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tecido de cuanto necesitaban, ora sea de lujo, ora de necesidad, y por bajos precios. Los emisarios y corresponsales de estos, situados en Santa Fé y en otros puntos, ponderándoles las ventajas de su constitucion los han seducido, hasta pretender agregarse al gobierno norteamericano inspirándoles ódio mortal contra el gobierno de México, llegando al extremo de asesinar al gobernador D. Alvino Perez en un motin militar las mismas tropas de su mando. Los excesos habrian pasado hasta efectuar de todo punto su emancipacion, si la Providencia no hubiera deparado allí un génio de la guerra y de la política en la persona del Sr. general D. Manuel Armijo, que ha logrado restablecer el orden interior y batir con gloria la horda de aventureros tejanos que marchaban poco ha á ocupar todo el Nuevo México.

El resultado que da esta relacion es, que el gobierno debe ocuparse sériamente en reducir a todas aquellas naciones bárbaras por medio, no de soldados, que ni tiene en número bastante ni dinero para pagarlos. sino por medio de misioneros que sepan atraer con la dulzura y suavidad evangélica á aquellos indios ferocísimos. No estamos hoy en el siglo doce en que S. Francisco de Asis á poco de haber establecido su órden celebró su primer capítulo general en el campo de las esteras ó petates (entre Asis y la Porciúncula) reuniendo allí mas de cinco mil frailes. * Tampoco vivimos en el siglo diez y seis en que un hijo natu. ral de Carlos V vino de lego á S. Francisco (el padre Gante) á establecer el Evangelio, quebrando mas de quince mil ídolos mexicanos, no queriendo admitir la mitra de México con que se le brindaba; pasó esa época dorada en que el espíritu de la predicacion se habia genera. lizado por todo el mundo, é hizo que se presentase en la India un Xavier, y que el ardor de la caridad de S. Ignacio incendiase el orbe comunicándose á sus buenos hijos. Los tiempos, repito, son muy diversos, casi se ha estinguido aun en los hijos de los que entonces lo practicaron.... Hay por hoy, frailes convidados para llevar el Evangelio á las Califor. nias, para fundar una nueva Iglesia y evitar los progresos que hacen alli los sacerdotes protestantes, se le resisten al gobierno y á sus prelados para marchar a aquellas regiones, diciendo. ...Que en los votos hechos al

* Con este nombre es hoy conocido este campo, porque los frailes vivieron durante la celebracion del capítulo bajo cubiertas o techos de esteras 6 petates. S tanto fué el número de los unidos en aquel valle, įá cuánto ascenderia el de los que ya entonces formaban este orden religioso?

tiempo de su profesion no hicieron el de misionar entre bárbaros, y esto ha detenido las remisiones de operarios que se pretendia hacer de Mé. xico. Solamente se presentan en la palestra los hijos de S. Ignacio reanimados hoy del espíritu de su santo fundador, y dicen.... Aquí estamos........ Volaremos á las partes mas remotas del universo á publicar el Evangelio y á morir por su nombre y su verdad:........ mandadnos........ nada exijimos de vosotros, nos basta un breviario, un crucifijo y un calzado; nuestra subsistencia corre de cuenta de aquel Señor providentísimo que viste al pájaro y lo adorna con colores mas hermosos y brillantes que la púrpura de Salomon en dia de gala, y lo alimenta sin sembrar el trigo que lo sustenta........ mandadnos, haremos felices á los hombres, los sacaremos del seno de la muerte eterna, sobre cuyo borde de un profundo ahismo están colocados, les enseñaremos las artes, las ciencias, y la gran ciencia de entrar en una pátria dichosa eternamente y para que han sido criados.Yo no me avergüenzo de implorar hoy este auxilio a favor de unas naciones bárbaras, á quien es acto de caridad sublime el dárselo, ni á presencia de un gobierno que ha jurado protejer esta religion que profesamos, así para dicha de los pueblos, como del mismo estado: sí, lo repito, no me avergüenzo de hablar y abogar por esta noble causa á presencia del general Santa Anna que por lo mismo ha merecido los elogios de un escritor estrangero: † que ha protestado guardar la reli. gion de sus mayores, ofreciendo además no faltarle en lo mas mínimo ni en sus dogmas, ni en sus altares, ni en sus ministros, ni en su culto, ni usurparle sus bienes tan codiciados. Mucho menos me avergüenzo de tomar la defensa de unos religiosos, que á despecho de sus enemi. gos, de esos hombres que no creen hoy parecer sábios si no los detur. pan, si no los calumnian, y si no reproducen cuanto se ha escrito con. tra ellos, y de quienes ha triunfado completamente en nuestros dias la verdad, vindicándolos ademas completamente, un autor moderno que ha escrito revisando cuanto contra ellos se habia proferido para bacer.

