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de su libertad mas placer y mas gloria, que bajo el dorado rei. no de sus Incas.

Cuartel General Libertador en Huancayo á 15 de Agosto de 1824.

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Señor Ministro: Las tres Divisiones del ejército quedaron desde el catorce al diez y nueve de Noviembre situadas en Talavera, San Gerónimo y Andahuaylas, mientras los enemigos continuaban sus movimientos sobre nuestra derecha. Por la noche del 18 supe que el mayor número de los cuerpos enemigos se dirigía á Hua. manga, y dispuse que el ejército marchase para buscarlos. El 19 nuestras partidas se batieron en el puente de Pampas con un cuerpo enemigo, y el 20 al llegar á Uripa se divisaron tro. pas españolas en las alturas de Bombom. Una compañia de Husares de Colombia y la primera de Rifles con el señor coronel Silva, se destinaron à reconocer estas fuerzas, que cons. tando de tres compañías de Cazadores, fueron desalojadas y obligadas á repasar el rio de Pampas, donde se encontró á tódo el ejército Real que había cortado perfecta y completamente nuestras comunicaciones, situándose á la espalda.

Siendo difícil pasar el rio é imposible forzar las posiciones enemigas, nuestro ejército quedó en Uripa y los españoles en Concepcion, estando a la vista. El 21, 22 y 23, el encuentro de las descubiertas nos fué siempre ventajoso. El 24 los enemigos levantaron su campo en marcha hácia Vilcas-Huaman, y nuestro ejército vino á situarse sobre las alturas de Bombon hasta el 30, que sabiéndose que los enemigos venían por la no. che á la derecha del Pampas por Uchubambas á flanquear nues. tras posiciones, me trasladé å la izquierda del rio para cubrir nuestra retaguardia.

Los Españoles, al sentir este movimiento, repasaron rápida. mente a la izquierda del Pampas; pero nuestros cuerpos aca.

baban de llegar á Matará en la mañana del 2, cuando el ejército español se avistó sobre las alturas. Aunque nuestra posicion era mala, presentamos la batalla; pero fué escusada

por

el ene. migo, situándose en unas breñas no solo inatacables, sino inaccesibles. El 3, el enemigo hizo un movimiento, indicando el combate y se le presentó la batalla; pero dirigiéndose sobre las inmensas alturas de la derecha, amenazaba tomar nuestra reta. guardia. Antes había sido indiferente al ejército dejar al enemigo nuestra espalda; pero la posicion de Matará, despues de ser mala, carecía de recursos, y era por tanto necesario seguir la retirada á Tambo-Cangallo. Nuestra marcha se rompió muy oportunamente para salvar la difícil quebrada de Corpahuaico, antes que llegase el cuerpo del ejército enemigo; mas éste habia adelantado desde muy de mañana y encubiertamente cinco batallones y cuatro escuadrones á oponerse en este paso impenetrable. Nuestra infantería de vanguardia con el señor General Córdova, y la del centro con el Sr. General La-Mar, habían pasado la quebrada, cuando esta fuerza enemiga cayó bruscamente sobre los batallones Vargas, Vencedor y Rifles, que cubrian la retaguardia con el señor General Lara; pero los dos primeros pudieron cargarse á la derecha, sirviéndose de sus armas para abrirse paso, y Rifles en una posicion tan desventajosa tuvo que sufrir los fuegos de la artillería, y el choque de todas las fuerzas; mas desplegando la serenidad é intrepidez que ha distinguido siempre á este cuerpo, pudo salvarse. Nuestra caballeria bajo el señor General Miller, pasó por Chonta protegida por los fuegos de Vargas, aunque siempre muy

molestada

por

la infantería enemiga. Este desgraciado encuentro costó al ejército libertador mas de 300 hombres, todo nuestro parque, que fué enteramente perdido, y una de nuestras dos piezas de artillería; pero él es el que ha valido al Perú su libertad.

El 4 los enemigos engreídos de su ventaja, destacaron cinco batallones y seis escuadrones por las alturas de la izquierda á descabezar la quebrada, mostrando querer combatir ; la barranca de la quebrada de Corpahuaico permitía una suerte defensa; pero el ejército deseaba a cualquiera riesgo aventurar la batalla. Abandonándoles la barranca, me situé en medio de la gran llanura de Tambo-Cangallo. Los españoles al subir la barranca marcharon velozmente á los cerros enormes de nuestra de. recha, evitando todo encụentro: y esta operacion fué un testi. monio evidente de que ellos querían maniobrar, y no combatir: este sistema era el único que yo temía ; porque los españoles se servirían de él con ventaja, conociendo que el valor de sus tropas estaba en los piés, mientras el de las nuestras se hallaba en el corazon.

