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el interes de una pequeña provincia lo que puede 'turbar la marcha magestuosa de la América Meridional, que unida de corazon, de interes y de gloria, no fija sus ojos sobre las pequeñas manchas de la revolucion, sino que eleva sus miras sobre los mas remotos siglos, y contempla con gozo generaciones de generaciones libres, dichosas y anegadas en todos los bienes que el cielo distribuye a la tierra, bendiciendo la mano de sus protectores y libertadores.

La entrevista que V. E. se ha servido ofrecerme, yo la deseo con mortal impaciencia, y la espero con tanta seguridad, como ofrecida por V. E.

Acepte V. E. los testimonios de la profunda consideracion con que soy de V. E. su atento, obediente servidor.

BOLIVAR.

Excmo. Señor Protector del Perú D. José de San Martin.

JUNTA DE GOBIRRNO.

(Reservado.)

Guayaquil, Junio 24 de 1822.

Excmo. Sr:

La victoria de Pichincha, debida á las tropas del Perú, apresuró la entrada en Quito del Libertador de Colombia. El Gobierno fió al Señor Mariscal La Mar la honrosa comision de pasar á felicitarle a su nombre. La felicitacion, los varios ob. jetos que comprendía y el personage á quien era dirigida, exigieron la eleccion de un sugeto del mérito y reputacion del señor Mariscal,

En el momento mismo de su partida hemos recibido la comunicacion de ese Supremo Gobierno, fecha 7 del presente, por la cual nos participa el nombramiento que ha hecho en el mismo de Jefe del Estado Mayor General del Perú y la órden que se le había dirigido para que saliese inmediatamente á servir su destino. Esta ocurrencia inesperada nos hizo entrar en un sé. rio acuerdo; y pesando por una y otra parte los inconvenientes, las ventajas y las críticas circunstancias de esta provincia,

no; hemos podido, menos que exigir del Sr. Mariscal, su partida á Quito. Esperamos qne V. E. no desaprobará esta necesaria resolucion, teniendo presentes los poderosos motivos que nos han impulsado,

V. E. debe recordar las intimaciones del Libertador á este Gobierno sobre la agregacion de esta provincia á la República, y su derecho parecerá mas fuerte sostenido hoy por tres mil bayonetas. Los Jefes, Oficiales y parciales que se han reunido, en Quito y sitian á S. E. le han dado los informes mas sinies. tros de este Gobierno y las noticias mas equivocadas de la situacion, espíritu y opinion de este pueblo. Se le ha hecho creer (y S. E. no se ha desdeñado de descender á dar crédito à pueriles imposturas,) que toda la provincia está decidida por la República, y que solo el Gobierno se opone, oprimiendo y violentando la voluntad general. Era, pues, forzoso que se remitiese á S. E. un sugeto de respeto, de crédito y con toda la presuncion de imparcialidad, que despues de cumplimentarle aprovechase la mejor oportunidad de informarle de la verdade. rà situacion de esta provincia, de la libertad sin límite, que sin degenerar en licencia, le permite el Gobierno en materia de opinion; que le impusiese de la honradez y liberalidad de nuestros principios, y de las artes que han puesto en obra los enemigos del órden. Todo con el fin de descubrir los planes que se hubiese propuesto el Libertador sobre este pueblo, y de suspenderlos ó neutralizarlos si fuese posible.

Tenemos sospechas, y no, leves, de que los Jefes de la República persuadidos de que el Gobierno del Perú ha puesto todos los medios de disolver el batallon“Numancia," proyectan hacer lo mismo con la division de Santa Cruz, y que ya han empezado á pretestar demoras para su regreso. El señor La Mar hará desvanecer los inconvenientes, apresurará su salida, y aun esperamos que a mas de la fuerza propia de la division perua. na, traiga mil hombres mas de la República, para que todos se embarquen en este, y vayan con su cooperacion á apresurar el día de gloria que nos prepara V. E. Para este efecto, es in. dispensable que V. E. remita trasportes ; si la escuadra no estuviese ocupada en algun otro objeto, podría venir, y entonces la conduccion de las tropas al Callao sería mas fácil, mas comoda y menos costosa. Pero si la division baja de la sierra á este punto, y no llegasen los trasportes, entonces echaremos mano de los buques de esta bahía y haremos los mayores es. fuerzos por aprestar su marcha. V. E. conocerá fácilmente que ningun otro que el señor La Mar podía preparar, facilitar y ejecutar estas operaciones complicadas y sobremanera im. portantes al Estado del Perú. Desde que recibimos la men cionada intimacion del Libertador, el Gobierno ha creido ini,

