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una revolución y necesitase dinero podría tomar ó comprar alguna propiedad que estuviese legalmente depositada con motivo de quiebra y bancarrota, según conviniose á sus intereses, sin que el Gobierno ni la Nación fuesen responsables por tales procedimientos.

Para que esté bien garantida la propiedad tanto de los nacionales como de los extranjeros, no es necesario que el Gobierno ó la Nación sean responsables de los perjuicios que sobrevengan á los acreedores de un fallido por los contratos que este haga fraudulentamente con un individuo privado. Las leyes peruanas protegen suficientemente los intereses del acreedor y repri. men con sobra la severidad el fraude del deudor quebrado, sin necesidad de establecer la injustificable responsabilidad del fisco respecto de estos negocios particulares. No obstante la negativa del Gobierno del infrascrito, y la pretensión de los acreedores de Ortiz, pieilen estos legalmente ser satisfechos siempre que ten: gan justicia, ocurriendo con tal objeto á los Tribunales contra la persona ó personas que causaren los perjuicios.

He'aquí como las leyes peruanas garantizan en tales casos la propiedad: en fuerza de ellas pueden ser condenados a la indemnización los culpables, por los jueces competentes, si los autores prueban en debida forma su derecho. La resolución del Gobierno del infrascrito deja á salvo la acción de los acreedores para que usen de ella donde lo hallaren por conveniente, conforme a las leyes de la República. Las indemnizaciones que el Gobierno del Perú ha hecho por pérdidas que los peruanos ó extranjeros han sufrido durante las revoluciones, no son de la naturaleza de la que pretenden los acreedores ingleses de D. Marcos Ortiz, por el contrario, lejos de infundados é ilegales han sido siempre ajus. tados á disposiciones terininantes de las leyes. En los casos co. mo el presente ha resuelto siempre el Gobierno del infrascrito, denegando con la calidad de que hagan los peticionarios uso de su derecho ante los Tribunales de Justicia. En alguna de las reclamaciones diplomáticas del honorable señor Jerningham ha recaído esa respuesta.

Difiere, en esta parte, la Legislación de la Gran Bretaña de la del Perú. No mandan las leyes peruanas que cuando un particular infiera daño en los intereses de otro sea responsable el lugar ó la ciudad de la residencia del agraviado, y en su defecto la Provincia ó el Estado, como asegura el honorable señor Jernigham que sucede en el país de su representación. Los peruanos residentes ó transeuntes en Inglaterra que reciban esta especie de daños, ciertamente exigirán la responsabilidad de la aldea, de la ciudad ó de la Nación británica; porque bajo la garantía

de las leyes inglesas estarían desde que pisasen ese territorio, y con justo y perfecto derecho podrían, en tal caso, pedir el cuinplimiento de las leyes que los favorecen. Por las mismas razones los residentes ó transeuntes ingleses en el Perú, no tienenderecho para exigir cuando hayan sufrido perjuicios de personas privadas en sus intereses particulares, la responsabilidad del pueblo, de la ciudad, la de la provincia, ni la de la Nación, porque las leyes peruanas, bajo cuya garantía están aquí los intereses de los ingleses, no prescriben semejante responsabilidad sino directamente la del culpable. Conforme á las leyes peruanas, preciso es repetirlo, pueden ocurrir los acreedores de Ortiz á los Tribu. nales de Justicia, seguros de encontrar la reparación que las mismas leyes determinen. Ya ha hecho presente el infrascrito, en uno de sus anteriores oficios, que la ley de 4 de Enero de 1857 declaró irresponsable á la Nación por los contratos ó fraudes cometidos por los revolucionarios.

El infrascrito no puede aceptar el principio del honorable señor Encargado de Negocios y Cónsul General de S. M. B. de que

los ingleses en el Perú deben ser tratados como los peruanos en Inglaterra. En cada país tiene que regir, respecto de los extranjeros, la legislación propia; de suerte que siendo ella, como es, distinta, las garantías civiles y políticas de los ciudadanos de cada residencia en el otro han de ser también distintas, que es lo que sucede en el día entre la Gran Bretaña y la República Peruana.

