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NUMERO 1.

GUERRA.

[3 Enero.] Real órden, resolviendo que los individaos del Ejército que

disfruten de licencia cuatrimestral, no tienen derecho a bospitalidad militar hasta que emprendan la marcha para incorporarse á sus Cuerpos

Excmo. Sr. El Sr. Ministro de la Guerra dice hoy al Intendente general Militar lo siguiente:

La Reina (Q. D. G.) se ha enterado de las comunicaciones que V. E. ha dirigido á este Ministerio en 14 de Abril y 18 de Noviembre último consultando si los individuos de tropa, que pasen á disfrutar licencia cuatrimestre tienen derecho á hospitalidad militar; y conformándose con lo expuesto por la seccion de guerra del Consejo Real, se ha dignado resolver, que, los expresados individuos , solo tienen derecho á ser asistidos en los hospitales militares desde el momento en que siendo llamados para incorporarse á sus banderas, emprendan la marcha con direccion á los Cuerpos de que dependan.

De Real órden comunicada por dicho Sr. Ministro lo traslado á V. E. para su conocimiento. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 3 de Enero de 1852.-El Subsecretario, Bernardo Cortés.

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(3 Enero.] Real decreto, mandando que, para la exaccion de los derechos

de navegacion y puerto en la Península é islas adyacentes, se igualen con los buques españoles los de todas las naciones que concedan á nuestra marina igual beneficio.

Señora: La marina mercante española se halla favorecida por la legislacion con derechos diferenciales de dos clases : uno relativo á mercio de trasporte, como sucedia con la Holanda en otro tiempo. La España no se encuentra en semejante caso. Su marina, como la de casi la de la generalidad de los paises de Europa y América , se va bastando para todas sus transaciones mercantiles; pero no existen en el dia naciones dedicadas como en años anteriores á hacer el comercio monopolizando el de otras diferentes, por lo cual sus pabellones eran conocidos en todos los mares como exclusivos.

Si, pues, la navegacion facilita el comercio y aumenta la produccion, debe favorecerse. el tráfico en nuestras costas llamando el mayor número posible de buques de todos los paises , promoviéndose así el alza en el precio de las mercancías en que consisten nuestras principales exportaciones al extranjero, que tienen bastantes desventajas con que luchar por el pago de los derechos á su importacion en algunos de los puntos á que se dirigen.

Los buques españoles, favorecidos en el dia por la legislacion, son, puede decirse, los únicos que hacen el comercio entre la Península y sus posesiones ultramarinas: de esperar es que continúen siéndolo por las ventajas que disfrutan en aquellos paises, por la naturaleza de las mercancías á cuyo trasporte se dedican, y por las demas utilidades consiguientes á hacer el comercio entre pueblos que profesan igual religion, hablan el mismo lenguaje y dependen de una madre patria comun. Este comercio anmentara gradualmente en la misma proporcion en que crecen la riqueza y el bienestar de todas las clases de nuestra nacion, y como su consecuencia forzosa. Tendrá tambien la marina mercante española el aliciente cada dia mayor de introducir las primeras materias que la industria nacional necesita importar ya del extranjero en grandes cantidades por efecto del incremento que va tomando la fabricacion en muchos de sus ramos.

Naciones de mucha mas importancia mercantil que la España, como la Inglaterra, los Estados Unidos, la Francia y otras que tienen a favor de su marina mejores condiciones que nosotros, no han logrado' expulsar á las de otras en el comercio que con ellas mantienen, y es indudable que algunas se hallan en esta parte en proporcion mas inferior que la española , si bien sea mas extenso que el número de mares que recorren los pabellones de aquellas.

El complemento de la proteccion seria la remocion de todas las trabas legales, como la de los derechos impuestos sobre los objetos dedicados a la construccion, la cordelería, el velámen, los efectos de consumo de las tripulaciones, y otras varias medidas que el Gobierno no puede proponer sin un maduro exámen, porque necesita conciliar en cuanto sea dable los intereses de la generalidad sin dañar á unas clases por favorecer exclusivamente a otras.

Como el deseo del Gobierno de V. M. no es ajustar la reciprocidad con una ó mas naciones tan solo, concediendo a su favor una especie de privilegio, sino que se extienda su sistema para cuantos le acepten, tendrá derecho para no acceder á que se otorgue el trato de nacion mas favorecida á ninguna que no se coloque en las mismas circunstancias en que lo hubiere hecho la que haya merecido el favor como reciproca de su proceder,

Tales son los fundamentos que motivan la propuesta de igualar con los buques españoles en los derechos de puerto y navegacion á los de todas aquellas naciones que concedan igual beneficio en su respectivo territorio a nuestros buques. Semejante reciprocidad es mas justa que la de exigir en España la misma cuota que se exija en el extranjero, pues aun cuando se reconozca que esta sea superior, debe confesarse que compensa los mayores gastos invertidos en la construccion de buenos fondeaderos, muelles, y sobre todo, faros, que en último resultado proporcionan á la marina mejor servicio que el que podemos ofrecer en nuestro país hasta que los trabajos sobre estos puntos, á que dedica el Gobierno toda su atencion , puedan proporcionar los buenos resultados que apetece.

En vista de lo expuesto, el Ministro que suscribe, oido el parecer de una comision mista compuesta de individuos de los Ministe rios de Estado, Fomento, Marina y Hacienda , nombrada para informar acerca de este asunto, como asimismo el de la Direccion general de Aduanas, y con acuerdo del Consejo de Ministros, tiene la honra de someter á la aprobacion de V. M. el adjunto proyecto de decreto.

Madrid 3 de Enero de 1852.Señora. A L. R. P. de V. M. Juan Bravo Murillo.

REAL DECRETO.

Conformándome con lo propuesto por Mi Ministro de Hacienda, con acuerdo del Consejo de Ministros, Vengo en decretar lo siguiente:

Artículo 1. Se igualarán en la Península é islas adyacentes con los buques españoles para la exaccion de los derechos de navegacion y puerto, ó sean los de faros, fondeadero y carga y descarga establecidos en la ley de 11 de Abril de 1849 y en mi Real Decreto de 16 de Diciembre último, los de todas las naciones que concedan igual beneficio en su respectivo territorio á los buques de la marina española. Art. 2. El Gobierno dará cuenta á las Cortes de esta disposicion.

Dado en Palacio á 3 de Enero de 1852. = Está rubricado de la Real mano.El Ministro de Hacienda , Juan Bravo Murillo.

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