Libro de lectura no. 1-[3], Volumen3

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Ivison, Phinney, Blakeman y Company, 1865
 

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Página 194 - Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
Página 182 - ... fin por cierto generoso y alto y digno de grande alabanza; pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.
Página 292 - ¡Salve, fecunda zona, que al sol enamorado circunscribes el vago curso, y cuanto ser se anima en cada vario clima, acariciada de su luz, concibes!
Página 224 - Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento; tenía a mis pies los umbrales del abismo. Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.
Página 330 - El blanco trigo multiplica y crece, produce el campo en abundancia tierno pasto al ganado, el verde monte ofrece a las fieras salvajes su gobierno...
Página 192 - Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.
Página 16 - No todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ese entrará en el reino de los cielos.
Página 185 - Y si este parece pequeño peligro, veamos si le iguala ó hace ventaja el de embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales enclavijadas y trabadas, no le queda al soldado mas espacio del que conceden dos pies de tabla del espolón; y con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan, cuantos cañones...
Página 332 - Nuestras vidas son los ríos Que van a dar en la mar Que es el morir : Allí van los señoríos Derechos a se acabar Y consumir; Allí los ríos caudales, Allí los otros, medianos Y más chicos; Allegados son iguales Los que viven por sus manos Y los ricos.
Página 192 - Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores...

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