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da colonial, y que antes que ella hicieron sacrificios idénticos

or conqnistarse, como se conquistaron, un puesto entre las

aciones. La igualdad de causa, la comunidad de orígen, todo lo que puede establecer entre un pueblo y otro los vínculos mas estrechos, y despertar en ellos las mas vivas simpatías por su mútua suerte; todo concurre á despertar en los pueblos del Continente americano un inmenso interés por la causa de la hermosa Antilla. Por eso estos pueblos no han escaseado sus demostraciones en favor de ella, bien que manteniéndose dentro de los límites de las conveniencias internacionales.

Los Gobiernos mismos, tan circunspectos, de suyo cuando se debaten por medio de las armas cuestiones como la que hoy ventilan España y Cuba, no se han demostrado extraños ó indiferentes á lo que entre ellos pasa. El Mundojno ignora cuan ahincadamente ha procurado el de la Gran Union Americana que la Metrópoli ponga término á la contienda mediante el reconocimiento de la autonomía de la colonia. Un año había

trascurrido apenas desde el pronunciamiento de Yara, cuando

el guerrero ilustre que se encontraba entonces, y se encuentra hoy á la cabeza de aquel Gobierno, decía al Congreso Norte Americano: (Mensaje de Diciembre de 1869.)

“El pueblo de los Estados Unidos simpatiza con todos los pueblos que luchan por su libertad é independencia . . . . . .. Hace mas de un año que una provincia valiosa de España próxima vecina nuestra, y por la cual nuestro pueblo no podía menos de sentir interés, lucha por su independencia y libertad. El pueblo y el Gobierno de los Estados Unidos experimentan por el pueblo de Cuba, en su lucha actual, los mismos ardientes sentimientos y simpatías que manifestaron durante todas las guerras anteriores entre España y sus antiguas colonias en favor de estas últimas . . . . . .. Los stados Unidos, para poner término al derramamiento de sangre en Cuba, y en interés de un pueblo vecino, propusieron sus buenos oficios con el objeto de acabar la guerra. España no aceptó la oferta sobre las bases que creemos podía ser aceptada por Cuba, la oferta fué retirada. Se espera que los buenos oficios de los Estados Unidos puedan todavía servir para la solucion de esa infortunada contienda."

Ni las palabras ni los hechos del Jefe del Gabinete de Washington pueden reputarse inusitados. En el cstado á que han llegado las ideas en el mundo político, no cabe negar á pueblo alguno de la tierra, que se sienta con la capacidad bastante para constituir una Nacion, y que pruebe tenerla, el derecho de serlo: y Cuba ha probado que la tiene. La tenacidad de sus esfuerzos, Ia persistencia en su propósito, y los poderosos recursos que ha desplegado en la gigantesca lucha, abonan esa capacidad. El mundo le debe, pues, no solo simpatías por su

causa, sino respeto y acatamiento á lo que ella ha declarado ser su voluntad incontrastable.

A tan fuertes elevadas consideraciones para no desconocer los derechos autonómicos de Cuba, viene á unirse consideracion mas elevada todavía así por el objeto que le sirve de blanco, como por los intereses generales que envuelve. Cuba alzada al rango de Nacion, no significa únicamente la inscripcion de un pueblo mas en la lista de las Naciones: significa tambien ladesaparicion definitiva y absoluta, en este Continente, de ese estigma, afrentoso para la humanidad que se llama esclavitud, causa, al propio tiempo que de vergüenza y oprobio para el mundo civilizado, de perturbacion en las condiciones de trabajo libre en estos países, y en las del precio de algunos de los

.rtículos cuya elaboracion constituye la fuente principal de su iqueza.

El Gobierno de Colombia se cree, por lo mismo, completamente justificado para proponer. como propone por mi conducto al de S. E., la aceptacion de este pensamiento americano: que todos los Gobiernos de Hispano-América, de acuerdo con el de Washington, entablen una accion comun para recabar del de España el reconocimiento de la autonomía de Cuba. Al efecto. los que tienen Agentes Diplomáticos acreditados cerca de la Union Americ .na, deberían enviarles instrucciones cn

tal sentido, y los que no los tienen, deberían acreditarlos con ellas.