Creí, pues, necesario obrar sobre esta persuasion y en la noche del 4 marchó el ejército al pueblo de Huaichao, pasando

la quebrada de Acocro, y cambiando así nuestra direccion. El 5 en la tarde se continuó la marcha á Acos Vinchos, los enemi. gos á Tambillo, hallándonos siempre a la vista. El 6 estuvimos en el pueblo de Quinua, y los españoles por una fuerte marcha á la izquierda, se colocaron á nuestra espalda en las formidables alturas de Pacaycasa : ellos siguieron el 7 por la impenetrable quebrada de Huamanguilla, у

el día siguiente a los elevados cerros de nuestra derecha, mientras nosotros estabamos en reposo. El 8 en la tarde quedaron situados en las alturas de Cun. durcunca á tiro de cañon de nuestro campo: algunas guerri. las que bajaron se batieron esa tarde, y la artillería usó de sus fuegos.

La aurora del día nueve vió estos dos ejércitos disponerse para decidir los destinos de una Nacion. Nuestra línea formaba un ángulo: la derecha, compuesta de los batallones Bogotá, Voltigeros, Pichincha y Caracas, al mando del señor General Córdova; la izquierda de los batallones 1.', 2.°, 3.° y Legion Peruana, bajo el Illmo. Señor General La-Mar: al centro los Granaderos y Húsares de Colombia con el señor General Miller; y en reserva los batallones Rifles, Vencedor y Vargas, al inando del señor General Lara. Al reconocer los cuerpos recordando á cada uno sus triunfos, sus glorias, su honor y Patria, los vivas al Libertador y á la República resonaban por todas partes. Jamás el entusiasmo se mostró con mas orgullo en la frente de los guerreros. Los españoles a su vez dominando perfectamente la pequeña llanura de Ayacucho, y con fuerzas casi dobles, creían cierta su victoria. Nuestra posicion, aunque dominada, tenía seguros sus flancos por unas barrancas, y por su frente no podía obrar la caballería enemiga de un modo unitornie y completo. La mayor parte de la mañana fué empleada solo con fuego de artillería y de los cazadores: á las diez del día los enemigos situaban al pie de la altura cinco piezas de batalla, arreglando tambien sus masas, á tiempo que estaba yo revisando la línea de nuestros tiradores. Dí á éstos la orden de forzar la posicion en que colocaban la artillería, y fué ya la señal del combate.

Los españoles bajaron velozmente sus columnas, pasando á las quebradas de nuestra izquierda los batallones Cantabria, Centro, Castro, 1.o Imperial y dos escuadrones de Húsares con una batería de seis piezas, formando demasiadamente su ataque por esa parte. Sobre el centro formaban los batallones Burgos, Infante, Victoria, Guias y 2.° del primer Regimiento, apoyando la izquierda de éste con los tres Escuadrones de la Union: el de San Carlos, los cuatro de los Granaderos de la Guardia y las cinco piezas de artillería ya situadas; y en la altura de nuestra izquierda los batallones I y 2 de Gerona, 2.o Imperial

1.o del primer Regimiento, el de Fernandinos, y el escuadron de Granaderos de Alabarderos del Virey.

Observando que aun las masas del centro no estaban en órden, y que el ataque de la izquierda se hallaba demasiado comproinetido, mandé al Sr. General Córdova que lo

cargase rápidamente con sus columnas, protegido por la caballería del señor General Miller, reforzando á un tiempo al señor General La-Mar con el batallon Vencedor y sucesivamente con Vargas. Rifles quedaba en reserva para rehacer el combate donde fuera menester, y el señor General Lara recorría sus cuerpos en todas partes. Nuestras masas de la derecha marchaban 'arma á discrecion hasta cien pasos de las columnas enemigas, en que cargadas por ocho escuadrones españoles, rompieron el fuego: rechazarlos y despedazarlos con nuestra soberbia caballería, fué un momento. La infantería continuó inalterable su carga y todo plegó a su frente.

Entre tanto, los enemigos, penetrando por nuestra izquierda, amenazaban la derecha del señor General La-Mar, y se interponían entre éste y el señor General Córdova con dos batallones en masa; pero llegando en oportunidad Vargas al frente, y ejecutando bizarramente los Húsares de Junin la orden de cargar por los flancos de estos batallones, quedaron disueltos. Vencedor y los batallones 1, 2, 3 y Legion Peruana, marcharon audazmente sobre los otros cuerpos de la derecha enemiga, que reuniéndose tras las barrancas, presentaban nuevas resistencias; pero reunidas las fuerzas de nuestra izquierda y precipitadas á la carga, la derrota fué completa y absoluta.

