Horacio en España, Volumen2

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A. Pérez Dubrull, 1885 - 441 páginas
 

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Página 316 - Ondeábale el viento que corría, El oro fino con error galano, Cual verde hoja de álamo lozano. Se mueve al rojo despuntar del día.
Página 284 - EL trueno horrendo que en fragor revienta Y sordo retumbando se dilata Por la inflamada esfera, Al Dios anuncia que en el cielo impera. Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta La hispana muchedumbre Que más feroz que nunca amenazaba A sangre y fuego eterna servidumbre: Y el canto de victoria Que en ecos mil discurre ensordeciendo El hondo valle y enriscada cumbre, Proclaman a Bolívar en la tierra Arbitro de la paz y de la guerra.
Página 52 - Mas la invención, la gracia y traza es propia a la ingeniosa fábula de España, no cual dicen los émulos impropia.
Página 151 - Madre piadosa que el lamento humano Calma, y el brazo vengador suspende, Cuando al castigo se levanta y tiembla De su amago el Olimpo. Ella su pueblo cariñosa guarda : Ella disipa los acerbos males Que al mundo cercan , y á su imperio prontos Los elementos ceden.
Página 284 - Argivis, ter uxor capta virum puerosque ploret'. non hoc iocosae conveniet lyrae : quo, musa, tendis ? desine pervicax referre sermones deorum et magna modis tenuare parvis.
Página 285 - Cual águila inexperta que, impelida Del regio instinto de su estirpe clara, Emprende el precoz vuelo En atrevido ensayo, Y elevándose ufana, envanecida, Sobre las nubes que atormenta el rayo, No en el peligro de su ardor repara, Y...
Página 98 - Tiene su silla en la bordada alfombra de Castilla el valor de la Montaña que el valle de Carriedo España nombra. Allí otro tiempo se cifraba España, allí tuve principio; mas ¿qué importa nacer laurel y ser humilde caña?
Página 132 - Así también de juventud lozana Pasan, ¡oh Anfriso!, las livianas dichas. Un soplo de inconstancia, de fastidio O de capricho femenil las tala Y lleva por el aire, cual las hojas De los frondosos árboles caídas. Ciegos empero, y tras su vana sombra De continuo exhalados, en pos de ellas Corremos hasta hallar el precipicio Do nuestro error y su ilusión nos guían.
Página 402 - ... fila trium patiuntur atra. cedes coe'mptis saltibus et domo villaque, flavus quam Tiberis lavit, cedes, et exstructis in altum divitiis potietur heres.
Página 289 - Oh cielo, escucha mi ferviente voto, Y no me niegues lo que sólo ruego Para el momento en que la tumba helada Me abra su seno: Muera primero que mi tierna esposa, Primero muera que mis dulces hijas, Y, moribundo, con errante mano Pulse la lira.