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6o Que la negativa que en ese día hicieron los marineros, no puede calificarse de motin ni de un mod agravante, pues, en

caso contrario, les habría sido fácil matar al capitán y piloto en

el momento en que estos fueron desarmados: 7: Que la excepción propuesta por el reo en su instructiva, de haber perpetrado el homicidio porque los marineros fugaban llevándose el bote, no era motivo para que los ofendiera de muerte, ya por que estando en la misma bahía, no es posible suponer que se robaran el bote, y porque aparece probado q e en los momentos de disparar los tiros, el bote en que fugaban los marineros se hallaba circundado de los botes de los buques americanos, por haber visto la bandera de auxilio puesta en la fragata «Jhon Cumming»: 8o Que según las leyes 1oy 2o, tit. 21, lib. 13 de la Novísima, todo hombre que matare á otro á sabiendas, ó que hiciere muerte segura, debe morir por ello; y toda muerte se dice segura, salvo aquella que fuese hecha en pelea ó en guerra ó en riña. Por estos fundamentos y los aducidos en la acusación fiscal; fallo, que debo condenar y condeno al reo prófugo Ettlinger G. Adams á la pena ordinaria de muerte, la que no se ejecutará sin serántes oído, conforme al artículo 42 de la sección adicional del Reglamento de Tribunales. Y por lo que respecta á la acción de los marineros, por los agravios que sufrieron, se les deja su derecho á salvo. Y por esta mi sentencia, definitivamente juzgando, así lo pronuncio, mando y firmo. Hágase saber, y consúltese, si no fuere apelada en tiempo.

Callao, Julio 18 de 1855.
M. Felipe Paz-Soldán.

Pronunciada conforme á ley, presentes los testigos D. José Reyes, D. Julio Ubner y l). Daniel Egoaguirre.

Doy fé.

Callao, Julio 18 de 1855.

José Manuel Castro, Escribano de Estado.

Es conforme con la sentencia original á que me remito.

Callao, fecha ut supra.

José Manuel Castro, Escribano de Estado.

Legación de los Estados Unidos.

Lima, Julio 5 de 1855.

El infrascrito, ha tenido el honor de recibir ayer la nota que S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores le dirigió, por órden de S. E. el Libertador Presidente, respondiendo á la protesta que en 16 último hizo el infrascrito contra la detención del buque «Jhon Cumming» y el juicio de su capitán, ante el juez de primera instancia del Callao. S. E. pretende que la jurisdicción local le corresponde en este caso, porque, «toda nación soberana tiene una incuestionable ju«risdicción para juzgar y castigar los actos criminales perpetra«dos, bien sea en su territorio ó en sus aguas». El infrascrito admite que este principio es aplicable á los casos en que el delito cometido ha turbado la tranquilidad ó el órden del país, ó que tuvo lugar entre partes extrañas entre sí; en donde ha habido alguna infracción de las leyes rentísticas, la policía del puerto, &. Por otro lado, un buque, fondeado en una bahía abierta, conserva su nacionalidad, y las faltas ó delitos cometidos á bordo entre individuos del todo pertenecientes á su tripulación ó que estén á bordo de pasajeros, son de la competencia de los juzgados de la nación, cuya bandera enarbola el buque, y no está de modo alguno sujeto á la jurisdicción del país en cuyas aguas se encuentra, á ménos de que sea invocada la ingerencia de las autoridades locales. Además, está obligado á conservar la disciplina de su buque, y tiene derecho de oponer la fuerza contra cualquier insulto que aje su autoridad. El tiene, por consiguiente, un derecho indisputable para reprimir un motin de su tripulación. Los que firman contratos y se embarcan á bordo, tienen un pleno conocimiento de esto, y de que están sujetos á ser castigados por cualquier abandono ú olvido de su deber. Los mejores autores convienen en que se conserve la juris lic

ción nacional en los buques, aún en los mares sujetos á un dominio extraño. «Si se comete un homicidio á bordo de un bu« que americano por un individuo, sobre otro de la misma tri«pulación sobre un pasajero, ó por un pasajero sobre otro de la «tripulación, ú otro pasajero, mientras está fondeado ese buque « en un puerto, dentro de la jurisdicción de una nación extran«jera, ó soleranía tal, la falta es de la competencia y ese delito a será castigado por el propio juzgado de los Estados Unidos, del « mismo modo que si se hubiese cometido el delito en alta mar».

Este es el principio sentado por Mr. Webster en el caso de la «Creolle», y también Lord Ashburton, Ministro de la Gran Bretaña, confesó que era la ley de Inglaterra. Bello la reconoce, igualmente por ley, en sus principios de Derecho Internacional, pág. 53, citando Pardessus, y por De Cussy: título a Navire» pág. 189— 40().

Y si, tal es el principio establecido en caso de asesinato, con mayor razón debería aplicarse á los casos de un homicidio que puede justificarse en que un capitán, como en el presente ejemplo, es acusado de haber dado muerte á uno de su tripulación, en el acto de cometer un delito de levantamiento armado. En 1853, esta misma doctrina la reconoció el Gobierno Peruano en el caso del buque la «De llaince». Este buque se hallaba en el puerto del Callao al cargo de un oficial y soldados peruanos, y cuando el capitán fué repuesto en el mando de su buque, la tripulación lo acometió é hirió gravemente. Los sublevados fueron sacados de á bordo y se les mandó formar causa ate los Tribunales del país por el Gobernador del Callao; mas representando el infrascrito que el motin había acaecido entre personas pertenecientes al buque, el Gobierno Peruano reconoció ue no tenía jurisdicción alguna en el suceso, y ordenó que los delincuentes fuesen puestos en la cárcel, á disposición de los ltados Unidos.