El señor General Córdova trepaba con sus cuerpos la formi. dable altura de Cundurcunca, donde se tomó prisionero al Vi. rey La Serna: el señor General La-Mar salvaba en la persecu. cion las difíciles quebradas de su flanco, y el señor General Lara, marchando por el centro, aseguraba el suceso. Los cuer

os del señor General Córdova, fatigados del ataque, tuvieron la orden de retirarse, y fué sucedido por el señor General La. ra, que debía reunirse en la persecucion al señor General LaMar en los altos de Tambo. Nuestros despojos eran ya inas de mil prisioneros, entre ellos sesenta Jefes y oficiales, catorce piezas de artilleria, dos mil quinientos fusiles, muchos otros artículos de guerra, y perseguidos y cortados los enemigos en todas direcciones ; cuando el General Canterac, Comandante en Jefe del ejército español, acompañado del General La-Mar se me presentó á pedir una capitulacion. Aunque la posicion del enemigo podia reducirlo á una entrega discrecional, creí digno de la generosidad americana conceder algunos honores á los rendidos que vencieron catorce años en el Perú, y la estipulacion fué ajustada sobre el campo de batalla en los términos que verá US. por el tratado adjunto: por él se han entregado to

dos los restos del ejército español, todo el territorio del Perú ocupado por sus armas, todas sus guarniciones, sus parques, almacenes militares y la plaza del Callao con sus existencias. (I)

Se hallan por consecuencia en este momento en poder del ejército libertador, los Tenientes Generales Laserna y Cante. rac, los Mariscales Valdez, Carratalá, Monet y Villalobos: los Generales de Brigada Bedoya, Ferraz. Camba, Somocurcio, Cacho, Otero, Landázuri, Vigil, Pardo y Tnr, con diez y seis coroneles, sesenta y ocho tenientes coroneles, cuatro cientos ochenta y cuatro mayores oficiales, mas de dos mil prisioneros de tropa, inmensa cantidad de fusiles, todas las cajas de guer. ra, municiones, y cuantos elementos militares poseían ; mil ochocientos cadáveres y setecientos heridos, han sido en la ba. talla de Ayacucho las víctimas de la obstinacion y de la temeridad españolas. Nuestra pérdida es de trescientos setenta muertos, y seiscientos nueve heridos, entre los primeros el mayor Duxbury de Rifles, el capitan Urquiola de Húsares de Colombia, los tenientes (liva de Granaderos de Colombia, Colmena. res y Ramirez de Rifles, Bonilla de Bogotá, Sevilla de Vencedor, y Prieto y Ramonet de Pichincha : entre los segundos el bravo coronel Silva de Húsares de Colombia, que recibió tres lanzazos cargando con extraordinaria audacia a la cabeza de su Regimiento: el coronel Luque, que al frente del batallon Vencedor entró á las filas españolas ; el comandante Leon del batallon Caracas, que con su cuerpo marchó sobre una batería enemiga ; el comandante Blanco del 2 de Húsares de Junio que se distinguió particularmente; el señor coronel Leal contuso que á la cabeza de Pichincha, no solo resistió las columnas de caballería enemiga, sino que las cargó con su cuerpo; el mayor Torres de Voltigeros, y el mayor Sornosa de Bogotá, cuyos batallones conducidos por sus coroneles Guas y Galindo trabaja ron con extraordinaria audacia ; los capitanes Jimenez, Coquis Dorronsoro, Brown, Gil, Córdova y Ureña: los tenientes Infantes, Silva, Suarez, Villarino, Otárola y French: los subtenientes Galindo, Chabur, Rodriguez, Malábe, Terán, Perez, Calles, Marquina y Paredes de la 2.* Division de Colombia; los capitanes Landacta, Troyano, Alcalá, Dorronsoro, Granados y Miro: los tenientes Pázaga y Ariscum, y el Subteniente Sabi. no de la primera Division de Colombia; los tenientes Otárola, Suarez, Horna, Posadas, Miranda y Montoya : los subtenien. tes Iza y Alvarado de la Division del Perú: los tenientes coro. neles Castillo y Geraldino, y tenientes Moreno y Piedrahita del Estado Mayor. Estos oficiales son muy dignos de una distincion singular.

El batallon Vargas, conducido por su denodado Comandante

(1) Véase España.

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