Por los informes recibidos en este Ministerio del Prefecto del Departamento de Moquegua, consta: que Ortiz ocurrió al Tribunal de segunda Instancia, reclamando del depósito ordenado por el de 1! y que fué admitida su queja: que Ortiz asegura haber hecho un arreglo con sus acreedores para pagarles por partes y que en virtud de este arreglo estuvo verdiendo sus mercaderías y verificando sus pagos hasta la víspera de la declaración de quiebra, sorpresiva para aquel; que sobre estos hechos pidió Ortiz, en vía de prueba, que declarasen sus acreedores, y estos han eludido hasta la fecha su solicitud: que Ortiz tachó de parciales á algunos de los jueces que declararon la quiebra, señalando por tachas las determinadas en las leyes de la materia: que Rivas no mandó verificar la venta de los efectos de Ortiz: que no aparece ninguna órden suya sobre el particular: que la venta se hizo por Ortiz, á consecuencia del contrato que, libre y expontáneamente, celebró con Rivas haciéndole propuestas por escrito: que Rivas solo recibió $ 3,000 de los productos de la venta de las mercaderías de Ortiz: que el inventario formado para el contrato de Ortiz y Rivas sumaba una cantidad mucho menor

le el conte por

que la del inventario hecho para el depósito judicial pedido por los acreedores; y, por último, que esta diferencia es proveniente del hecho notorio de haber estado Ortiz vendiendo públicamente sus mercaderías mucho antes de contratar con Rivas y después de la declaración de quiebra. Todos estos hechos se encuentran tambien consignados en el expediente seguido sobre la materia que ha sido remitido á este Ministerio por la Prefectura mencionada; y todos ellos son puntos contenciosos de cuyo esclareci. miento y prueba legal depende el éxito de las pretensiones de los acreedores de Ortiz ante los Tribunales de la República: es decir, que sobre estos puntos controvertidos no tiene jurisdicción el Gobierno para decidir cosa alguna por prohibírselo explícitamente la Constitución y las leyes del país. Mientras no se resuelvan, pues, por la potestad competente, no se puede afirmar, ni negar nada en pró ni en contra de los derechos de los acreedores die Ortiz. Al Gobierno del infrascrito sólo le tocaba declararse incompetente, libre de responsabilidad, y remitir á los peticionarios á donde hallaren por conveniente ocurrir con su demanda, sujetándose á las leyes á que voluntariamente se han sometido desde su ingreso al Perú, Así lo resolvió con fecha 5 de Agosto de 1859 y cabe hasta hoy la satisfacción de no haber encontrado en los oficios del honorable señor Jerningham, ninguna razón que destruya la fuerza de los que han servido de fundamento á la aludida resolución.

Con este motivo, renueva el infrascrito, al honorable señor Encargado de Negocios y Cónsul General de S. M. B., las consideraciones de distinguido aprecio con que se suscribe sui atento servidor.

Miguel del Carpio.

MUERTE DE MR. L. LAMBERT, COMANDANTE DEL BUQUE

DE S. M. B. (VIXEN»- 1860

AUTO DE 19 INSTANCIA

Lima, Marzo 13 de 1860.

Autos y vistos: de conformidad con lo expuesto por el Agen. te Fiscal, y considerandu: que habiéndose avisado al juzgado por

