Êxiste una literatura americana?

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Mariano Moreno, 1901 - 333 páginas
 

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Pasajes populares

Página 224 - ... buscar doliente. ¿Qué miro? Alto torrente de sonorosa llama corre, y sobre las áridas ruinas de la postrada selva se derrama. El raudo incendio a gran distancia [brama y el humo en negro remolino sube, aglomerando nube sobre nube. Ya, de lo...
Página 218 - ... mil olas, cual pensamiento rápidas pasando, chocan y se enfurecen, y otras mil y otras mil ya las alcanzan, y entre espuma y fragor desaparecen.
Página 223 - Tú das la caña hermosa, de do la miel se acendra, por quien desdeña el mundo los panales. Tú en urnas de coral cuajas la almendra que en la espumante jicara rebosa; bulle carmín viviente en tus nopales, que afrenta fuera al múrice de Tiro; y de tu añil la tinta generosa émula es de la lumbre del zafiro.
Página 232 - Era la tarde; su ligera brisa las alas en silencio ya plegaba, y entre la hierba y árboles dormía, mientras el ancho sol su disco hundía detrás de Iztaccihual.
Página 267 - Do más se encruelece la pelea ; Y el silbo de las balas que, rasgando El aire, llevan por doquier la muerte; Y el choque asaz...
Página 263 - Todo está como era entonces: La casa, la calle, el río, Los árboles con sus hojas Y las ramas con sus nidos. Todo está, nada ha cambiado, El horizonte es el mismo; Lo que dicen esas brisas Ya, otras veces, me lo han dicho. Ondas, aves y murmullos Son mis viejos conocidos, Confidentes del secreto !De mis primeros suspiros. Bajo aquel sauce que moja Su cabellera en el río, Largas horas he pasado A solas con mis delirios. Las hojas de esas achiras Eran el tosco abanico Que refrescaba mi frente...
Página 269 - ... presa que entre el rebaño mal segura pace? ¿Quién el que ya desciende pronto y apercibido a la pelea? Preñada en tempestades le rodea nube tremenda; el brillo de su espada es el vivo reflejo de la gloria; su voz un trueno, su mirada un rayo. ¿Quién, aquel que, al trabarse la batalla, ufano como nuncio de victoria, un corcel impetuoso fatigando, discurre sin cesar por toda parte . . . ? ¿Quién sino el hijo de Colombia y Marte?
Página 280 - Corre el tiempo veloz, arrebatando años y siglos como el Norte fiero precipita ante sí la muchedumbre de las olas del mar. Pueblos y reyes viste hervir a tus pies, que combatían cual hora combatimos y llamaban eternas sus ciudades, y creían fatigar a la tierra con su gloria. Fueron : de ellos no resta ni memoria.
Página 233 - ¡Mira! Su ruedo de cambiante nácar el Occidente más y más angosta; y enciende sobre el cerro de la costa el astro de la tarde su fanal. Para la pobre cena aderezado brilla el albergue rústico, y la tarda vuelta del labrador la esposa aguarda con su tierna familia en el umbral. Brota del seno de la azul esfera uno tras otro fúlgido diamante; y ya apenas de un carro vacilante se oye a distancia el desigual rumor.
Página 261 - SER de inmensa bondad, Dios poderoso, a vos acudo en mi dolor vehemente; extended vuestro brazo omnipotente, rasgad de la calumnia el velo odioso y arrancad este sello ignominioso con que el mundo manchar quiere mi frente.

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