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celentísimo señor Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de S. M. el Rey de Italia, rogándoles á ambos tengan á bien comunicarme lo que en definitiva resuelvan. Al liacerlo así, es ni propósito dar nueva prueba del firme deseo que me anima, ahora, cono desde el principio, de proceder en todo, cuanto á este arbitraje se refiere, con la escrupulosidad que los asuntos que lo constituyen exige, y á que estoy obligado, inspirándome siempre en los más severos principios de justicia y de igualdad para con dos Gobiernos que se han dignado confiarme tan honroso encargo, Lamentable es, á no dudarlo, que hayan surgido demoras en el curso del arbitraje; pero éstas reconocen por causa primordial que los 32 expedientes que han requerido prueba testifical, están, con alguna excepción mal fundados, y fueron cursados sin corregirse lo que en aquel entonces, á raiz de los acontecimientos,

hubiera sido tanto más fácil de obviar cuanto ahora viene á resultar difícil.

Por lo que hace al término de cuarenta días que habría de contarse desde el 2 de marzo próximo para que pronuncie el laudo arbitral, me permito recordar que al señalarlo yo en mis notas de 26 de Mayo, de 7 de Junio y 2 de Octubre de 1900 y de 6 de Febrero actual, no lo hice como término fijo, sino mínimun. —Además, creo que, en todo caso, y dejándome siempre y hasta el último momento en libertad de solicitar las pruebas y referencias que estime que me sean necesarias para juzgar con justicia, no deberá comenzar á contarse dicho plazo, siempre como término mínimum, hasta que haya concluído el cambio de alegatos entre las partes, lo que requiere un tiempo que no puede precisarse con fijeza absoluta; pero que si, en cuanto al señór doctor Ribeiro respecta, me permite asegurar que será todo lo breve posible, porque la diligencia con que hasta el presente ha procedido, me faculta para dar esta seguridad.

No me permiten, por otra parte, las múltiples ocupaciones que sobre mí pesan, con tres legaciones á mi cargo, adquirir el compromiso de terminar el arbitraje, dado el esta lo en que se en

cuentra, en un plazo marcado de fecha fija tan próxima como sería la del 12 de Abril.

La tarea es árdua, muy delicada, de grave responsabilidad; y á pesar del estudio detenido que vengo hacien lo, sin cesar y con toda contracción, de todos estos asuntos, en cuya labor me ayudan mis compañeros de esta legación, el solo hecho de revisarlo todo para proceder en conciencia, exige tiempo material que solo prudencialmente puede limitarse; pero no findolo á una fecha determinada, inmediata.

Permítame W. E. hacer la siguiente aclaración que considero pertinente al caso.

Son 23 los expedientes que todavía han de sustanciarse. Y aun cuando solamente empleé 20 días en despacharlos al señor doctor Ribeiro, y cursándolos yo á medida que me los remita con su primer alegato á los reclamantes, forzoso es presumr que los últimos tarden diez días más en serme devueltos por los interesados, lo que daría ya un número de 30 días, sobre los cuales hay que añadir otros 20, cuando menos, para que el señor doctor Ribeiro termine su cometido con las dúplicas.

Y si á este tiempo se añade el término mínimo de 40 días que yo he de necesitar después de concluído el cambio de alegatos, resulta que, si ha de empezará contarse desde el 2 de Marzo próximo, porque sea esa la fecha-límite que se señala definitivamente para poner en trámite los 23 expedientes que no lo están, aunque el 2 de Marzo no se me hayan entregado las pruebastestificales solicitadas de los señores jueces, tendremos un total de noventa días que nos llevaría al 2 de Junio, para la tramitación obligada según el protocolo. Más como es posible prever entorpecimientos que pueden surgir en el curso de la tramitación, lógico me parece ampliar el término indicado y señalar el 30 de dicho mes de Junio como fecha dentro de la cual podría ya finalizar y entregar el laudo sobre este laborioso arbitraje, que á mí mismo hasta por razón natural y por la necesidad y obligación en que estoy de ir á La Paz y á (Quito, lo que por atención de estos trabajoe no he podido realizar todavía, me conviene terminar cuanto altes.

