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quisitos de estilo, devuélyase lo obrado á quien corresponde para los usos convenientes.

Actúo con testigos por falta de escribano, en este papel por no haber del sellado que corresponde.

Felipe Mazuelos.- Testigo, Lorenzo J. Mesa.—Testigo, Narciso Aranda.

En la ciudad de Arica, á veintiocho días del mes de Junio del año de mil ochocientos cuarenta y cuatro, para la forinación de la sumaria á que se refiere la nota que antecede, ante mi, i el juez de paz don Felipe Mazuelos y testigos infrascritos, compareció el señor doctor don José Joaquín de Aguirre, Ministro de la Corte Superior de la Faz, residente á la fecha en ésta, de tránsito para Chile, á quien se le recibió juramento en forma y examinado con el tenor de la nota que encabeza dijo: «que el veintiseis del presente á las siete de la noche poco más o menos, viendo que en la plaza y en el recinto de la trinchera habían reunidas muchas personas, creyendo que arribase algún buque ú otra cosa semejante, se aproximó á la reunión expresada: que entónces vió que una persona que le expresaron ser el señor Murífi se paseaba en el recinto de la trinchera, y el señor Coronel Arancibia que tambien se hallaba allí le decia: «señor don Pedro, marche U. no más pues que ya sabe U. que debe ir»; á lo que contestaba el señor Mursii, «que no iría á menos que no se le dé un oficial». Contestó el señor Arancibia «que no podía darle un oficial porque habían pocos y no bastaban al servicio de la plaza, y que como le había dicho antes podía ir solo si quisiese». Después de varias réplicas sobre este mismo particular mandó el Coronel Arancibia que viniesen cinco hombres más de escolta: comparecieron estos á caballo: montó el señor Murfti y partió con ellos. Se hallaron presentes á este suceso los señores Fiengo, Pizarro, Pividal y otros pasajeros y vecinos del país que no tiene presentes». Es cuanto expuso sobre la verdad en fuerza del juramento prestado; y después de que ésta le fué leída, la aprobó y ratificó, expresando ser de treinta y ocho años, casado, abogado, natural y vecino de la República de Bolivia, y para constancia firinó con migo y los testigos.

Felipe Mazuelos --Jose Joaquín de Aguirre—TestigoLoren zo J. Rosa - Testigo-Narci:0 Aranda.

Inmediatamente, y siendo como las once del día, compareció en este juzgado, por ante mí el juez de paz y los testigos infrascritos, don Nicolás Fiengo, natural de Nueva Orleans y de tránsito en ésta, soltero, comerciante y de veinticinco aúos de edad, á quien recibí juramento, según ley, bajo del cual prometió decir verdad, sin agravio de partes, de lo que supiese y fuese preguntado, y siéndolo con arreglo á la nota que obra al principio de este expediente, dijo: «Que en la noche del veintiseis estando de visita en la tienda de doña Francisca Zavala, vió pasar al señor don Pedro Murffi á caballo y escoltado de algunos hombres armados, á lo que le dijo el señor Pizarro que llevaban preso y confinado á Tacna á Murffi». Es cuanto expone sobre el particular, diciendo no saber más; y después que esta le fué leída, la aprobó y ratificó; y para constancia firmó con migo.

que le dijo el sen Es cuanto expota le fué le

Felipe Mazuelos.Nicolás Ricardo Fiengo.—Testigo, Lorenzo Meza—Testigo- Narciso Aranda.

Incontinente compareció en este juzgado don Inocencio María Pizarro, natural de Mendoza en la República Argentina y de tránsito en esta ciudad, soltero, comerciante y de treinta y tres años, á quien recibí juramento, que lo hizo según forma de estilo bajo del cual prometió decir la verdad, sin agravio de partes, de lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo con arreglo á la nota que precede, dij.»; Que en la noche del veintiseis, estando inmediato á la casa habitación del señor Pividal vió que el señor Murffi llegaba á este punto con una bestia, y que en seguida principió entre el señor coronel Arancibia y el señor Murffi ura disensión relativa toda á la salida de dicho Murffi de este puerto sin expresarse para donde: que durante ella oyó que el señor Arancibia lo impulsaba á que dejase el lugar, y que el se. ñor Murffi se resistía á ello mientras no le diesen un oficial para su acompañamiento; hasta que por último ordenó el señor coronel Arancibia el apresto de cinco hombres con los que salió el señor Murffi.» Es cuanto asegura saber sobre el particular; despues que ésta le fué leida, la aprobó y la ratificó, y para cons. tancia firmó conmigo.

