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Diversos establecimientos y ministerios del colegio máximo. Quinta congregacion provincial. Ministerios en Puebla. Caso admirable del ministerio de las doctrinas. Sucesos de Valladolid y Tepotzotlán, Muerte de Nacabeba, y estado de Sinaloa. Mision de Topia y S, An. drés. Mision de la Laguna, y nuevos establecimientos. Muerte del hermano Francisco de Villareal. Dedicacion del Espíritu Santo. Su. cesos de la mision del nuevo reino. Pide todo el á S. M. la Compa. ñía. Reduccion de los guazaves. Espedicion de las minas de Chinipa. Otra intentada á California. Fundacion de la provincia de Santa Fé. Muerte del padre Dr. Plaza. Mision del Espíritu Santo. Mision de Topia y noticia del pais. Muerte del padre Juan Agustin. Dedicacion de la Iglesia del colegio máximo. Sesta congregacion provincial y dos notables postulados. Castigo de los zuaques. Raros ejemplos del marqués de Montesclaros en la congregacion del Salvador. Pretende la Compa. ñía establecimiento á los religiosos de S. Juan de Dios. Ministerios en cárceles y hospitales. Caso raro de S. Gregorio. Calamidades del colegio de Oaxaca. Milagros de S. Ignacio. Estado de los Tepehuanes. Progresos de Párras. Alzamiento de los serranos acaxees. Sucesos de los sobaibos. Inundacion en Sinaloa y fuga de los indios. Via. ge á México del capitan Hurdaide y sus resultas. Pretension de los tehuecos y otras naciones. Primera entrada a los zuaques. Fundacion del colegio de Tepotzotlán. Principios de Guatemala. Descripcion de la ciudad y sus contornos. Recibimiento de los padres, Inundacion de México. Peligro de la ciudad y sus reparos. Resolucion del desa güc. Encomiéndase á la Compañía el cuidado de los trabajadores, Principio del Jubileo de cuarenta horas. Muerte del padre Hernando Suarez de la Concha. Elogio del hermano Gerónimo Lopez. Frutos de la congregaclon de la Anunciata. Sermon del padre Martin Pe. jaez y sus resultas. Diferentes misiones á Sultepec y otros partidos. Pesto en Tepotzotlán. Peste en Guatemala. Temblor en la misma ciudad. Sucesos de la mision de Párras. Supersticion acerca de los cometas. Raros sucesos de los indios. Bautismo de tepehuanes y ra. ros ejemplos de su fervor. Peste en la misma provincia y primera en. trada á la de Taraumara. Mision en S. Andrés. Raros ejemplos de estos neófitos. Mision de Baymoa, y trabajos de su ministro. Gloriosas fatigas de los misioneros de Topia. Reduccion de los sinaloas y otras naciones de la Sierra.

Damos principio al cuarto libro de nuestra historia con una relacion Fiestas en la

canonizacion en que entramos tanto mas gustosos, cuanto su conocimiento contribui. de S.Jacinto. rá, puede ser, al fomento de la religiosa caridad, de que a pesar de las preocupaciones del vulgo, han dado siempre ilustres ejemplos las dos sagradas familias de Santo Domingo y la sagrada Compañía de Jesus. Habia la Santidad de Clemente VIII, el dia 16 de abril de 1594, subli. mado á los altares al ínclito confesor $. Jacinto, del orden de predicadores. Estos religiosísimos padres, queriendo que entrasen á la parte de su júbilo las demas familias religiosas de México, repartieron entre ellas y algunos otros cuerpos respetables los dias de la octava, dejan. do el último para la Compañía, á quien quisieron distinguir con este singular favor. Se procuró desempeñar la obligacion en que nos ponia una demostracion tan sensible de estimacion y de amistad. El dia primero de la solemne octava se llevó la estátua del Santo, de la Catedral al imperial convento, tomando el rumbo por nuestra Casa Profesa. A la puerta de nuestra Iglesia se levantaba un hermosísimo edificio sobre dos arcos de bella arquitectura, y en medio un altar ricamente adorna. do en que descansase la imagen, Todo el largo de la calle, de las mas vistosas y capaces de México, se habia procurado colgar de cortinas y tapicerías que pendian de los balcones y ventanas. La parte inferior, que estuvo á cargo de la noble juventud de nuestros estudios, se veia llena de doceles magníficos y galoneados de oro y plata, con tarjas, car. teles, pinturas de diversas invenciones, de emblemas, empresas, enigmas, epígramas, himnos, y gran diversidad de ruedas, labirintos, acrósticos y otro género de versos esquisitos, los mas en lengua latina, italiana y castellana, y algunos en griego y en hebreo. | Llegando á nuestra Iglesia la procesion salieron a recibirla todos los padres de aquella casa y del colegio máximo con luces encendidas. Seguíanlos dos docenas de jóvenes los mas distinguidos entre nuestros estudiantes, gallardamente vestidos, con cirios en las manos, y tras de ellos otros cuatro, que con mucha viveza y gracia, dieron en un diálogo en verso el parabien al Santo de su nueva gloria, y a la religion por la que recibia de un hijo tan ilustre. El siguiente viér. nes, sesto dia de la octava, que celebró el cabildo de la Santa Iglesia Catedral, y asistió despues a la mesa, tuvieron aquellos religiosos pa.

