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notables son: Las de la Semana Santa, que son las más rumbosas en todo el país. En ellas ostentan las familias todo el lujo que pueden; es pues éste un buen tiempo para el comercio, que para esta fecha tiene un gran movimiento.

No queremos pasar por alto algunas observaciones que creemos bien hacer en este lugar, relativamente á nuevos usos y costumbres que se han ido estableciendo entre la juventud, con mengua de la circunspeccion y del decoro que debe guardar el hombre cuando se halla en el recinto que la sociedad ha consagrado al culto del Sér Supremo.

Los templos, hasta cierto punto, han dejado de ser para cierta parte de la juventud, un asilo sagrado adonde va el hombre cargado de sus pesares y de sus culpas á implorar la misericordia divina : casi se puede decir que se tienen como teatro. Reúnense algunos jóvenes en grupos y cruzan las naves de la iglesia, deteniéndose aquí y allá para observar esta ó aquella hermosa mujer de las muchas que se hallan en el sagrado recinto. Hablan, hacen muecas, rien, y á todo atienden ménos al cumplimiento de sus deberes, que los llaman á respetar, si no las creencias de sus antepasados y las que se dicen tener ellos mismos, al menos las de sus familias y las de la sociedad en que viven. Es necesario agregar tambien, que aunque las jóvenes son generalmente recatadas y guardan la debida circunspeccion en los templos, no deja de haber algunas que con sus lujosos vestidos y atildada composicion de su persona (no propios del lugar), atraen la atencion de los que hallándose en el comienzo de la vida, no saben contenerse dentro de los limites que su deber les demarca.

Este vicio de educacion tiene su origen en el desconocimiento que hay en ciertos jóvenes, de la religion que profesan y en algun descuido ó negligencia de sus padres al educarlos.

Algunos de estos jóvenes al leer estas líneas dirán para disculparse, echándola de filósofos libres pensadores : a Dios está en todas partes; para adorarlo yo no tengo necesidad de ir al templo; este lugar es para mí como cualquier otro. » Tanto peor, porque en este caso el hecho es una burla de las creencias de todo un pueblo; es una falta que merece correccion.

Un templo, á cualquiera religion que esté dedicado, debe mirarse con respeto y veneracion, por lo mismo que Dios se halla en todas partes y que aquel sitio es una cfrenda que la piedad pública le ha consagrado.

Si la filosofia nos enseña á creer por la razon y no por la fé, lo cual es completamente digno del hombre como sér inteligente, esto no quiere decir que debamos hacer motivo de distraccion ó de desprecio las ceremonias de un culto que no es el nuestro. Al contrario, enseñándonos ella las altas relaciones que nos ligan con Dios, como causa primera de toda existencia, y con nuestros semejantes, nos impone el deber de respetar todas las creencias.

Pero lo más original es que estos jóvenes se llaman cristianos!

Y no se diga que esta pésima costumbre es importada del extranjero. En Europa y los Estados Unidos la juventud asiste de muy distinta manera á los templos. Vénse multitud de personas de distintas religiones y de diferentes países visitando los lugares sagrados, en el estudio de los pueblos y sus costumbres, y se observa al propio tiempo en todos ellos el digno comportamiento que deben observar los hombres en un recinto en que todo convida a la más seria meditacion : el pueblo reunido en actitud humilde, los altares consagrados á la divinidad y el silencio que allí reina, interrumpido apénas por las palabras casi imperceptibles de los que oran, el místico canto de los sacerdotes, ó los silbidos melancólicos del órgano.

Pero es necesario confesar que es una pequeña parte de la juventud, y que esto no sucede en todas las ciudades y pueblos de la República. Donde se nota más es en Caracas, Valencia y algunas otras partes.

Sin embargo, los padres de familia comprendiendo cuán graves consecuencias puede derivar la sociedad de semejantes hábitos, ponen hoy de su parte cuanto está á su alcance á sin de infundir en el corazon de sus hijos, un verdadero horror á tan funestas prácticas, que desligando al hombre de sus deberes sociales y religiosos, lo predisponen indudablemente á la carrera del vicio; pues el que no sabe respetar sus creencias religiosas ni las de la sociedad de que forma parte, ni puede ser un padre excelente, ni un buen amigo, ni un digno ciudadano.

