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minado el aplazamiento de esa parte preliminar, cuyo índice está formado por el doctor Aranda con aprobación de los señores don José A. de Lavalle y don Pablo Patrón comisionados para revisarlo.

Las colecciones de 1854, 1858 y 1876, contienen solamente los Tratados vigentes en la época de su publicación. Así, la segunda no trae, entre otros, los Tratados desaprobados de 1825 y 1839 con Bolivia, ni los relativos á la Confederación, y la última —lo dice en el Prólogo su laborioso autor, don Sebastian Salazar-se limita á mencionar los Tratados caducados en notas ilustrativas colocadas al pié de cada capítulo, consultando que la publicación tuviera un carácter esencialmente práctico.

Hemos creído que se podía armonizar esa utilidad que inmediatamente se presenta, esto es, de reunir la legislación positiva proveniente de los pactos internacionales, con otra de mayor trascendencia para la historia de las negociaciones diplomáticas y para el estudio de las conveniencias permanentes del país.

“Un Tratado puede considerarse, segun el conde de Florida Blanca, como la transacción de un pleito pendiente, para lo cual no sólo se deben tener en consideración los derechos de las partes, sino el estado del mismo pleito: la proporción que algunas de ellas tengan de ganarlo en todo ó en parte : los gastos y costas hechas y las que queden por hacer”; ' y tambien, conforme á la opinión del coleccionador de los Tratados de España, como el reflejo de las costumbres, de las necesidades y aspiraciones de los pueblos y de la moralidad y prudencia de sus Gobiernos. ?

En la América, los Tratados entre las potencias del continente revelan por lo general, el deseo de expresar ideas y propósitos levantados y progresistas aún posponiendo

(1) Instrucciones al conde de Aranda, embajador de España en Paris --Colección Cantillo página 579. (2) Janer-Discurso preliminar.

esas consideraciones de circunstancias que cita el estadista español; y los celebrados con las naciones europeas son la expresión de la política de éstas y de su triunfo en la série de estipulaciones con ellas acordadas.

Nacimos a la independencia en circunstancias bien diversas de los Estados Unidos de Norte América que, por la importancia de su situación y las condiciones de su vida colonial, contaron desde luego con el apoyo de potencias del antiguo continente, é ingresaron en seguida a la comunidad de las naciones en un pié de perfecta y efectiva igualdad.

Nuestra emancipación, combatida en las esferas de la diplomacia por la influencia de España y de los Gobiernos absolutos, fué reconocida en forma discreta — enviando Cónsules á estas apartadas regiones—y entramos al comercio internacional como personalidades de poca entidad, cuyos esfuerzos por conseguir los respetos de los poderosos eran visibles.

Mientras en los Tratados de los Estados Unidos, principiando por el de 1836 con la Confederación Perú-Boliviana, estipulábamos el principio de "buques libres, mercancías libres ”, en los pactos con la Gran Bretaña guardamos silencio continuando sometidos al rigor de la pretendida “ regla de 1756” y en estos y otros muchos la cláusula de la nación más favorecida y las más exageradas inmunidades ó los Agentes Consulares, introducían novedades en las reglas positivas aceptadas por la común práctica de las Naciones.

De observar es también que algunos de nuestros diplomáticos llevados de laudable celo por estrechar las relaciones con los países extranjeros, y considerando que la mejor ma nera consistía en dejar consignado su nombre en el encabezamiento y pie de un Tratado, los han celebrado con profusión, y muchas veces han aceptado proyectos sin hacer un estudio comparativo con la legislación interna del país ó

que, en caso más favorable, nunca han tenido aplicación pues no satisfacían una necesidad real.

La publicación completa detodo lo proyectado y sancionado, prestando material para el estudio, servirá de guía á los negociadores y legisladores futuros en el conocimiento de nuestros verdaderos intereses, contribuirá á uniformar la legislación positiva y nos revelará, para precavernos, los propósitos de otras potencias en su trato diplomático con el Perú.

Ofrece además este trabajo una ventaja de orden secundario que merece mencionarse. Reducida una colección á los Tratados vigentes, en la continuación es necesario repetir los que no han caducado. Con la presente, bastará publicar, cuando se haya acopiado el material, nuevos tomos en que se dispongan los instrumentos diplomáticos por orden cronológico, acompañándolos de índices alfabéticos.

El plan que se ha adoptado, aunque no tiene las vastas proporciones del de Calvo en su “ Colección histórica completa de los Tratados de la América latina", supera al de la novísima de los “ Tratados y Convenciones concluidos entre los Estados Unidos de América y otras potencias, desde el 4 de Julio de 1776" por Haswell, pues contiene aún los Tratados no ratificados y muchos otros documentos relativos á reclamaciones de extranjeros, cuerpo diplomático, navegación de ríos, etc., de manera que puedan encontrarse todas las referencias que hace el Repertorio de Tétot á la monumental colección de Martens y á los State Papers de Inglaterra, y conocerse muchos otros documentos que andan dispersos en los archivos, en las colecciones del periódico oficial y en las Memorias de los Ministros de Relaciones Exteriores.

Sin embargo de no haberse pensado en agregar notas históricas sobre cada Tratado, como las tiene, y muy valiosas, debidas al eminente Bancroft Davis, la colección de Haswell, el cumplido éxito alcanzado por la laboriosidad é inteligen

cia del doctor Aranda en este tomo, permitirá poner á disposición de nuestros profesores de derecho, suficientes datos, para que contribuyan á ese complemento de tan reconocida importancia.

Es posible que algunos documentos no se incluyan en esta colección por haber desaparecido de los archivos del Ministerio e! libro copiador de Protocolos en el tiempo que Lima estuvo ocupada por el ejército chileno, ó á causa de haberse encontrado mutilados los instrumentos de ratificación por la irreverente mano de un coleccionador de sellos y autógrafos, á quien fueron facilitados en esa misma época. Los documentos que se consigan de otras fuentes se insertarán en un apéndice general al último tomo.

El doctor Aranda nos encarga expresar, que ha encontrado gran auxilio en el folleto publicado el año de 1874, por el doctor don Emilio Bonifáz, bajo el título de “ Los Tratados del Perú", y en el índice del mismo doctor Bonifáz inserto en el “ Peruano” del año de 1879, y reproducido mas tarde en el “ Ateneo", indice que aunque deficiente, está hecho con recomendable método.

Carlos WIESSE.

Lima, Agosto 9 de 1890.

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