Parnaso venezolano: colección de poesías de autores venezolanos desde mediados del siglo XVIII hasta nuestros dias precedida de una introducción acreca del origen y progreso de la poesía en Venezuela, Volumen1

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Tip. de "El Cojo,", 1892
 

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Página 30 - ¡Ah!, desde el alto asiento en que escabel te son alados coros que velan en pasmado acatamiento la faz ante la lumbre de tu frente — si merece por dicha una mirada tuya, la sin ventura humana gente — , el ángel nos envía...
Página 41 - Por el que surca animoso La mar, de peligros llena; Por el que arrastra cadena, Y por su duro señor; Por la razón que leyendo En el gran libro, vigila; Por la razón que vacila, Por la que abraza el error.
Página 38 - Ruega después por mí. ¡Más que tu madre lo necesito yo! Sencilla, buena, modesta como tú, sufre la pena y devora en silencio su dolor. A muchos compasión, a nadie envidia la vi tener en mi fortuna escasa: como sobre el cristal la sombra, pasa sobre su alma el ejemplo corruptor.
Página 22 - ¡Salve, fecunda zona, que al sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciada de su luz, concibes!
Página 37 - Ve a rezar hija mía. Ya es la hora de la conciencia y del pensar profundo; cesó el trabajo afanador, y al mundo la sombra va a colgar su pabellón. Sacude el polvo el árbol del camino al soplo de la noche, y en el suelto manto de la sutil neblina envuelto se ve temblar el viejo torreón.
Página 39 - ... mi existencia amarga, y quita de mis hombros esta carga que me agobia de culpa y de pesar. Ruega por mí y alcánzame que vea en esta noche de pavor, el vuelo de un- ángel compasivo, que del cielo traiga a mis ojos la perdida luz. Y pura finalmente, como el mármol que se lava en el templo cada día, arda en sagrado fuego el alma mía como arde el incensario ante la cruz.
Página 31 - Honrad el campo, honrad la simple vida del labrador, y su frugal llaneza. Así tendrán en vos perpetuamente la libertad morada, y freno la ambición, y la ley templo.
Página 175 - La partida de caza vocinglera la quinta deje al despuntar el día; ágil salga y festiva la jauría, atraviese del valle a la ladera, recorra sin ser vista la cañada, y tras de tramontar los altos cerros, saltando observes los...
Página 39 - ... con enfermiza palidez. Mas yo la vida por mi mal conozco, conozco el mundo y sé su alevosía; y tal vez de mi boca oirás un día lo que valen las dichas que nos da; y sabrás lo que guarda a los que rifan riquezas y poder, la urna aleatoria, y que tal vez la senda que a la gloria guiar parece, a la miseria va.
Página 38 - Y luego dormirán; y en leda tropa, sobre su cuna volarán ensueños, ensueños de oro, diáfanos, risueños, visiones que imitar no osó el pincel.

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