† Mr. Rosell de Jorgues en su excelente obra intitulada: Jesucristo en presencia del siglo, el cual, hablando del retroceso que ha hecho la impiedad, dice.... Que ya los pueblos han reconocido la necesidad de la Divina Providencia, bajo cuya invoca. tion ejercen los actos mas augustos. En México, dice, (pág. 238 tomo 2.°) el presidente de la república D. Antonio Lopez de Santa Anna llama sobre el gobier. no la proteccion de la Providencia.

Así me lo ha ofrecido, encargándome que lo publique sin embozo, y yo le to. mé la palabra.

Poblacion.

los desaparecer de la fas del mundo. I En confirmacion de la necesi. dadurgentísima en que estamos de evangelizar las bárbaras naciones del Nuevo México, presentaré un bosquejo de sus costumbres é idolatría, que no podrá menos de entristecernos, y hacer que con toda la cfusion de un corazon cristiano pidamos al gobierno su socorro moral.

Lo que está poblado de Sur á Norte tiene de distancia setenta y seis leguas, y de Este á Oeste ciento seis, cuyo espacio encierra veinticinco pueblos de indios reducidos, inclusas las tres villas de Santa Fé, Santa Cruz de la Cañada y S. Felipe Neri de Alburquerque. Se contie. nen en los términos dichos las poblaciones de los españoles o vecinos, cuyo número de familias sube á seis mil. La tierra restante la habitan los gentiles independientes que no obedecen mas que á sus pasiones particulares, entre cuyas tribus hay algunas que se comen á sus enemigos, otras los queman, otras los mutilan; algunas están en continua guerra y otras viven pacíficas. El ódio de los primeros indios sublevados á los españoles de que hemos hablado, lo han heredado sus des cendientes, y como no ha habido el esmero que debia en educarlos en las máximas religiosas, ellos continúan en sus antiguos desórdenes. Aun. quo las naciones reducidas se diferencian en sus idiomas, convienen en todo lo demás en el vestido: se embijan de colores, se arman y gritan de un mismo modo. Su color es cobrizo, son corpulentos y briosos, pe. ro mal agestados, las orejas largas, de las que cuelgan anillos, uñas de animales y pedazos de concha: tienen poca barba, son muy ligeros en la carrera, y aunque el clima es frio están casi desnudos, porque sus ves. tidos se componen de unas botas, un mediano delantal que cubre sus vergüenzas, y un coton, todo de pieles: las mugeres usan una manta cuadrada de lana negra muy estrecha, que andan eon trabajo. Su alimento es el maiz; gustan mucho del trigo, del que hacen pan y tortillas; ras para ellos es plato regaladísimo el de ratones del campo asados ó cocidos, y toda especie de insectos. Sus casas tienen dos y tres altos, pero son muy pequeñas y con la puerta á la azotea, acaso por temor de sus enemigos.

Tienen además de las casas en que habitan, en cada pueblo, una, dos, 6 mas casas subalternas, capaces de poder abrigar dentro de su

Sus bailes,

El autor del Sacerdote en presencia del siglo, por M. A. Madrolle, impresion de Paris año de 1841.

cspacio a todo el pueblo, á las que llaman estufas, que mas propiamente deberian llamar sinagogas. En estas hacen sus juntas, forman sus conciliábulos, y ensayan sus bailes á puerta cerrada. Los bailes supersticiosos son entre otros el de la tortuga, fortuna y cachina, que preci. samente celebran en viérnes con la asistencia del pueblo: el segundo lo bailan en obsequio de sus ídolos, y al que llaman Dios de la fortuna, de cuya mano creen que depende el buen éxito de sus empresas en la guerra, el logro de sus coscchas, la felicidad del parto de sus mugeres, y el acierto de sus tiros en la caza. Para este baile se embijan de ne. gro hasta cien indios gandules, y puestos en cuatro líneas que forman cuadro, esperan el nacimiento del sol para dar principio á su canto, que arreglan al son de una calabaza, y de esta manera, sin moverse de un lugar á otro, siguen su baile hasta ponerse el sol que se retiran á cumplir con las últimas abominables ceremonias de su funcion. Los dos bailes restantes solo se diferencian de este en el canto, y en el desórden con que se encierran de noche hombres y mugeres en la estufa cuando bailan; siendo los movimientos de sus danzas otras tantas posturas las. civas, y gestos indecentes.

