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‘El infrascrito, llama la atencion del señor Ministro de Relaciones Exteriores á todas las comunicaciones que tuvieron lugar con este Gobierno, con motivo de haber comprendido á las provincias de Jaen y Maynas en la convocatoria para la eleccion de Diputados al Congreso peruano que hubo de reunirse en esta capital en el presente año.

No habiendo obtenido entonces ningun resultado favorable las reclamaciones del que suscribe, tuvo que pasar por el dolor de protestar, como lo verificó en la de Abril último, contra actos de jurisdiccion que el Gobierno del Perú ejecutó en el territorio de Colombia. ‘

El infrascrito, ha visto ahora, con no poca sorpresa, la repeticion de estos actos en el hecho dee-nombrar un Obispo para la provincia de Maynas.

El infrascrito, por tanto, se vé en la forzosa precision de renovar como renueva sulprotexta, haciéndola extensiva, con este motivo, á la provincia de Maynas; y declarando, al mismo tiempo, como declara, á nombre de su Gobierno, que el nombramiento de Obispo en la provincia de Maynas es una agresion á los derechos de la soberanía de Colombia; y que su Gobierno no reconocerá por ningun pretexto que sea la jurisdiccion que pretenda ejercer aquel Prelado.

El infrascrito, ruega al señor Ministro de Relaciones Exteriores, se sirva poner esta protesta en el conocimiento de S. E. el Consejo de Gobierno, y admitir las consideraciones mas distinguidas con que es su mas obediente servidor (1).

CRIsToVAL DE ARMERO.

República de Colombia. — Secretaria de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores. — Bogota’. Marco 3 de 1828. -— I8.

Al H. Sr. José Villa, Ministro Plenipotenciario del Perú. Habiendo declarado el H. Sr. Villa, Ministro Plenipotencia

“rio del Perú, en su nota de 18 del próximo pasado, estar autor rizado á contestar á varios de los cargos que se hagan á dicha

República, el infrascrito Secretario de Estado en el Despacho

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(t) Véase las páginas 155 y 175, el artículo 2.° del Tratado de J iron. página 199, los protocolos que se registran en las páginas 218 y 220, los artículos 5.°, 6.°, 7.’ y 8.° del Tratado de Paz de 1829, página 230, el dictamen de la página 238, y la nota del Plenipotenciario del Perú, pá

ina 242. gVéase tambien en el Torno I la Real ‘Cédulasy demas documentos que se registran en las páginas 204 á 216.

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de Relaciones Exteriores ha recibido órden de detallar algunos. Se habría él congratulado de que su nota del 16 hubiese inducido al H. Sr. Villa á comprender en la citada del 18 las explicaciones que se dice pronto á dar. Se habría disminuido así la necesidad de entrar extensamente en una materia muy poco calculada para mejorar las relaciones que se desean conservar con el Perú. Mas forzado á acometer tan ingrata empresa, el infrascrito procede á exponer el aspecto bajo el cual ha debido ver su Gobierno los sucesos á que entonces aludió.

Por el honor de la República Peruana, ha sido en extremo sensible que el H. Sr. Villa no haya venido autorizado, ni á restituir la provincia de Jaen y parte de la de Maynas, que son indubitablemente colombianas y por tanto tiempo se han estado reclamando, ni á liquidar y fenecer la cuenta de los suplementos hechos al Perú. La cuantía de éstos y las sagradas obligaciones que se hicieron necesarias para prestarlos en la mejor o ortunidad, así como la tranquilidad en que se dejó á aquella epública desde que desaparecieron sus antiguos opresores, y el desahogo en que se halla, segun asienta el H. Sr. Villa, todo urgía, por el mas temprano pago. Y en cuanto á Jaen y Maynas, ya se atienda al principio que invariablemente ha guiado á todos los Estados Americanos de no extenderse mas allá de los límites que como colonias tenía cada una delas grandes divisiones de nuestro continente, ya á los esfuerzos á cuyo favor deben en realidad su independencia, es claro que el conato de retenerlas como peruanas. ha de caracterizarse de usurpacion. Obligado á evitarla el Gobierno de Colombia, lo intentó desde el momento que alejándose de aquellas provincias las fuerzas peruanas. no las privaba de los recursos que ellas les prestaban contra el comun enemigo. Mas al quererlo efectuar en los tratados de 6 de Julio de 1822, se le opuso por el Ejecutivo la necesidad de obtener previamente del Congreso peruano la facultad competente. Reunido este Cuerpo algo despues. se envió allá un Plenipotenciario con solo ‘el objeto de concluir el tratado de límites; pero esta tentativa fué igualmente estéril. L0 fueron las que mas tarde se hicieron porque el Perú autorizase á sus Plenipotenciarios en el Istmo á conconcluir el tratado. Llevando adelante la resistencia, se convocaron otra vez aquellas provincias á un Congreso que para ellas es notoria y legalmente extranjero. Y compelido así á

protestar contra ello en 1826 el Encargado de Negocios de.