* lloy en 20 de julio de 1841 sin duda no se componen a pesar del fausto y os.
racion con que se insulta á los antiguos literatos mexicanos... Ilay mucho de bam.

la en la literatura y poco de substancia. No hay quien se atreva á hacer una
inposicion en mexicano, como si fuera idioma murto.
Tom. I.

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dres la benignidad de oir á uno de nưestros hermanos teólogos, que en tiempo del refectorio recitó, con grande aplauso de los oyentes, una oracion latina en alabanzas del glorioso S. Jacinto. La misma tarde, tres colegiales del Seminario representaron al mismo asunto, sobre un teatro magestuoso que se habia erigido en la misma Iglesia, una pieza panegirica repartida en tres cantos de poesía española, cuyos interva. los ocupaba la música. Obra en que el ilustre cabildo quiso mostrar.no ménos el aprecio que hacia de la esclarecida religion de Santo Domin. go, que la confianza y alto concepto que formaba de nuestros estudian. tes, á quienes quiso se encomendase el desempeño de aquella lucidísima funcion. El domingo, que era el dia señalado á nuestra religion, celebró la misa el padre rector del colegio máximo, y predicó el padre prepósito Pedro Sanchez con aquella elocuencia y energia que acompañaba siempre á sus discursos, asistiendo toda la comunidad, como des. pues al refectorio, en que uno de nuestros hermanos teólogos recitó un bello panegirico en verso latino. Despues se ordenó una procesion que presidió con la capa de coro el padre rector del colegio máximo, anduvo al derredor del claustro interior y de la Iglesia, cargando la estátua los jesuitas hasta colocarla en un magnífico retablo que le estaba desti. nado. Tal fué la honra que a la misma Compañía quiso hacer la insigne órden de predicadores. No contentos aquellos religiosos y sábios varones con una tan pública demostracion, quisieron aumentar el honor imprimiendo la relacion de aquellas solemnes fiestas, con tantos elogios de la Compañía, cuanto pudo sugerirles su amor y su elocuencia, y apenas

nos permite leer el rubor. Muerte del El colegio máximo perdió muy á los principios de este año un gran

A. de ejemplar de virtud en el hermano Alonso Lopez. No podemos de. lonso Lopez y frutos de la jarnos de admirar que el menologio de nuestra provincia no haga mede la Anun

om moria de este hombre admirable. Un breve elogio se halla en la par. ciata. te 5.2, lib. 24, párrafo 16 de la historia general, de donde lo tomó el

padre Oviedo en sus elogios de coadjutores, y el padre Petrignani. Lo que escriben estoş autores da una idea muy inferior a la que nos hacen formar los antiguos manuscritos de nuestra provincia, que esperamos representar con toda su luz en lugar mas oportuno. Murió á 15 de enero del año de 1597. Los grandes ejemplos de virtud que se veian en los congregantes de la Anunciata eran muy superiores al progreso de los estudios, de que sin embargo habian dado este año pruebas tan brillantes. Un jóven, acometido de tres mugeres lascivas, las repren

hermano A

con

dió con gravísimas palabras, y no bastando este medio para reprimir el atrevimiento de una de ellas, ó mas apasionada ó mas desenvuelta, la apartó de sí con un golpe. Otro mas feliz, solicitado de una donce. lla de noble nacimiento, no solo resistió al doble atractivo de la espe. ranza y la hermosura, sino que extraordinariamente favorecido de la gracia, hizo delante de ella al Señor voto de perpetua virginidad, y á ella le persuadió que imitase un acto tan heróico tomando por esposo a Jesucristo en un religiosísimo monasterio. Esta fortaleza es mucho mas admirable en personas del sexo, y mu- Ejemplos de

virtud en los cho en la pusilanimidad y flaqueza de las indias, especialmente soli- indios de San citadas de los españoles, a quienes la reverencia y el temor á que se a. Gregorio, de