Despues de la Semana Santa, las fiestas más notables son las de la Pascua, en las que se dan banquetes y bailes. Es esta una época de verdadera alegría para todas las clases de la sociedad. Caracterízase por la costumbre general de hacerse en todas las casas hallacas, especie de pastel envuelto en hojas de plátano (1), dulce de lechoza, higos, ó naranja.

(1) Esta comida nacional es un guisado de gallina, pavo ú otra

Estos banquetes tienen lugar despues de media noche y cuando las familias vienen de oir la misa que llaman de gallo.

En las poblaciones del interior y áun á veces en las capitales, cruzan las calles à media noche gentes entonando festivas canciones del país y de la época, al com pas de sus guitarras y maracas.

Ademas de estas fiestas hay en el año olras en que reina mucho entusiasmo, cuales son las del Carnaval, que duran tres dias.

Pocos años atras, los dias de Carnaval eran considerados por las gentes cultas como una verdadera amenaza, pues todo el mundo se creia con derecho para arrojar al cuerpo de cualquier transeunte un balde de agua, lo cual ha sido causa de no pocas desgracias. Destacábanse por las calles de las ciudades partidas de gente llevando buena provision de pinturas, cáscaras de huevo llenas de agua ó de líquidos coloridos, y á toda persona que encontraban en su camino le embadurnaban el rostro de grado ó por fuerza con aquellas unturas; siendo esta detestable costumbre fuente de muchísimos disgustos y lamentables desgracias. Cuando la persona de que querian apoderarse estaba algo distante y temian que se les escapase, le asestaban las cáscaras de huevo desde lejos, dando á veces por resultado la pérdida de los ojos del pobre pasajero. En muchas casas de familia, encer

ave, carne de puerco o de res condimentada con vino seco, alcaparras, huevos cocidos cortados en rebanadas, aceitunas, pasas, almendrás, ajos, cebollas, pimientos y varias especias, colocado entre dos láminas de masa de maiz extendida en hojas de plátano, que le sirven de envoltorio, y cocido luego en agua.

rábanse las mujeres en las piezas de habitacion y se divertian con los amigos que venian á jugar carnavales, arrojándose mútuamente por las ventanas agua perfumada. En otras sólo permitian los jefes de la casa jugar con papeles picados y grajeas de diversos colores.

Hoy todos estos hábitos han desaparecido para bien de la sociedad, y puede decirse que el Carnaval en Carácas, es una de las más bellas y cultas diversiones á que se entregan las gentes en toda América.

Con algunos dias de anticipacion hácense aprestos de flores, confituras, vestidos, adornos, etc., y cuando llega el primer dia de Carnaval, aparece en las calles de la ciudad á inanera de guerrillas, numerosa tropa de gentes disfrazadas con lujosos vestidos graciosamente imaginados.

Los jóvenes toman cuantos coches hay en la capital, los adornan elegantemente, hacen en ellos sus depósi. tos de flores, confituras, etc., y luego recorren la ciudad, tambien disfrazados. Las jóvenes ocupan las ventanas de las casas de habitacion, y entonces comienza una especie de tiroleo de flores, papelitos y confituras dorados, plateados ó de colores, entre los que pasan y las bellas espectadoras, ofreciendo la ciudad en estos momentos un espectáculo verdaderamente admirable. Nin. gun acto de descomedimiento se observa en el pueblo. Es una verdadera fiesta fraternal en que una ciudad de 60,000 almas es solamente una familia. Los extranjeros toman no menor parte en esta diversion que los hijos del país. Huéspedes de la familia venezolana, ellos simpatizan mucho con esta nueva costumbre y se los halla en el circulo de los más entusiastas. •

Terminada esta funcion que dura como hemos dicho

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