ciada la agregacion de esta provincia y que era inevitable un compromiso entre el Perú y Colombia ; pues ni ésta podría desistir de su intento en que ha cifrado la parte principal de su prosperidad, ni aquiel podría ver pasivamente el ultraje de un pueblo puesto bajo su proteccion.

En conclusion : salvar la division del Perú ; aumentar su fuerza; hacerla útil en la próxima campaña; precaver diferencias desagradables entre los dos Estados (cuyos resultados podrían ser una guerra civil que aumentando la desolacion de América nos desconceptuase y en vileciese á los ojos de Europa); desim. presionar al Libertador de las absurdas y detestables ideas que se le han sugerido contra este Gobierno; y, en fin, evitar que los horrores de la discordia sean el fruto de los sacrificios de este pueblo por su libertad, por la de las provincias comarcanas, y por la causa americana; tales han sido los motivos poderosos que nos han obligado á creer que el señor Mariscal LaMar haría un servicio mas importante á la Patria, y al Perú, particularmente, partiendo á Quito, antes de ir á servir el destino con que acaba de honrarle su Gobierno.

Dios guarde á V. E. muchos años.

JOSÉ DE OLMEDO.

Excmo. Sr. Supremo Delegado del Perú.

Bogotá, Junio de 1822.

Al Excmo. Sr. Libertador, Presidente de la República de Co.

lombia.

Excmo. Señor:

Luego que recibí la comunicacion de V. E. fecha en el Cuar. tel General del Trapiche á 1.° de Junio último, tuve la honra de sometcrla al conocimiento y decision del Poder Ejecutivo de la República. La cuestion sobre las posesiones de Guaya. quil, han parecido de tanta importancia, que ha sido necesario considerarla por todas sus faces en el Consejo de Gobierno.

Debo poner en noticia de V. E. la resolucion del Congreso relativa à esta misma materia. La consideró interesante aquel Cuerpo Legislativo en su totalidad, y convino unánimemente en que para la incorporacion de las provincias que componen la Presidencia de Quito, se emplease con preferencia el medio de una negociacion amigable, al de la fuerza.

La cuestion varía sustancialmente cuando agregada expontá. neamente la mayor parte de aquella Presidencia, se trata de la parte que debe caber á una accesoría. La práctica de otras Na. ciones que se vanaglorían de profesar principios tan liberales como Colonbia, está muy de acuerdo en que los intereses é interesados de una pequeña fraccion de la sociedad, deben su. cumbir a los de la mayoría. Las leyes del hombre en estado de naturaleza, no pueden aplicarse en manera alguna al estado so. cial, en que se renuncian muchas de aquellas para gozar de los beneficios que trae consigo el poder y la fuerza combinados. Tampoco puede existir en el seno de la sociedad el hombre de la naturaleza, sin causar á los que la componen perjuicios de la mayor consideracion. Tal seria la provincia de Guayaquil, si colocada entre el Perú y Colombia, continuase sirviendo en una especie de aislamiento desventajoso á ella misma y perjudicial á los Estados colombianos.

