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En el día de la fecha del auto precedente, hice presente de su contenido al scñor Fiscal de este Supremo Tribunal Dr. D. Matías León, y rubricó, de que certifico. Una rúbrica.

Rondón.

En el mismo día se dirigió la nota que se indica en el referi. do auto al señor Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores.

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República Peruana, Ministerio de Gobierno y Relaciones Exterio.

Tree. Casa del Supremo Gobierno, en Lima, á 21 de Setiembre de 1841. Señor Presidente de la Exema Corte Suprema de Justicia.

Señor Presidente: Tengo el honor de trascribir á US. la nota que me ha dirigi. do el señor Encargado de Negocios de S. M. Británica, con fecha de ayer, en contestación al aviso que se le dió por este Ministerio de habérse sometido al juzgamiento de ese tribunal la ocurrencia de tentativa de asesinato contra su persona, de que ha dado parte dicho señor.

«El infrascrito, Encargado de Negocios de S. M. Británica, tie. ne el honor de acusar recibo de la apreciable nota del señor Mi. nistro de Relaciones Exteriores del 18 del corriente con sus adjuntas, la que recibió el día 19.

A cerca de estos documentos el infrascrito, solamente obervará que es de desearse sinceramente que las medidas que el Gobierno Peruano crea conveniente adoptar para la investigación del asesinato que se intentaba hacer en la persona del infrascri. to, que ha sido oficialmente comunicado, produzcan practicamen. te los fines de la justicia internacional.

El infrascrito aprovecha de esta oportunidad, para renovar al señor Ministro de Relaciones Exteriores las seguridades de su alto respeto y distinguida consideración.» Lo que participo á US. para los efectos consiguientes. Dios guarde á US.

Manuel Perez de Tudela.

Lima, Setiembre 21 de 1841.

A la Sala que corresponde.

Una rúbrica del señor Presidente,

Lima, Setiembre 21 de 1841.

A los de su materia.—Tres rúbricas de los señores Herrera, Mariátegui, Colnienares. Por órden de S. E.

Rondón.

Núm. 111, -Legación de S. M. B.

Lima, Setiembre 30 de 1841.

El infrascrito, Encargado de Negocios de S. M. B., tiene el honor de acusar recibo de la nota de D. Manuel Pérez de Tudela, ex-Ministro Peruano de Relaciones Exteriores, de 22 del corriente, trascribiéndole, para su conocimiento, la comunicación que el señor Tudela recibió del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, en que le trasmite cópia de una (Resolution) auto expedido en la misma fecha por aquella Corte, en el juicio promovido en ella con el fin de investigar el plan de asesinato que se dice haberse proyectado en esta capital contra la persona del infrascrito.

En virtud de este auto, se ordena que el Dr. D. Francisco Javier Mariátegui se encargue de la formación del sumario, y que el Ministro de R laciones Exteriores exigirá el infrascrito que el testigo Correa se ponga á disposición del predicho vocal y que también exprese quién es la persona de intachable honor que tiene un destino elevado cerca del Gobiern Peruano, quién, en otra parte de este alito, está, con referencia a la nota del infraserito de 16 del corriente, determinada como una persona de categoría y allegada al Gobierno.

Como el Ministro Peruano sin embargo se limita en su arriba

mencionada nota á trascribir este auto al infrascrito para su conocimiento, sin fundar sobre él ninguna demanda á su nombre ó al de su Gobierno sobre el asunto del testigo Correa ó del informante con respecto á la conversación entre el Coronel Ponce y el General La-Fuente, el infrascrito hasta aquí no ha considerado como obligatorio para él, observar semejante auto, siéndole inposible en la actualidad presentar el testigo Correa. Pero como este individuo desde entonces ha procurado expontáneamente, y obtenido asilo á bordo del buque S. M. B. «Presidenta».. que llegó antes de ayer al Callao; por esto se ha presentado á la Corte Suprema la oportunidad de que haga que la declaración de Correa se tome por cualquiera persona ó personas que crea conveniente comisionar para aquel fin, habiendo el capitán Broughton, comandante de la «Presidenta), consentido, á indicación del infrascrito, permitir para esto entera libertad.

El infrascrito, siente sinceramente que no sea conforme con gu obligación de respetar el sagrado principio del asilo; y su deber hácia el individuo á quién según parece le es principalmente deudor de su propia seguridad contra el asesinato, poner á Correa á la sola disposición de la Corte Suprema; pero, aunque él mismo estuviese deseoso de hacerlo así, no sería permitido el que una autoridad británica violase el asilo, que bajo todas las circunstancias del caso, ha sido justamente pedido y concedido á Correa.

Cualquiera que sea la opinión del infrascrito sobre la materia, no tiene los medios de calmar las aprensiones que abriga Correa, en caso de su desembarque en el Perú, á consecuencia de su animosidad personal contra él de personas influyentes y poderosas aparentemente complicadas en el negocio de que es el principal testigo.

Si al infrascrito le fuese permitido consultar solamente su manifiesto interés en que Correa evacuase su declaración judicialmente, ó sus propios sentimientos personales sobre la materia, podría consentir en admitir una garantía del Supremo Gobierno para la seguridad de Correa en caso de que desembarcase; pero es imposible inspirar á aquel individuo la confianza necesaria á inducirle para que consienta en tal paso.