Puede ser un obstáculo para el allanamiento de España á suscribir á las miras de los Gobiernos mediadores. el enorme quebranto causado á su Erario por la misma contienda á que se anhela poner fin, y si así es, fácil será removerlo suministrando los mismos Gobiernos, á prorata, la suma necesaria para ello, sin que este paso signifique otra cosa que el deseo de llegar al resultado que se pretende alcanzar. como quiera que admitiéndose, como se admite, el perfecto derecho de Cuba á

constituirse en Nacion, todo precio puesto á su rescate carece de razon y de justicia.

Propia como tienen que considerar todos los pueblos de América la causa para la cual solicito el patrocinio de sus Gobiernos, el auxilio que acabo de indicar, y que no es ciertamente el mayor que pueden prestarle, no es mas que un auxilio de hermanos, el cual desde luego no exigiría reembolso. Con todo, si de este hubiera necesidad, Cuba, que es aun suficientemente rica, podría responder en época no muy lejana, de la

deuda que de tal modo contrajese con los Gobiernos mediadores.

Si el pensamiento de la mediacion es acogido, como lo espera el de Colombia, indicado está que el primer paso de ella de

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be encaminarse á. obtener la inmediata regularizacion la guerra por el no empleo de la confiseapion y delcadalso, nude medio alguno legítimo de hostilidad; pines pudiendo retardarse mas ó menos cualquiera negociacion, so,bre. la terminacion de la lucha, no poco se habrá bechoentreltautot logrando humanizarla.

Tales son, señor, las ¡aspiraciones bajo las cuales desea obrar mi Gobierno en la cuestion de Cuba; y dominado por ella se lisonjea con la creencia de queencontrarán. decidido

. apoyo en el ánimo de aquellos á quienes se dirige, pues no es

propio de pueblos hermanos y cristianos continuar contemplando impasibles una empresa de represion comola deque, setmta tan cruely devastadora en sus procedimientos. De S. E. muy respetuoso servidor. GIL COLUNJE.

Excmo. Señor Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.

Mínzïrterio de Relaciones ExterioreL-Lima, Febrero 6 de 1873.

Oportunamenterttive el honor de. recibir, por conducto del Excmo. señor Teodoro Valenzuela. Ministro Residente de Colonibia en las Repúblicas del Pacífico, la muy importante circular de V. E, de 26 de Setiembre último, por la que se sirve llamarla atengionde los Gobiernos Hispano-Americanos hacia la sangrienta y prolongada lucha en que se halla empeñada Cuba.con su, metrópoli, para llevar á cabo la obra de su emancipztcion política, lucha que, por el encarnizamiento y perseverancia con quepor ambas partes se sostiene, amenaza convertir la hermosa Antilla en un campo deruina y exterminio.

’ Anteunalsituacion tati dolorosa, piensa S. Epmuy fundadamente, que no es dable’ permanezcan impasibles los pueblos que fueron en un tiempo colonias españolas y que ‘ conquistaron ya su independencia. La comunidad de orígen, de tendenciasy de aspiraciones, la identidad de sacrificios y esfuerzos empleadospara llegar á la ‘posesion de la ‘nacionalidad, concurren á‘ despertar enlos pueblos americanos el mayor interes

oi-‘la suerte de Cuba, no habiendo escaseado, como debe

.. E. recordarlo y es notorio, las manifestaciones de, los Gobiernosy de los pueblos en ese sentido enteramente americano.

Para arrancar á‘ Cubade su penosa actualidad y asegurarle la consecucion definitiva de su emancipacion de la metrópoli, propone V. E. la idea de que todos los Gobiernos HispanoAmericanos, de acuerdo con el de los Estados Unidos, entablen una accion comun para recabar del de España el reconoci

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miento de la autonomía de aquellaisla, á ciiyoef cto, los que tienen Agentes Diplomáticos acreditados cerca de Gilobierno de Washington, deberán enviarlesinstrucciones. en el sentido indicado ' zicreditarlos con ellas los que no los. tienen, Y en prevision de que el enorme quebranto causaqkral Erario de Es l.ña por la misma lucha que se anhela ver terminada, fuese 055stáculo por parte de aquella para la aceptacion de la idea pro.ouesta, insinúa V. E. que sería fácil rcrnoverlo, suministrando los mismos Gobiernos, á prorata, la suma necesaria, sin que este paso signifique otraoosa que el deseo de llegar al resultado que se pretende, desde que admitiéiidose, como se. admite, el perfecto derecho de Cuba á constituirse en Nacion, todo precio pnesto á su rescate carece de razon .v (le jysticia.

