Obras completas de Diego Barros Arana ...

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Imprenta Cervantes, 1908
 

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Página 156 - Cantemos al Señor, que en la llanura Venció del ancho mar al Trace fiero; Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra, Salud y gloria nuestra. Tú rompiste las fuerzas y la dura Frente de...
Página 64 - Y así como suele decirse: el gato al rato, el rato a la cuerda, la cuerda al palo, daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa que no se daban punto de reposo...
Página 159 - Juan, primero, Que aquel blanco y carmín de doña Elvira No tiene de ella más, si bien se mira, Que el haberle costado su dinero. Pero también que me confieses quiero, Que es tanta la beldad de su mentira, Que en vano á competir con ella aspira Belleza igual de rostro verdadero.
Página 40 - Hipogrifo violento Que corriste parejas con el viento ¿Dónde, rayo sin llama. Pájaro sin matiz, pez sin escama, Y bruto sin instinto Natural, al confuso laberinto Destas desnudas peñas Te desbocas, arrastras y despeñas?
Página 80 - El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los * campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo, que le colmen de maravilla y de contento.
Página 52 - Oye que al cielo toca Con temeroso son la trompa fiera; Que en África convoca El moro a la bandera, Que al aire desplegada va ligera.
Página 153 - Admiróse un portugués de ver que en su tierna infancia todos los niños en Francia supiesen hablar francés. «Arte diabólica es», 5 dijo, torciendo el mostacho, «que para hablar en gabacho un fidalgo en Portugal llega a viejo, y lo habla mal; y aquí lo parla un muchacho».
Página 150 - Mantequillas y pan tierno, Y las mañanas de invierno Naranjada y aguardiente, Y ríase la gente.
Página 90 - La codicia en las manos de la suerte se arroja al mar, la ira a las espadas, y la ambición se ríe de la muerte.
Página 112 - Fijad esto que digo en la memoria, que el ciego y torpe miedo os va turbando; dejad de vos al mundo eterna historia vuestra sujeta patria libertando; volved, no rehuséis tan gran vitoria, que os está el hado próspero llamando; a lo menos fijad el pie lijero, veréis cómo en defensa vuestra muero».

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