la accion de Tumusla. TOMO III

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