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les de su drama y los de una novela de monsieur Prosper Mérimée, «Les ámes du Purgatoire, » publicada en París más de un año antes de la representación del Don Alvaro, casi no dejan duda de que el Duque de Rivas recibió de la novela francesa el primer arranque y como el embrión de su obra dramática.

» Esta misma novela logró el honroso privilegio de inspirar igualmente otro drama al famoso Alexandre Dumas (Don %uan de Marana). Pero esto no quita á los dramas español y francés el mérito de la originalidad, que es en ambos tan grande cuanto cabe en obras literarias. Así el Duque de Rivas como Dumas toman de Mérimée, entre otras cosas, el pensamiento de emplear la afrenta de una bofetada como único medio de exasperar á un monje hasta el punto de hacerle olvidar la mansedumbre evangélica y pelear con el hermano de la mujer que había amado; lance que ocurrió en Francia, y según se cree, en el cercado de la Cartuja de París, donde hoy se halla el palacio de Luxemburgo, y que el ilustre escritor francés encontró consignado en memorias antiguas ().

(r)
Cannes (Alpes maritimes), 1.or Février r866.

Le duel du moine avec le frère de la femme séduite a été pris par noi dans de vieux mémoires L'aventure a eu lieu en France, et si je ne me trompe, dans l'enclos des Chartreux di Paris: c'est le

»Pero los dos autores dramáticos han tomado de la novela «Les ámes du Purgatoire, » como Shakspeare tomaba de las novelas de Giraldi Cynthio, de Boccaccio y de Belleforest, aprovechando los hechos, pero transformándolos, ó modelándolos según la índole y el alcance de su numen y el carácter peculiar de su tiempo y de su país.

».Así es que cada uno de los tres escritores, Mérimée, Duque de Rivas y Dumas, caminan por sendas diferentes, y en nada se parecen esencialmente en sus obras respectivas ni el enredo, ni las tendencias morales, ni las costumbres, ni los caracteres. Así, por ejemplo, el héroe de la novela es un malvado sin fé, sin afectos, que no teme ni á Dios ni á los hombres: el héroe de Dumas no es un individuo de la familia humana; es un ideal de perversidad impía, un emblema de corrupción mundana que, como el Don %uan Tenorio de Tirso de Molina y el Fausto de Marlowe y de Goethe, pertenece á la categoría de creaciones fantás— ticas: Don Alvaro no es ni el libertino desalmado de Mérimée, ni el personaje emblemático de Dumas, miembros los dos, á pesar de sus diferencias, de la serie de Don %uanes, que

Luxembourg actuel. Si j’étais de Paris, je pourrais vous indiquer le nom du livre. (Carta de Mr. Prosper Mérimée al autor del presente discurso.)

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tanto han contribuido á popularizar Molière, Tomás Corneille, Shadwel, Zamora, Mozart y Zorrilla, y cuyo prototipo es El burlador de Sevilla, de Tirso, como acaso su germen Dineros son calidad, de Lope de Vega.» He creido conveniente reproducir aquí estos párrafos, no sólo porque algunos se han figurado que las hermosas escenas entre D. Álvaro y D. Alfonso en el drama del Duque de Rivas eran imitadas del Don 7uan de Marana de Dumas, que se escribió años después, sino para dejar consignada mi opinión contraria á la idea de que el Duque tomase la de su admirable drama Don Alvaro en la novela de Próspero Mérimée titulada Las almas del Purgatorio. En su vasta erudición y laudable anhelo de aparecer estrictamente imparcial, como lo es sin duda cuando asegura que el drama del Duque de Rivas y la novela de Mérimée caminan por sendas distintas y que esencialmente nada se asemejan en tales obras «ni el enredo, ni las tendencias morales, ni las costumbres, ni los caracteres, » el ilustre autor del Discurso necrológico literario, recordando que se imprimió la novela francesa antes que se representase el Don Alvaro y encontrando algunas coincidencias y analogías entre ambas producciones, apunta la especie de que el Duque recibió del libro de Mérimée «el primer arranque y como

el embrión de su obra dramática.» Paréceme que, al hacer esta indicación, mi querido amigo y compañero el Sr. de Cueto se dejó llevar de escrúpulos tan honrados como excesivos, y sobre todo que no se fijó bien en las fechas. Si la memoria no me engaña, Mérimée comenzó á publicar Les ámes du Purgatoire en el número de la Revue des deux Mondes del 15 de agosto de 1834. Cierto es que Don Alvaro se estrenó en Madrid el 22 de marzo de 1835; pero no lo es menos que el Duque de Rivas lo había compuesto durante su residencia en Tours hacia el año de 1832, ó lo que es igual, dos años antes de salirá luz la novela francesa. Esta observación es tan concluyente de suyo que hace innecesario apelará otros argumentos. El lance de la bofetada que induce á un religioso á batirse con el abofeteador, se ha repetido mucho en la realidad y en la leyenda. Nuestro insigne compatriota no tenía para qué imitarlo del novelista francés, dado que hubiera sido posible imitar lo que aún no era conocido. Sin ir más lejos, el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo, escritor del siglo XVI y de casa, como nacido en Madrid en 1478, cuenta un desafío de la misma índole y con circunstancias parecidas al del Don Alvaro, acaecido en Cataluña en el antiguo Monasterio de Monserrate. ¿Necesitaba, pues, el Du

que de Rivas acudirá un novelista francés del presente siglo para tomar idea de lo que ha– bía pasado ya en España y referido un escritor español de hace tres siglos y medio?

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