Colombia, se eludió de nuevo la cuestion, remitiéndola al juicio de otro futuro Congreso.

A conducta tau poco correspondiente á las reglas en cuya observancia está vinculada la conservacion de la paz, no ha opuesto Colombia mas que nuevas instancias porque al fin obre en justicia el Perú. ¡ Cuánto, pues, no ha debido sorpren

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derla que al cabo de años de paciencia, y al recibir un Pleniponteciario expresamente diputado á satisfacerle, se haya omitido aun el dar instrucciones sobre el ataque de la propia integridad contra el cual se habían hecho tan repetidos reclamos! ¿Intenta con esto el Perú fundar argumentos mas adelante en la aquiescencia que hayan mostrado aquellas provincias? Mas contra uesta esta aquiescencia á la ley fundamental que las llama ser lo que han sido, pierde toda su fuerza. Y admitir que pudiera tener alguna, es anular el principio á que han debido hasta aquí los nuevos Estados Americanos la armonía que han conservado entre sí, y esparcir abundantes semillas de guerras futuras.

El verdadero conato del Perú ha sido engrandecerse con los Departamentos meridionales de Colombia. Por ello ha retenido con tanta firmeza á Jaen y parte de Maynas. Por ello rehuye toda discusion sobre la materia, y fué con solo el intento de adquirirlos que sembrando la deslealtad en las mismas tropas, á cuyos esfuerzos debió en notable parte su existencia política, les confió luego la indigna empresa de desgarrar á la patria.

El Libertador, pues, que como tal se ha consa rado al bien de Colombia. que como Presidente de la Repúb ica es el custodio de sus derechos. no pudiendo a equivocarse sobre las injustas miras á que el largo padron e agravios mencionados prueba que se adhiere el Perú, ha ordenado al infrascrito declarar que si dentro de seis meses, contados desde esta fecha, no hubiere puesto el Perú á las órdenes del intendente de Azuay, la provincia de Jaen y parte de la de Maynas que re. tiene; si dentro del mismo plazo no hubiere satisfecho á C0lombia la suma de S 3.595747 89 á que, segun la adjunta cuen. ta, montaban á fines de Diciembre último, los suplementos que se le hicieron para su emancipacion, y cuyo pago debe ser fácil segun el estado de desahogo en que se encuentra y que tanto recomienda el mismo señor Villa; y si dentro de dicho término uo se hubieren reducido las tropas en el Departamento limítrofe al número que tenían en el ines de Marzo del año próximo pasado, y no hubiere declarado cl Gobierno del Perú que está pronto a dar los reemplazos debidos por los millares de colombianos que murieron en defensa de la independencia peruana; y á reparar el insulto irrogado á Colombia, volviendo á recibir al señor Armero en Lima con el carácter de Encargado de Negocios que tenia cuando ignominiosamente fué cxpelido, el Gobierno de Colombia creerá, no solo que el Perú la hostiliza con ánimo irrevocable, sino que ha deja la decision de lo justo á la suerte de las armas. No puede concluirse otra cosa de la violacion de la fé nacional, dela infraccion de

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Derecho de Gentes, del desprecio con que se han visto cuantas tentativas ha hecho Colombia por obtener amistosamente el desagravio, y de la directa aunque tácita denegacion del Perú á constituir en la gran Asamblea Americana un árbitro que impidiese este caso extraño.

El infrascrito tiene, al mismo tiempo, la honra de reiterar al

honorable señor Villa sus protestas de distinguida estimacion y perfecto respeto.

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Al Señor Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores de la República de Colombia.