En la confianza de que tan elevado pensamiento será favorablemente acogido por los Gobiernos americanos, termina \(. indicando que el primer paso de éstos debe encaminarse á ob,tener la inmediata regularizacion de la guerra, despoj ndola de todos los medios ilegítimos de hostiljdadlque hasta, .oy la han caracterizado, pues pudiendo retardarse cualquiera negociado sobre la terminacion de la lucha, se habrá obtenido mucho, entre tanto, logrando humanizarla,

Mi Gobierno ha visto con profunda satisfaccion la generosa iniciativa queel de V. E. ha tomado en este asunto, comparte en Io absoluto los sentimientos que ‘nan inspirado la idea dela niediacion con elidoble fin propuesto, y siente únicamente no encontrar bastante eficaz el arbitrio indicadopara obtenerlo. .

Desde el principio de esa lucha en que se atrajo Cuba las simpatías de todo corazon americano, y aun desde mucho antes, elPerú ha vistoen la independencia de la Antilla un derecho que no puede debatirse y en el concurso que deba prestársele una necesidad política que, acontecimientos no remotos aun, han v.en¡do á pateiitizar; y la conducta observada, por el Perú ha estado siempre en armonía con aquellos sentimientos, y con esta conviccion.

Tan pronto como los esfuerzos unidos de las Repúblicas aliadas lograron ahuyentar del Pacífico las naves españolas de 1866, el Perú procuró activamente favocer de una manera directa y positiva la noble aspiracion de los Cubanos, é inició con este objeto negociaciones con algunas otras‘ Repúblicas americanas, que desgraciadamente no creyeron entónces llegada la vez de asumir la actitud que el Perú juzgaiia necesaria para el cumplimiento de sus justos propósitos y el triunfo de la política Hispano-Americana en el instante mas propicio para el buen resultado, y para impedir las desventuras y calamidades que ahora lamentamos todos.

Estos esfuerzos y otrosqne onnito citar recibieron una solemne comprobaciort en el reconocimiento expreso,‘ del carácter de

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beligerantes y despues con el de la independencia de la isla por parte del Perú, ofreciendo tales actos, públicos los unos v privados otros, el testimonio innegable de la política constante del Perú en una cuestion que mi Gobierno considera de honra y de interés americano.

Poco despues, el Perú se halagó un momento con la esperanza de ver logradas sus aspiraciones en los buenos oficios que el Gobierno de los Estados Unidos ofreció para poner fin á esa guerra sin ejemplo en la segunda mitad de nuestro siglo; pero, como S. E. lo recuerda en la circular que contcsto, uo fué aceptada tal oferta por el Gobierno de S. M. C., y sin obtenerse nada en este camino, á pesar de la influencia legítima y poderosa del Gobieruo de los Estados Unidos del Norte. cuantos esfuerzos se han hecho posteriormente en el mismo sentido han fracasado, concluyendo el Gobierno español por declarar recientemente que no admitirá la intervencion de Potencias extrañas en la cuestion de Cuba.

En vista de estos recuerdos, y de los hechos que acabo de puntualizar, el Gobierno del Perú no puede menos de abrí ar fundados temores de que el medio propuesto por el de los is. tados Unidos de Colombia escolle tambien ante la inflexibilidad declarada de España yhaga perder en el desengaño el tiempo que podría utilizarse en trabajos verdaderamente decisivos.

Los esfuerzos de la diplomacia americana, aunque tiendan á procurar un éxito completo en la cuestion que se ventila hoy en los campos de batalla. no traducen en toda su importancia y en su verdadera significacion los deseos de la América respecto de Cuba. Con ellos debe revelarse una aptitud resuelta é imponente que dé á su palabra toda la autoridad que necesita y que presente á la consideracion dc la España lo que vale la alianza de intereses de sentimientos que nos ponen al lado de la infortunada Antilla.

La accion diplomática hasta cierto punto limitada de cada Gobierno no es bastante, como he tenido el honor de indicarlo, para obtener lo que no alcanzó el Gabinete de Washington. Es necesario que esa accion se ejerza por acuerdos celebrados entre los Representantes mismos de todas las Naciones HispanoAmericanas suficientemente autorizados para adoptar todas las resoluciones que en cada faz de la cuestion requiera la realizacion del objeto que imponen á la América sus tradiciones, sus intereses, sus sentimientos y su honra.

Esa accion conjunta, rápida, y por lo tanto eficaz, no puede esperarse sino de un Congreso de Plenipotenciarios de las Repúblicas Hispano-Americanas expresamente autorizados al efecto.

Si la union de las Repúblicas de este Continente ha sido al

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