Parece que la distinción está claramente establecida; que donde el acto ó crímen perpetrado á bordo de un buque, está del to lo reducido á gente puramente de su dotación, el caso no es de la competencia de los juzgados locales; pero á donde la falta ó crímen la sido cometido sobre persona extraña del buque, aún siendo cometido á bordo, ó donde compromete en alguna manera el reposo á los caudales de la nación, en cuyas aguas un buque está fondeado, entónces "iene su lugar la jurisdicción local. Admite S. E. el señor Ministro le Relaciones Exteriores, según entiende el infascrito, que si el contramaestre Smith hubiese recibido la muerte en la cubierta del «Jhon Cumming», de mano de su capitán, los Tribunales del Perú no habrían conocido en el negocio; pero que la jurisdicción local lo hace suyo, porque Smith estaba en uno de los botes del buque, intentando fugar, al tiempo que recibió la muerto, y había un espacio de agua entre el buque y su bote, cuyo trecho de agua desprende la jurisdicción en el caso de los juzgados de los Estados Unidos, y lo coloca en los de esta República. La cuestión, por lo tocante á cuál nación pertenece la jurisdicción en el caso, está reducida á esto: ¿es un bote una parte constituyente de su buque? El infrascrito es de opinión que un bote es una parte integrante y, en todo punto de vista legal, una parte inseparable del buque á que pertenece. Si alguna parte de la tripulación de un buque fuese cogida haciendo el contrabando, ó se la hallase infringiendo las leyes fiscales del país en cuyas aguas se encuentra, ó contraviniendo á la policía del puerto, en un bote perteneciente al buque, éste sale responsable y está sujeto á ser detenido. También un buque sería responsable, si uno de sus botes quebrantasen una cuarentena, y es de presumirse que un buque mercante, á no ser confiscado, sería cuando menos secuestrado, si se aprehendiese á uno de sus botes violando positivamente un bloqueo en tiempo de guerra. Si gravita, pues, semejante responsabilidad sobre un buque por las faltas de sus botes, ninguna separación puede hacerse entre ellos: son ante la ley una cosa misma. Los que procuraban fugar con Smith en el bote, estaban prosiguiendo la sublevación que habían comenzado á bordo del «Jion Cumming», y el capitán Adams cedía á su deber y estaba autorizado para obrar en contra de los sublevados en el bote, lo mismo que á bordo del «Jhon Cumming». También es evidente que cuando el capitán Adams hizo fuego sobre Smith, el bote debió estar muy cerca del buque; de lo contrario los perdigones con que estaba cargada la escopeta no podían haber inferido una herida mortal. De las declaraciones sometidas al infrascrito, aparece que tan luego como se puso en pié el capitán, después de haber sido he. rido y derribado al suelo por la tripulación, bajó á la cámara y tomó la escop ta, fué al costado del buque y tiró, después de advertir á los revoltosos á bordo. Este hecho no está exactamente enlazado con la cuestión de jurisdicción; pero que el infrascrito menciona, respondiendo al cargo que S. E. alega en su nota— que el capitán Adams disparó su arma, á sangre fría, contra Smith. Por todas las circunstancias está convencido el infraserito, que los Tribunales del Perú no tienen jurisdicción alguna en el presente caso, y apesar de que el juez especial á quien el Gobierno ha tenido por conveniente encomendar la causa, puede estar dispuesto á administrar justicia con imparcialidad; el infrascrito no puede retirar la protesta que hizo en 16 último, ó admitir en las autoridades el derecho de aprehender al capitán Adams, «y en tregarlo además á la justicia de la nación».

Con respecto á las pérdidas que se le sigan á los armadores dal buque, el infrascrito se toma la libertad de observar, que apesar de que S. E. asienta, que ellas son el resultado «de la in« dispensable necesidad de un juicio que no era posible évitar;» sin embargo, como las autoridades peruanas se han arrogado, en sentir del infrascrito, una jurisdicción que no le corresponde, el Gobierno es responsable de todas los consecuencias, puesto que aprueba y favorece la usurpación. Hay más: el insfrascrito no puede convenir en que «los consignatarios debían haber tomado más adecuadas medidas para enviarlo al cargo de otros oficia « les de marina»; porque ni los consignatarios de un buque, ni el Cónsul de la nación á que pertenece, tienen facultad de nombrar á otra persona que lo mande, cuando el capitán está presente, es apto y está dispuesto á cumplir con su obligación. Pero aún cuando los consignatarios hubiera, tomado sobre sí la oficiosidad de despachar el Jhon Comming, la demora ó estadía y otras pér didas, hubieran, en último resultado, sido abonables por la ha cienda del Perú; pues sus consignatarios los señores Barreda y Hermano, son los agentes del Gobierno, y ellos fletaron el buque de su cuenta, para que llevase huano á los Estados Unidos.

En conclusión, el infrascrito quiere que S. E. entienda, de un modo claro, que no tiene deseo alguno que el capitán Adams se librase del juicio bajo la acusación de haber dado la muerte á Juan Smith en las lslas de Chincha el 6 de Abril último; lo que él sostiene, es que la investigación debiera tener efecto ante un tribunal competente, y que este tribunal competente son los jue ces naturales del acusado, en los Estados Unidos.

El infrascrito renueva, con tal ocasión, á S. E. el señor Ure ta, las seguridades de su más distinguida consideración.

J. R. Clay.

AS. E. l señor D. M. Toribio Ureta, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.

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