Bardos cubanos: antología de las mejores poesías líricas de Heredia, "Plácido," Avellaneda, Milanés, Mendive, Luaces, y Zenea

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D.C. Heath y cía., 1901 - 162 páginas
 

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Página 5 - Era la tarde; su ligera brisa las alas en silencio ya plegaba, y entre la hierba y árboles dormía, mientras el ancho sol su disco hundía detrás de Iztaccihual.
Página 14 - ... mil olas, cual pensamiento rápidas pasando, chocan y se enfurecen, y otras mil y otras mil ya las alcanzan, y entre espuma y fragor desaparecen.
Página 7 - Corre el tiempo veloz, arrebatando años y siglos como el norte fiero precipita ante sí la muchedumbre de las olas del mar. Pueblos y reyes, viste hervir a tus pies, que combatían cual hora combatimos y llamaban eternas sus ciudades, y creían fatigar a la tierra con su gloria. Fueron: de ellos no resta ni memoria.
Página 24 - Ó del eco apacible y cariñoso De mi madre, mi hermana y mis amigas, Tan sólo escucha de extranjero idioma Los bárbaros sonidos : pero al menos No lo fatiga del tirano infame El clamor insolente, ni el gemido Del esclavo infeliz, ni del azote El crujir execrable que emponzoñan La atmósfera de Cuba. ¡ Patria mía, Idolatrada patria ! tu hermosura Goce el mortal en cuyas torpes venas Gire con lentitud la yerta sangre, Sin alterarse al grito lastimoso De la opresión.
Página 7 - En tal contemplación embebecido Sorprendióme el sopor. Un largo sueño -De glorias engolfadas y perdidas En la profunda noche de los tiempos, Descendió sobre mí. La agreste pompa De los reyes aztecas desplegóse A mis ojos atónitos. Veía, Entre la muchedumbre silenciosa De emplumados caudillos, levantarse El déspota salvaje en rico trono De oro, perlas y plumas recamado...
Página 68 - Pero ¡ay! tu fuga ya me acredita que ansias ser libre, pasión bendita, que aunque la lloro la apruebo yo. ¡Ay de mi tórtola, mi tortolita. que al monte ha ido y allá quedó!
Página 12 - Dadme mi lira, dádmela, que siento En mi alma estremecida y agitada Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo En tinieblas pasó, sin que mi frente Brillase con su luz. . . !' Niágara undoso, Sola tu faz sublime ya podría Tornarme el don divino, que ensañada Me robó del dolor la mano impía.
Página 23 - ... mostróme el despotismo vengativo, y en torno de mi frente, acumulada, rugió la tempestad. Bajo tu techo la venganza burlé de los tiranos. Entonces tu amistad celeste, pura, mitigaba el horror a los insomnios de tu amigo proscripto y sus dolores. Me era dulce admirar tus formas bellas y atender a tu acento regalado, cual lo es al miserable encarcelado el aspecto del cielo y las estrellas. Horas indefinibles, inmortales, de angustia tuya y de peligro mío, ¡cómo volaron! — Extranjera nave...
Página 4 - Cuánto es bella la tierra que habitaban Los aztecas valientes! En su seno En una estrecha zona concentrados Con asombro se ven todos los climas Que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos Cubren a par de las doradas mieses Las cañas deliciosas.
Página 5 - ¿Quién diría que en estos bellos campos reina alzada la bárbara opresión, y que esta tierra brota mieses tan ricas, abonada con sangre de hombres, en que fue inundada por la superstición y por la guerra...?

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