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El Ministro Plenipotenciario del Gobierno del Perú, al emprender la tarea de contestar á los cargos que se le han hecho por el honorable señor Secretario de Relaciones Exteriores de Colombia en su apreciable comunicacion de 3 del presente Marzo, no puede dejar de halagarse con la esperanza de que todos ellos queden enteramente desvauecidos con razones y datos irrefragables; desapareciendo, por consecuencia, la tibieza que desgraciadamente se ha hecho percibir en una amistad que debiera ser tan estrecha como eterna.

Debe tenerse presente el motivo de la venida del infrascrito. Habiéndose hecho salir del Perú, por las razones que muy pronto se expondrán, al Encargado de Negocios de Colombia, el Gobierno de esta República, contestando por la Secretaría de Relaciones Exteriores con fecha 8 de Setiembre del año próximo pasado á la comunicacion que sobre este suceso se le dirigió por el Ministerio del mismo Departamento del Perú, dice lo que sigue: “Hallándose altamente interesado el honor nacional en este negocio. mi Gobierno desea que el de US. le dé explicaciones mas circunstanciadas que manifiesten haber faltado el señor Armero á lo que debia á ese Gobierno, y tramado contra la tranquilidad pública." Este fué el motivo que tuvo el Gobierno peruano para enviar un Plenipotenciario á Colombia, y así debia esperarse que su comision se ciñese á este solo punto. Sin embargo, habiéndose notado que algunos impresos de esta República contenían otros cargos, el Gobierno del Perú que anhelaba por manifestar al de Colombia que jamas, por su parte, habia faltado á los oficios de un fiel y ouen amigo, extendió sus instrucciones á todo lo que pudo deducir

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de los mencionados impresos. Como en ellos no se tomaba por agravio la deuda no pagada, porque no se había tratado sobre ello, no es extraño que no ‘se haya extendido á este punto la comision del infrascrito. Ella debió, pues, haberse ceñido únicamente á la despedida de Lima del Encargado de Negocios, y el Gobierno del Perú ha hecho mas de lo que debía esperarse, extendiéndola á algunos otros puntos.

2.° Las mismas razones que se acaban de alegar deben repetirse respecto de la cuestion de líímites. Ella de ningun modo pertenece al objeto de la mision del infrascrito. Así es que no entrará á examinar los derechos que Colombia ó, el Perú tengan á la provincia de Jaen y parte de la de Maynas, pues ni tiene facultad, ni instrucciones para ello. Se contraerá únicamente á desvanecer, por los pocos conocimientos particulares que tiene en la materia, algunas equivocaciones en que ha incurrido el H. Sr. Secretario de Relaciones Exteriores en su nota de 3 del corriente.

Si en 6 de Julio de 1822 el Gobierno peruano se negó á firmar un arreglo sobre este punto con el Plenipotenciario de Colombia por no haberse aun instalado el Congreso del Perú, nadie desconocerá la razon que tuvo, pues era provisorio. Jurada en Lima la independencia, y estando casi todo el país ocupado todavía por los españoles. había sido imposible consultar de un modo legal la voluntad de los pueblos sobre las instituciones que quisieran darse. El Gobierno que entonces habia. era hijo de las circunstancias y de la necesidad de que la Nacion tuviese una cabeza que la gobernase. Así que. no teniendo legalmente el ejercicio de la soberanía, no debia entrar en una cuestion de tanta importancia y de tanta trascendencia como la de límites.

Instalado el Congreso peruano, estuvo, es verdad, en Lima un Plenipotenciario de Colombia; pero se equivoca altamente el H. Sr. Secretario de Relaciones Exteriores cuando dice que esta tentativa/ue’ zlgrtalmente este’ril. El infrascrito se acuerda muy bien de que en elaño de 1823 se concluyó un tratado sobre este asunto; pero fué desaprobado por Colombia. ¿Será imputable al Perú tal desaprobacion? ¿Tenía algun influjo en las Cámaras de Colombia para que la hiciesen?

El infrascrito ignora si se hicieron instancias para que este asunto se llevase al Congreso de Panamá, y si el Perú se negó. Si es cierto, S. E. el Libertador debe saber las razones que se tuvieron presentes, pues entonces el Consejo de Gobierno gobernaba en el Perú como delegado de S. E. Tal vez el motivo sería no haber un Congreso, como lo mandaba la Constitucion que entonces regia y que tambien rige ahora.

Ni el tiempo en que el señor Armero Agente de Negocios de Colombia hizo su protesta sobre la eleccion de Diputados

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