Tcpotzotlán. costumbraron desde los principios de la conquista les hace mirar siempre como los árbitros de su fortuna. Sin embargo, sostenidas de la divina gracia las indias débiles han conseguido gloriosísimas victorias. Diez y nueve años resistió una que frecuentaba los sacramentos en S. Gregorio de México á las dádivas, á los ruegos y á las amenazas de una persona de grande autoridad, que pudiera atraerle mucho mal, y que por las obligaciones de su estado, debiera darle ejemplos muy contrarios. Otra, hallándose sola en despoblado, y acometida de un lascivo, no bastando sus razones y sus ruegos para apagar el fuego de aquella brutal pasion, se quitó el rosario que traia al cuello con una medalla de la reina de las vírgenes, y poniéndosela á los ojos, le dijo con vehementísimo afecto: Por amor de la Virgen Santísima, cuyo rosario es este, te suplico, Señor, que me dejes y no quieras hacerme tan grave injuria. Esta tierna súplica fué un rayo que hizo hacer volver en sí á aquel malvado. No solo dejó libre á la virtuosa doncella, sino que dán. dole cuanto llevaba por el respeto y reverencia al augusto nombre de que se habia valido, él, tocado de la reina del cielo, a quien habia hecho aquel pequeño obsequio despues de veinte años de una vida desarregladísima, se entró por un monte pidiendo al Señor misericordia, y á la Virgen madre que lo sacase de aquel estado infeliz, aunque fuese á costa de una enfermedad o de algun trabajo. Oyó la piadosa Virgen sus ruegos, y quitándole la vista del cuerpo le dió la del alma, trayéndole, despues de muchas inquietudes á nuestro colegio, donde hizo una Confesion general. Pasó este fervoroso penitente, despues de grande pobreza y penalidades; pero con una tranquilidad y una alegría que causaba admiracion, recibiéndolas todas, y principalmente la ceguedad, como otras tantas prendas de la remision de sus culpas y de la gloria

que esperaba. Hubo en la cristiandad de Tepotzotlán quien olvidada de su debilidad se armase de un leño y hiciese salir avergonzado al ladron de su virginidad. Caminaba por la calle una doncella cuando le salió al paso uno de su nacion, diciéndole que un español la seguia y deseaba hablarle. Ella, recelosa. no tengo, dijo para qué esperarlo. Entre tanto, habia llegado el español, y entre los dos pretendian hacerla entrar en una casa vecina. Por fortuna vió de léjos á un indio, y volviéndose á los cir. cunstantes; mirad lo que haceis, les dijo, que viene allí mi marido. Dejáronla al punto, y ella, con un inocente equívoco de su idioma,

triunfó de su malicia y conservó la castidad. Mis. á Zum- Tenia en aquel tiempo el colegio de Tepotzotlán sugetos muy a propahuacán. pósito para inspirar á los indios estas generosas resoluciones. El pa

dre Gaspar de Meneses era un hombre incansable, y animado de un
celo por la salud de los indios, que todas las tribulaciones del mundo
no eran capaces de resfriar. Todos los beneficiados vecinos solicita-
ban con ansia que hiciese mision en su partido, creyendo que entraba
con él en los pueblos la reforma de las costumbres, la devocion y la
piedad. Este año pareció mas que nunca el ascendiente que se habia
adquirido sobre los ánimos mas obstinados en el éxito que tuvo la mi-
sion de Zumpahuacán. Partió para aquellos paises llamado del propio
pastor que era muy vigilante y muy devoto, y á cuyo rebaño, bajo una
hermosa apariencia de tranquilidad y de fervor, hacia el comun enemi-
go la guerra mas perniciosa y mas sangrienta. En efecto, halló el mi-
sionero unos indios los mas quietos y los mas dóciles, los mas bien ins-
truidos del mundo, devotos en el templo en tiempo del santo sacrifi-
cio, asistentes a todos los sermones y esplicacion de la santa doctrina.
Nada entre ellos de disolucion, nada de embriaguez; pero bajo este be.
Ho esterior ocultaban la mas abominable idolatría, habiendo hallado á
su parecer modo de juntar la luz con las tinieblas y á Jesucristo cor
Belial. Adoraban al Señor y a los santos; mas para alcanzar las feli-
cidades temporales recurrian á unos idolillos que traian siempre ocul-
tos consigo, y que ponian en sus telares, en sus sementeras y en sus
troges. Adoraban algunos cerros de particular configuracion y altura,
singularmente una sierra nevada, en que creian habitaba la diosa Chico-
mecoatl, que era para ellos lo que Céres para con los antiguos roma-
nos. Ofrecian inciensos y otros perfumes al fuego, á quien con alusioa
al mas arcano misterio de nuestra fé, llamaban unas veces Dios Padre,
con nombre poco diferente del que le daban en su gentilidad, y otras.

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