Poesias de don José María Heredia

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R. Lockwood & son, 1858
 

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Página 98 - Dadme mi lira, dádmela, que siento en mi alma estremecida y agitada arder la inspiración. ¡Oh!, ¡cuánto tiempo en tinieblas pasó sin que mi frente brillase con su luz . . . ! Niágara undoso, tu sublime terror sólo podría tornarme el don divino, que ensañada me robó del dolor la mano impía.
Página 38 - ¡Cuánto es bella la tierra que habitaban los aztecas valientes! En su seno en una estrecha zona concentrados con asombro se ven todos los climas que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos cubren a par de las doradas mieses las cañas deliciosas. El naranjo y la piña y el plátano sonante, hijos del suelo equinoccial, se mezclan a la frondosa vid, al pino agreste, y de Minerva al árbol majestuoso.
Página 101 - ¡Asombroso torrente! ¡cómo tu vista el ánimo enajena y de terror y admiración me llena! ¿Do tu origen está? ¿Quién fertiliza por tantos siglos tu inexhausta fuente?
Página 98 - Torrente prodigioso, calma, calla Tu trueno aterrador : disipa un tanto Las tinieblas que en torno te circundan ; Déjame contemplar tu faz serena, Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.
Página 100 - La palma y mirto y delicada rosa muelle placer inspiren y ocio blando en frivolo jardín; a ti la suerte guardó más digno objeto, más sublime. .^^^V^^V%'WW^^^^^^^v^^fV^^VV^^V'V^^^%/^^WV^ El alma libre, generosa, fuerte, viene, te ve, se asombra, el mezquino deleite menosprecia, y aun se siente elevar cuando te nombra.
Página 98 - Yo digno soy de contemplarte; siempre lo común y mezquino desdeñando, ansié por lo terrífico y sublime. Al despeñarse el huracán furioso...
Página 144 - ... la atmósfera de Cuba. ¡Patria mía, idolatrada patria! tu hermosura goce el mortal en cuyas torpes venas gire con lentitud la yerta sangre, sin alterarse al grito lastimoso de la opresión. En medio de tus campos de luz vestidos y genial belleza, sentí mi pecho férvido agitado por el dolor como el océano brama cuando le azota el norte. Por las noches, Cuando la luz de la callada luna y del limón el delicioso aroma, llevado en alas de la tibia brisa...
Página 107 - Musa ! tu voz elocuente : lo infinito circunda tu frente, lo infinito sostiene tus pies. Ven : al bronco rugir de las ondas une acento tan fiero y sublime, que mi pecho entibiado reanime, y mi frente ilumine otra vez.
Página 52 - El suelo escarban de insoportable ardor sus pies heridos: la frente poderosa levantando, y en la hinchada nariz fuego aspirando, llama la tempestad con sus bramidos. ¡Qué nubes! ¡qué furor! El sol temblando vela en triste vapor su faz gloriosa, y su disco nublado sólo vierte luz fúnebre y sombría, que no es noche ni día... ¡Pavoroso color, velo de muerte!
Página 39 - La nieve eterna, Cual disuelta en mar de oro, semejaba Temblar en torno de él ; un arco inmenso Que del empíreo en el cenit finaba Como espléndido pórtico del cielo De luz vestido y centellante gloria, De sus últimos rayos recibía Los colores riquísimos. Su brillo Desfalleciendo fué : la blanca luna Y de Venus la estrella solitaria En el cielo desierto se veían.

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