Por lo demás, ninguna observación podría hacerse con justicia por de moras de que no tenemos culpa; porque si nadie puede dudar del celo con que el señor Pirrome patrocina los intereses de sus connacionales, el mismo señor Ministro, cual en una ocasión me lo dijo de oficio y á W. E. cuidó de comunicarlo, informó el Gobierno de S. M. el Rey de Italia hallarse complacido de la seriedad y buena fé con que en esta oeasión, como siempre y en todo lo acostumbra, y todos lo reconocemos, viene procediendo el Gobierno del Perú.

Reiterando á V. E. mis excusas por distraer con tan extensa nota su ocupada atención, y la seguridad de los mejores y más justos deseos que me animan respecto de los dos Gobiernos, me es muy grato aprovechar esta ocasión, señor Ministro, para renovarle el testimonio de mi más alta y distinguida consideración y aprecio.

R. G. de Uríbarri.

Al Excelentísimo señor doctor don Felipe de Osma y Pardo, Ministro de Relaciones Exteriores.

Ministerio de Relaciones Ecteriores.

Núm. 10. Lima, 9 de abríl de 1901

Señor Ministro:

Refiriéndome á la nota de esa legación de 25 de febrero último y á las ideas cambiadas en posteriores entrevistas con V. E. y el señor mínistro de Italia, tengo el agrado de precisar, en las siguientes líneas, los puntos relativos al plazo fijado para pronunciar el laudo arbitral sobre las reclamaciones italianas, acerca de las cuales hemos llegado verbalmente á un acuerdo.

Al fijar el 2 de marzo último, como fecha en que debía darse por concluída toda la tramitación y principiarse á contar los cuarenta días señalados para pronunciar el laudo, hubo el propósito de limitar solamente el período de tiempo dentro del cual debían efectuarse las actuaciones referentes á la prueba testifical que solicitó, respecto de varias reclamaciones, esa legación en 17 de enero de 1901.

omo lo expresa W. E., en su mencionada nota de 25 de febrero, tuvo esta Cancillería en mira, al acordar ese plazo, la necesidad de que no se demorase indefinidamente el juicio arbitral, y

que V. E. pudiera dar curso á los respectivos expedientes para la emisión de los alegatos.

Reconociendo, por lo demás, esta Cancillería que, al señalar V. E. el término de euarenta días, contados desde el 2 de marzo, para emitir el laudo arbitral, no lo hizo como término fijo, sino minimo, acepta la indicación hecha en su nota de 25 de febrero del año en curso en el sentido de que se amplíe hasta el 30 de junio próximo el plazo fijado para finalizar el curso del arbitraje que viene imponiendo á V.E. labores cuyas naturales dificultades

avaloran la buena voluntad con que V. E. tuvo la deferente atención de aceptarlo.

Dejando aquí constancia de que la fijación de la expresada fecha de 30 de junio del corriente año, se ha hecho, con conocimiento y aprobación del señor ministro de Italia, aprovecho la oportunidad para renovar á V. E. las seguridades de mi alta y distinguida consideración.

Felipe de Osma.

Al excelentísimo señor don Ramiro Gil de Uríbarri, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de España.

Ministerio de Relaciones Exteriores.
Núm. 26. Lima, 29 de abril de 1901.
Señor Ministro:

Remito adjunta á V. E. copia auténtica de la nota pasada por esta Cancillería al señor Ministro de España, con fecha 9 del actual, para dejar constancia escrita del acuerdo á que llegamos verbalmente con dicho agente diplomático, acerca de la ampliación, hasta el 30 de junio próximo, del plazo dentro del cual debe finalizar el curso del arbitraje sobre las reclamaciones italianas.