Por otro lado, á juzgar de los fundamentos de temor que tiene Correa, porque ni el Tribunal Supremo, ni el Gobierno en la actualidad, poseen los medios adecuados para suministrarle la debida protección contra las abiertas ó secretas maquinaciones de sus poderosos adversarios, los siguientes hechos deben tenerse presente.

1. En 17 del último se pronunció solemnemente un fallo por el juez, declarando «que había lugar á formación de causa» contra el autor de un artículo infamatorio sobre el carácter público del infrascrito, publicado en el número 648 del periódico de esta capital llamado «El Comercio», que concluye con la incidiosa é inmoral tentativa de provocar y justificar su asesinato.

Tan luego que se dió este dictámen la parte responsable por este libelo, debía, en conformidad con las leyes vigentes del Perú, haber sido arrestada y remitida á la prisión; pero hasta el día no se ha hecho tal cosa y el juez de la causa ha creído conveuiente renunciar su cargo bajo el pretesto de enfermedad, mientras que al autor del libelo, coronel Iguain, le es permitido hasta el día continuar en pleno goce de sus empleos, de la tolerancia y favor del Gobierno y que invente y publique en su periódico «El Rebenque» nuevas falsedades calumniosas é insultos contra el carácter público del infrascrito, como también contra el del señor don Manuel Pérez de Tudela, predecesor en el destino del señor Charun, por la parte activa que tuvo en conseguir la órden del Gobierno para entablar los procedimientos judiciales contra el artículo infamatorio antes mencionado.

2. El 31 de Mayo último, Henrique Nelson, súbdito británico, fué, por órden y á presencia de don José García Urrutia, Intendente de Policía de esta capital, puesto en tormento con el fin de arrancarle contra sí mismo ú otios cargos de robo; pero á pesar de que este hecho ha sido prodado por seis respetables testigos oculares del hecho, por las cicatrices de su cuerpo según se ha probado por el certificado bajo de juramento de tres cirujanos del buque de S. M. «Presidenta», y por otras que se han dado en virtud de una órden judicial para aquel fin, al señor García también se le ha permitido conservar hasta el día su cargo y destino y la plena amistad y apoyo de su Gobierno.

3. En el mes de Abril de 1840 Juan Lewis, súbdito británico, teniendo motivos para saber que cierto individuo era sabedor de un robo que se había cometido en Lima, muy justamente refirió aquel hecho al comisario del distrito, quién en su consecuencia hizo que el individuo señalado por Juan Lewis fuese traído á su presencia, y que su declaración sobre el particular se tomase verbalmente.

Este individuo sin embargo desapareció después sin que su declaración fuese recordada en los pormenores del juicio relativos al robo; y aunque Juan Lewis no tuvo parte ni en su desaparición ni en el robo, fué mandado á la prisión por el Intendonte por sospechas.

Después de estar en prisión 67 días, fué puesto en libertad en virtud de una sentencia pronunciada en apelación por la Corte Superior de Justicia, en que se manifiesta que ninguna prueba se ministraba en los pormenores del procesa contra Juan Lewis, pero que ministraba «vehementes sospechas» contra el presbítero don Isidro Montoya como el autor del robo, quién no obstante hasta aquel día había permanecido en libertad.

En contestación á una demanda del infrascrito por reparación de la injuria de falso encarcelamiento tan injustamente infligido en Juan Lewis, don Manuel Ferreyros, entonces Ministro de Relaciones Exteriores, manifestó que por la publicación de la sentencia de absolución (ocho meses después de que se había pronunciado) Juan Lewis había sido «restablecido en su buena fa« ma hasta donde corresponde, respecto de un hombre vulgar y. de servidumbre» acompañando esta negativa á dar satisfacción, con una infundada y cruel mofa preguntando: «qué más po«dría pretenderse por otra parte y sin hablar sino por raz nes

de conveniencia, por un hombre que estando suelto no podrá proporcionarse tal vez medios mas abundantes de subsistencia que estando encarcelado? »

Otros casos de igual naturaleza podrían citarse; pero los anteriores serán, sin duda, suficientes para satisfacer al Ministro, al menos de lo razonable de la repugnancia de Correa á exponerse á las consecuencias de desembarcar en el Perú con el fin de dar su declaración sobre un asunto de tan séria naturaleza.

No podrá obscurecérsele al señor Ministro que ningún resultado útil ó práctico podría obtenerse de que el infrascrito diese el nombre del informante con respecto a la conversación que tuvo lugar entre el señor General La-Fuente y el Coronel Ponce; pues el conocimiento que tiene de aquella conversación, siendo fundado solamente en la información que de ella se le hizo por la esposa del Coronel Ponce, ninguna declaración suya podría recibirse como evidencia cont: a las partes á que se refiere en aquella conversación,

Por esta razón, como también por la improbabilidad de que un individuo tan circunstanciado como el informante se aventurase á prestar una declaración tan sin temor y con franqueza, el infrascrito se cree justificado y hasta cierto grado obligado á callar su nombre; y de igu l modo se abstendrá de presentar cópia de una declaración escrita de otra persona relatando una comunicación hecha por este mismo caballero de la conversación con respecto al coronel Ponce y al mayor Pavón; aunque talos comunicaciones del empleado de que se ha hecho mención tie

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