Antología colombiana, Volumen1

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Vda. de Ch. Bouret, 1895 - 752 páginas
 

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Pasajes populares

Página 69 - Whose worth's unknown, although his height be taken. Love's not Time's fool, though rosy lips and cheeks Within his bending sickle's compass come; Love alters not with his brief hours and weeks, But bears it out even to the edge of doom. If this be error and upon me proved, I never writ, nor no man ever loved.
Página 69 - Let me not to the marriage of true minds Admit impediments. Love is not love Which alters when it alteration finds, Or bends with the remover to remove: O, no ! it is an ever-fixed mark, That looks on tempests and is never shaken; It is the star to every wandering bark, Whose worth's unknown, although his height be taken.
Página 106 - Del infinito a la extensión sombría Remonta audaz el vuelo solitario. Hasta el confín de los espacios hiende, Y desde allí contempla arrebatada El piélago de mundos que se extiende Por el callado abismo de la Nada!.... El que vistió de nieve la alta sierra, De...
Página 47 - EN BOCA DEL ULTIMO INCA Ya de los blancos el cañón huyendo, Hoy a la falda del Pichincha vine, Como el sol vago, como el sol ardiente, Como el sol libre.
Página 277 - ... de saber en qué paraba la fiesta, iba subiendo la cuesta a eso del anochecer: con ella iba una perrilla...; mas sin pasar adelante, es preciso que un instante gastemos en describilla: perra de canes decana y entre perras protoperra, era tenida en su tierra por perra antediluviana; flaco era el animalejo, el más flaco de los canes, era el rastro, eran los manes de un cuasi-semi-ex-gozquejo; sarnoso era...
Página 101 - Al ver la noche Adán por vez primera Que iba borrando y apagando el mundo, Creyó que, al par del astro moribundo, La Creación agonizaba entera. ~~ Mas luego, al ver lumbrera tras lumbrera Dulce brotar, y hervir en un segundo Universo sin fin... vuelto en profundo, Pasmo de gratitud, ora y espera. Un sol velaba mil ; fue un nuevo Oriente Su ocaso, y pronto aquella luz dormida, Despertó al mismo Adán pura y fulgente. ¿Por qué la muerte el ánimo intimida?
Página 51 - Ni sordos atambores oyó, ni en las abiertas capitales entrar vio tus banderas tricolores bajo lluvia de flores y al estruendo de músicas marciales. Ni a sus ojos te ofreces cuando, nuevo Reinaldo, a ti te olvidas, y el hechizante filtro hasta las heces bebiendo, te adormeces del...
Página 53 - En tan solemnes días, por la orilla del mar los pasos lentos, y cruzados los brazos cual solías, hondas melancolías exhalabas a veces en lamentos. Ora pasara un ave, ya hender vieses el líquido elemento sin dejar rastro en él, velera nave, murmurabas: «Quién sabe si aré en el mar y edifiqué en el viento?
Página 183 - La abeja que el almíbar nos procura A un tiempo con la cándida dulzura Su ponzoña le vemos infiltrar. El viento que nos lleva hacia otros mundos Nos sepulta también en los profundos Osarios de la mar. El Nilo al desbordar fecunda y tala; Como la Pitonisa, el genio exhala Parte de su existencia al transmitir La creación que su mente ha concebido; ¡ay! ¡y cuántos la muerte no han sufrido Por la verdad decir!
Página 184 - No sé si es egoísmo el sentimiento Que nos hace sufrir en el momento Que eterno adiós nos dan. Ignoro si el azote de la guerra, Como las tempestades, en sí encierra Elementos de bien bajo su horror ; Si las hordas de Atila prepararon A las mismas comarcas que asolaron Un destino mejor. Así como el laurel el rayo atrae, Sobre la gloria la centella cae De la envidia encubierta y suspicaz.

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