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Dígnese V. E., el señor Secretario de Estado, aceptar las segu

ridades de alto respeto y muy distinguida consideración del infrascrito.

Juan I. de Osma.

Excmo. señor Secretario de Estado de los Estados Unidos.

(coPIA.) Departamento de Estado. Washington, Marzo 27 de 1856.

El infrascrito, Secretario de Estado de los Estados Unidos, tiene el honor de acusar recibo del oficio del señor Osma, Ministro Residente de la República del Perú, de 25 del presente, en el asunto de E. G. Adams, capitán del buque «Jhon Cummingo. En respuesta, el infrascrito tiene el honor de informar al señor Osma, que aunque el artículo 5o del protocolo de 20 de Julio último (1) no contiene literalmente en sí la estipulación de que el capitán Adams fuese puesto en libertad con la condición de que al llegar á este país fuese sometido á un tribunal de los Estados Unidos, sin embargo dicho artículo supone, por sus términos, que se refiere al arreglo celebrado entre el cónsul de los Estados Unidos, en Lima, y el capitán Adams y del cual se acompaña una cópia. El arreglo mismo fué, en consecuencia, tomado por parte del protocolo, y como tal se interpretó como abandono voluntario que hacía el Perú de su jurisdicción en este caso particular. Este gobierno ni niega, ni quiere negar, el derecho general de jurisdicción de aquel Gobierno en casos iguales; pero si los hechos han sido exactamente presentados á este Departamento, es difícil inaugurar un caso en el que, suponiendo que el Perú haya tenido en mira únicamente un objeto de justicia, le hubiera sido mas conveniente abandonar su derecho, y en el que, por consiguiente, se hubiera podido dar este paso sin desdoro de su honor. El infrascrito está bajo la impresión de que al condenar la conducta del comandante de la fragata «Independence» como un

(1) lnserto en la página 151

hecho sin precedente, el señor Osma exajera la importancia de dicha conducta. Por lo que sabe este Departamento, lo único que hizo este oficial fué cambiar de fondeadero la «Independencia» en la bahía del Callao, y poner cuatro marinos á bordo del «Jhon Cumming» para proteger la propiedad á bordo de éste porque estaba sin tripulación. El protocolo mismo á que me he referido, contiene estipulaciones para que se retirasen la fragata y los marinos, y como tales fines se aceptasen, como arreglo de la controversia, el infrascrito siente que este asunto haya dejado tan desagradable impresión al Gobierno peruano. Respecto á la solicitud del señor Osma, para que no se instauren procedimientos contra el capitán Adams en este país, el infrascrito le avisa que se empezaron los procedimientos antes de haber sido recibida la nota del señor Osma. Pero, puesto que, según dice el señor Osma, el capitán Adams fué juzgado y sentenciado por un tribunal del Perú, no puede legalmente ser juzgado por el mismo delito en este país. Se ha ordenado, en consecuencia, al Fiscal de los Estados Unidos, para que el distrito oriental de Virginia suspenda todo procedimiento ulterior contra él.

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Ministerio de Relaciones Exteriores.
Chorrillos, Mayo 12 de 1856.
Señor Ministro Residente del Perú en Estados Unidos.

S. E. el Presidente, á quien he tenido la honra de leer el apreciable oficio de US., fecha 3 del mes próximo pasado, y las cópias que US. me acompaña, de la correspondencia seguida entre US. y el Secretario de Estado de los Estados Unidos, con motivo de la llegada á Norte América y del arresto del capitán Adams; se ha servido aprobar, en todas sus partes, la conducta observada por US. en este asunto, y se ha complacido en su satisfactoria conclusión, debida sin duda, no solo á la evidente justicia del Perú y á la rectitud del Gabinete de Washington, sino á la celosa inteligencia con que ha sabido US. sostener y hacer triunfar en materia tan grave y de tan delicada trascendencia, la soberanía y la honra de su patria.

Al comunicarlo á US. me es grato suscribirme su atento y obediente servidor.

José María Seguín.

CoRREPoNDENCIA ENTRE LA coMISIóN PERMANEN. f. ERPo LHGISLATIvo Y EL MINISTRIO DE RELACIONES EXTE.o. Es, sobre Los sucesos ocURRIDos Á BorDo DEL BERGANTíN «tulo RONDANINI»—1869.

Comisión Permanente del Cuerpo Legislativo. *

Lima, á 20 de Julio de 1869. Senor Ministro de Estado en el Despacho de Relaciones ExterioI'OS.

