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y se dirigió más tarde á los Estados Unidos de América, de donde regresó á Caracas á fines de 1806, decidido á la edad de 22 años, que entónces tenía, á vivir alejado de la política y ocupado exclusivamente en sus propios asuntos.

Hasta esa fecha no bullía en el cerebro de Bolívar, como lo afirman algunos historiadores, la idea de redimir á su patria.

Á su regreso, la situación de Venezuela era la siguiente. Desde fines del siglo pasado habían comenzado á soliviantarse los ánimos de los americanos en favor de su independencia. La conspiración de Gual y España había sido denunciada y descubierta en 1799. D. J. M. España había sido ahorcado en Caracas el 8 de Mayo de 1799. Gual que logró escapar con vida, había muerto envenenado en Trinidad, según se asegura, por un echadizo español.

El general Francisco de Miranda, con el apoyo del Gobierno Británico, más eficaz en la apariencia que en el fondo, había llegado al país con una expedición, organizada en los Estados Unidos, compuesta de una corbeta

armada en guerra, dos trasportes y algunos elementos.

Las autoridades españolas, oportunamente avisadas, se habían apoderado de los buques y de la mayor parte de los expedicionarios. Miranda pudo salvarse refugiándose en Trinidad.

De los prisioneros hechos á la expedición, diez habían sido fusilados en Puerto Cabello y degollados después de muertos. Los demás habían sido encerrados en los presidios de Cartagena y Puerto Rico.

En Trinidad había organizado el general Miranda una segunda expedición compuesta de 15 embarcaciones y 500 voluntarios, casi todos extranjeros. Con ella se dirigió a las costas occidentales de Venezuela y ocupó el puerto de La Vela y la ciudad de Coro, derrotando préviamente la columna española, fuerte de 1,200 infantes, que pretendió impedirle su desembarco, y apoderándose de un fortin y de más de veinte cañones.

Miranda, el verdadero precursor de la independencia venezolana, no había encontrado en Coro ninguna cooperación, ningún apoyo ni

simpatía entre los americanos, á quienes se había propuesto emancipar. Después de pasar cuatro dias en aquella ciudad, se retiró á La Vela, y de aquí guió á Oruba donde disolvió su expedición, dirigiéndose á Trinidad.

Los auxilios que había pedido á Jamaica le fueron negados, y en consecuencia abandono el proyecto de dirigir la expedición sobre el Río de la Hacha en busca de mejor suerte para su noble causa. De Trinidad continuó viaje á Europa.

Estos sucesos tan desgraciados para la causa americana, habían producido en los ánimos de los venezolanos un pavor extremo.

Los acontecimientos ocurridos en España posteriormente modificaron un tanto la situación de las cosas. La abdicación de Carlos IV en favor de su hijo, la de este en favor de su padre; la cesión de la Corona Española en favor de Napoleón, la proclamación de José Bonaparte como rey, la reacción efectuada en la peninsula con motivo de tan oprobiosos sucesos, todo contribuyó eficazmente á despertar en Venezuela el deseo de promover la emancipación de la patria. Pero aún no estaba colmada la medida.

Acordóse en Venezuela el desconocimiento de la autoridad de Bonaparte, y se reconoció despues de mil vacilaciones la Junta de Sevilla, y más tarde, en Enero de 1809 fué reconocida la Junta Central de España é Indias, como única autoridad para dirigir los asuntos de la Península y de sus colonias.

La tentativa de los americanos para constituir una Junta local, quedó frustrada. El brigadier D. Vicente Emparan llegó á Caracas con el carácter de Capitan general de Venezuela y comenzó, como era de esperarse, por oprimir á los criollos, declarando que no había otra ley ni otra voluntad que la suya.

Pero antes de proseguir, detengámonos á contemplar la figura del general Miranda.

De inteligencia luminosa, de carácter reflexivo y austero, de temperamento firmísimo, sobrio en costumbres y parco en juicios, probado en el crisol de la adversidad y atento siempre a la idea que engendró su mente, era Miranda de la madera de los hombres convencidos que jamás tiemblan las consecuencias de un hecho ni reparan lo andado en el doloroso camino de las revoluciones políticas. :

En Rusia fué bien quisto de todos y agasajado por Catalina ; en Francia luchó como bueno, juntamente con los mejores caudillos de la Revolución ; en los Estados Unidos de América riñó batallas y expuso enseñanzas, y en todas partes estuvo siempre al servicio de la libertad que él queria implantar en su oprimida patria.

La caida de los Girondinos, con quienes militara en la Revolución, amenguó su prestigio, é inesperadas infidelidades de la fortuna pusieron su nombre en tela de juicio y su vida entre los hierros de aquel monstruo de recelos y de suspicacias que se llamó « tribunal revolucionario ».

En medio de estas grandes convulsiones no decayó un punto su acendrada fé, ni se dió á partido en el nobilísimo empeño de redimir á la patria ; y, á despecho de las vacilaciones de Pitt y del gobierno de los Estados Unidos, partiose á Venezuela, corriendo á la aven

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