Felipe Mazuelos.- Inocencio Maria Pizarro.—Testigo, Lorenzo J. Mesa.—Testigo, Narciso Aranda.

Inmediatamento compareció ante mí el juez de paz y los testigos inírascritos don Eusebio Pividal, natural de Buenos Aires y residente en esta ciudad, soltero, comerciante y de veintiocho años, á quien recibí el juramento de estilo bajo del cual prometió decir la verdad de lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo al tenor de la nota que antecede dijo: «Que en la noche del 26, ostando en casa del señor Murffi, vió que el oficial Marin entró en ella y llamó al patio al señor Murffi, después de lo cual este señor volvió a entrar á la pieza donde estaba antes: que por segunda vez vino el mismo Marin á llamar á Murffi de orden del señor coronel Arancibia: que después de esto salió de casa de éste y se dirigió á la suya durante cuya travesía advirtió un grupo de gente inmediata á su casa, y dentro de ella al señor don Pe. dro Murffi con una bestia ensillada: que advirtiendo rumor en la calle desde el balcón de su casa vió que el señor Murffí salía ya á bestia acompañado de una escolta de soldados.» Es cuanto dice saber sobre el particular; y leída que ésta le fué, dijo ser la misma declaración que tiene dada, la misma que aprueba y para constancia firmó conmigo y los testigos.

Felipe Mazuelos.- Eusebio Pividas.—Testigo, Lorenzo J. Mesa. -Testigo, Narciso Aranda.

Juzgado de Paz del Distrito de Arica.

Junio, 28 de 1844. Señor Coronel: Acompaño á US. el expediente promovido el día de hoy sobre la confinación del súbdito inglés don Pedro Murffi á la capital de Tacna, y á cuyo usunto se refieren las dos notas que lo encabezan. En su mérito se dignará US. disponer lo que sea de su mejor agrado.

Dios guarde á US.

Felipe Mazuelos. Al Benemérito Señor Coronel Jefe Político y Militar de este dis

trito. (1)

(1) Bien angustiosa fué nuestra situación en los primeros días de vuestras anteriores sesiones por consecuencia de las exigencias del Gobierno británico:

EL BOTE DEL CORMORANT

Legación Británica.

Lima, 12 de Noviembre de 1845. El infrascrito, Encargado de Negocios de S. M. B. no ha podido contestar antes la nota que S. E. el señor don José Gregorio Paz-Soldán, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, tuvo á bien dirigirle, en 24 de Octubre, pidiendo se le proporcionase una relación de las circunstancias que acompañaron al accidente sucedido al bote del buque de vapor «Cormorant» en 20 de Octubre, porque la salud de los que sobrevivieron se hallaba en tan melancólico estado que hasta ahora no les ha sido posible dar la relación que se les había pedido; pero hoy tiene el honor de incluir una descripción del accidente, compuesta por don Roberto Bussch, la que ha merecido el ascenso del señor comandante Gordon.

y, vosotros, atendido al estado de la República, el peligro del Gobierno y la necesidad de salvar á toda costa la paz publica, autorizasteis al Ejecutivo en 29 de Mayo de 1845 para que, cediendo al imperio de las circunstancias, superase el obstáculo en que se veía con motivo de las demandas del Gobierno de S. M. B. El resultado de este negocio fué el convenio de 30 de Mayo, de que estais suficientemente instruidos y que fué sometido oportunamente para vuestra aprobación. Los ultrajes inferidos á la Republica por los funcionarios británicos y otras razones poderosas hicieron necesario el nombramiento de un Ministro Plenipotenciurio, y la elección recayó en don Juan Manuel Iturregui, previa la adquiescencia del Senado.

Constituido en Londres, y después de reconocido en su caracter, dirigió en 12 de Octubre de 1846 una fundada reclamación, para que la Republica peruana fuese desagraviada por las repetidas injurias que había sufrido de los funcionarios de S. M.; se le diese una satisfacción por el bombardeo de Arica; se le indemnizase el valor de la escuadra nacional, embargada en Islay por las fuerzas británicas y al fin perdida, agregándose á todo la reparación de los daños y perjuicios consiguientes á hechos tan irregulares.

Después de siete meses de silencio, dió Lord Palmerston su contestación en 9 de Febrero, asegurando, que no habían datos que fundascn la demanda del señor Iturregui; que los funcionarios británicos habían arreglado sus procedimientos y cumplido con las instrucciones que tenían á entera satisfacción de su Gobierno: que así mismo estaban enteramente aprobadas las medidas tomadas por los mismos con motivo del bombardeo de Arica, en retribución del comportamiento arbitrario y falso de benevolencia de su Gobernador: que el gobierno peruano no tenía derecho á ninguna compensación por el apresamiento y pérdida de la escuadra: que la declaración hecha por el señor Iturregui de que debió quedar sin virtud ni efecto el convenio de 30 de Mayo, no era admisible ni el gobierno británico podía convenir en ello, por ser un tratado que no puede anularse por una de las partes sin el consentimiento de la otra.