Siempre que estos indios salen á campaña y consiguen matar algun Baile de la enemigo, entre todos le quitan la cabellera, beben de su sangre, man. chan con ella sus vestidos, y se raspan el rostro: se mojan las manos hasta empaparlas, particularmente la derecha, porque a su parecer consiguen por medio de esta inhumana ceremonia desterrar la flaqueza, desechar la pusilanimidad, y repudiar el apocamiento. Acabado este acto le quitan la cabellera con el pedazo que le corresponde de la piel, y la ponen en las manos del indio que primero se llegó al enemigo, al que llaman Matador, y miran desde aquel dia con particular distincion, aun cuando no haya sido él el que le quitó la vida. Guarda este la ca. bellera, y no le es lícito descubrirla hasta el dia que llegan á su pueblo, cuya entrada se solemniza con la asistencia de los viejos, mugeres y niños que salen á recibirlos adornados lo mejor que pueden. Luego que se incorporan estos con los que vienen de la campaña, descubre el matador la cabellera, y tomando el mejor lugar de la comitiva, da principio al canto que llaman de guerra, el que siguen todos hasta llegar á su pueblo, en cuya plaza dan una vuelta que termina en la puerta de la stufa. Alli entrega el matador la cabellera á dos indios ancianos que pueblo elige para que la guarden, y se retira para su casa acompa. da de sus deudos que lo llevan de la mano; pero sin hablarle, porque

TOMO 1.

cabellera.

no les es lícito hacerlo hasta no lavarle los piés, brazos, y el rostro. Con esta ridícula ceremonia terminan su entrada, y desde entónces comienzan los ensayos del canto y baile para estar mas dicstros el dia de la funcion. Esta dura dos dias que emplean en saltar y danzar al son de un tambor que llaman tumbé; siendo todos los movimientos de sus danzas otras tantas posturas indecentes. Arrojan á los que bailan tortillas, car. ne, fajas, tiras de cuero, flechas, camusas, y algunos son tan pródigos en estos obsequios, que tiran cuanto encuentran en sus casas, y quedan careciendo de todo. El matador asiste á este baile infernal vestido de negro, y con sus armas en la mano; pero tan feo y horrible como pu. diera parecer un demonio. No come en los dos dias cosa alguna, y aunque está asistido de los viejos del pueblo y deudos mas cercanos, no habla con ninguno, ni tampoco le es permitido mover la vista, bai. la foco; pero con mucha gravedad, y solo al tiempo de bailar la flecha que él mismo entrega á una india que sale para este fin, que adornan con plumas de diversos colores y otras alhajas para ellos preciosas, co. mo conchas, cuentas chalchivites † y cascabeles, todo en tanto núme. ro, que mas bien le sirven de peso que de adorno. Sale con el pelo suel. to, descalza, y con el labio inferior pintado de negro. Cuando baila es. ta la flecha, se coloca enmedio de dos líneas que forman dos indios del baile, y puesta en cruz con la flecha en la mano comienza á dar saltos con arreglo á los golpes del tumbé que le avisa tambien cuando debe pa. rar, y cuando correr con ligereza de uno á otro extremo. Con este bai. le termina la funcion de la cabellera, y se retiran á comer á la estufa;

pero el matador no puede hacerlo hasta otro dia. Baile de la Este baile se hace solo el dia de viérnes santo en lugar retirado del

pueblo, I que por lo regular es una montaña. Lo hacen al diablo, pues esto significa la palabra Neñeca. Los que lo hacen se visten con unas máscaras de anta gorda (cuero de siervo mayor que el comun, cuya cornamenta se divide en dedos como los de la mano, segun nuestro dic. cionario). Dichas máscaras rematan en punta semejante á la coroza: con ellas figuran los ojos con unas bolas de camusa rellenas de lana, y en el lugar que corresponde á la barba colocan crines de caballo, cu.

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† Estas son unas cuentas de piedra verdes que tienen el color de la esmeralda, 6 acaso lo son, muy apreciadas de los antiguos mexicanos de la época del imperio de Moctheuzoma.

† Esta circunstancia hace creer que tiene algo de judaismo que aprueba la muerte del Salvador, y le maldice siete veces al dia: imiserables!!!

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