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En sesión del 13 de este mes, la Comisión ha aprobado el siguiente dictámen:

«Señor:—Con motivo de los sucesos que, al anochecer del 23 de Agosto último, tuvieron lugar á bordo de la barca italiana «Emilio Rondanimi», surta en las aguas de Chincha, y de los que inmediatamente después ocurrieron en el modo y forma que mas tarde relataremos, el Gobernador de las Islas mandó instruir el respectivo sumario; y, en efecto, lo instruyó el juez de paz de Pisco; lo que dió lugar á que el H. Sr. Encargado de Negocios de Italia ocurriese oficialmente, y por escrito, á nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, (1)solicitando, que éste dictára «las disposiciones conducentes á que las autoridades respectivas (las locales se entiende) reconozcan la autoridad consular italiana como la única competente para juzgar de las transgresiones de cualquiera

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naturaleza que sean, que puedan ocurrir á bordo de buques italianos»; é invocando, en apoyo de su demanda, no cláusula ninguns de los dos tratados que nos ligan con Italia, sino «los principios de derecho público, que regulan la disciplina interior de los buques y la jurisdicción respectiva». Hacemos notar, desde ahora, esta circunstancia, porque ella acredita:—1° que {t juicio del H. Sr. Garrou, por lo menos hasta esa fecha, ninguno de los pactos mencionados, ni el de paz y sunistad, ni el consular, justitiraban su pretensión; puesto que al haber tenido tal convencimiento, en lugar de apelar á doctrinas generales, siempre discutibles, habría apelado naturalmente ú la letra. ó al espíritu siquiera de alguno de esos compromisos, de fuerza obligatoria indirputable:—2‘3 que nuestro Ministro de Relaciones Exteriores ha procedido, por decirlo así, ultra-petita, abandonando el único terreno á que fue provocado, y en que, como lo probaremos mas adelante, todo le favorecía, y colocándose expontáneamente en otro, para dar, sin resistencia alguna, la victoria á. quien, como hemos visto, se había dado implícitamente por vencido en él, desde el principio. Hay que hacer notar todavía, con este motivo, que, habiendo pretendido el diplomático italiano, no simplemente que sus Cónsules conociesen delosl delitos coínetidos á bordo de los buques de su nación en nuestros puertos, para someter después á los delincuentes á los juzgados territoriales de su patria, sino para el efecto de que ellos mismos los juzgar-an, es decir, ejercieran, en todo el rigor de esta palabra, jurisdicción criminal, el mismo Sr. Ministro, que resolvió sobre punto no sometido á deliberación,- se negó á deliberar, y silencio, bien que por olvido sin duda, una exigencia, que además de ser absolutamente inaccequible y de plano rechazable, era injuriosa, puesto que tendía nada menos, que á igualar al Perú con la Berbcría y las otras escalas de Oriente, á donde únicamente gozan los Cónsules de tan singular prerrogativa.

Hecha esta digresión, á que nos había conducido la oportunidad y correlación que entre sí tienen las observaciones apuntadas, continuamos el relato. El Sr. Ministro de Relaciones Exteriores corrió vista al Fiscal de la Excma. Corte Suprema, de la reclamación referida; y, expedida que fué, (1)-trabajó una erudita exposición, (2) en que procuró combatir las razones por ese funcionario alegados en favor de la jurisdicción nacional, y en que concluyó por proponer al Excmo. Sr. Presidente de la Itepíiblica la aceptación de las tres declaraciones siguientes: «que, conforme

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al artículo 17 de la Convención vigente entre el Perú é Italia, (1) las autoridades locales no son competentes para conocer de los delitos que tengan lugar á bordo de los buques mercantes italianos, entre gentes de la tripulación, cuando no se haya altera lo la tranquilidad del puerto, y, viceversa, respecto de los buques peruanos en aguas italianas: 2 que el mismo principio debe seguirse con los demás buques mercantes extranjeros, siempre que las naciones á que pertenecen lo observen con el Perú; y 3o que en el caso de la barca italiana «Emilio Romdanini», tratándose de hechos ocurridos exclusivamente entre gentes de la tripulación, y no habiéndose alterado la tranquilidad del puerto, las autoridades nacionales no son competentes para conocer de él; y, por consiguiente, que los presos deben ser puestos á disposición del Consulado general de S. M. el Rey de Italia». Ellas fueron aceptadas por el Consejo de Ministros; y, con el objeto de que tuvieran fuerza legal obligatoria, se expilió el supremo decreto de 28 de Febrero, (2) que ha motivado la proposición del H. Sr. Oviedo, para que se represente al Poder Ejecutivo, á fin de que lo enmiende ó revoque, por ser sus disposiciones contrarias á la Constitución y á las leyes.

¿Lo son en efecto? Hé aquí la gravísima, muy trascendental cuestión cuyo estudio se nos ha confiado, y á cuya solución no hemos vacilado en entregarnos con tanta consagración como conciencia, penetrados, como estamos, de que el deber y el patriotismo, no pueden dejar de inspirar fuerzas á nuestra debilidad, cuando se trata de salvar intereses públicos, nacionales é internacionales, tan preciosos como los comprometidos en la resolución mencionada.

I

Pero, antes de analizar la primera de las conclusiones del Ministerio, con el objeto de averiguar si fija ella el verdadero sentido de la cláusula 17 de la Convención Consular, ó si la falsea, ocurre naturalmente preguntar: ¿estaba en las facultades del Ministro interpretarla por sí solo? ¿Debía hacerlo, cuando la otra parte contratante no ha puesto en duda su sentido literal? ¿Cuando, por el contrario, el no haberla invocado en apoyo de su pretensión, hacía creer que no le daba todo el alcance que le atribuye el Sr. Barrenechea? ¿Es digno haber pronunciado un fallo contra la jurisdicción nacional, que es parte de la soberanía, que es la soberanía misma, sin discusión diplomática y sin que hubie

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