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dad de nuestras mujeres el cuadro que ofrece la familia en Europa! Horror les inspirarian los matrimonios que se tratan entre personas casi desconocidas, y cuya realizacion depende de que la dote de la mujer llegue á cierta suma fijada de antemano. Desprecio los que se hacen entre personas que no se han visto jamas, y que se unen para formar una familia como si fuesen á fundar una compañía para explotar algun negocio.

A estas condiciones especiales de nuestra mujer se debe el intenso cariño que generalmente liga á todos los miembros de una misma familia, y el que los afanes y las miserias sean comunes en el hogar doméstico.

El jóven venezolano, ni es menos digno si sabe apreciar de distinta manera el matrimonio. Pobre, considera como una humillacion unirse á una mujer que posee caudales; rico, no busca otra cosa en la que deba ser su esposa, sino un ser que sepa comprenderle y en quien halle siempre una verdadera compañera, que pueda mi. tigar con la santa uncion del cariño los crudos afanes de la miseria; que aliente su corazon en los reveses de la forluna; y que en los dias de bonanza le haga saborear aquellas dulces emociones que sólo pueden experimentar los seres que aman y que son amados.

Por eso la mujer en Venezuela es un modelo de virtu: des privadas. Pura, casta y amorosa, cuida de sus hijos con admirable celo, y nutre sus corazones con los sentimientos delicados que se albergan en su seno. Amante ciega de su patria, les comunica el amor y el respeto que ella profesa á los fundadores de la República; y en los dias aciagos en que el despotismo se adueña del poder y gime la sociedad entera bajo su terrible opresion, les enseña el amor de la libertad y les infunde aquellos sentimientos dignos y decorosos que sólo pueden inspirar el más profundo odio a la tiranía.

Fruto de esta manera de ser de nuestras mujeres es la admirable condicion de nuestra juventud. Intrépida en los combates, enemiga de derramar la sangre de los vencidos, é inclinada generalmente a las prácticas del bien.

Ademas de esto, es del caso observar que los extranjeros que vienen al país á establecerse, al entrar en relacion con nuestras familias, pierden ó modifican las ideas que por lo comun tienen sobre el matrimonio las gentes europeas; y así, se les vé casarse frecuentemente con jóvenes pobres, siguiendo juiciosamente las sanas costumbres de nuestra sociedad.

La mujer venezolana no es muy instruida; cuanto se le enseña generalmente es lectura, escritura, aritmética, gramática, geografia é historia; frecuentemente se le hace aprender el piano; algunas veces la pintura y el frances, y siempre la costura y todas las labores propias de su sexo que se conocen en el pais.

Pero si no se les da á las jóvenes una ilustracion literaria como debiera, sí se les enseña con todo celo cuanto han menester para ser mañana entendidas y económicas en el manejo de sus casas. Esta parte de la educacion hace que puedan sufrir con resignacion los dias aciagos de la pobreza, y que en el seno de la abundancia sean laboriosas, ordenadas y contraidas generalmente a sus deberes.

Sin embargo, hace algun tiempo que, gracias al descuido de los jefes de la casa, se ha introducido entre nuestras jóvenes un amor demasiado intenso á la lectura de cuentos y novelas.

Esa literatura superficial y llena de veneno, que se ha esparcido por el mundo como una plaga desastrosa, señal segura de decadencia universal en las letras, es causa de grandes males para nuestras sociedades, constituidas de muy diferente manera que las de Europa.

¿A qué fin permitir que criaturas de doce á quince años, cuando aún no ha desaparecido en ellas toda la pureza y él candor de la niñez, se entreguen a tal género de lecturas, que arrebatan á su alma la inocencia, y que presentando ante sus ojos bajo formas seductoras todas las debilidades y miserias de que está llena la vida, arrastran su corazon prematuramente á la espantosa lucha de las pasiones? ¿Acaso para que se distraigan o instruyan? Pero y cuán cara distraccion es esta de que se goza á expensas de un tesoro que no puede recuperarse : la inocencia ! Y qué funesto aprendizaje aquel que arrebata la dulce paz del alma y abandona el corazou á las pasiones que lo toman como por asalto!...

¡Ah! que transformacion tan triste no habrá de su. frir nuestra sociedad, si los padres de familia no precaven á sus tiernas hijas del contagio de libros tan perniciosos! Las generaciones venideras lamentarán en vano tan funesto error, y tendrán justo motivo para quejarse de sus antepasados que no supieron conservar la pureza de las costumbres, conservando la pureza de la mujer, VI

FALTA DE ECONOMÍA EN LOS VENEZOLANOS

Nótase en Venezuela que los extranjeros que á ella vienen a establecerse, con familia o sin ella, y áun en el mayor estado de pobreza, hacen rápidamente fortuna; mientras que no sucede lo mismo á los hijos del pais, aunque se consagren asíduamente al trabajo. Esto parece absurdo á primera vista; pero tiene su razon de ser en los hábitos nacionales.

No hay en el venezolano verdadero espíritu económico: por lo comun aspira á satisfacer todas sus necesidades con el fruto de su trabajo; y cuando éste excede en algo a aquellas, no se crea que piensa en formar un apartado para el porvenir; prefiere gozar en el presente, y así, gasta cuanto gana, y deja á los dias venideros que carguen con su propio afan.

De esta manera se ve a los empleados de las haciendas y á todo género de operarios consumir en el dia domingo cuánto les ha podido quedar libre del trabajo de la semana. Al dia siguiente acaso estarán escasos de di- . nero, pero no importa : el trabajo produce, y esto les basta. De lo cual se deduce claramente, que el pueblo venezolano es más inclinado á los placeres que al oro; y por esto es incapaz de sacrificar aquellos al deseo de ser algun dia rico. Por otra parte, el hijo de este pais es por naturaleza desprendido; y entra en gran parte å robustecer esta condicion el menosprecio que se hace en

tre ellos de los que son totalmente apegados al dinero y que sacrifican todos sus gustos al objeto de adquirir riquezas. De esto resulta, que si fuéramos á juzgar de la posibilidad pecuniaria de las personas por sus gastos, la mayoría de las gentes nos parecerian relativamente acomodadas.

La economía pues aún entra por poco en la vida del venezolano, particularmente entre los jornaleros y artesanos. A todo esto se agrega que en las clases acomodadas de la sociedad se ha introducido el lujo como una polilla desastrosa. Pocos quieren contenerse dentro de los límites de su posibilidad monetaria, y ajustarse como es debido á una posicion que le sea posible sostener sin perjuicio de sus intereses. Cuáles sean los resultados que produce esta temeridad, fácilmente se comprende.

Afortunadamente, parece que la sociedad ha reconocido un tanto los males que pudieran derivarse de semejantes prácticas, y se ha refrenado un tanto, mas no cuanto debiera.

Toca á los padres de familia desarraigar esos nuevos gustos, despertando en sus hijos ideas conducentes á fortalecer en ellos el amor à la moderacion en todo, que es la más segura guia para marchar con regularidad en la vida.

No sucede asi con los extranjeros: salidos de su patria despues de haber probado quizas la miseria en países en que anualmente mueren de hambre muchisimas familias, sacrifican por algun tiempo sus gustos; y produciéndoles su trabajo con largueza, llegan rápidamente á tener un pequeño capital, con el cual se establecen en el comercio ó en las industrias; y siguiendo un rigido

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