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Pueblos que le están á cargo: no hay mejora que no se procure emprender; y cada ciudadano, intimamente persuadido de que sus primeros deberes son hácia la Sociedad, no es su propio interés, sino el bien común el que solicita en todas sus acciones.

Vd. va á aumentar el número de estos : y cuanto mayores son las ventajas que han proporcionado á Vd. la ilustración, la experiencia y el conocimiento de las Cortes extrangeras, tanto más son las obligaciones que Vd, ha contraido en favor de un país que le vió nacer, y que ahora lo recibe. Tales son las esperanzas que el Pueblo de Caracas ha concebido al saber la llegada de Vd; y S. A. concediéndole el permiso que Vd. solicita para venir á esta Ciudad, crée que serán realizadas. Á este efecto y de su órden superior lo comunico á yd. para su inteligencia.

Dios gue á Vd. m' a”. Caracas Diciembre 11 de 1810.

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Y si algo faltara para comprobar lo dicho y esclarecer los proyectos del general Miranda, la siguiente carta que dirigió al Gobierno Británico desvanece no sólo aquella duda, sino también algunas otras que tienen relación con el infortunado General.

Caracas 7 de Enero de 1811.

Al nobilisimo Marqués de Wellesley.

De conformidad con mi correspondencia escrita y verbal con V. E. acerca del estado político de Sur-América, y particularmente de la provincia de Venezuela, sali de Inglaterra el 10 de Octubre, llegué á Barbada el 19 de Noviembre, á Curaçao el 28 del mismo y desembarqué en la Guaira el 10 de Diciembre último. El Gobierno y pueblo de Venezuela me recibieron con gran júbilo, amistad y afecto, confiriéndome en el acto recompensas civiles y militares. Por estos medios espero ejercer la influencia requerida con el objeto de promover los intereses de la Gran Bretaña de un modo compatible con la prosperidad y seguridad de estas provincias.

Á mi llegada á esta Capital comuniqué al Gobierno las miras y deseos del de S. M. B. con respecto á la seguridad de estas provincias, y al apoyo que ellas debian al mismo tiempo dar á la causa española en la peninsula. Encontré sus sentimientos en perfecto acuerdo con las miras de V. E. y no dudo que proseguirán en la misma línea de conducta moderada, que se ha observado hasta hoy, á pesar de las provocaciones y del violento proceder de los Agentes de la Regencia española en Puerto-Rico, sin los cuales no habria ocurrido disturbio alguno en Coro ni en Maracaibo, ni en esta Capital, donde sus maquinaciones obligaron al Gobierno á tomar violentas medidas muy agenas á sus deseos y al espíritu de conciliación que estaban siguiendo ; se han reparado ya los daños y nada turbará, asi lo espero, la tranquilidad de que se disfruta en esta Capital.

El muy honorable Nicolas Wansittart, como dije á V. E. es mi apoderado; y como mi patria me ha comferido ya cargos militares incompatibles, según lo concibo, con cualquier emolumento extrangero, suplico á V. E. se sirva disponer el ajuste de mi pension de conformidad con el memorandum que dejé cuando sali de Inglaterra, reiterando mis más sinceras gracias al Gobierno Británico, por el apoyo y pensión que me concedió, mientras mi residencia en Inglaterra fué necesaria con el fin de promover la emancipación y proteger los intereses de las colonias Sur-Americanas.

En carta particular á Sir Richard Wellesley he mencionado algunas circunstancias relativas al interior de la provincia de Caracas y al limítrofe reino de Santa Fé de Bogotá. Si los hechos allí referidos interesan de algun modo á V. E, puede tenerlos como ciertos.

Con el mayor respeto y la más alta consideración quedo de V. E., Milor, su muy obediente y humilde servidor.

FRANCISCO DE MIRANDA.

Hemos copiado esta carta, así como los documentos insertos anteriormente, en los archivos de Londres, con la generosa venia del gobierno británico.

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No terminó el año de 1810 sin acontecimientos de alguna gravedad. Casi todas las provincias de Venezuela secundaron el movimiento de Carácas; pero las de Guayana, Coro y Maracaibo pretendieron contrarrestarlo con las fuerzas militares de que disponian. Esta resistencia contribuyó poderosamente á fomentar la reacción en el sentido español, y á encender en el ánimo de los patriotas y autores del movimiento iniciado en 19 de Abril, el deseo de llegar á la verdadera fórmula de la revolución, ó sea á la independencia de Venezuela.

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En esta misma sazon llegó á Carácas la noticia de las horribles matanzas llevadas á cabo en Quito por las Autoridades españolas. Sesenta personas, muy notables algunas, contra las cuales se procedió en juicio de conspiración, fueron degolladas impiamente en la prisión, y profanados sus cadáveres por la tropa que ejecutó el crímen.

Este infame atentado que causó general «luelo en Caracas, bien al contrário de desanimar á los patriotas, pintó más al vivo en su imaginación el deseo de tomar represalias. En la pira de la guerra, á medio arder, fueron arrojadas una á una las pasiones del encono y de la venganza. España contribuyó á fomentar el incendio porque la Regencia de Cádiz, al saber lo ocurrido, declaró rebeldes é insurgentes á los venezolanos y decretó el bloqueo de la provincia de Caracas, enviando á D. Antonio Cortabarría con facultades omnimodas....

Por entonces había ya corrido sangre en varios puntos de Venezuela. Las fuerzas españolas, estacionadas en Coro al mando de Ce

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