Colección de poesías originales de Andrés Bello ...

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Rojas hermanos, 1881 - 346 páginas
 

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Página 148 - ... y greyes van sin cuento paciendo tu verdura, desde el llano que tiene por lindero el horizonte, hasta el erguido monte, de inaccesible nieve siempre cano.
Página 156 - Del obstruido estanque y del molino recuerden ya las aguas el camino; el intrincado bosque el hacha rompa, consuma el fuego; abrid en luengas calles la oscuridad de su infructuosa pompa. Abrigo den los valles a la sedienta caña; la manzana y la pera en la fresca montaña el cielo olviden de su madre España; adorne la ladera el cafetal; ampare a la tierna teobroma en la ribera la sombra maternal de su bucare;* aquí el vergel, allá la huerta ría ... ¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Página 109 - Divina Poesía, tú de la soledad habitadora, a consultar tus cantos enseñada, con el silencio de 'la selva umbría, tú a quien la verde gruta fue morada, y el eco de los montes compañía; tiempo es que dejes ya la culta Europa, que tu nativa rustiquez desama, y dirijas el vuelo adonde te abre el mundo de Colón su grande escena.
Página 150 - ... desmaya al peso de su dulce carga; el banano, primero de cuantos concedió bellos presentes providencia a las gentes del ecuador feliz con mano larga. No ya de humanas artes obligado el premio rinde opimo; no es a la podadera, no al arado deudor de su racimo; escasa industria bástale, cual puede hurtar a sus fatigas mano esclava: crece veloz, y cuando exhausto acaba, adulta prole en torno le sucede.
Página 166 - Naturaleza da una madre sola, y da una sola patria... En vano, en vano se adopta nueva tierra; no se enrola el corazón más que una vez; la mano ajenos estandartes enarbola; te llama extraña gente ciudadano... ¿Qué importa? —¡No prescriben los derechos del patrio nido en los humanos pechos!
Página 160 - ¡Ah! Desde el alto asiento En que escabel te son alados coros Que velan en pasmado acatamiento La faz ante la lumbre de tu frente (Si merece por dicha una mirada Tuya la sin ventura humana gente), El ángel nos envía...
Página 158 - Erguiese al cielo el hombre americano; Bendecida de ti se arraigue y medre Su libertad : en el más hondo encierra De los abismos la malvada guerra, Y el miedo de la espada asoladora Al suspicaz...
Página 242 - Brota del seno de la azul esfera uno tras otro fúlgido diamante, y ya apenas de un carro vacilante se oye a distancia el desigual rumor. Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle...
Página 165 - Y en los horcones se estremece el techo. Pláceme ver en la llanura al guazo, Que, al hombro el poncho, rápido galopa : O con certero pulso arroja el lazo Sobre la res que elige de la tropa.
Página 149 - Lieo. Para tus hijos la procera palma su vario feudo cría, y el ananás sazona su ambrosía; su blanco pan la yuca, sus rubias pomas la patata educa, y el algodón despliega al aura leve las rosas de oro y el vellón de nieve.

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