la autoridad local, que en el «Río Rimac,» por el lado de Mon: serrat, se encontró el cadáver de un individuo de Nación inglesa por unos pescadores, ignorándose la causa que le hubiese île. vada á ese sitio, y el modo como había concluido los días de su vida, se procedió inmediatamente á practicar las investigaciones conducentes al esclarecimiento de aquel suceso: que realizadas éstas, se ha descubierto que el cadáver era de Mr. Lambert, Ca. pitan de la fragata de guerra «Vixen» de S. M. B., como resulta de la copia de una nota dirigida por el capitan del puerto de la ciudad Constitucional del Callao al señor Cónsul de S. M. B. у del sobre de una comunicación cerrada dirigida por el Comandante, Jefe de la estación inglesa en el Pacífico, al Capitan del buque «Elio,» Mr. Miller, que se encontraron en la faltriquera de sus vestidos; del reconocimiento del finado Mr. Lambert hecho en el hospital de San Andrés, por el señor Coronel T. O'Gorman Mahon, D. Eduardo Candem Glan Ball y D. Seleuco Gu. tiérrez, cuyas diligencias corren á fojas treinta y tres, cuarenta y una y cuarenta y tres; y, finalmente, por la afluencia de pruebas en que abunda el expediente á este respecto: que con el propósito de esclarecer los motivos que ocasionaron ese lamentable succso, se organizó el respectivo sumario, y por el excesivo celo de la policía, con fecha once dle Febrero último, fueron sometidos á juicio doce pescadores, incluso cuatro que sacaron el cadáver de la parte céntrica del río, á alguna distancia del Camal General, según se ve en el plano topográfico que se registra á fojas ochenta y cinco: que por las instructivas de los enjuiciados nada aparece que pueda perjudicarles, antes sí manifestaron, al sacar el cuerpo del agua, un propósito laudable y humanitario, cual fué salvar la vida á ese individuo, si aún la conservaba.: que no obstante esas declaraciones uniformes todas, el Juzgado no ha omitido diligencia, por dificultosa que fuese, para esclare. cer la verdad de los hechos consignados en ellas y su resultado demuestra la realidad de sus exposiciones, asegurando además José Isabel Quirós y Vicente Gutiérrez, haber visto á Mr. Lam. bert vivo y en actitud de arrojarse al agua, quitándose la levita que llevaba en su cuerpo, dejándola en el punto demarcado en el plano con la letra A., distante trescientas cuarenta y cinco varas hácia aguas abajo del punto designado con la letra C., donde fué sacado el cadáver por los pescadores Pedro y Francisco Chalero, Miguel Pelaez y Lorenzo Gamboa: que de las diligencias prolijas y minuciosamente practicadas no se ha conseguido lograr el comprobante del cuerpo del delito en estos voluminosos autos. Y teniendo en consideración á este respecto.—Primero: Que Mr. Lambert se encontraba enfermo dos o tres días antes

de su fallecimiento en su habitación, en el Hotel de Europa, como es de verse á fojas cuarenta, declaración del Médico Doctor Don Guillermo Mc Lean que lo asistía, y las de fojas setenta y siete vuelta y fojas ochenta. Segundo: que Mr. Lambert en ese estado de enfermedad, por consiguiente debilitado, salió de su habitación á las tres y media de la tarde del día 8 de Febrero último, y se dirigió al lugar del río «Rimac», situándose á la orilla de un brazo caudaloso, cuya velocidad es de veintiocho piés por segundo de tiempo, según lo asegura el ingeniero D. Antonio María Dupard en su exposición científica de fojas ochenta y tres.—Tercero: que por las declaraciones de D. Luciano Alfaro, D. Enrique Ham, cuarteleros del Hotel de Europa, y por la de D. Mauricio Siebenhein, encargado del despacho en el mostrador de dicho establecimiento, se ha comprobado, de un modo uniforme, que Mr. Lambert se levantó de la cama el día citado de su desaparición y bebió algunas porciones de líquidos alcohólicos, como fueron, soda, cerveza y coñac. Cuarto: que esa circunstancia, unida á la de haberse encontrado en la faltriquera de la levita de Mr. Lambert una botella de este último licor consumido hasta la mitad, corrobora el hecho de haber tenido su razón trastornada.- Quinto: que el haber salido Mr. Lambert sin sombrero del Hotel el día de su desaparición, y haber preguntado además repetidas veces por las horas del día al sirviente que lo asistía, no obstante de llevar reloj en su faltriquera, robustece lo expuesto en el anterior considerando.-Sesto: que por las declaraciones de los médicos de fojas ochenta y siete, consonante con el certificado de fojas dos, aparece que la muerte de M. Lambert fué ocasionada por un derrame de sangre al cerebro.—Séptimo: que aunque se le hubiera encontrado al cadáver una herida contusa superficial de una pulgada de longitud en la estremidad de la ceja izquierda, una contusión de media pulgada en el pómulo del mismo lado y una tumefacción de pulgada y media en la cabeza, sobre la eminencia parietal, aseguran los expresados médicos que esas pudieron ocasionarse á Mr. Lambert al tiempo de sumergirse con violencia en el agua, chocando con las piedras que abundan en el río, y que el derrame pudo haber sido favorecido por el uso de bebidas alcohólicas, á que estaba entregado, según lo manifestó el estado de su hígado cuando se practicó la autopsia.

Por estos fundamentos y demás que suministran los autos, á que en caso necesario me remito: se declara que la muerte de Mr. Lambert, no ha sido causada por ajena mano, sino por lo expuesto en los considerandos que preceden: en su consecuencia y no habiendo mérito para la prosecución del presente juicio,

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