La exposicion que tengo la honra de acompañar á V. E., manifiesta claramente que el actual Gobierno de Guayaquil, no desconoció esos principios, cuando pudo ponerlos en práctica al tiempo de su transformacion política. ¿Con qué derecho decretó entonces la agregacion de veinte mil almas de poblacion que componen el Canton, provincia de Porto-Viejo, contra su voluntad expresamente declarada en favor de Colorn. bia ? Este mismo es el que tenemos en el día para compeler á Guayaquil á entrar en su deber, caso que una negociacion ami. gable no sea capaz de producir el efecto. Este derecho es tanto mas fuerte de nuestra parte, cuanto que el Perú no puede alegar en su apoyo el menor motivo que justifique sus pretensiones, ni que pueda autorizar á su Protector á dar á V. E. consejos que no necesita. La República de Colombia tiene demasiado acreditada su moderacion para con los demas Estados americanos: sabe respetar las instituciones, cualesquiera que ellas sean y se ha abstenido de intervenir directa o indirec. tamente en sus negocios domésticos. Esto al parecer nos hace acreedores á igual correspondencia, principalmente si se considera que nuestros derechos están fuera de toda duda, fundados en la pactacion y en el uti possidetis al tiempo de la fundacion de la República. Si es, pues, incuestionable, como lo es, que la bahía de Tumbes era el extremo de nuestro territorio por aquellas costas del Pacífico, y que la provincia de Guayaquil está comprendida entre nuestros límites, ningun poder extraño puede absolutamente mezclarse en la disputa con la menor apariencia de razon.

La resolucion de lo que convenga hacer en el caso presente, es por lo tanto de nuestra exclusiva incumbencia. Podemos adoptar medidas extremas, si se quiere, sin ofender a nadie.

Pero como un Estado naciente debe obrar con la mayor cir. cunspeccion; como el Gobierno de un pueblo libre debe contemporizar cuanto sea compatible con su dignidad en todos los casos en que su conducta pueda increparse de opresiva y tiránica; como, en fin, siempre que se trata de la suerte de una poblacion, que vá á formar perennemente con nosotros una sola familia, es conveniente conciliar las opiniones, en lugar de irritarlas, ha parecido al Poder Ejecutivo que la cuestion no debía decidirse aquí sino donde pueda emplearse con fruto la persuacion, las circunstancias y casualidades, y cuanto sea capaz de conducir las cosas á un término feliz. Muy poco se necesitaría para convencer a los partidarios del Perú en aquella provincia, que sus intereses bien entendidos están de parte de Colombia, Esta República no teniendo otros exclusivamente en el Pacífico, que los de Panamá y Guayaquil, los vería como suyos propios, los adelantaría con el mayor esmero, y los defendería con todo su poder. Muy diferente sería la suerte de aquellos pueblos si algun día recibiesen la ley de un Estado, que considerándolos como una miserable minoria, procurase siempre hacer refluir las ventajas de su comercio y de su agricultura en beneficio y engrandecimiento de sus numerosas proyincias marítimas. La voz de un Diputado de Guayaquil en el Congreso del Perú, sería de muy poco influjo por los es. fuerzos de sus competidores, mientras que en Colombia encontraria constantemente todo el apoyo y proteccion que podía apetecer.

Todo esto ha inducido á S. E. el Vice-presidente y al Consejo de Gobierno á creer que nadie podría resolver con tanta destreza esta cuestion, como V. E. en virtud de las facultades extraordinarias que le atribuye la ley. Se adelanta, sin embargo, á hacer simplemente á V. E. las indicaciones siguientes :

1.° Que para la resolucion de la cuestion de Guayaquil, se prefiera siempre el medio de una negociacion amistosa, manejada con toda la prudencia que caracteriza á V. E.

2.* Que si esta no produce efecto alguno, se ocupe inmediatamente por la fuerza el Canton provincia de Porto-Viejo y todos los pueblos de la provincia de Guayaquil que reconozcan ó estén dispuestos a reconocer expontáneamente la República de Colombia.

3.° Que en las fronteras del territorio de Guayaquil, que permanezca separado de Colombia, se establezca inmediatamente una Aduana, como las de nuestros puertos marítimos, en la cual las mercaderías y frutos que se introduzcan de Guayaquil á nuestras provincias ó se extraigan de éstas, paguen los mis. mos derechos de introduccion y extraccion que el comercio

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