Renuévole, señor ministro, las seguridades de mi alta y distinguida consideración.

Felipe de Osma.

Al Excelentísimo señor Comendador Giuseppe Pirrone, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Italia.

Legación de España en Lima.
Lima, 26 de junio de 1901.
Señor Ministro:

El 16 de abril tuve la honra de recibir la atenta nota de V. E, del día 9, por la que se sirvió responder la mía de 25 de febrero último, relativa al arbitraje italo peruano.

En mi referida nota expuse la situación: el estado en que so encontraba el arbitraje, y la imposibilidad de continuar los tra bajos al mismo inherentes mientras no se me remitieran las prue bas testificales que solicité en 17 de enero de 1900, respecto de 32 reclamaciones que las necesitaban por "hallarse mal fundadas. Decía también, en cuanto á la fecha del 2 de marzo, que era preciso que V.E. y el excelentísimo señor ministro de Italia, á quien dirigí una nota idéntica el mismo día 25 de febrero, tuvieran la bondad de ponerse de acuerdo, así como acerca de otros puntos altamente importantes que cuidé de exponer con toda precisión y claridad en aquella nota, y que me hicieron el honor de responderme, comunicándome lo que resolvieran. Añadía yo, en la misma nota, después de un cómputo minucioso, ajustado á la tramitación impuesta por el protocolo, que, empezando el 2 de marzo, podría terminarse el arbitraje el 30 de junio. Para continuar las actuaciones, esto es, para poner en curso los 32 expedientes de las reclamaciones que por defecto de prueba estaban esperando la sumania información actuada en los juzgados, necesitaba yo saber lo que V.E. y el señor ministro de Italia hubieran resuelto. Por la atenta precitada nota de W. E., me impuse de ello el 16 de abril, el mismo día en que recibí, con otra nota de V. E, los cuatro cuadernos de las pruebas testificales actuadas en Piura, Huaraz, Callao y Lima. No puede, por lo tanto, empezarse á contar el tiempo desde la fecha del 2 de marzo, sino desde el 17 de abril, puesto que, careciendo yo de toda respuesta á mi nota de 25 de febrero; ignorando lo que V. E. y el señor ministro de Italia hubieran acordado, y no teniendo en mi poder las pruebas testificales, nada podía arbitrar por mi parte.—Recibí respuesta de W. E., el 16 de Abril, y en seguida empecé á dar curso á las reclamaciones que yacían en suspenso. Hay, pues, por de pronto un retraso de mes y medio, que ya transporta la fecha del 30 de junio, indicada por mí el 25 de febrero, al 16 de agosto. No quiere decir esto, sin embargo, que el 16 de agosto pueda estar concluído el arbitraje. Una razón poderosa lo impide: y es que, en vez de tomar por orden de reclamaciones las declaraciones de testigos hechas en el juzgado de Lima, se han recibido alternativamente, y se ha formado un cuaderno de ciento siete folios, cosido, que no puede desglosarse por la razón sencilla de la complicación que se ha producido, involucrando las declaraciones en folios alternos, y hasta dándose el caso de que en una página termina la declaración de un testigo en una reclamación, y se da comienzo á la de otro testigo en otra reclamación. Por manera que, no siendo posible descoser el cuaderno, y formar y unir cada grupo de declaraciones al expediente respectivo de cada reclamante, surge la grave dificultad de que se entorpece considerablemente la marcha del arbitraje en esta segunda parte de los trabajos. Es decir que, mientras, ya el abogado defensor del gobierno del Perú, ya el de uno de los reclamantes, tiene en su poder un solo expediente, para emitir su alegato, tiene también el cuaderno con las declaraciones de todos los testigos en todas las reclamaciones, y son muchas las que comprende el cuaderno del juzgado de Lima. Ni cabe el recurso de ênviar, después de emitido el primer alegato del abogado del gobierno del Perú, en seis

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