En suma, dice Lord Palmerston, suplico al señor Iturregui se sirva declarar á su Gobierno, que, en adelante, las fuerzas navales británicas en el Pacífi. co serán enérgicamente empleadas en proteger a los súbditos ingleses y sus propiedades, en defender los intereses de ese país, y en mantener el honor de la corona de S. M.»

Apesar de tan concluyente negativa, nuestro Plenipotenciario ha insistido en demandar la reparación de los agravios que todavía pesan sobre la Nació n y que aún no se hallan satisfechos, ni hay noticias de estar contestado, hasta

El infrascrito ha procurado trasmitir, á su debido tiempo, la expresión de su vivo reconocimiento a las autoridades peruanas del Callao; y celebra sobremanera la oportunidad que ahora sc le presenta de reiterar los profundos sentimientos de gratitud, con que los filantrópicos esfuerzos del capitán y tripulación de Ja «Casimira,» han sido acogidos por todas las clases de súbditos de S. M. y de renovar sus agradecimientos por la general simpatía que ha excitado este funesto accidente.

El infrascrito tiene también el honor de ofrecer á S. E. el señor Paz-Soldán, la seguridad de su mas alta y distinguida consideración.

Guillermo Pitt Adams. A S. E. el señor don José Gregorio Paz-Soldán, etc.

el 16 de Junio, el oficio que en 16 de Mayo volvió a dirigirse á Lord Palmerston.

(Memoria del Ministro de Relaciones Exteriores presentada al Congreso de 1847).

Obligado el Gobierno en 7 de Setiembre de 1847, por renuneia de nuestro Ministro en Londres, á expedirle su carta de retiro, se vió en la necesidad de reemplazarlo con don Joaquín J. de Osma, á cuyo cargo estaba nuestra Legación en Washington. No se había obtenido resultado satisfactorio sobre las importantes reclamaciones confiadas á la Legación por las diferiencias ocurridas en 1844 y sobre el convenio de 30 de Mayo de 1815, relativo al General don José Félix Iguain, convenio con cuya subsistencia no podía conformarse el Perú sin mengua de su decoro.

No se había llevado a cabo la anulación del tratado celebrado en Lima en 1837, sin embargo de que ya había motivo para esperar que sería reemplazado por otro, aunque se ignoraba en qué términos; y agregarla á estas poderosas razones la necesidad de celebrar cuanto antes un arreglo con nuestros acreedores británicos, no podía negarse que el Gobierno debía apresurarse á acreditar en Londres un nuevo Ministro Plenipotenciario, que tomase á su cargo las importantes cuestiones pendientes en la Legación, que al retirarse don Juan Manuel Iturregui, quedo confiada al Cónsul General en clase de Encargado de Negocios interino.

En cuanto a las reclamaciones sobre el bombardeo de Arica, embargo y consiguiente destrucción de nuestra Escuadra en Islay y nulidad del convenio relativo al General Iguain, nuestra Legación recibió en 1817 contestaciones del Vizconde Palmerston, nada satisfactorias en verdad; y el Gobierno reiteró al actual Ministro Plenipotenciario las instrucciones dadas sobre el particular á su antecesor. · Hasta ahora las multiplicadas atenciones del Gobierno de S. M., con moti:

vo de los graves acontecimientos que desde principios de 1847 complican la política Europea, no han permitido ver el fin de las cuestiones anglo-peruanas. No me atreveré á anticipar cual puede ser el término de ellas; pero no puedo menos de reeonocer que el aspecto de nuestras relaciones con la Gran Bretaña empieza á ser menos desconsolador de lo que por desgracia era anteriormente, y que la correspondencia en Londres con nuestra Legación y de la Legación Británica en Lima conmigo ha tomado un caracter que no nos permite desesperar del arreglo satisfactorio de nuestras diferencias. Delas tres reclamaciones que he mencionado, la relativa al bombardeo de Arica y al convenio de 30 de Mayo de 1845, ha ocupado con preferencia las conferencias y comunicaciones escritas del Ministro de S. M. con nuestra Legación.

El Gobierno se esforzará en acelerar el final resultado de nuestras gestiones

(Memoria del Ministro de Relaciones Exteriores presentada al Congreso de 1849.)

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